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Querido John


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Una emocionante carta de un escritor vivo, Teju Cole, a un escritor muerto, John Berger. La leo y la releo saboreando cada una de sus palabras. Me resulta especialmente poético el paralelismo que establece entre la historia neozelandesa y las plumas que delatan la presencia de Berger aún en este mundo. ¡Emocionante!

«Siempre te gustaron las historias, así que voy a contarte una. Esta sucedió en Maniototo, en el centro de la isla meridional de Nueva Zelanda, mientras el sol descendía tras la cadena montañosa de Hawkdun, en una línea naranja ondulada, con toda la oscuridad debajo.

Dentro de casa se debilita la luz. Milo tiene 11 años. Está en brazos de un hombre e inclina la cabeza, como si escuchara algo que procede de las montañas a lo lejos. Está completamente quieto. Le pregunto al hombre: “¿Cómo supiste que estaba quedándose ciego?”. “Empezó a chocarse con las cosas más a menudo”.

Sobre los ojos de Milo ha empezado a crecer un velo blanco, y su cabeza parece la de un peluche sin terminar. Hace pocos meses que está quedándose ciego. El hombre le deja en el suelo y él empieza a correr por la casa. Tiene en su memoria el plano de la vivienda. En las esquinas y las patas de los muebles han atado unas plumas para que no se golpee con las duras aristas. Un suave velo blanco que cubre sus ojos y unas suaves plumas blancas que tiemblan en la oscuridad.

Te has ido, John. No, lo diré claro, aunque suene duro: te has muerto. Falleciste en enero, y la muerte (como sabe todo el mundo) es definitiva. Sin embargo, te escribo esta carta como si pudieras leerla, como si solo estuvieras escondido. ¿Por qué? ¡Por tu culpa!

Hace unos años, durante una conversación en Ferrara, te pregunté qué pensabas de las personas muertas. Miraste al público y dijiste: “Están aquí con nosotros. Así lo creo. ¡Están ayudándonos!”. Lo dijiste con tal convicción que no tuve ninguna duda. Y no te referías a “los muertos” como categoría general, sino como personas muy concretas a las que uno ha conocido y amado.
Estuve en Nueva Zelanda dos semanas. No sé si fuiste alguna vez, pero me acordé mucho de ti. Me daba la impresión de que cada persona con la que me encontraba había tenido una muerte cercana: hijos, cónyuges, hermanos. “Et in Arcadia Ego”, como tituló Poussin su famoso cuadro. Y aun así, curiosamente, en todos los casos tuve la impresión de que los muertos convivían con los vivos y estos cuidaban de aquellos.

En una ocasión escribiste: “Tanto para los cazadores como para las presas, esconderse bien es una condición indispensable para sobrevivir. La vida depende de saber ponerse a resguardo. Todas las cosas se esconden. Lo que ha desaparecido se ha escondido. Una ausencia —como la de los que han fallecido— se siente como una pérdida, pero no como un abandono. Los muertos están escondidos en otro lugar”.

Hace seis meses recibí la terrible noticia de que habías muerto. Y, aunque eras muy mayor, me cayó encima como una oscuridad repentina. Sin embargo, John, desde entonces, he descubierto un fragmento aquí, un pasaje allá, un dibujo más allá, huellas tuyas en todo el mundo, y son como plumas que has dejado cuidadosamente colocadas en los lugares en los que nos encontramos.

Sé que solo estás escondido.

Abrazos.»

Teju Cole (escritor)
Fuente: http://elpaissemanal.elpais.com/columna/querido-john/

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El significado de liderar


microcambios

La clemencia es la mayor virtud de un líder. Delicioso artículo de El País en el que se despliega el arte de contar historias desde lo particular a lo general. Aplausos generalizados. Para leerlo íntegro clicar en el enlace de abajo.

