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Las 5 campanas o la magia de los nombres


Hace mucho tiempo, había una posada llamada «La estrella de plata».El posadero, a pesar de que hacía cuanto podía por atraerse a la clientela esforzándose en hacer la posada confortable, atender cordialmente a los clientes y cobrar unos precios razonables, se las veía y se las deseaba para que le alcanzara el dinero. Desesperado, acudió a consultar a un Sabio. El Sabio, tras escuchar sus lamentos, le dijo. «Es muy sencillo. Lo único que tienes que hacer es cambiar el nombre de la posada.» «Imposible!», dijo el posadero. «¡Se ha llamado «La estrella de plata» durante generaciones, y así se la conoce en todo el país!» «No», replicó «Las cinco campanas» y colgar seis campanas sobre la entrada.» «¿Seis campanas? ¡Eso es absurdo! ¿Para qué va a servir?» «Inténtalo, y lo verás», le respondió el Sabio sonriendo. De modo que el posadero hizo lo que se le había dicho. Y sucedió lo siguiente: todo viajero que pasaba por delante de la posada entraba en ella para advertir al posadero acerca del error, creyendo que nadie hasta entonces había reparado en ello. Una vez dentro, quedaba tan impresionado por la cordialidad del servicio que se alojaba en la posada, con lo que el posadero llegó a amasar la fortuna que durante tanto tiempo había buscado en vano.

Hay pocas cosas que satisfagan más nuestro ego que corregir los errores de los demás.

Anthony de Mello

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El demérito de ser mayor

Hay entrevistas que uno debe leer de principio a fin porque son iluminadoras. Es el caso de la conversación entre el periodista Jorge Casanova y el presidente de la Sociedad Galega de Xerontología, Miguel Ángel Vázquez, publicada en La Voz de Galicia el 6/4/2021

-Se acaba la pesadilla en las residencias.

-Sí. Los informes ya nos indicaban que el 98,89 % de los mayores vacunados, si contraen la enfermedad, están libres de síntomas. Podemos dar por finiquitado este episodio tan lamentable de la historia de este país. Nunca a lo largo de los siglos han muerto tantas personas mayores que estaban siendo cuidadas. 

-Esta pandemia ha sido contra todos, pero sobre todo, contra ellos.

-El 72 % de los fallecidos lo fueron en residencias. Aproximadamente han muerto por covid en residencias unas 52.000 personas mayores. Son cifras estremecedoras. En nuestra opinión se pudo evitar el 70 % de los fallecidos en residencias.

-¿Cómo? ¿Enviándolos al hospital?

-El hospital es un lugar inhóspito para las personas mayores. La mayor parte de los pacientes solo requerían ser aislados. Si se deja un caso positivo en un entorno de vulnerables y en una situación cerrada, prácticamente garantizas el contagio. Y fue lo que ocurrió. Esto fue un gerontocidio. Probablemente involuntario. Y ha sido un fenómeno mundial. 

-Ahora están mejor.

-Sí, pero pese a ser los únicos que están todos vacunados, solo pueden salir dos horas dos días a la semana. Es un poco absurdo. Ya ve, primero les dejamos morir y luego los encarcelamos. Es dramático.

-Pero si están inmunizados.

-Pues han sido a los únicos que no se les ha permitido ir con su familia estos días de Semana Santa o en el puente de San José. Hay un exceso de paternalismo, actitudes edadistas. 

-Explique un poco qué es eso del edadismo.

-Es un concepto acuñado en 1972 y que hoy se admite como el tercer ismo, después del racismo y del machismo. Se puede resumir como la discriminación por razón de edad. Y mata más que la hipertensión arterial. Hay mucho microedadismo: «Tú, como eres mayor, para esto no vales; deja que lo haga alguien más joven, ¿cómo te vistes así a tu edad?…». Y para halagarles les decimos: «¡Mira qué joven estás!». Como si ser mayor fuera malo.

-Hoy en día, ser mayor es un demérito.

-Esa es la cuestión. Nos escandalizamos cuando alguien es racista o machista, pero asumimos ese paternalismo o esa infantilización cotidiana. Ser viejo no es malo, es una parte de la vida. Y las autoridades se arrogan derechos que no tienen. Imagine que en vez de imitar los derechos de las personas mayores en residencias se los limitasen a cualquier otro ciudadano. A lo inmigrantes, a los gais, a cualquiera. Sería un escándalo y todo el mundo hablaría de ello. Pero con los mayores no pasa. 

-Pero a todo el mundo le gusta que le digan que parece más joven.

-Hay una belleza de juventud y una belleza del mayor, aunque no hay un canon establecido para los mayores. Ellos se consideran guapos porque lo son. Una persona mayor puede ser guapa y atractiva, por eso no tiene sentido decirle: «!Qué joven estás!». Incluso desde las autoridades se toman decisiones edadistas.

