Publicado en Pensando en voz alta

Fervor por aprender


¿En qué época se extingue o se atenúa el fervor por aprender? Esta pregunta me recuerda esa otra cuestión que rumia Ulises, prisionero de la ninfa Calypso: ¿volveré alguna vez a casa? Sabemos que él volvió a Ítaca y que el viaje fue largo. Diez años de asedio a Troya y otros diez de intentar, una y otra vez, el regreso. Parece que el poeta Konstantin Kavafis me leyó el pensamiento pues en ese bellísimo poema titulado Ítaca responde punto por punto a mi inquietud:

Cuando partas de viaje a Ítaca

desea que tu camino sea largo,

lleno de aventuras, pleno de experiencias.

No te den miedo los Lestrigones ni los Cíclopes,

no temas la ira de Poseidón.

En tu camino seres así nunca hallarás

si mantienes elevadas tus ideas, si una selecta

emoción guía tu espíritu y tu cuerpo.

No hallarás lestrigones ni cíclopes,

ni hallarás al temible Poseidón

si no los llevas en tu alma,

si tu alma no los yergue ante ti.

Desea que tu camino sea largo.

Que abunden las mañanas estivales

en que llegues con placer, con infinito gozo,

a puertos antes nunca vistos.

Párate en los mercados fenicios

y compra sus bienes preciados,

ámbar, ébano, coral, marfiles,

voluptuosos perfumes diferentes,

muchos, cuantos más puedas abarcar.

Ve a las ciudades egipcias,

aprende de ellas y aprende de sus sabios.

Ten siempre en tu pensamiento a Ítaca.

Llegar allí es tu destino.

Pero nunca vayas deprisa en tu viaje.

Que dure muchos años,

y atraques en la isla, ya muy viejo,

Y que viejo ya ancles en la isla

rico con lo que te dio el camino,

sin esperar que Ítaca te dé riquezas.

Porque Ítaca te permitió ese hermoso viaje.

No habrías partido sin ella

Ninguna otra cosa mejor tiene para ti.

Pero no tiene nada más que darte

Y si la encuentras empobrecida, no te ha engañado, Ítaca.

Sabio como serás, pleno de experiencias,

comprenderás entonces lo que las Ítacas significan.

Ítaca (Traducción de Adolfo García Ortega)

Publicado en motivación, gestión del cambio, crecimiento personal, talento, Vídeos Inspiradores

¿Eres como yo?


¡Qué fácil es dar un paso al frente cuando te ampara una comunidad! Lo difícil es pensar por uno mismo, comprender que existe un vínculo mayor al de la confrontación y la diferencia, el vínculo de la humanidad. Si la batería de preguntas de este vídeo danés se planteara en Etiopía, Siria o Camboya, igualmente habría infinidad de personas dispuestas a integrarse en un grupo de semejantes. La cuestión crucial es dónde ponemos el origen de coordenadas: ¿no sería más inteligente, por nuestra parte, concentrar la energía en pensar que para el otro somos tan perro verde como lo es él para nosotros? Quizás nos venga bien asumir que no somos tan especiales como pensamos. Simples seres humanos, simples caminantes temporales, simples almas que llegan y se van.

Publicado en Pensando en voz alta

Impotencia


Incapacidad para hacer y actuar; sensación de falta de recursos y medios para influir en una situación concreta; variaciones de inerme, sin influencia o impotente que experimentamos a diario, ya sea a través de nuestro sufrimiento o el de otro ser humano; cuando presenciamos el odio feroz que actúa de forma indiscriminada saltándose todas las medidas cautelares, cuando se derrumban en el mar las pateras, cuando en un país asediado por el fanatismo circulan los sicarios de casa en casa apuntando nombres  y arrancando de ellas a sus habitantes, cuando te aniquila la fuerza de la naturaleza, cuando el horizonte no ampara términos que impulsan acción como: seguridad, libertad, educación, amor, paz o colaboración. 

Entonces llega la impotencia y con ella el dolor. De ser humano. 

Publicado en Microhistorias, Pensando en voz alta

Las 5 campanas o la magia de los nombres


Hace mucho tiempo, había una posada llamada «La estrella de plata».El posadero, a pesar de que hacía cuanto podía por atraerse a la clientela esforzándose en hacer la posada confortable, atender cordialmente a los clientes y cobrar unos precios razonables, se las veía y se las deseaba para que le alcanzara el dinero. Desesperado, acudió a consultar a un Sabio. El Sabio, tras escuchar sus lamentos, le dijo. «Es muy sencillo. Lo único que tienes que hacer es cambiar el nombre de la posada.» «Imposible!», dijo el posadero. «¡Se ha llamado «La estrella de plata» durante generaciones, y así se la conoce en todo el país!» «No», replicó «Las cinco campanas» y colgar seis campanas sobre la entrada.» «¿Seis campanas? ¡Eso es absurdo! ¿Para qué va a servir?» «Inténtalo, y lo verás», le respondió el Sabio sonriendo. De modo que el posadero hizo lo que se le había dicho. Y sucedió lo siguiente: todo viajero que pasaba por delante de la posada entraba en ella para advertir al posadero acerca del error, creyendo que nadie hasta entonces había reparado en ello. Una vez dentro, quedaba tan impresionado por la cordialidad del servicio que se alojaba en la posada, con lo que el posadero llegó a amasar la fortuna que durante tanto tiempo había buscado en vano.