Por qué los lobos también saben mostrar clemencia

 

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Cultivarse en el arte de buscar: el aprecio de la libertad



Me gustan las personas que tienen una historia y la comparten. Gracias al poder de lo personal, su mensaje llega como un eco redoblado a las conciencias de quienes les escuchan. Emmanuel Faber tiene algo que contar. Escuchándole he aprendido un concepto sorpendente: «cultivarse en el arte de buscar».. Desde el nacimiento de Microcambios, he cultivado el arte de buscar aquí y allá voces con una visión del mundo contagiosa, esos discursos  de cordura y reflexión que enriquecen y amplían nuestro horizonte humano. Escuchar el discurso de Emmanuel Faber a los graduados de la escuela de negocios HEC es una ganancia de tiempo.

«Este no es un hombre de negocios al uso»

SOFÍA VÁZQUEZ  (La Voz de Galicia) 

Emmanuel Faber, director general de Danone, ha revolucionado las redes sociales con un discurso que dio hace unas cuatro semanas

Emmanuel Faber tiene 52 años y es el director general de Danone. El discurso que ofreció en la prestigiosa escuela de negocios HEC hace unas cuatro semanas ha revolucionado las redes sociales y ha sido recogido por webs como Excellence Management, dirigidas a hombres de negocios y mandos intermedios de todo el mundo.

Faber se subió al estrado ante todos los graduados del curso 2016 y comenzó a relatar la historia de su hermano, un joven que sufrió esquizofrenia severa. Tuvo una vida plena, dijo, y una adolescencia complicada y turbulenta. Trabajó en invierno en las carreteras de losAlpes. Fue entonces cuando le asaltó el primer episodio de su enfermedad. Fue internado en un hospital psiquiátrico. Salió y decidió ser ingeniero agrónomo. Lo consiguió. Tuvo un segundo episodio y nunca más pudo trabajar.

A partir de ahí, según relató el director general, el joven enfermo pasó mucho tiempo en la calle tocando la guitarra. Le llamaba todos los días. Estuviera negociando el contrato que fuese en cualquier lugar del mundo. Entonces le dejaba un breve mensaje detrás del que se oía el sonido del agua de la fuente de su pueblo.

Faber, que también había estudiado en HEC, explicó que tuvo que aprender a negociar con alguien que había perdido la razón. Se cultivó en el arte de buscar a su hermano por las calles y a desenvolverse en el mundo de los hospitales psiquiátricos. Descubrió entonces la belleza de la alteridad y subraya que fue entonces cuando se dio cuenta que «el desafío de la economía y de la globalización es la justicia social».

«Nosotros -añadió- podemos levantar muros cada vez más altos como Arabia Saudí con Yemen o como lo hace Estados Unidos con México. Pero nada detendrá a los que tienen necesidad de compartir lo nuestro».

Los recién graduados lo escuchaban en silencio, serios. Tras rememorar que la llamada más dura que jamás recibió en su vida fue en la que le indicaban que su hermano sufría una grave enfermedad, Emmanuel Faber les advirtió a los estudiante que tienen entre sus manos un «instrumento muy poderoso» con el que pueden cambiar el mundo.

Les informó de que sufrirán tres grandes enfermedades que llegarán con facilidad tras la graduación: poder, dinero y gloria.

Esas tres enfermedades las diseccionó verbalmente de la siguiente manera: «De la gloria, olvidaros, es una carrera sin fin que no conduce a ninguna parte. Las listas de famosos están para que la gente busque su nombre, pero a nadie le interesan. En cuanto al dinero… ¡Conocí a tanta gente que son prisioneros de lo que ganan!. Nunca seáis esclavos del dinero. Sed libres. Y en cuanto al poder, mirad a vuestro alrededor y veréis que hay mucha gente que tiene poder y que no hace nada más que conservarlo para asegurarse de mantenerlo un día más. El poder solo tiene sentido si vuestro liderazgo es de servicio» de la sociedad.

Nacido en Grenoble en 1964, Emmanuel Faber trabajó para empresas como Bain &Company y para bancos como Barings. Fichó por Danone en 1997, cuando se hizo cargo de la jefatura de finanzas, estrategias y sistemas de información; en el 2014 saltó a la dirección general.

