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Tan bella palabra


 

 

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Ilustración: Rafal Olbinski

¡Gracias! ¿Hay una palabra más hermosa en  el mundo? Para mí agradecer supone un viaje al  principio de los tiempos, a ese «había una vez» con el que arranca cada historia. 

Había una vez una criatura curiosa que salió de la cueva y descubrió el horizonte

Había una vez una gota de agua que se junto con otra y formó un mar

Había una vez un volcán que se cansó de ser volcán y se apagó para que pudiera construirse un pueblo en sus faldas

Había una vez una mano que se enganchó a otra para ofrecer seguridad y protección

Había una vez una lágrima que se cayó de un lagrimal y se convirtió en mineral

Había una vez una mujer que cantaba en el interior de una iglesia vacía y al oír retumbar su propia voz se echó a reír

Había una vez un hombre con dos pies en los zapatos y un cerebro en la cabeza que empezó un viaje

Había una vez una niña que improvisó con unos lápices de colores un tesoro

Había una vez un pavo que se alegró de servir para comida de fiesta

Había una vez un libro al que se le cayeron todas las letras dentro de una sopa humeante

Había una vez un castillo que convertía a todo quien cruzaba su foso en rey/reina para la eternidad

Había una vez un corazón agradecido que buscaba acomodo en cuerpos entristecidos

Había una vez un blog que daba las gracias cada vez que alguien lo buscaba por los misteriosos caminos de la serendipia

Tantas cosas, personas, seres vivos,  circunstancias, emociones por las que estar agradecido….  ¡Gracias! ¡Tan bella palabra! 

 

 

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Devorados por las desilusiones


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Enfrascada en la lectura de un libro encuentro de repente pensamientos escritos que chocan como un iceberg contra el casco de un barco en plena navegación y retienen la mirada sobre las palabras diseminadas por la hoja blanca. Como éste de la narradora de Middlemarch:

«Nosotros los mortales, hombres y mujeres, devoramos muchas desilusiones entre el desayuno y la hora de la cena; contenemos las lágrimas, palidecemos un poco, y al contestar a las preguntas decimos: «No, no me ha pasado nada!» Nos ayuda el orgullo; y el orgullo no es una cosa mala cuando nos impulsa a ocultar nuestras heridas… en lugar de a hacer daño a otros».

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¿Cómo soluciono mi falta de motivación?


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Pintura: Anselm Kiefer

La motivación es el nuevo grial de la sociedad contemporánea. Es fácil trabajar, mejorar una relación, establecer una comunicación eficaz con otras personas cuando uno se encuentra motivado pero ¿qué ocurre cuando las ganas se han evaporado, cuando acometer cualquier acción se convierte en algo tan difícil como escalar el Everest? La mayoría de las personas pasamos por estos baches de desgana, de ausencia de motivación, de apatía y abulia. En estos períodos infértiles nos sentimos bloqueados, sin energía para tomar decisiones. ¿Por qué nos ocurre? ¿Cómo explicar estos bajones energéticos? Sigue leyendo «¿Cómo soluciono mi falta de motivación?»

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La doble vida


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La frecuencia con que las personas que llevan una doble vida utilizan la expresión «mi vida» resulta, curiosamente, elevada. Desde el punto de vista psicológico, el origen de este compromiso consciente con un «desdoblamiento de existencias» no resulta fácil de exponer con brevedad. Y cada casuística requiere su explicación. Pero, a modo general, sí se puede afirmar que responden a los juegos de la mente entre el consciente e el inconsciente.
Aun cuando las personas con doble vida son plenamente conscientes de ambas, y por tanto de las complejidades que conlleva no mezclarlas para no ser descubiertas, siempre hay una fisura: un detalle nimio, un olvido descuidado, un exceso de confianza que da al traste con todo el constructo. Sigue leyendo «La doble vida»