-Se hace con la mejor intención, supongo.

-Sí, pero para trabajar con los mayores no basta con querer, hay que saber. La sociedad debe empezar a asumir que tiene muchas personas mayores, que en Galicia son el 25 % 

-Galicia es muy mayor.

-Y en Lugo y Ourense, uno de cada tres ciudadanos es mayor de 65 años. Tenemos que mirar más hacia ellos. No puede ser que para pedir cita en tu médico de cabecera, te lo pongan tan complicado. Estamos cerrando la sociedad a un grupo de personas que la han construido. La sociedad no puede limitar ni uno solo de los derechos de las personas mayores, porque limita su propio futuro.

-Seguro que lo tienen muy estudiado.

-Mire, hicimos una investigación y constatamos que en atención primaria los médicos dedican menos tiempo a la gente mayor, solo porque son mayores. Y dentro de los mayores, menos tiempo a las mujeres. Suelen tener más problemas de salud, más medicación, suelen explicarse peor… pero el médico les dedica menos tiempo. Más del 25 % de los mayores que le dicen al médico que tienen problemas de memoria no son diagnosticados, porque el médico entiende que, como es mayor, es normal. Es una tragedia.

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¿Por qué Aristóteles es un clásico?


«Apasionarse es fácil. Todo el mundo puede hacerlo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en la medida adecuada, en el momento adecuado y con un objetivo adecuado , no es fácil, y no todo el mundo puede hacerlo».

¿Será por reflexiones como la cita, tan actual y valiente, que Aristóteles está vivo y presente en la mente de muchos de nosotros, ciudadanos del siglo XXI?

Yo tengo la respuesta y pienso que tú también. Leer a Aristóteles me ayuda. Tal vez a ti también y esa es la razón de que la comparta. El bien hace bien.

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El latido de las ocho


(Dedicado a todos los corazones de la Tierra)

Gracias te doy corazón mío,
por no quejarte, por ir y venir
sin premios, sin halagos,
por diligencia innata.
Tienes setenta merecimientos por minuto.
Cada una de tus sístoles
es como empujar una barca
hacia alta mar
en un viaje alrededor del mundo.
Gracias te doy, corazón mío.
porque una y otra vez
me extraes del todo,
y sigo separada hasta en el sueño.
Cuidas de que no me sueñe al vuelo,
y hasta el extremo de un vuelo
para el que no se necesitan alas.
Gracias te doy, corazón mío,
por haberme despertado de nuevo…

Wyslawa Szymborska

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Dulzura y bondad


F. Lèger
F. Lèger

Las máquinas que propician la abundancia nos han dejado en la necesidad. Nuestra sabiduría nos ha vuelto cínicos; la inteligencia, duros y despiadados. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que de máquinas, el hombre tiene necesidad de humanidad. Más que de inteligencia, tenemos necesidad de dulzura y bondad. Sin estas dotes la vida será violenta Y todo se perderá.

Charles Chaplin 

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Nuestro cuarto


El 3 de marzo de 2011 transcribía en microcambios un breve texto de Edith Wharton (The fulness of Life) sobre la naturaleza de la mujer.

“Pero a veces he pensado que la naturaleza de una mujer es como una gran casa llena de habitaciones: hay un recibidor, por el que todo el mundo pasa entrando y saliendo; el salón, donde se recibe a las visitas formales… y en el cuarto más íntimo, el más sagrado de todos, el alma reposa sola, esperando unas pisadas que nunca llegan”

But I have sometimes thought that a woman’s nature is like a great house full of rooms: there is the hall, through which everyone passes in going in and out; the drawingroom, where one receives formal visits… and in the innermost room, the holy of holies, the soul sits alone and waits for a footstep that never comes.”

Poco más tengo que añadir hoy, 8 de marzo de 2018. Desde mi ámbito, la literatura, deseo que más autoras sean conocidas y leídas, que las reflexiones y la belleza de nuestras escritoras, vivas o muertas, resuenen en las mentes de las viejas y las nuevas generaciones, para que las palabras no se pronuncien en balde, para que los errores no pasen desapercibidos, para que las iniciativas se conozcan y compartan, para amar lo que somos sin renunciar a cambiar lo que sea necesario cambiar.
Y ese reposo en soledad, por derecho y elección, naturalmente, también tiene cabida en un día de celebración.

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Las conquista de la sabiduría


Estaría bien, Agatón, que la sabiduría fuera una cosa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros fluyera de lo más lleno a lo más vacío de nosotros, como fluye el agua en  las copas, a través de un hijo de lana, de la más llena a la más vacía.