Aseguran en Excellence Management que su sueldo ronda los 3 millones de euros al año y que la parte correspondiente a primas ybonus los reparte en obras de caridad. Casado y con tres hijos, circula por la capital gala en un modesto Clio. Recuerdan que «aunque no ha participado directamente en política, fue uno de los grandes apoyos de la democristiana Christine Boutin, ministra de Vivienda bajo la presidencia de Nicolas Sarkozy. El director general protagonista de esta historia es católico practicante, no fuma, come poco y durante su juventud pasó un verano en Delhi con las misioneras de la Caridad de la Madre Teresa.

Emmanuel Faber no es ni mejor ni peor que nadie, pero lo que está claro, y mucho, es que tampoco es un ejecutivo al uso.

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Carta de un hijo a un padre


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Alejandro Jodorowsky y su hijo Adán

Hay cartas escritas a tumba abierta, sin dejar nada en el tintero. Hay cartas como la de Kafka a su padre que te traspasan ese dolor agudo de la pequeñez y la incomprensión. Y también hay cartas, como ésta de Adán Jodorowsky a su padre, Alejandro, que te transmiten el amor y al compartir un espacio de intimidad con el lector te hacen el regalo de la reflexión.

Carta a mi Padre:

Querido padre, Alejandro, tú que siempre pensaste que llamar a su padre «Papá» era un error. Que Papá y Mamá eran las primeras palabras que podía pronunciar un bebé y que llamar a sus padres así siendo adulto era mantener preso a sus hijos como niños. Tu que me decías «no me llamo Papá, me llamo Alejandro, yo no te llamo adad, dada o adadá..»

Escribo esta carta públicamente porque quiero que el mundo sepa que el amor entre padre e hijo existe. Veo en el planeta cientos de casos con padres ausentes o que no aceptan a sus hijos como son. Por eso hoy quiero que el mundo sepa cual puede ser una verdadera relación de amor y respeto. Espero le pueda servir a este planeta. Que sirva de ejemplo para que el mundo se transforme en algo mejor y dejen de crear guerras que son productos de rabia contenida.

Llamarte Alejandro no me quitó nada, al contrario, no te vi como una figura emblemática, ni como un ser superior, pero si como un aliado, un ser lleno de bondad. Llamarte Alejandro es lo más tierno y maravilloso del mundo. Sentirme diferente de los otros niños me dio un gran sentimiento de fuerza. Nunca me educaste con miedo, nunca me pegaste. Me hablaste, me explicaste y te preocupaste de enseñarme tus pensamientos dejándome libre de ser el que yo tenía que ser y no el que tu querías que yo sea. ¿Te acuerdas? Te sentabas al lado de mi, leyendo cuentos japoneses para iniciarme a una filosofía de vida.

Has formado mi mente para prepararme como un guerrero a recibir los golpes de la vida, a recibir discursos estúpidos, a recibir la imbecilidad humana. Pero me enseñaste también a reconocer la belleza dentro de la fealdad.

Me acuerdo que un día me dijiste «te voy a enseñar a pensar». Estábamos en España, de vacaciones en una isla. Y todas las mañanas me dabas clases para pensar. Todo padre debería enseñar a su hijo a pensar. Un niño no es tonto, es como una esponja, lo que le enseñas le queda para toda la vida y lo necesita. Gracias a eso, me marcaste para siempre.

«¿Qué es Dios?, ¿Qué es el Universo?, ¿Cuál es nuestra finalidad en este Universo?, ¿De dónde vengo?, ¿Hacia dónde voy?, ¿Soy un cuerpo con alma o un alma con un cuerpo?. Tu verdad es una verdad pero no la verdad…».

