Publicado en Artículos de blogs que nos interesan

Carta de un hijo a un padre


jodorowski

Alejandro Jodorowsky y su hijo Adán

Hay cartas escritas a tumba abierta, sin dejar nada en el tintero. Hay cartas como la de Kafka a su padre que te traspasan ese dolor agudo de la pequeñez y la incomprensión. Y también hay cartas, como ésta de Adán Jodorowsky a su padre, Alejandro, que te transmiten el amor y al compartir un espacio de intimidad con el lector te hacen el regalo de la reflexión.

Carta a mi Padre:

Querido padre, Alejandro, tú que siempre pensaste que llamar a su padre «Papá» era un error. Que Papá y Mamá eran las primeras palabras que podía pronunciar un bebé y que llamar a sus padres así siendo adulto era mantener preso a sus hijos como niños. Tu que me decías «no me llamo Papá, me llamo Alejandro, yo no te llamo adad, dada o adadá..»

Escribo esta carta públicamente porque quiero que el mundo sepa que el amor entre padre e hijo existe. Veo en el planeta cientos de casos con padres ausentes o que no aceptan a sus hijos como son. Por eso hoy quiero que el mundo sepa cual puede ser una verdadera relación de amor y respeto. Espero le pueda servir a este planeta. Que sirva de ejemplo para que el mundo se transforme en algo mejor y dejen de crear guerras que son productos de rabia contenida.

Llamarte Alejandro no me quitó nada, al contrario, no te vi como una figura emblemática, ni como un ser superior, pero si como un aliado, un ser lleno de bondad. Llamarte Alejandro es lo más tierno y maravilloso del mundo. Sentirme diferente de los otros niños me dio un gran sentimiento de fuerza. Nunca me educaste con miedo, nunca me pegaste. Me hablaste, me explicaste y te preocupaste de enseñarme tus pensamientos dejándome libre de ser el que yo tenía que ser y no el que tu querías que yo sea. ¿Te acuerdas? Te sentabas al lado de mi, leyendo cuentos japoneses para iniciarme a una filosofía de vida.

Has formado mi mente para prepararme como un guerrero a recibir los golpes de la vida, a recibir discursos estúpidos, a recibir la imbecilidad humana. Pero me enseñaste también a reconocer la belleza dentro de la fealdad.

Me acuerdo que un día me dijiste «te voy a enseñar a pensar». Estábamos en España, de vacaciones en una isla. Y todas las mañanas me dabas clases para pensar. Todo padre debería enseñar a su hijo a pensar. Un niño no es tonto, es como una esponja, lo que le enseñas le queda para toda la vida y lo necesita. Gracias a eso, me marcaste para siempre.

«¿Qué es Dios?, ¿Qué es el Universo?, ¿Cuál es nuestra finalidad en este Universo?, ¿De dónde vengo?, ¿Hacia dónde voy?, ¿Soy un cuerpo con alma o un alma con un cuerpo?. Tu verdad es una verdad pero no la verdad…».

Me enseñaste a hablar como un ser consciente y delicado. Cuando era niño me hablabas suavemente, como adulto y no me infantilizabas con voz de dibujo animado. Los padres suelen hablar a sus hijos como si fuesen muñecos, pero tu, me hablaste como un ser humano.
Luego, me enseñaste a comunicar con los otros y en lugar de afirmar algo en una conversación, me enseñaste a decir antes de empezar una frase: «según lo que yo pienso y me puedo equivocar». En una pelea, en lugar de acusar al otro, me enseñaste a decir lo que siento y qué me produce esa discusión.

Nunca me hiciste parte de tus angustias económicas, para que el dinero no sea un peso para mi. He vivido en un paraíso. Un niño tiene que ver la vida como un paraíso. Lo contrario lo convierte en un ser angustiado con miedo a enfrentar su existencia.
Cuando tenía rabia, en lugar de contenerla, me llevabas por la mano en el jardín y me hacías destrozar una silla en mil pedazos. No puedes saber la alegría que era para mi destrozar esa pobre silla. Yo te decía: «pero si la rompo ya no vamos a tener silla…» Y tu me decías que no importaba, que ibas a comprar otra. Para ti lo material no tenía ninguna importancia, ningún valor. El único valor que veías estaba en el ser humano.