Hay pocas cosas que satisfagan más nuestro ego que corregir los errores de los demás.

Anthony de Mello

Publicado en Libros recomendados

Nunca te hagas librero


Siempre me he preguntado ( y he preguntado a todo el que se me pone a tiro) si leemos los libros o son los libros los que nos leen. En Nunca te hagas librero hago una disección al respecto, en animada conversación con una lectora. Apuesto a que se os ocurren decenas de argumentos para rebatirme y os animo a contármelo, si leéis el libro. Pensad en lo que ocurre cuando estáis con las defensas bajas, en modo off, sin censuras, alegrándoos de que el malo muera y el bueno consiga el botín. Pensad en qué ocurre con nuestros prejuicios, creencias, convicciones, tabúes, en esa tierra de nadie, a salvo de los lectores de pensamiento, de los represores y de esas almas fantasmales.

También repaso cuestiones que arrastro desde niña: si el cinismo protege de algo, si leer nos hace más sabios, si los autores que se odian (o se habrían odiado de haberse llegado a conocer) estarán a gusto en los mismos estantes, si la fe de los libreros en que quedará algo que vender hoy y también mañana es suficiente para seguir siendo libreros…

Me lo paso bien haciendo inventario de filias y fobias, contando muchas historias como la de Colleridge, la de Orwell, la del reto de Ginés, la de Willa Cather y su amante, la del felón del duque de Lerma. Y evoco el ingenio de Singer, la ternura de Orhan Pamuk y el hartazgo de Peter Handke. Pero también hablo de nosotros, los lectores, y de los libreros y de las librerías y de ese mito romántico de que no hay otra cosa que hacer en el día: leer y solo leer.

Es un texto con pinceladas de humor pero también con intensa melancolía por los momentos de nuestra vida en que aprendimos a hacernos mujeres y hombres con aquellos libros de nuestra raquítica biblioteca de casa.

Microcambieros, me encantará conocer vuestra opinión y comentarios si alguno/a lo lee. Es para vosotros para quien escribo, para los amantes de los libros sobre libros que también hacen otras cosas. Por suerte para la humanidad.

Publicado en Artículos de blogs que nos interesan, Pensando en voz alta

El demérito de ser mayor

Hay entrevistas que uno debe leer de principio a fin porque son iluminadoras. Es el caso de la conversación entre el periodista Jorge Casanova y el presidente de la Sociedad Galega de Xerontología, Miguel Ángel Vázquez, publicada en La Voz de Galicia el 6/4/2021

-Se acaba la pesadilla en las residencias.

-Sí. Los informes ya nos indicaban que el 98,89 % de los mayores vacunados, si contraen la enfermedad, están libres de síntomas. Podemos dar por finiquitado este episodio tan lamentable de la historia de este país. Nunca a lo largo de los siglos han muerto tantas personas mayores que estaban siendo cuidadas. 

-Esta pandemia ha sido contra todos, pero sobre todo, contra ellos.

-El 72 % de los fallecidos lo fueron en residencias. Aproximadamente han muerto por covid en residencias unas 52.000 personas mayores. Son cifras estremecedoras. En nuestra opinión se pudo evitar el 70 % de los fallecidos en residencias.

-¿Cómo? ¿Enviándolos al hospital?

-El hospital es un lugar inhóspito para las personas mayores. La mayor parte de los pacientes solo requerían ser aislados. Si se deja un caso positivo en un entorno de vulnerables y en una situación cerrada, prácticamente garantizas el contagio. Y fue lo que ocurrió. Esto fue un gerontocidio. Probablemente involuntario. Y ha sido un fenómeno mundial. 

-Ahora están mejor.

-Sí, pero pese a ser los únicos que están todos vacunados, solo pueden salir dos horas dos días a la semana. Es un poco absurdo. Ya ve, primero les dejamos morir y luego los encarcelamos. Es dramático.

-Pero si están inmunizados.

-Pues han sido a los únicos que no se les ha permitido ir con su familia estos días de Semana Santa o en el puente de San José. Hay un exceso de paternalismo, actitudes edadistas. 