Me enseñaste a hablar como un ser consciente y delicado. Cuando era niño me hablabas suavemente, como adulto y no me infantilizabas con voz de dibujo animado. Los padres suelen hablar a sus hijos como si fuesen muñecos, pero tu, me hablaste como un ser humano.
Luego, me enseñaste a comunicar con los otros y en lugar de afirmar algo en una conversación, me enseñaste a decir antes de empezar una frase: «según lo que yo pienso y me puedo equivocar». En una pelea, en lugar de acusar al otro, me enseñaste a decir lo que siento y qué me produce esa discusión.

Nunca me hiciste parte de tus angustias económicas, para que el dinero no sea un peso para mi. He vivido en un paraíso. Un niño tiene que ver la vida como un paraíso. Lo contrario lo convierte en un ser angustiado con miedo a enfrentar su existencia.
Cuando tenía rabia, en lugar de contenerla, me llevabas por la mano en el jardín y me hacías destrozar una silla en mil pedazos. No puedes saber la alegría que era para mi destrozar esa pobre silla. Yo te decía: «pero si la rompo ya no vamos a tener silla…» Y tu me decías que no importaba, que ibas a comprar otra. Para ti lo material no tenía ninguna importancia, ningún valor. El único valor que veías estaba en el ser humano.

En lugar de reprimir mi creatividad, me comprabas pinceles para que pueda pintar en las paredes de mi cuarto. Nunca me prohibiste nada. Cuando hacía un error, hablábamos sobre él y lo arreglábamos. Confiabas en mi, en mis propios limites que me imponía a mi mismo.
Podía hacer y preguntar de todo. Era un niño y se hablaba abiertamente de sexo, sin que la moral religiosa nos haga creer que es algo insano.
Y es cierto, todo lo que te pedí y me diste en la infancia, me sirvió. absolutamente todo. No pusiste ningún limite a mi creatividad. Me enseñaste a meditar, me pasaste libros. Aunque tu y mi madre se separaron cuando yo tenía 8 años, nunca me hablaste mal de ella. No intentaste destruir mi mirada de amor hacia ella. Creaste entre mis hermanos y yo una relación de amor. Sin competencia. Queriendo a cada uno de manera diferente.

Me enseñaste a pensar, a creer que todo era posible en la vida. ¿Y cómo?. Te voy a recordar cómo. Un día nos paseamos por las calles en París buscando un par de zapatos, y hasta que no encontraba el par perfecto, no nos íbamos a dejar vencer. Entramos en quince tiendas ese día, hasta encontrar lo que realmente quería. Gracias padre de mi corazón, gracias a eso hoy en día, hasta que no esté satisfecho con lo que estoy creando, no me dejo vencer.

Me enseñaste también que cuando no se logra algo, se puede tomar otro camino que lleve a lo que deseas.Cuando me tropezaba en la calle me decías “¡Samurai!” Para que cada paso, cada mirada mía en este mundo sea consciente. El Samurai no se distrae nunca. Me siento vivo Alejandro, tan vivo.

Nunca te vi deprimido, ¿te das cuenta?. Nunca te quejaste ni te dejaste vencer por el peso de la vida. Nunca me hiciste parte de tus angustias. Me enseñaste a ser alegre, a pensar que la vida era una fiesta. Me enseñaste a no fumar cuando los adolescentes empezaban a fumar, me explicaste que yo era un niño seguro de mi mismo, que no necesitaba un cigarro para seducir, ser adulto o ser aceptado por los otros. Me sentía fuerte, tan fuerte. Me enseñaste a amarme, a respetar mi templo, mi cuerpo.

Te vi escribir toda mi vida ocho horas diarias, dedicado a tu arte. Encontraste el amor a los 75 años, conociste a Pascale, tu mujer. Y es la historia más bella que he visto en mi vida. Me hiciste creer en la unión de dos personas. Ahora tengo fe en la pareja a cualquier edad.