En lugar de reprimir mi creatividad, me comprabas pinceles para que pueda pintar en las paredes de mi cuarto. Nunca me prohibiste nada. Cuando hacía un error, hablábamos sobre él y lo arreglábamos. Confiabas en mi, en mis propios limites que me imponía a mi mismo.
Podía hacer y preguntar de todo. Era un niño y se hablaba abiertamente de sexo, sin que la moral religiosa nos haga creer que es algo insano.
Y es cierto, todo lo que te pedí y me diste en la infancia, me sirvió. absolutamente todo. No pusiste ningún limite a mi creatividad. Me enseñaste a meditar, me pasaste libros. Aunque tu y mi madre se separaron cuando yo tenía 8 años, nunca me hablaste mal de ella. No intentaste destruir mi mirada de amor hacia ella. Creaste entre mis hermanos y yo una relación de amor. Sin competencia. Queriendo a cada uno de manera diferente.

Me enseñaste a pensar, a creer que todo era posible en la vida. ¿Y cómo?. Te voy a recordar cómo. Un día nos paseamos por las calles en París buscando un par de zapatos, y hasta que no encontraba el par perfecto, no nos íbamos a dejar vencer. Entramos en quince tiendas ese día, hasta encontrar lo que realmente quería. Gracias padre de mi corazón, gracias a eso hoy en día, hasta que no esté satisfecho con lo que estoy creando, no me dejo vencer.

Me enseñaste también que cuando no se logra algo, se puede tomar otro camino que lleve a lo que deseas.Cuando me tropezaba en la calle me decías “¡Samurai!” Para que cada paso, cada mirada mía en este mundo sea consciente. El Samurai no se distrae nunca. Me siento vivo Alejandro, tan vivo.

Nunca te vi deprimido, ¿te das cuenta?. Nunca te quejaste ni te dejaste vencer por el peso de la vida. Nunca me hiciste parte de tus angustias. Me enseñaste a ser alegre, a pensar que la vida era una fiesta. Me enseñaste a no fumar cuando los adolescentes empezaban a fumar, me explicaste que yo era un niño seguro de mi mismo, que no necesitaba un cigarro para seducir, ser adulto o ser aceptado por los otros. Me sentía fuerte, tan fuerte. Me enseñaste a amarme, a respetar mi templo, mi cuerpo.

Te vi escribir toda mi vida ocho horas diarias, dedicado a tu arte. Encontraste el amor a los 75 años, conociste a Pascale, tu mujer. Y es la historia más bella que he visto en mi vida. Me hiciste creer en la unión de dos personas. Ahora tengo fe en la pareja a cualquier edad.

A veces me preguntas: «¿Como te sientes mentalmente, corporalmente, sexualmente, emocionalmente?». Te comunicas con mi ser entero. Cuando llego a tu casa, me siento frente a ti y me miras, me cuentas tu vida, me preguntas sobre la mía e intentas que nuestros monólogos duren el mismo tiempo. Que la conversación sea equilibrada. Que uno no hable más que el otro.Te preocupas por mi sin invadir mi espacio. Pero me dices siempre que me amas. Todo padre tendría que decir a su hijo que lo ama.

Cuando era niño y te ibas de viaje, me llamabas todos los días, aunque eran dos minutos. Era nuestro trato. Sentí tu presencia. Siempre sentí que podía contar contigo. Cuando decías algo, lo cumplías y no puedes saber lo importante que es para un niño que su padre cumpla lo que diga. Una vez me fui de vacaciones con la escuela, y me sentí tan mal con los niños, me sentí tan diferente a ellos que te llamé llorando. En la noche misma llegaste con tu coche. Hiciste 400 kilómetros para sacarme del infierno. Y regresamos juntos la noche misma. Cantando. Decías que un niño no debe sufrir, que sus primeros años son sagrados.

