Publicado en Pensando en voz alta

Se puede…


microcambiosIlustración: Peter Callesen

-Superar el miedo y confiar en ti mismo/a

-Ser amable

-Ayudar a otro

-Escuchar a quien lo necesita

Desprenderte de cosas

Agradecer un gesto sincero

-Aprender de quien crees que no puede enseñarte nada

Aceptar un fracaso y no hacer un mundo de eso

-Prestar atención al momento

No amargarte la vida con minucias

No amargar la vida a los demás con más minucias

No quejarte por todo y de todo

Confiar en el prójimo

-Dar y recibir sin apuntar en la lista del debe y el haber

No querer siempre llevar la razón incluso cuando  piensas que la tienes

-Creer en las oportunidades

-Pasar página y recitar el mantra: esto también pasará

-Ser humilde

-Ponerte en los zapatos del vecino/a

-Pasarlo bien en Navidad aunque todo el mundo diga lo contrario

-Ahorrar y ser generoso/a

Disfrutar de los placeres cotidianos

-Celebrar  tus pequeñas victorias

-Proponerte vivir en un mundo más humano y justo

-Enseñar lo que sabes a quien necesite de tus recursos

-Perdonar sin necesidad de apuntes en el cuaderno de agravios

-Amar

Sí, se puede. Te puedes mudar de sistema y cambiar cualquier cosa de ti mismo o de tu vida desde ya.  Basta con empezar.  Un largo camino comienza con un paso pequeño. 

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No ser quién eres y presumir de ello


microcambios

 

Colaboro en un programa de Radio sobre libros. Hoy me he acordado de uno que leí hace cierto tiempo, un curioso tratado moral que refleja un mundo donde  «acechan las trampas y reinan las intrigas». En este escenario, el arte del fingimiento, antaño tan de boga, experimenta un nuevo impulso acorde con la era era capitalista.  Basta con leer el índice para hacerse una idea general sobre qué va esto:

Controlar los arrebatos

Parecer auténtico

Mostrar indignación moral 

Parecer culto

Poner nerviosos a los demás

Engañarse a sí mismo 

 

Etc.. Y como cata lectora este breve fragmento elegido al azar:

«En un estado de alegría exultante, estamos plena y engañosamente convencidos de que nuestros amigos y conocidos, nuestros compañeros de trabajo y familiares, se alegran con nosotros. Ante un gran triunfo, caemos en el error de creer que abrazar al afortunado nos hace un poco afortunados a nosotros también. Un error, para colmo, de los más extendidos, si excluimos la envidia hacia los demás, uno de los sentimientos más venenosos que puedan existir.  Todos conocemos las disputas por un puesto de trabajo, la mirada gélida hacia nuestro piso con terraza, los celos ante nuestra bella pareja.

La envidia no necesariamente provoca sufrimiento. También es nuestra secreta vara de medir el reconocimiento ajeno. Pocas cosas nos satisfacen más íntimamente que ser envidiados. Con solo que la envidia no fuera tan peligrosa, que no fuera un acicate para que los demás nos echen del trono y nos arrojen a las sombras…

¿Cómo hay que lidiar, pues con la envidia? Siempre de tal modo que ésta crezca en los otros como impotencia, sin riesgo para uno mismo.»

¿Te animas a leerlo y comentarlo? 

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El mundo de lo posible


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Pintura: Joaquín Sorolla

Microcambios celebra su cuarto año de vida en la nube. El 29 de septiembre de 2010 empecé mis primeros apuntes, sin saber si tendría lectores, si a alguien le interesarían mis búsquedas, reflexiones, elecciones…  Mi única pretensión era compartir aquello que llamaba mi atención   y crear una reducida comunidad de intereses comunes. El objetivo está cumplido,

Gracias a todos los que esporádicamente o asiduamente visitáis esta casa de palabras.

Mi proyecto sigue volando porque resuenan vuestras pisadas en este espacio sin puertas ni ventanas. Y para  celebrarlo, de  regalo,  este poema de Emily Dickinson  donde lo posible (ese lugar que a veces no vemos a nuestro alrededor pero existe) se adueña de la vida.

Vivo en lo posible

lugar más bello que la prosa

tiene más ventanas

y numerosas puertas.

De estancias como los cedros

ávidas de miradas

y como tejado estable

las bóvedas celestiales.


Para visitas, óptimo,

para ocupación, esto,

su alcance ensancha mis pequeñas manos,

para albergar el paraíso.