A veces me preguntas: «¿Como te sientes mentalmente, corporalmente, sexualmente, emocionalmente?». Te comunicas con mi ser entero. Cuando llego a tu casa, me siento frente a ti y me miras, me cuentas tu vida, me preguntas sobre la mía e intentas que nuestros monólogos duren el mismo tiempo. Que la conversación sea equilibrada. Que uno no hable más que el otro.Te preocupas por mi sin invadir mi espacio. Pero me dices siempre que me amas. Todo padre tendría que decir a su hijo que lo ama.

Cuando era niño y te ibas de viaje, me llamabas todos los días, aunque eran dos minutos. Era nuestro trato. Sentí tu presencia. Siempre sentí que podía contar contigo. Cuando decías algo, lo cumplías y no puedes saber lo importante que es para un niño que su padre cumpla lo que diga. Una vez me fui de vacaciones con la escuela, y me sentí tan mal con los niños, me sentí tan diferente a ellos que te llamé llorando. En la noche misma llegaste con tu coche. Hiciste 400 kilómetros para sacarme del infierno. Y regresamos juntos la noche misma. Cantando. Decías que un niño no debe sufrir, que sus primeros años son sagrados.

Siempre olías mi pelo y mi piel diciendo que olía maravillosamente bien. Siempre me dijiste que iba a ser alto, que tenía talento, que era bello, que era un príncipe. Me acariciaste, me tocaste, me abrazaste. Fui un ser amado. En la mañana tocaba a tu puerta y corría a acostarme al lado de ti y me abrazabas. Yo, la cabeza sobre tu pecho escuchando tu respiración y tu corazón latiendo. Luego íbamos a desayunar en frente de la casa, en un café, y me hablabas de libros, de cine, de los descubrimientos que hacías, de las nuevas ideas espirituales que habías pensado. En este momento estoy llorando de emoción porque nunca me había tomado el tiempo de decirte todo esto. Eres un padre maravilloso. Mis lágrimas corren, esas lágrimas son gotas de amor.

Siempre me llevaste contigo en tus conferencias, en tus seminarios, te vi hacerle bien a la gente, darles sonrisas, calmar miedos. Hemos colaborado en teatro, en cine, en mis canciones. Qué maravilla poder crear algo con su familia.

Cuando tenía una duda siempre estuviste presente. Tan presente que hoy en día si ya no estuvieses a mi lado, escucharía tu voz en mi mente aconsejándome. Te tengo marcado en mi como un tatuaje para siempre.

Me salvaste Alejandro, en este caos que es la vida, en esta locura donde vivimos, me mostraste lo más bello. Me alejaste de todo pensamiento burgués, de toda ilusión, de todo pensamiento religioso, de toda moral, me enseñaste a no tener límites. Me enseñaste que soy un ser libre. Libre de la locura humana, libre de guerras, de miedos, me enseñaste que la realidad donde vivimos no es la única realidad, me enseñaste que mi territorio no es una casa, un país o un mundo, sino el universo entero, el infinito.
¿Por qué me hacías pintar en las paredes de mi cuarto? Me lo he preguntado mucho. ¿Por qué dejarme esa libertad de hacer lo que quería en mi habitación?. Entendí que me enseñabas a crear, a liberar mi mente, vivir sin ataduras, sin paredes. Esas paredes eran ilusorias, invisibles y pintándolas podía pasar a través de ellas.

Me enseñaste a hablar, ni poco ni demasiado. Me enseñaste a respetar el campo energético de los otros. Me enseñaste a contar con las cartas del Tarot. Y me mostraste que los símbolos son arte. Me enseñaste que la vida es mágica y que el milagro está por todos lados. Me enseñaste que Dios es una energía que nos acompaña, y no un ser severo inventado por escritores.
Me abriste una cuenta en una librería y gracias a ti descubrí la poesía.¡La poesía! Me acuerdo que nos sentábamos todos en la mesa del comedor, y cada uno de nosotros leía su poema.