Siempre olías mi pelo y mi piel diciendo que olía maravillosamente bien. Siempre me dijiste que iba a ser alto, que tenía talento, que era bello, que era un príncipe. Me acariciaste, me tocaste, me abrazaste. Fui un ser amado. En la mañana tocaba a tu puerta y corría a acostarme al lado de ti y me abrazabas. Yo, la cabeza sobre tu pecho escuchando tu respiración y tu corazón latiendo. Luego íbamos a desayunar en frente de la casa, en un café, y me hablabas de libros, de cine, de los descubrimientos que hacías, de las nuevas ideas espirituales que habías pensado. En este momento estoy llorando de emoción porque nunca me había tomado el tiempo de decirte todo esto. Eres un padre maravilloso. Mis lágrimas corren, esas lágrimas son gotas de amor.

Siempre me llevaste contigo en tus conferencias, en tus seminarios, te vi hacerle bien a la gente, darles sonrisas, calmar miedos. Hemos colaborado en teatro, en cine, en mis canciones. Qué maravilla poder crear algo con su familia.

Cuando tenía una duda siempre estuviste presente. Tan presente que hoy en día si ya no estuvieses a mi lado, escucharía tu voz en mi mente aconsejándome. Te tengo marcado en mi como un tatuaje para siempre.

Me salvaste Alejandro, en este caos que es la vida, en esta locura donde vivimos, me mostraste lo más bello. Me alejaste de todo pensamiento burgués, de toda ilusión, de todo pensamiento religioso, de toda moral, me enseñaste a no tener límites. Me enseñaste que soy un ser libre. Libre de la locura humana, libre de guerras, de miedos, me enseñaste que la realidad donde vivimos no es la única realidad, me enseñaste que mi territorio no es una casa, un país o un mundo, sino el universo entero, el infinito.
¿Por qué me hacías pintar en las paredes de mi cuarto? Me lo he preguntado mucho. ¿Por qué dejarme esa libertad de hacer lo que quería en mi habitación?. Entendí que me enseñabas a crear, a liberar mi mente, vivir sin ataduras, sin paredes. Esas paredes eran ilusorias, invisibles y pintándolas podía pasar a través de ellas.

Me enseñaste a hablar, ni poco ni demasiado. Me enseñaste a respetar el campo energético de los otros. Me enseñaste a contar con las cartas del Tarot. Y me mostraste que los símbolos son arte. Me enseñaste que la vida es mágica y que el milagro está por todos lados. Me enseñaste que Dios es una energía que nos acompaña, y no un ser severo inventado por escritores.
Me abriste una cuenta en una librería y gracias a ti descubrí la poesía.¡La poesía! Me acuerdo que nos sentábamos todos en la mesa del comedor, y cada uno de nosotros leía su poema.

Nunca tuviste amigos inútiles, la única gente que entró en tu casa fue la que querías ayudar o personas con talento. Poetas, filósofos, cantantes, doctores, zapateros, santos, todo tipo de gente pero con alma y contenido. Nunca perdiste tu tiempo en conversaciones vacías. Nunca te he visto borracho ni drogado. Solo te vi desarrollar tu mente y tu talento de forma positiva con finalidad de cambiar el mundo y aportarle algo.
Te sentiste durante años un escritor fracasado, y mira lo que lograste. A los sesenta años te liberaste de ese sentimiento y publicaste más de treinta libros, hoy tienes ochenta y cinco años y eres un escritor completamente realizado. Todo eso por creer en ti. Qué ejemplo. ¡Cuanta gente no cree en lo que es, buscando una salida, buscando felicidad sin ver que todo el contenido está vibrando en ellos desde siempre!.

Me hablaste de la vejez como algo bello y gracias a ti disfruto cada año que cumplo sin temerle a la muerte. Gracias a ti veo que todo es posible en esta vida, en cualquier momento.Veo el amor que tienes en tus ojos, veo el amor en ti cuando me miras, me amaste y diste tanto que te amo sin limites. Tu creaste este ser que te está escribiendo. Tu creaste mi amor hacia ti.

Aplicaste perfectamente esa frase que escribiste y resultó ser verdadera:
Lo que das te lo das, lo que no das te lo quitas.
Gracias por haberme regalado esta vida.
Tu hijo Adán que te ama.

