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Noche de paz


En 1914, durante la tregua de Navidad, los soldados de ambos frentes cantaron «Noche de paz» el único villancico común que conocían en inglés y alemán.

Porque representa el susurro leve de una lejana noche que hizo historia,  lo recordamos año tras año en hogares e iglesias de medio mundo. La Navidad es una noche de paz cantada en cientos de lenguas, aprendida por numerosas generaciones de niños que crecieron, más tarde fueron padres, luego abuelos y un buen día desaparecieron de la historia para dejar paso a otro eslabón de transmisión.

Mi especial recuerdo en  esta Nochebuena a los enfermos, a las víctimas de guerras sin sentido, a los que se sienten solos y añoran a sus seres queridos, a los supervivientes, a los amantes de la paz y de la reconciliación y a todos aquellos que se conectan por un instante con su infancia para cantar en silencio este bello villancico austriaco.

¡Feliz Navidad!

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ESCÚCHAME


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ILustración: Charlotte Salomon

Cuando te pido que me escuches y empiezas a darme consejos no has hecho lo que te he pedido.
Cuando te pido que me escuches y empiezas a decirme que no debería sentirme así, estás ignorando mis sentimientos.
Cuando te pido que me escuches y sientes que debes hacer algo para solucionar mis problemas… Me has fallado, por extraño que parezca.
¡Escúchame! Todo lo que pedí era que me escucharas.
No que hables o que actúes. Tan sólo que me escuches.
Los consejos son baratos y esto lo puedo hacer solo.
No estoy indefenso, quizás desanimado y titubeante, pero no indefenso.
Cuando haces algo por mí que yo podría y debería hacer por mí mismo, contribuyes a reforzar mi miedo y mi debilidad.
Pero cuando aceptas como un hecho simple que siento lo que siento sin importar lo irracional que sea, entonces puedo dejar de intentar convencerte y puedo empezar a comprender lo que hay detrás de esos sentimientos irracionales.
Y cuando me queda claro, las respuestas se vuelven evidentes y no necesito consejo. […]
Quizá por eso a algunos les funciona rezar, porque Dios es mudo, y no da consejos, porque no intenta solucionar las cosas, simplemente escucha y deja que los descubras por ti mismo.
Por lo tanto, por favor escúchame. Y, si quieres decir algo, espera un momento y entonces yo también te escucharé.

(Autoría desconocida)

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Los cinco cercos del miedo


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El ser humano vive cercado por cinco miedos:

A no triunfar

Necesitamos como agua de mayo conseguir la aprobación ajena porque implica nuestra autoestima,  es decir cómo nos vemos nosotros respecto a los otros, lo que tenemos o no tenemos, lo que merecemos y no conseguimos. Deseamos progresar  (llegar a ser algo) y tener autonomía para poder experimentar el sentimiento de logro. Cuando nos sentimos fracasados somos carne de cañón de la envidia, el principal asesino de la felicidad.  

A ser señalado

Tememos ser apuntados con el dedo por algo que hemos hecho o, justo por  lo contrario: por lo que  hemos dejado de hacer. Nos aterra ser señalados por diferencias (nivel social, preferencias sexuales, creencias, aspecto físico, conocimientos etc..). Y cuando el dedo apunta en nuestra dirección con ánimo de destacar una carencia nos echamos a temblar. Aparecemos ante los demás bajo un un sesgo claramente negativo.

A ser excluido 

El miedo a «tú, no» es uno de los terrores más atávicos del ser humano. Se basa en la experiencia, en las veces que nos hemos sentido apartados o marginados, en el dolor profundo de la soledad y el aislamiento, en no ser necesario ni «contar» para quien consideras importante.

A comprometerse

El miedo al compromiso está relacionado con una valoración psicológica; por todo se paga un precio y se obtiene una recompensa. Cuando estimamos que el precio puede ser  demasiado alto por lo que vamos a obtener, nos sentimos paralizados. Nos asalta el miedo a equivocarnos,  a elegir mal, a no poder prever las consecuencias de nuestros actos. Para evitar este miedo solemos recurrir a la indefinición. 

A resultar insignificante 

Este temor también hunde sus  raíces en la infancia. Y está ligado a la identidad, al quién creo ser, quién cree cada uno que es él o ella. Para defendernos del sentimiento de poquedad o de insignificancia utilizamos dos armas: yo tengo o yo hago. Con ellas nos batimos el cobre en sociedad, pero siempre subyace ese miedo a que los demás se den cuenta de que en realidad soy un impostor/a, una poca cosa, un nadie.

EL MIEDO ÚTIL Y EL MIEDO INÚTIL

El miedo es una de las emociones primarias del ser humano y también el más destacado responsable (en unión a la culpa), por mal uso, de su infelicidad. Salvo cuando sirve de advertencia para una huida oportuna de algún riesgo que nos acecha o al que estamos expuestos (conscientemente o no), o como evitación de un daño físico o psicológico en nuestra integridad personal, ocasiones en que el miedo resulta de una utilidad inestimable para nuestra supervivencia, en general causa más estragos que beneficios.