Nunca tuviste amigos inútiles, la única gente que entró en tu casa fue la que querías ayudar o personas con talento. Poetas, filósofos, cantantes, doctores, zapateros, santos, todo tipo de gente pero con alma y contenido. Nunca perdiste tu tiempo en conversaciones vacías. Nunca te he visto borracho ni drogado. Solo te vi desarrollar tu mente y tu talento de forma positiva con finalidad de cambiar el mundo y aportarle algo.
Te sentiste durante años un escritor fracasado, y mira lo que lograste. A los sesenta años te liberaste de ese sentimiento y publicaste más de treinta libros, hoy tienes ochenta y cinco años y eres un escritor completamente realizado. Todo eso por creer en ti. Qué ejemplo. ¡Cuanta gente no cree en lo que es, buscando una salida, buscando felicidad sin ver que todo el contenido está vibrando en ellos desde siempre!.

Me hablaste de la vejez como algo bello y gracias a ti disfruto cada año que cumplo sin temerle a la muerte. Gracias a ti veo que todo es posible en esta vida, en cualquier momento.Veo el amor que tienes en tus ojos, veo el amor en ti cuando me miras, me amaste y diste tanto que te amo sin limites. Tu creaste este ser que te está escribiendo. Tu creaste mi amor hacia ti.

Aplicaste perfectamente esa frase que escribiste y resultó ser verdadera:
Lo que das te lo das, lo que no das te lo quitas.
Gracias por haberme regalado esta vida.
Tu hijo Adán que te ama.

Fuente: larutadelailuminacion.blogspot.com.es

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La mirada mágica


microcambios

Ilustración: Malika Favre

Tiene 87 años y una viveza poco común. En el siguiente texto, su autor, Alejandro Jodorowsky, nos muestra los trucos de la mirada mágica. 

«Uno de los  primeros pasos en la iniciación espiritual es el de aprender a ver.
Hay varias formas de mirar.

-Una de ellas es la «mirada material» . Esta mirada sólo ve en el otro lo que éste tiene de valor material. «Si le robo sus anteojos, puedo venderlo en tantos billetes» «Tiene equis años, es muy viejo, muy joven» «Sus cabellos son teñidos, sucios, largos, cortos, mal peinados». «Sus manos son grandes, chicas, finas, rugosas»  «Tiene senos así, asá. Culo así, asá». «Está bien vestido, mal vestido»… Vemos a las personas solo por su aspecto corporal, por su raza, por su forma. Es la mirada del comerciante que todo el tiempo se está diciendo: «Esta persona vale tanto». Mirada que en el fondo juzga cuanto dinero vale el otro… La mirada mágica no critica con desprecio, sólo constata con amor.

-Hay la mirada «exclusivamente sexual». Esa mirada convierte a cada persona en objeto de deseo o repulsión. «Este, esta, me es simpático, me es antipático». Convierte al otro en extranjero, en cosa, siendo incapaz de ver al ser que habita en ese cuerpo. Para liberarse de esta mirada que anula a la magia, debemos preguntarnos en cada momento: «¿Cómo estoy mirando? ¿De dónde parte mi mirada? ¿Qué edad tiene mi mirada: mis ojos en este momento son los míos o los del niño que fuí? ¿Estoy imitando la mirada de otro? ¿De quién? ¿El motor de mis miradas es mi interés material, mi interés sexual? ¿Tienen corazón mis miradas?».

Mirar con amor es difícil porque en todo amor hay también odio. Cada idea, cada sentimiento, cada luz, tiene su sombra. Si lanzo una mirada de amor posesivo, va con ella el rencor de no ser capaz de poseer al ser amado por completo. Poseerlo por completo significaría poder darle la muerte. Tendríamos que mirar no con un amor humano, sino con un amor divino, que es una mirada que no damos nosotros mismos, sino que se da a través de nosotros, proveniente de la conciencia que crea al cosmos…

La mirada intelectual también es antimágica, porque consiste en un juicio mental del otro, un juicio por esencia negativo. El intelecto quiere serlo todo, y todo lo que no es él o como él, le parece digno de ser condenado.