Fuente: larutadelailuminacion.blogspot.com.es

Anuncios
Publicado en Microhistorias

Un profesor


microcambios

 

José Antonio Vidal Quadras

Mi profesor nunca supo que fue su aliento el que me sopló en el oído para soltarme al mundo y descubrir mis talentos literarios. Eligió uno de mis trabajos periodísticos para leerlo en voz alta a mis compañeros y produjo la emoción de ver chispas de admiración en los ojos de los demás. Seguramente fue una ilusión mía y así se ha anclado en el recuerdo.Tal vez haya que achacar ese brote de orgullo, cuasi adolescente, al regocijo de su reconocimiento público. Él nunca supo el bien que me hicieron sus notas manuscritas en mis trabajos universitarios porque yo nunca me atreví a decírselo. Veintitantos años después, un día cualquiera, hoy 27 de agosto de 2014, en que recibo la noticia de su muerte, me apena no haber sido más osada y haberme refugiado en la timidez para callar algo que le habría encantado escuchar. Así que Gracias, profesor Vidal Quadras, en usted hallé  ese mentor con el que aprendes a distinguir el trigo de la grama. Ha impulsado mi vocación literaria y me ha faltado la generosidad de agradecérselo en vida.  No sé por qué tantas veces llegamos tarde a los homenajes y los reconocimientos. Como si nos diera vergüenza, siendo hombres y mujeres hechos y derechos, decir a quien descubrió en nosotros la chispa luminosa cuán agradecidos estamos por ese liviano empujón de estima.

Como José Antonio Vidal Quadras, ese hombre bueno, que dedicó miles horas de su existencia a escribir notas en los trabajos de sus alumnos de redacción periodística en la Universidad de Navarra, muchos profesores anónimos que tienen nombre y apellidos en la memoria de alumnos agradecidos se merecen un sencillo: Gracias Profesor/a.

Descanse en paz, profesor. 

Publicado en Microhistorias

Pégate a ti mismo


Chakall

Imagen: Chakall

A vueltas con la idea de por qué unas personas  tocan el éxito una y otra vez , y otras no solo no lo huelen, sino que llenas de talento se desperdician a sí mismas reiteradamente,  en esta plácida y veraniega tarde  de julio me he tropezado con un artículo sobre un tal Chakall, del que no sabía ni que existía. Al parecer Eduardo Andrés López, argentino,cuarentón, showman, periodista de formación, heterogéneo, guapetón, creativo, cocinero de éxito, tiene algunos secretos que revelar.

El primero es que hace lo que le da la gana y con eso se gana la vida, muy bien según veremos a continuación.

El segundo es que no hace nada con fines comerciales (porque en su opinión el negocio no está en lo que se hace, vamos, el asunto en sí, sino en él mismo).

El tercero es que el mejor modo de tener suerte en la vida es pegarse a uno mismo (todo el que renuncia a sus sueños lo paga)

Y así llegamos a este enigmático personaje que es una estrella catódica en Portugal, en China se lo rifan y los alemanes están hartos de ver sus más de 500 turbantes que luce en la televisión, mientras cocina impregnando de magnetismo la pantalla de los televisores de media Europa.  ¿Qué ha hecho este tipo que no hayan hecho otros cocineros formados en la Cordon Bleu y demás escuelas del estrellato? Este Jaimie Oliver que habla español argentino y lleva en su sangre la fusión de sangres de distintos continentes se ha puesto el mundo por montera y ha decidido intentar cosas y ver si salen. Algunas han salido y otras no. Llegó a Portugal sin saber una palabra del idioma y lo cogieron de lavaplatos en un restaurante. De allí como una rana cuántica saltó a ayudante de cocina de un chileno que cuando lo vio hacer decidió ayudar él mismo y cederle la batuta al Chakall, su apodo de guerra. Como el chico lo que quería era ir a África ahorró y en llegando el momento oportuno cruzó el estrecho de Gibraltar y ancha es Castilla. De vuelta a Europa, después de vivir en África más de dieciocho meses se instaló en Portugal y montó un catering. Y  tuvo la paciencia de esperar. El primer mes un cliente, el segundo cinco y con el paso de las estaciones logró vivir del cuento y para el cuento: cocinando.

