Publicado en Microhistorias

Una poesía


 

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 Pintura: Fortuny

Festejo el día de la poesía con este poema del Premio Nobel, Juan Ramón Jiménez. Me gusta desde niña. Fue mi puerta de entrada a la poesía, por eso se cuenta entre mis  favoritos.

¡Intelijencia, dame

el nombre exacto de las cosas!

… Que mi palabra sea

la cosa misma,

creada por mi alma nuevamente.

Que por mí vayan todos

los que no las conocen, a las cosas;

que por mí vayan todos

los que las olvidan, a las cosas;

que por mí vayan todos

los mismos que las aman, a las cosas…

¡Intelijencia, dame

el nombre exacto, y tuyo,

y suyo, y mío, de las cosas!

Juan Ramón Jiménez 

Eternidades, 1918

 

*Juan Ramón solo usaba la grafía j en lugar de la g, por eso en el poema se escribe intelijencia y no inteligencia.
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Feliz Navidad


«Más vale ser paciente que valiente; más vale dominarse a sí mismo que conquistar ciudades», sabia reflexión de los Proverbios para Nochebuena.

Al oír «Los campanilleros», un villancico de mi tierra, como un pajarillo más que estoy en las ramas, echo a volar.

¡Feliz Navidad microcambieros!

*Esta versión pertenece al grupo musical Jarcha

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El pájaro solitario


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Pintura: Santiago Arranz

Las condiciones del pájaro solitario son cinco. La primera, que se va a lo más alto; la segunda, que no sufre compañía, aunque sea de su naturaleza; la tercera, que pone el pico al aire; la cuarta, que no tiene determinado color; la quinta, que canta suavemente. Las cuales ha de tener el alma contemplativa: que se ha de subir sobre las cosas transitorias, no haciendo más caso de ellas que si no fuesen; y ha de ser tan amiga de la soledad y silencio, que no sufra compañía de otra criatura; ha de poner el pico al aire del Espíritu Santo, correspondiendo a sus inspiraciones, para que, haciéndolo así, se haga más digna de su compañía; no ha de tener determinado color, no teniendo determinación en ninguna cosa, sino en lo que es voluntad de Dios; ha de cantar suavemente en la contemplación y amor de su Esposo.

San Juan de la Cruz

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La obstrucción de la puerta


 

anselm kiefer

Pintura: Anselm Kiefer

¿Por qué obstruimos el camino que conduce a los tesoros que poseemos? ¿Qué fuerza nos da tanto miedo ante la inacción? Es la puerta, solo la puerta que es pesada de empujar. Es extraño que nuestra naturaleza posea a la vez la posibilidad del despertar y el miedo a entregarse a él.

Olivier German-Thomas

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¿A dónde vas?


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La  gente preguntó al Mulá  Nasrudín

—¿Dónde debemos ir en una procesión fúnebre, al frente, en la parte trasera, o al lado?

Nasrudín contestó:
—¡No importa donde vayas, mientras no vayas dentro del ataúd!

Los cuentos del Mullah Nasrudín

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La carta del consuelo


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El 29 de marzo de 1972 The New York Times publicó la contestación del Premio Nobel, Albert Einstein, a una carta que había recibido de un rabino explicándole que no había podido consolar a su hija de 19 años por la muerte de su hermana «una hermosa e inmaculada niña de 16 años». La carta de Einstein decía: «el ser humano forma parte de un todo que nosotros llamamos universo, limitado a la vez en el tiempo y en el espacio. El ser humano se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sentimientos como algo separado del resto (como una forma de ilusión óptica). Esta ilusión es como una prisión para nosotros, limitándonos a nuestros deseos personales y el afecto de unas pocas personas cercanas. Nuestra tarea debe ser liberarnos de esta prisión, ampliando nuestro círculo de compasión hasta abarcar todas las criaturas y la naturaleza completa, en todo su esplendor.

Nadie es capaz de conseguirlo completamente, pero esforzarnos en este sentido es ya una parte de la liberación y es la base de nuestra seguridad interior


Fuente: Vivir con plenitud las crisis

Jon Kabat-Zinn

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El sentido del dinero


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Ilustración: Yuko Shimizu

Me gusta esta historia porque la interpreto como una brillante  metáfora sobre la circulación del dinero; además, expresa a la perfección mis creencias sobre esta cuestión. Las parábolas y cuentos sirven para explicar de forma sencilla conceptos difíciles de entender en su totalidad. 

“Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed. Casi sin darse cuenta llegó a una cabaña vieja, de aspecto desmoronada, sin ventanas ni  techos. El pobre hombre encontró una pequeña sombra donde acomodarse para huir del calor y el sol del desierto. Al observar a su alrededor, descubrió una oxidada bomba de agua, se arrastró hacia allí, agarró  la manivela y comenzó a bombear y  a bombear sin parar… pero no sucedía nada.

Desilusionado, se apartó y entonces observó que a su lado había
una botella vieja. La miró, le quitó el polvo y leyó en la etiqueta: «Amigo, necesita primero precargar la bomba con toda el agua que contiene esta botella. Antes de marcharse, por favor, tenga la gentileza de llenarla nuevamente».

El hombre desenrosco la tapa de la botella, y ahí estaba el agua. ¡La botella estaba llena! De repente,  se vio en un dilema… si bebiese aquella agua, sobreviviría sin duda, pero si decidía verterla en  esa bomba vieja y  oxidada, quizás obtuviera agua fresca del fondo del pozo, y pudiera beber toda la que quisiese, o tal vez no; tal vez la bomba no funcionaría y el agua de la botella se desperdiciaría. Incluso podría morirse de sed.

¿Qué debía hacer? ¿Verter el agua en la bomba y esperar a que
saliese agua fresca?, o ¿beber el agua vieja de la botella e ignorar
el mensaje que le había dejado un desconocido? ¿Debía perder toda aquella agua confiando en unas instrucciones, aparentemente poco confiables, escritas no se sabe cuánto tiempo atrás?

Con grandes dudas, el hombre derramó gota a gota el agua en la bomba, enseguida agarró la manivela y comenzó a bombear, y la bomba empezó a rechinar y rechinar sin parar pero… ¡nada pasaba! La bomba siguió con sus ruidos y entonces surgió un hilo de agua, después un pequeño flujo y finalmente el agua corrió con abundancia, agua fresca y cristalina.

El hombre llenó la botella y bebió ansiosamente, la llenó otra vez y bebió  su contenido refrescante. Enseguida, la rellenó  hasta arriba para el  próximo viajante y enriqueció la frase:
«Créame:¡funciona!, usted tiene que dar toda el agua antes de
obtenerla nuevamente!»”

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El mono no es tuyo


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Esta historia puede resultarte de utilidad. Es una de mis favoritas y se la cuento a todo el mundo. ¡Gracias Peter Guber!

Todo el que entra por la puerta de tu casa (llámese vida personal, oficina, relaciones personales o de cualquier otro modo posible) lleva un mono en la mano. Ese mono es su problema y su intención es dejártelo a ti. No lo permitas. Eres el guardián del zoológico ¡Atento entonces!, ellos lo disfrazarán o te lo ocultarán con extrema habilidad. No te despistes. Sé listo.

Tú, insisto, eres el guardián del zoológico y tienes que asegurarte de que cuando el visitante salga por la puerta el mono vaya a su lado. De lo contrario, antes de un abrir  y cerrar los ojos, tu casa estará llena de animales gritones, saltando sin control y plagada de cagarrutas de mono.

(Si quieres conocer más historias sobre Peter Guber, lee su libro Storytelling para el éxito)

Fuente: Me mudo de sistema

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Los tres tiempos


 

Murado

Pintura: Antonio Murado

El tiempo presente y el tiempo pasado

están   quizá presentes los dos en el tiempo futuro

y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado.

Si todo tiempo es eternamente presente

todo tiempo es irredimible.

Lo que podía haber sido es una abstracción

que queda como perpetua posibilidad

solo en un mundo de especulación.

Lo que podía haber sido y lo que ha sido

apuntan a un solo fin, que está siempre presente.

Hay eco de pisadas en la memoria

allá por el pasadizo que no tomamos hacia la puerta que nunca abrimos

a la rosaleda. Mis palabras tienen eco

así, en vuestra mente.

T.S. Eliot

Cuatro cuartetos