La mirada mágica debe unir cuatro puentes, el mental, el emocional, el sexual y el material, a la fuerza universal que da vida a todo. Se conecta la mirada, vuelta impersonal, a la conciencia divina. Solamente a través de lo impersonal logramos mirar con la fuerza del amor que todo lo construye. Se dice que los monjes iluminados, (bodhisatvas) bendicen todo lo que ven… Tú puedes hacer este ejercicio: durante todo el día, bendice lo que veas, sean seres vivientes o cosas. Cuando se logra transformar la mirada en bendición constante se llega a la mirada mágica. Esta mirada dice: «Cuando te miro no te poseo, no te critico, no te juzgo, no voy a pedirte nada ni a darte nada, sólo me comunico contigo. ¿Tienes necesidad de mí?. ¡Aquí yo no estoy, pero sí está el Ser esencial!” No hay nada personal en esta mirada. El que mira y el mirado se comunican de alma a alma».

Si de esta manera miras a la gente que conoces o aquellas con las que te debes relacionar, tu vida cambiará. Ve a tu hogar y mira a todos los objetos con los cuales convives, mira todos los recuerdos que encierran, mira a todos tus familiares, y por sobre todo, mira la mirada que tienen, y constata hasta que punto sus ojos ven y cuáles son sus límites… Ponte en su lugar, trata de comprenderlos y aceptar que sufren. Cualquier tipo de mirada que no sea mágica, nos sumerge en el sufrimiento… No te preocupes si descubres en sus miradas sentimientos agresivos. Si te has liberado del ego artificial, sabrás transformar las agresiones en manifestaciones de amor.

Hay miradas que son muros que encierran a las mentes en calabozos. Cuando tu mirada se abre, otorga a los prisioneros una luz de libertad.»

Alejandro Jodorowsky

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¿Por qué me gusta el hábito del logro?


microcambios

Imagen: Chris Gash para el NY Times 

El hábito de pensar bien (no tanto ser un bien pensante cómo pensar para la obtención de soluciones) se puede aprender y practicar tan a menudo como sea necesario.

Una práctica en  cinco pasos del llamado «Design Thinking » o pensamiento de diseño  ayudará a definir la estrategia, según el profesor Bernard Roth de la Stanford-D School. Esta práctica se puede aplicar a cualquier cuestión tanto si atañe al trabajo, a las relaciones sociales o a la vida personal.

Paso 1: EMPATIZAR: aprender cuáles son los problemas reales que necesitan resolverse.

Paso 2 DEFINIR EL PROBLEMA:  una tarea difícil que requiere foco y a la que puede ayudar la pregunta: ¿qué cambio experimentaría si se hubiera resuelto tal problema?

Paso 3: IDEAR. Provocar una tormenta de ideas, hacer listas, anotar ideas y generar posibles soluciones (Conjeturar, experimentar, acumular ).

Paso 4 : CONSTRUIR. Realizar un prototipo o crear un plan. (Pasar a la acción).

Paso 5: PROBAR. Poner a prueba la idea y recabar la opinión de los demás (Comprobar la eficacia actuando).

¿Puede entonces el pensamiento de diseño ayudarte a crear hábitos más saludables que funcionen para ti? 

Definitivamente sí. El pensamiento de diseño ayuda a identificar los obstáculos que frenan la consecución de logros de una persona. Asimismo ayuda a reencuadrar los problemas lo que los hace más fáciles de resolver.

La pregunta importante para salir de un atasco es:  ¿Si hubiera resuelto este problema qué cambio experimentaría por mí mismo/a?  Supongamos que tu problema es la soledad y buscas una pareja, formulas la pregunta ¿qué cambio significativo obtendría si encontrara pareja? Y tu respuesta es:  compañía. Ahora es el momento de enfocar el asunto y plantearte ¿dónde y cómo puedo conseguir esa compañía que estoy echando en falta? Puesto que el mayor beneficio que obtendría sería la compañía también podría obtener esta por otros cauces que no sean de la pareja. He aquí un reencuadre del asunto que hasta el momento solo tenía un único punto de vista.