El Banquete (Platón)

El secreto de las palabras de Platón hay que buscarlo en ese «estaría bien« del principio.  Estaría bien, pero el acceso a la sabiduría no se produce de esa forma tan natural y sencilla, requiere observación, práctica, desempeño,  honestidad y humildad. El maestro  tiene la misión de enamorar e impulsar y el discípulo de abrir  los ojos y tomar nota. La sabiduría implica descubrimiento pero también transmisión y apertura a lo que ya forma parte de nosotros y tenemos a a nuestra disposición.

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Elección


 

murado

Pintura: Antonio Murado

Un año más se va y con él pequeños y grandes acontecimientos que nos han afectado de forma personal. Para empezar el nuevo ciclo nada mejor que sentarse frente a una taza de té o de café y saborear lentamente los versos del poeta. Que no se nos escape la vida como granos de arena entre los dedos.

 

«Pues el amor se me ofreció, y me acorbardaron sus desengaños;

los pesares llamaron a mi puerta, pero tuve miedo;

la ambición me reclamó, y me asustaron los riesgos.

Continuamente anhelaba, sin embargo, darle un sentido a mi vida.

Y ahora sé que debemos desplegar las velas

y coger los vientos del destino

adondequiera que lleven al barco».

Edgard Lee Master (Antología de Spoon River)

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Querido John


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Una emocionante carta de un escritor vivo, Teju Cole, a un escritor muerto, John Berger. La leo y la releo saboreando cada una de sus palabras. Me resulta especialmente poético el paralelismo que establece entre la historia neozelandesa y las plumas que delatan la presencia de Berger aún en este mundo. ¡Emocionante!

«Siempre te gustaron las historias, así que voy a contarte una. Esta sucedió en Maniototo, en el centro de la isla meridional de Nueva Zelanda, mientras el sol descendía tras la cadena montañosa de Hawkdun, en una línea naranja ondulada, con toda la oscuridad debajo.

Dentro de casa se debilita la luz. Milo tiene 11 años. Está en brazos de un hombre e inclina la cabeza, como si escuchara algo que procede de las montañas a lo lejos. Está completamente quieto. Le pregunto al hombre: “¿Cómo supiste que estaba quedándose ciego?”. “Empezó a chocarse con las cosas más a menudo”.

Sobre los ojos de Milo ha empezado a crecer un velo blanco, y su cabeza parece la de un peluche sin terminar. Hace pocos meses que está quedándose ciego. El hombre le deja en el suelo y él empieza a correr por la casa. Tiene en su memoria el plano de la vivienda. En las esquinas y las patas de los muebles han atado unas plumas para que no se golpee con las duras aristas. Un suave velo blanco que cubre sus ojos y unas suaves plumas blancas que tiemblan en la oscuridad.

Te has ido, John. No, lo diré claro, aunque suene duro: te has muerto. Falleciste en enero, y la muerte (como sabe todo el mundo) es definitiva. Sin embargo, te escribo esta carta como si pudieras leerla, como si solo estuvieras escondido. ¿Por qué? ¡Por tu culpa!

Hace unos años, durante una conversación en Ferrara, te pregunté qué pensabas de las personas muertas. Miraste al público y dijiste: “Están aquí con nosotros. Así lo creo. ¡Están ayudándonos!”. Lo dijiste con tal convicción que no tuve ninguna duda. Y no te referías a “los muertos” como categoría general, sino como personas muy concretas a las que uno ha conocido y amado.
Estuve en Nueva Zelanda dos semanas. No sé si fuiste alguna vez, pero me acordé mucho de ti. Me daba la impresión de que cada persona con la que me encontraba había tenido una muerte cercana: hijos, cónyuges, hermanos. “Et in Arcadia Ego”, como tituló Poussin su famoso cuadro. Y aun así, curiosamente, en todos los casos tuve la impresión de que los muertos convivían con los vivos y estos cuidaban de aquellos.

En una ocasión escribiste: “Tanto para los cazadores como para las presas, esconderse bien es una condición indispensable para sobrevivir. La vida depende de saber ponerse a resguardo. Todas las cosas se esconden. Lo que ha desaparecido se ha escondido. Una ausencia —como la de los que han fallecido— se siente como una pérdida, pero no como un abandono. Los muertos están escondidos en otro lugar”.

Hace seis meses recibí la terrible noticia de que habías muerto. Y, aunque eras muy mayor, me cayó encima como una oscuridad repentina. Sin embargo, John, desde entonces, he descubierto un fragmento aquí, un pasaje allá, un dibujo más allá, huellas tuyas en todo el mundo, y son como plumas que has dejado cuidadosamente colocadas en los lugares en los que nos encontramos.

Sé que solo estás escondido.

Abrazos.»

Teju Cole (escritor)
Fuente: http://elpaissemanal.elpais.com/columna/querido-john/