En realidad su historia es extensa y prolija. La podéis leer en este artículo de Forbes pero yo quería resaltar algo que me ha llamado la atención, la idea de pegarse a uno mismo para ser feliz, ergo para tener éxito en la vida. Se me ocurre que pegarse a uno mismo, como el fundador de la revista Forbes dejó escrito en sus reflexiones publicadas, se traduce en darle forma a tus propios ideales, resolver tus propios problemas y entre otras cosas admitir  que nadie puede deshonrarte, ni tampoco elevarte o sostenerte a excepción de ti mismo. Así que  asumamos que somos los dueños de nuestro propio destino. Y ojito a lo que dice Chakall: «En el momento en que tenés un cliente, hay que saber qué quiere… En esto es necesario el sentido común. El problema es que los cocineros piensan que todo se resuelve en la cocina. Son muy limitados».

Lo dicho, merece la pena intentar pegarse a uno mismo.

Publicado en Microhistorias

La lista de F. Scott Fitzgerald


microcambios

En el  delicioso libro Cartas a mi hija  (una recopilación epistolar que tras la muerte de F. Scott Fitzgerald reunió su hija Scottie) el autor de El Gran Gatsby se delata como un  escritor irónico, brillante  y esforzado,  y como un padre obsesionado porque su hija adolescente no se malogre   y repita sus mismos errores con las consiguientes consecuencias desastrosas.  «Tienes dos hermosos malos ejemplos por padres. Limítate a hacer todo lo que no hicimos y estarás perfectamente a salvo» o «Quiero verte entre lo más granado de tu raza y que no malogres tu vida aspirando a metas triviales. Ser útil y orgullosa… ¿es acaso pedir demasiado?». Persistente con sus ideas sobre la virtud subraya: «En la vida, sólo creo en las recompensas por la virtud y en los castigos por no cumplir tus obligaciones, que sin duda se pagan caros».  En otro momento, refiriéndose a los esfuerzos literarios de Scottie, escribe: «No te desanimes ni un poco por que tu cuento no esté perfecto. Tampoco te voy a animar, porque si quieres codearte con los mejores, al final tendrás que buscarte tus propios obstáculos que saltar y aprender de la experiencia. Nadie se ha hecho escritor por el simple deseo de serlo.»  Pero sus recomendaciones también se orientan a los hábitos:  «Espero que hayas meditado  mi análisis a propósito de cómo adquirir el hábito de la pulcritud; si eres capaz durante una semana de despachar cada cosa a su debido tiempo, desde el momento  en que lo tocas por vez primera hasta el momento en que lo des por concluido— en lugar de lidiar con tres cosas a la vez —en un mes habrás barrido los problemas y habrás conseguido que la vida te resulte más sencilla en un aspecto más». La obsesión por guiar el comportamiento de su hija le lleva a decirle: «Todo pasa por ser fiel a algo que crece  y cambia a medida que avanzas. Tienes que tomar el camino  correcto en los cruces principales: el precio de extraviarte una vez son  años de desdicha». Y refuerza su convicción con: « Tu libertad depende enteramente de lo bien que estudies y nada más. El talento más buscado por aquí es aquel que no abandona el barco a las primeras de cambio».

Lo mejor de esta correspondencia íntima que dirige un padre escritor a una hija que quiere serlo, viene de la aspiración  del padre de ser escuchado y al mismo tiempo de la constatación de que  ningún hijo escucha, más bien juzga, al tiempo que guarda las cartas en el cajón y se asegura de haya noticias de algún tipo de ingreso económico. El triunfo en  esta batalla experiencia versus inexperiencia es, en el mejor de los casos, pírrico. Quien cree que porque lo ha experimentado puede advertir y sermonear puesto que sabe de lo que habla, el consuelo que puede llevarse consigo es que lo intentó, al menos lo intentó, aunque al fin y al cabo nadie escarmienta en cabeza ajena.

Divertida y curiosa una lista que incluye el escritor en una de sus cartas para que su hija reflexione.