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Ponte en lo peor y consigue liarla


En El arte de amargarse la vida Paul  Watzlawick relata la historia del martillo, una auténtica joya de la paranoia y el pensamiento deductivo perturbado. Nos puede parecer una exageración, pero no lo es. ¿Cuántas veces nos anticipamos a algo que no ha ocurrido ni tiene visos de ocurrir porque nos sale la paranoia de paseo o el «si me lo sabré yo» o  el «a mí me lo van a contar»? Siempre somos más listos que los demás, más precavidos y  más astutos. Y hacemos gala de nuestra estupidez presuponiendo la hostilidad, mala leche y negatividad que donde están es dentro de nosotros fundamentalmente. Para muestra un botón, esta  hilarante  escena de Sopa de Ganso de los Hermanos Marx.

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Cuando ya no estés, cuando ya no esté


Microcambios, Me mudo de sistema,

Ocurrirá algún día. Un día, sí. Ya no estarás. Ya no estaré. Ese día será muy parecido al resto de los días. Saldrá el sol, se pondrá el sol. Todo el mundo respirará como antes, salvo tú, salvo yo. En los periódicos, en las radios, en las televisiones, en internet, habrá noticias. Como cualquier otro día. Como esos días calcados en los que tú estabas, en los que yo estaba. Y qué curioso, nada habrá cambiado y todo habrá cambiado. Solo porque ya no estás, porque ya no estoy. Piénsalo. Cuando el otro abra los ojos y piense que el mundo es diferente, solo porque tú te has ido, porque yo me he ido, la ilusión perdurará en su cerebro como un encantamiento, quizás minutos, tal vez horas, puede ser que días e incluso meses y exagerándolo todo,  años. Sí, pero, moja el pie en el agua y comprobarás que la piel toca el agua y hay poca diferencia en la sensación que experimentabas cuando yo estaba. También yo lo hago. Al final, la muerte no resulta ninguna sorpresa. No es el fin, ni el principio de nada, sino la continuidad de todo, a excepción de ti y de mí. Tú y yo somos meras partículas suspendidas en un polvo lumínico que nos transforma y nos dispersa en un infinito imposible de cuantificar.

Un día habrá silencio, para ti, para mí. Y será como si tú y yo nunca hubiéramos existido.  Como si antes que tú y yo, el mundo fuera tan mundo que no albergara la posibilidad de habernos contenido. Esto no es cierto. No al menos, para ti, ni para mí.

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6 formas de impactar


Microcambios, Cecilia Monllor
¿Buscas la forma de hacerte notar? Cierto que parece difícil sino misión imposible. Pero ¿lo es en realidad? Párate a pensar. Si quieres destacar, que se fijen en ti, convendría hacerlo lo mejor que puedas y sepas, porque si no es así, aunque consigas tu minuto de gloria, éste se esfumará como el vaho en el espejo del cuarto de baño. Quienes te hacen visible (no lo olvides) son los demás, no tú. Puede que las celebridades lo tengan más fácil para llegar a un público amplio pero tú también tienes un altavoz a tu disposición  y consiste en seis formas de abordar un asunto:

Atreverse con los tabús (provocarás reacciones adversas y también olas de admiración)
Presentar aquello que hagas con un tratamiento inusual (descoloca a tus destinatarios)
Ser políticamente incorrecto (molestarás pero también conseguirás adhesiones)
Provocar la hilaridad (el humor produce viralidad)
Hacerte inolvidable (ya sea por utilizar la creatividad, la emotividad o la genialidad, tu voz se oirá)
Utiliza el secreto como arma imbatible  (despierta interés a través de la sugerencia y el misterio)

Prueba con alguno de estos recursos y busca la mejor forma de hacerte oír. Lo que es útil y válido para unos no lo es tanto para otros.

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¿Por qué me dejo controlar?



Donde viven los monstruos, Maurice Sendak, Microcambios

Ilustración: Maurice Sendak

 

Pagamos un precio elevado por :

-La indiferencia hacia emociones tóxicas propias

-No prestar atención atención a las sensaciones físicas que producen

-Desentendernos de cómo se leen estas en nuestro cuerpo cuando aparece el agobio o la presión

Una manera de acabar con este juego inconsciente de la mente que tanto nos agobia sería: tomar conciencia de las creencias y emociones que sustentan ese nudo en el pecho, esa sensación en la garganta, ese malestar  o esa indefensión asumida. Al tomar conciencia del momento en que se manifiestan y,  cómo se sienten en nuestro cuerpo, parándonos en el aquí y el ahora, observando qué estábamos pensando, qué  hacíamos o con quién estábamos, aparece la epifanía.