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La forma más rápida de aprender


microcambios, maestro, discípulo, pensando en voz alta
El título de este post puede sonar algo engañoso; en el aprendizaje, rara vez hay atajos. Puesto que cada persona aprende a su ritmo y con una metodología personalizada, hablar de rapidez puede resultar confuso. La lúcida y humorística reflexión de Dolina: ¿Por qué vale la pena la lentitud cuando se trata de conocimiento y aprendizaje? sigue estando igual de vigente a día de hoy. Sin embargo, sí existe una forma de acelerar el aprendizaje y es enseñando a otro lo que se aprende. Como el filósofo Lao Tse dice:

Si me dices algo, yo lo escucharé.
Si me muestras algo, yo lo veré.
Si me dejas experimentarlo, yo lo aprenderé
.

Así que ya conoces un atajo sin trampa ni cartón.

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¡50!


Mafi

Ilustración: Mafalda (Quino)

Mi sueño de niña era ser Miguel de la Quadra Salcedo. Quería su bigote aguerrido, su aspecto de explorador, sus ojos hermosos y su carácter intrépido. Me quedé en periodista. El bigote lo soluciona cada mes la cera, los ojos hermosos los he creado dentro, en mi interior, el aspecto de explorador lo he resuelto gracias a un  un estilo excéntrico y un gusto por disfrazarme de yo y el carácter intrépido se ha quedado en el tintero: le tengo miedo hasta un inocente pollito. En estos primeros 50 años de vida he realizado buena parte mis sueños:

He escrito libros, he tenido tres hijos maravillosos, he dicho sí quiero con un calor de 40º a punto de quedarme soltera por ausencia del novio, he sido librera y editora, he levantado la mano para no quedarme con dudas en cuanto curso he hecho, he cultivado la amistad con empeño y dedicación, he leído cientos de libros, he logrado la casa de mis sueños y he aprendido a valorar a mi familia de origen, una especie de tribu del Amazonas en peligro de extinción.

Sólo pido para el resto de mi vida salud, paciencia, capacidad de perdón, agradecimiento y conservar los ojos soñadores y viajeros de Miguel de la Quadra Salcedo, esos que he creado para mí misma y que son un resumen de mis distintas edades: 5, 10, 15, 20, 25 hasta llegar a estos 50 recién estrenados.

Y que todos vosotros estéis aquí junto a mí para envejecer juntos en espera de lo inevitable.

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El secreto mejor guardado: el sosiego


seichi-hayashi
Ilustración: seichi-hayashi

Según los estoicos el estado perfecto para un ser humano es el sosiego o la paz. No, la intensa alegría o el sesgo optimista. La razón, según esta escuela filosófica que cuenta entre sus seguidores a Séneca y Marco Aurelio, es porque un cultivo sosegado de las circunstancias ayuda a encarar las emociones negativas, no a arrinconarlas. Sentirse optimista o pesimista depende de las creencias que cada persona sostenga; es decir que las convicciones que tenemos son las que provocan el sufrimiento. Sigue leyendo «El secreto mejor guardado: el sosiego»

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El mejor libro infantil sobre el cambio


ohcuanlejosllegarasDr Seuss era un genio. Sus libros infantiles son referencia en todo el mundo y muchos de sus títulos adornan las mentes y las estanterías infantiles de niños y ya no tan niños. ¡Oh cuan lejos llegarás! es mi favorito. Es un auténtico manifiesto del atrevimiento, del deseo de vivir con plenitud aún a sabiendas de que te confundirás, tendrás miedo, encontrarás gente dubitativa que sembrará dudas en tu confianza, ganarás muchísimos trofeos pero también perderás y en estos casos el adversario serás tú mismo. ¡Es el libro más positivo que conozco! Leer el verso cantarín y divertido que imprime Dr Seuss a sus libros me llena de energía.