Desde épocas inmemoriales nos hemos acostumbrado a mal usarlo por falta de conocimiento. Desde pequeños nuestros padres nos enseñan con palabras y acciones a que no tengamos miedo pero no nos explican por qué, tal vez porque ni ellos mismos sepan explicarlo. Pero el miedo inútil (dejemos que el útil siga con nosotros) se cura y para ello nada mejor que diagnosticarlo primero, ver con que ropaje aparece y seguir en cada caso el tratamiento más adecuado. Tal vez el miedo  útil no precise  una explicación ya que viene de serie en la naturaleza humana y sirve para preservarnos como especie, pero . del inútil será mejor ocuparse y conocerlo a fondo. Y si no nos lo explican preocuparnos nosotros por conocerlo íntimamente y combatirlo con sus propias armas.

*La idea de este post se la debo al psicólogo Fermín Delgado a quien estoy muy agradecida por todo lo que he aprendido de su visión de la vida y el desarrollo personal.

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Tus hijos no son tus hijos


Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar
ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.

Deja que la inclinación
en tu mano de arquero
sea para la felicidad.

Kahlil Gibran

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Distinguir razones de propósitos


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Nosotros, los procrastinadores (sé que el palabro suena bastante parecido a nosotros, los drogatas,  o nosotros, los borrachuzos,) tenemos en común una dificultad: no distinguimos entre razones y propósitos.

Básicamente ignoramos, en sentido estricto, lo que expresan ambos términos: «razones» y «propósitos».

Pues bien, mientras las razones atienden a los por qué,  los propósitos se ocupan de los para qué. Y mientras los primeros iluminan los motivos ocultos de cada quién para actuar, los segundos  proporcionan algo más  valioso: combustible, esto es:  compromiso y energía, un tándem indispensable para lograr un objetivo.

Si toda la vida has querido escribir un libro y no lo has hecho, averiguar por qué no lo haces, no te ayudará a lograrlo. Descubrirás, eso sí,  emociones intensas ocultas en tus razones personales, eso es todo. En cambio, si las pesquisas van dirigidas a la finalidad, al para qué  quieres hacerlo, para qué es importante ser escritor, para qué necesitas tener ese libro entre tus logros, entonces la situación cambia porque te das de bruces con un anhelo, un asunto tan  importante que, si se posterga, dañara lo más preciado que posees.

Encontrar el propósito, como sostenía Viktor Frankl, creador de la logoterapia, consiste en encontrar la piedra angular sobre la que se apoya el edificio de tu vida. Así que si quieres escribir un libro pregúntate cuál es tu propósito al respecto, qué cambiará hacerlo o no hacerlo, qué diferencia se aprecia en tu vida de seguir como estás (sin libro escrito)  o  de conseguir la meta (libro escrito). Después, una vez hayas hecho tus averiguaciones sobre el propósito, añade las razones que gustes. Estas adornarán y enriquecerán el propósito pero nada más. Y quien dice libro dice cualquier asunto que estés aplazando por escudarte en razones sin investigar propósitos. 

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El sentido del dinero


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Ilustración: Yuko Shimizu

Me gusta esta historia porque la interpreto como una brillante  metáfora sobre la circulación del dinero; además, expresa a la perfección mis creencias sobre esta cuestión. Las parábolas y cuentos sirven para explicar de forma sencilla conceptos difíciles de entender en su totalidad. 

“Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed. Casi sin darse cuenta llegó a una cabaña vieja, de aspecto desmoronada, sin ventanas ni  techos. El pobre hombre encontró una pequeña sombra donde acomodarse para huir del calor y el sol del desierto. Al observar a su alrededor, descubrió una oxidada bomba de agua, se arrastró hacia allí, agarró  la manivela y comenzó a bombear y  a bombear sin parar… pero no sucedía nada.

Desilusionado, se apartó y entonces observó que a su lado había
una botella vieja. La miró, le quitó el polvo y leyó en la etiqueta: «Amigo, necesita primero precargar la bomba con toda el agua que contiene esta botella. Antes de marcharse, por favor, tenga la gentileza de llenarla nuevamente».

El hombre desenrosco la tapa de la botella, y ahí estaba el agua. ¡La botella estaba llena! De repente,  se vio en un dilema… si bebiese aquella agua, sobreviviría sin duda, pero si decidía verterla en  esa bomba vieja y  oxidada, quizás obtuviera agua fresca del fondo del pozo, y pudiera beber toda la que quisiese, o tal vez no; tal vez la bomba no funcionaría y el agua de la botella se desperdiciaría. Incluso podría morirse de sed.