Si no hacemos nada con la información que nos ha proporcionado nuestra propia observación,  si no actuamos, seguiremos esclavizados por los mismos  automatismos.

Esta esclavitud degenera en:

-Reacciono en lugar de respondo

-Somatizo en el cuerpo las reacciones emocionales

-Permito que me controlen las circunstancias en lugar de controlar yo mi reacción

No se pierde nada por probar el experimento. Párate un instante. Céntrate en tu respiración. Observa qué aparece en tu  mente y deja circular lo que haya. Presta atención a esas sensaciones físicas perturbadoras. Apacíguate y abre la mente a la compasión, tanto por ti como por aquellos hechos o personas o situación que nos haya provocado ese rechazo. Ahora ya sabes qué pasa y puedes actuar.

 

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Cuando las gafas están sucias


 

Este gráfico es tan elocuente que sobran las explicaciones. En ¡Me mudo de sistema!  menciono lo que el psiquiatra Carl Alasko llama «lentes interpretadoras de  la realidad» Según Alasko conviene no bajar la guardia ante 3 frecuentadores habituales de nuestra vida: la negación, el engaño y la culpa. Estos elementos son los responsables de  empañar la visión de nuestras necesidades esenciales y de minimizar e incluso despreciar lo que es mejor para nosotros mismos a largo plazo, lo que desarrollará nuestro carácter e integridad personales y lo que permitirá que se desarrolle nuestro más profundo y auténtico yo. Cuando las lentes están tan empañadas como para no ver ni a medio metro ocurre lo que nos muestra  Jaime Burque en su blog.

 

Me mudo de sistema, microcambios, Cecilia Monllor

 

Ilustración: http://jaimeburque.com/blog/?p=5766

 

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¡Me mudo de sistema! en ebook


¡Me mudo de sistema! Cecilia Monllor, Microcambios, libro electrónico,

Hace unos años ( y no muchos) comenzaron  los primeros seminarios profesionales para editores sobre el  futuro del libro electrónico o ebook. La rapidez con que la tecnología absorbe el mundo es increíble.  Sin apenas darnos cuenta, el libro electrónico se ha apoderado de los contenidos erigiéndose en competencia al libro en papel. Grandes cadenas como: Amazon, Barnes and Nobles, gigantes como Google, compañías tecnológicas como Sony, Samsung… ya procesan millones de ebook con toda la comodidad que implica tener el libro inmediatamente, sin desplazamientos, a menor precio y con cero limitaciones de almacenamiento físico. Y aunque yo sea una romántica del papel, adore los libros como objetos y sienta pasión por las librerías físicas donde el tiempo se suspende, admito que es una buena opción. Por eso, también he querido que ¡Me mudo de sistema! tenga su oportunidad para los lectores en formato ebook para diferentes plataformas. Aquí enlazo la de Amazon  ¡Me mudo de sistema! en formato kindle

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¿Importará esto dentro de cinco años?


microcambios, me mudo de sistema

Ilustración: Rafal Oblinski

¿Importará esto dentro de cinco años, de diez, de quince…?  Buena pregunta para afrontar el estrés de una decisión importante. Claro está la conclusión la ignoramos. De otra manera tomar decisiones no implicaría el menor desgaste. Pero este no suele ser el caso. En el mundo de las múltiples elecciones y probabilidades elegir es complicado y causa desazón, sobre todo por el miedo a equivocarnos. Ahora bien ¿qué pasaría si contempláramos el asunto desde otra perspectiva, por ejemplo el alivio, la ligereza o la simple curiosidad ante el reto? Lo tedioso y plomizo se transforma entonces en claridad y actuar resulta fácil. La claridad mental es pues la consecuencia de formular la pregunta en estos términos.  Tal vez estemos gastando demasiada energía y celo en un asunto menor que al cabo de cierto tiempo se diluirá como un terrón de azúcar en una taza de café. O tal vez el asunto sea capital y entonces la respuesta afirmativa nos impulsa con nuevos bríos hacia la meta.

Suelo utilizar esta pregunta a menudo cuando me encuentro en una encrucijada. La refiero a situaciones, personas o circunstancias. Cada uno puede hacer sus listas de cuestiones que le atañen, mejor por escrito. Me gustan las palabras de Faulkner: «nunca sé lo que pienso hasta que lo escribo».