Y lo hago con frecuencia, pese a que tuve la mala pata de prestar el libro y olvidar a quién. Lo he tenido que recomprar. Aunque no me importa, sea quien sea le hice un gran favor. Ojalá hubiera leído en mis días de niña cada noche Oh cuan lejos llegarás. También me habría encantado acurrucarme con mi prole y recitarlo en voz alta, pasando páginas mientras todos nos oíamos decir:

Con cerebro en la cabeza y dos pies  en los zapatos, puedes descubrir el mundo donde quieras, de inmediato. Tú sabes lo que sabes. Emprende el camino. Tú sólo eligirás tu destino.

Este libro es como una receta mágica o como una poción milagrosa: descubrir de golpe y porrazo que ya contamos de serie con todo lo que necesitamos: dos pies en los zapatos y cerebro en la cabeza. ¿Se puede tener más con menos?

Atención coach: aquí tenéis una herramienta espléndida. Y vosotros padres, no dejéis de ver el vídeo para ir abriendo boca.

 

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El secreto de cambiar un hábito



rueda

Ilustración: http://pixabay.com/

Cualquier hábito consta de tres elementos que se reproducen inconscientemente una y otra vez:

1.La señal o desencadenante
2.La rutina
3.La recompensa

El primer elemento del hábito obedece a un impulso inconsciente.

El segundo elemento se refiere a la conducta que desarrollamos frente a la señal.

El tercer elemento es lo que obtenemos de ese comportamiento rutinario.

Pensemos en el hábito de posponer. Primero aparece la señal: puedes hacerlo mañana, luego la rutina: olvidar la obligación mediante la distracción o la elección de alguna acción mucho más placentera y luego la recompensa: he conseguido alargar en el tiempo o suprimir algo que me aburre y me fastidia.

El primer paso para el cambio será averiguar qué recompensa obtengo de zafarme de cuanto me produce fastidio o aburrimiento.
¿El temor a hacerlo no tan bien como desaría? ¡Señales de alarma: tropiezo con el perfeccionismo! ¿Puede ser mala gestión del tiempo? Oh, oh, aquí pita la desorganización. ¿Podría ser, en todo caso, porque creo que en el último momento lo haré y será suficiente? Me apoyo en mi confianza sobre acciones del pasado. A pesar del estrés innecesario, de una u otra manera lo he acabado resolviendo siempre.

El bucle del hábito nos advierte que el cambio no se producirá si no se altera la conducta repetitiva del mal hábito. Mal que nos pese, la señal y la recompensa son inconscientes y van a aparecer una y otra vez; o sea siempre. Poco podemos hacer por suprimirlas.

Para cambiar la rutina de este mal hábito tendré que experimentar mediante el método de prueba y error. Si es por perfeccionismo tengo un problema con mi confianza, no creo estar a la altura de mis expectativas. Si es por desorganización, necesito sacar cosas de mi vida y aligerar el peso de mis obligaciones. Y si es porque sospecho que finalmente lo resolveré, necesitaré eliminar el estrés.

En consecuencia, una vez reconocida la recompensa, sólo queda actuar en el plano de la conducta y hacer cosas diferentes. Las soluciones intentadas en el pasado sólo perpetúan las malas rutinas y nos perjudican.

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Para qué mentimos


anselm kiefer
Escultura: Anselm Kiefer

La mentira es un subterfugio y al igual que no existe la envidia sana tampoco existe la mentira piadosa. Mentimos por diversos motivos y cada cual, con el uso y la experiencia, desarrolla una variante; aunque casi todos los métodos de mentir tienen puntos comunes como:

-la colocación de los ojos (ángulo superior izquierdo)
-Las frases imprecisas
-La postura de ataque
-Signos corporales visibles: nerviosismo, sudoración…
-La retórica
-La prepotencia
-Querer retirar la atención del asunto conduciéndolo a otra parte
-Responder sin dudar
-Indignación
-Falta de detalles, ambigüedades
-El movimiento de las manos Sigue leyendo «Para qué mentimos»