¿Qué debía hacer? ¿Verter el agua en la bomba y esperar a que
saliese agua fresca?, o ¿beber el agua vieja de la botella e ignorar
el mensaje que le había dejado un desconocido? ¿Debía perder toda aquella agua confiando en unas instrucciones, aparentemente poco confiables, escritas no se sabe cuánto tiempo atrás?

Con grandes dudas, el hombre derramó gota a gota el agua en la bomba, enseguida agarró la manivela y comenzó a bombear, y la bomba empezó a rechinar y rechinar sin parar pero… ¡nada pasaba! La bomba siguió con sus ruidos y entonces surgió un hilo de agua, después un pequeño flujo y finalmente el agua corrió con abundancia, agua fresca y cristalina.

El hombre llenó la botella y bebió ansiosamente, la llenó otra vez y bebió  su contenido refrescante. Enseguida, la rellenó  hasta arriba para el  próximo viajante y enriqueció la frase:
«Créame:¡funciona!, usted tiene que dar toda el agua antes de
obtenerla nuevamente!»”

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Sobre coaching, un cerdito ingenioso y el bote de cookies


El cerdito es ingenioso pero todas sus estrategias fracasan. Cuando alcanza su objetivo, con él llega la frustración. Aparte de provocarme una sonrisa, este corto animado  me ha llevado a reflexionar: ¿Y si hay ciertas cosas que están fuera de nuestro alcance porque carecemos de una estrategia exitosa (llámese conocimiento, oportunidad, formación, experiencia o deseo dirigido) y tampoco nuestra mentalidad y actitud ayudan? Tal vez al protagonista de esta historia le habría ido mejor si hubiera buscado ayuda para alcanzar el techo de la nevera y conseguir el botín.

Eso hace el coaching: ayudarte a encontrar el medio  que te permitirá alcanzar el techo de la nevera y coger el bote de galletas . Antes, naturalmente, el coach te habrá preguntado para qué quieres el bote de cookies, qué pasará cuando lo hayas conseguido, cómo te sentirás, porque, a lo mejor  descubres que no te interesa lo más mínimo el bote de marras en cuestión. En caso contrario, una vez que sepas en qué berenjenal te metes y para qué lo haces, subir será mucho más fácil.

Aprender de los errores del cerdito es sin duda útil, pero mucho más útil es saber para qué queremos algo, qué recompensa obtenemos al alcanzar nuestro preciado objetivo y qué precio pagaremos.

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Tres hábitos para practicar mindfullness


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Ilustración: Martin Boroson (meditar un minuto)

 

El experto en Mindfullness, Shamash Alidina, recomienda tres sencillos ejercicios para ejercitar la atención plena. ¡Me gustan los tres!

1. Piensa en cinco cosas que van bien en tu vida
Lo puedes hacer caminando, en medio de un atasco, sentado/a en cualquier parte, dónde quieras y elijas. La efectividad de este ejercicio reside en  utilizar la atención plena para reconocer el agradecimiento. Si quieres que las sensaciones se agudicen más haz algo con esto, por ejemplo escribir un correo de agradecimiento a alguien, o hacer una llamada para compartirlo o escribirlo para ti mismo/a. Cuando se expresa la gratitud se siente más que cuando solo se piensa. Atento/a pues. Empieza ya hoy a practicar.

2. Desintoxícate de todo cuanto aparato digital haya a tu alrededor (empieza por dedicar una hora)

No pasa nada por alejarte durante una hora de todos estos dispositivos; de hecho, no solo pasa nada sino que vivirás una experiencia nueva. Es posible que después de probar sientas un incremento de tu concentración, una relajación extra y además un plus de energía. Lee, haz deporte, camina, cose, dormita, piensa, tómate un café con un amigo… Pero ojo no lleves contigo ningún dispositivo (fuera móviles). Vuelve a la infancia, cuando no necesitabas nada accesorio para sentirte completo/a.

3.Realiza un ejercicio de concentración consciente

Solo te llevará cinco minutos. Sentado/a o acostado/a en una posición cómoda empieza por conectar con cada uno de tus sentidos dedicándole solo un minuto a cada sentido. Abre los ojos y disfruta con todos los colores que veas a tu alrededor, fíjate en los matices y tonos. Luego cierra los ojos y concéntrate en los olores que percibes. Dedica un tercer minuto para concentrarte en el gusto. Pasa después a tomar conciencia de las sensaciones físicas de tu cuerpo. El último minuto dedícalo a percibir los sonidos de tu alrededor.

Conecta con cada sentido sin necesidad de pensar o juzgar la experiencia. Es una gran manera de ‘reiniciar’ la mente a través de un descanso de la mente racional.

«Si pudiera colocar un libro en la mesilla de noche en cada hotel americano o de cualquier parte del mundo, elegiría Mindfullness para Dummies de Shamash Alidina», esto es lo que opina el psicoterapeuta Steve Bell.