El profesor Roth pone un  ejemplo  de sus propios estudiantes: el problema que aquejaba a los  agricultores de Myanmar en relación al riego de sus cultivos. Un grupo de estudiantes de Stanford se desplazó in situ para trabajar en un posible proyecto de irrigación que mejorara la situación de estas personas . Los dos primeros pasos del pensamiento de diseño: empatizar y definir el problema, se tradujeron en tiempo de los estudiantes con los agricultores para entender los problemas específicos sobre este tema. Sin embargo, pronto descubrieron que el problema real de estos trabajadores no era la irrigación, sino la luz,  pues solían usar lámparas de queroseno y el humo inundaba sus pequeñas chozas. La carencia de energía eléctrica consumía una gran cantidad de su tiempo y  de sus ingresos. Como resultado de la aplicación del pensamiento de diseño los estudiantes se valieron de la empatía para  cambiar de foco  hacia el  problema real que estaba necesitando una solución urgente, así desarrollaron luces de trabajo LED producidas de forma asequible con energía solar.

Al igual que el ejemplo de la persona que se sentía sola y creía necesitar una pareja,  reencuadrar el problema proporciona nueva información de gran utilidad para crear la solución. Después vendrán los pasos 3 a 5 enfocados al hacer.

En resumen: Convertir en hábito esta forma de pensar orientada al logro se traduce por dar prioridad a la empatía y la definición del problema para pasar seguidamente a la acción y continuar hasta la aplicación de la solución. 

Si sientes curiosidad por este tema te recomiendo la lectura de  THE ACHIEVEMENT HABIT, el libro de Bernard Roth.

 

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La pasión de una mente brillante


En el frontispicio del edificio que albergaba la Academia fundada por Platón en Atenas, había una inscripción que alertaba a quienes querían acceder al recinto: “Aquí no entra nadie que no sepa geometría”. Más que una amenaza, esas palabras suponían una declaración de intenciones, la constatación de que aquel lugar era un espacio destinado al saber y que se colocaba el conocimiento en lo más alto. En la home de la página web de la Academia Khan (es decir, en su frontispicio digital) también hay un lema: “Sólo tienes que saber una cosa: puedes aprender cualquier cosa”. Aparentemente, una y otra frase podrían considerarse antagónicas, pero en el fondo su significado es el mismo, se trata de poner la sabiduría como máximo valor.

Aunque Salman Khan no es Platón, sus títulos universitarios atestiguan que ha dedicado gran parte de sus tiempo a formarse. Es licenciado en Matemáticas y Ciencias de la Computación por el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) y Máster en Dirección de Empresas por la universidad de Harvard. Pero de lo que más orgulloso se siente Khan no es de sus títulos, sino de los millones de personas que habrán conseguido graduarse en alguna disciplina académica gracias a sus clases. Y es que lo que empezó como un proyecto puramente personal -un par de vídeos subidos a Internet para ayudar a un sobrino en sus estudios- se convirtió de forma casi casual en un proyecto global con más de 700 millones de reproducciones en YouTube y casi dos millones y medio de suscriptores en su canal principal (hay 17 canales de la academia). Está claro que en cifras no puede competir con el estomagante “Gagnam Style” de Psy, ni la aritmética tiene el encanto -un tanto estúpido- de un gatito ronroneando, pero si se compara con el aporte que estos vídeos hacen para beneficio de la humanidad, no hay color.

Khan habla con pasión sobre su proyecto y con el convencimiento de que la educación debe ser un derecho humano fundamental e inquebrantable. Por eso en su web defiende que la Academia Khan es “Gratis, para todos y para siempre”. Une así algo que no debería separarse jamás: sentimiento y conocimiento. O, como él mismo afirmó en una conferencia ante una pizarra llena de fórmulas matemáticas: “Si esto no te maravilla, entonces es que no tienes emociones”.

Salman Khan

Fundador y CEO Khan Academy

Fuente: El País