-Explique un poco qué es eso del edadismo.

-Es un concepto acuñado en 1972 y que hoy se admite como el tercer ismo, después del racismo y del machismo. Se puede resumir como la discriminación por razón de edad. Y mata más que la hipertensión arterial. Hay mucho microedadismo: «Tú, como eres mayor, para esto no vales; deja que lo haga alguien más joven, ¿cómo te vistes así a tu edad?…». Y para halagarles les decimos: «¡Mira qué joven estás!». Como si ser mayor fuera malo.

-Hoy en día, ser mayor es un demérito.

-Esa es la cuestión. Nos escandalizamos cuando alguien es racista o machista, pero asumimos ese paternalismo o esa infantilización cotidiana. Ser viejo no es malo, es una parte de la vida. Y las autoridades se arrogan derechos que no tienen. Imagine que en vez de imitar los derechos de las personas mayores en residencias se los limitasen a cualquier otro ciudadano. A lo inmigrantes, a los gais, a cualquiera. Sería un escándalo y todo el mundo hablaría de ello. Pero con los mayores no pasa. 

-Pero a todo el mundo le gusta que le digan que parece más joven.

-Hay una belleza de juventud y una belleza del mayor, aunque no hay un canon establecido para los mayores. Ellos se consideran guapos porque lo son. Una persona mayor puede ser guapa y atractiva, por eso no tiene sentido decirle: «!Qué joven estás!». Incluso desde las autoridades se toman decisiones edadistas.

-Se hace con la mejor intención, supongo.

-Sí, pero para trabajar con los mayores no basta con querer, hay que saber. La sociedad debe empezar a asumir que tiene muchas personas mayores, que en Galicia son el 25 % 

-Galicia es muy mayor.

-Y en Lugo y Ourense, uno de cada tres ciudadanos es mayor de 65 años. Tenemos que mirar más hacia ellos. No puede ser que para pedir cita en tu médico de cabecera, te lo pongan tan complicado. Estamos cerrando la sociedad a un grupo de personas que la han construido. La sociedad no puede limitar ni uno solo de los derechos de las personas mayores, porque limita su propio futuro.

-Seguro que lo tienen muy estudiado.

-Mire, hicimos una investigación y constatamos que en atención primaria los médicos dedican menos tiempo a la gente mayor, solo porque son mayores. Y dentro de los mayores, menos tiempo a las mujeres. Suelen tener más problemas de salud, más medicación, suelen explicarse peor… pero el médico les dedica menos tiempo. Más del 25 % de los mayores que le dicen al médico que tienen problemas de memoria no son diagnosticados, porque el médico entiende que, como es mayor, es normal. Es una tragedia.

Publicado en Pensando en voz alta

¿Por qué Aristóteles es un clásico?


«Apasionarse es fácil. Todo el mundo puede hacerlo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en la medida adecuada, en el momento adecuado y con un objetivo adecuado , no es fácil, y no todo el mundo puede hacerlo».

¿Será por reflexiones como la cita, tan actual y valiente, que Aristóteles está vivo y presente en la mente de muchos de nosotros, ciudadanos del siglo XXI?

Yo tengo la respuesta y pienso que tú también. Leer a Aristóteles me ayuda. Tal vez a ti también y esa es la razón de que la comparta. El bien hace bien.

Publicado en atencion plena

La desatención


Sorolla (Matilde leyendo)

George Eliot escribió: «los mejores momentos de la vida pasan deprisa y no vemos más que arena; los ángeles vienen a visitarnos, y no nos damos cuenta hasta que ya se han ido». ¿Cómo remediar esta desatención perpetua que causa tantas frustraciones en nuestras vidas?

Se me ocurren dos maneras:

Entender el funcionamiento de los momentos angélicos. Averiguar cómo nos sentimos en estos instantes de gracia, qué manifestaciones sensoriales y corporales producen y fijarlos a la memoria, de modo que cuando, por ejemplo nos sintamos sosegados, plenos, alegres, ligeros, juguetones sepamos distinguir el disparador y anclarlo a lo que está sucediendo: ajá, ese es el momento. Y nos podemos zambullir en su plenitud.

También podemos buscar esos instantes felices como quien localiza setas en el bosque. Si llueve habrá centenares de pimpantes hongos listos para la recolecta. Cuando charlamos con un amigo querido, estamos al aire libre, cerramos un trato provechoso, hacemos un favor, disfrutamos de algún placer genuino: leer, cocinar, hacer deporte, escuchar música o recibimos una llamada inesperada… nuestro nivel de satisfacción se eleva.

Para mí los dos métodos son útiles y trato de aplicarlos porque no quiero desperdiciar ni un instante en desatenciones.