Cosas de las que preocuparse 

  • Preocúpate del coraje
  • Preocúpate de la higiene
  • Preocúpate de la equitación

Cosas de las que no  preocuparse 

  • No te preocupes de la opinión de los demás
  • No te preocupes  por las muñecas
  • No te preocupes  por el pasado
  • No te preocupes por  el futuro
  • No te preocupes  por hacerte mayor
  • No te preocupes por que alguien te supere
  • No te preocupes por el triunfo
  • No te preocupes por el fracaso, a menos que sea culpa tuya
  • No te preocupes por los mosquitos
  • No te preocupes por las moscas
  • No te preocupes por los insectos en general
  • No te preocupes por los padres
  • No te preocupes por los chicos
  • No te preocupes por las desilusiones
  • No te preocupes por los placeres
  • No te preocupes por las satisfacciones

Cosas en las que pensar: 

  • ¿A qué aspiro realmente?
  • Si me comparo a mis coetáneos, soy realmente buena  con respecto a:

A/El rendimiento académico
B/¿Entiendo realmente a las personas y soy capaz de llevarme bien con ellas?
C/¿Procuro hacer de mi cuerpo un instrumento útil o lo estoy descuidando?

Como dice Scottie en el prólogo de este libro: «Escuchen atentamente a mi padre. Porque da buenos consejos, y estoy segura de que, si no hubiera sido mi padre, a quien amé tanto como «odié», ahora sería la mujer más cultivada, atractiva, exitosa e inmaculada sobre la faz de la Tierra». 

Publicado en Pensando en voz alta

La tortura de no hallar el talento propio


puzleSe puede gastar una fortuna de tiempo y dinero buscando pasiones ocultas que no somos capaces de descubrir en nosotros mismos. ¿Por qué unos lo tienen tan claro y otros no? ¿Será porque  las fórmulas para todo el mundo son ineficaces?

Empecemos por desenrollar la madeja. Hay personas que disfrutan mucho con su trabajo porque lo consideran una extensión de su pasión vital  y otras que, sin considerar sus trabajos una condena, no disfrutan, sólo pagan facturas mientras vuelcan sus pasiones en otra parte, la práctica de una afición, por ejemplo. También hay los que ni disfrutan con su trabajo ni tampoco de su tiempo de ocio. Sólo se sienten desdichados por no saber quiénes son ni para qué valen. Pero existe una cuarta tipología bastante frecuente: los que sienten una gran inquietud por saber cuál es su sitio pero, pese a su búsqueda, no lo han encontrado.

Para despejar el camino preguntémonos si  encajamos en la tipología:

A. Personas dispersas, con muchos focos de interés

B. Personas centradas en intereses concretos

C. Personas sin intereses claros

Avanzando un paso más allá cuestionémonos si existe un hilo conductor en los desempeños laborales y/o aficiones a las que nos hemos dedicado hasta el momento. Para los teóricos esta tarea resultará muy fácil, pero para los que no lo son, ni se imaginan siquiera cómo acometer una investigación en pos del supuesto hilo,  la tarea en sí les resultará exasperante.  El teórico indagará en su pasado buscando relación entre sus elecciones, vínculos, desempeños, personas… Se hará preguntas y vislumbrará pequeñas lucecitas que le guíen  en su búsqueda. Los del otro extremo necesitan PROBAR, meterse de lleno en la búsqueda de actividades y personas que puedan clarificar su nebulosa.

 Todos somos diferentes, pero al mismo tiempo, todos buscamos un lugar propio. Ese lugar propio, el elemento, del que escribe Ken Robinson, reivindicándolo  como componente singular del individuo para el  disfrute de una vida laboral y personal, no es un objetivo en sí sino un proceso. Es necesario  evitar la desolación y el derrotismo, y probar. En la acción aparece el descarte y el descubrimiento. Así que nada mejor que dejar de lado al peor enemigo (o sea uno mismo) y elegir el camino más  idóneo para cada cual: los teóricos, la reflexión y los otros, el mejor antídoto contra el conformismo: ¡la acción!

Publicado en Libros recomendados

Los consejos de Daniel Coyle sobre el talento


 

Talento, Microcambios, aprendizaje, reto

El pequeño libro del talento de Daniel Coyle recoge 52 propuestas para mejorar y crear nuevas habilidades. Algunas son de cajón como la de no sucumbir al mito del niño prodigio o permitirte hacer el ridículo, otras son prácticas y contra aplazamientos: mejor cinco minutos al día que una hora a la semana, para aprender mejor, enséñalo; y las hay muy creativas como: pensar en imágenes, simular o usar el baremo EIFE.
Empieza por curiosear en ellas y si despiertan tu curiosidad ¡a por el libro!
Durante toda su vida Jim Rohn, un célebre autor motivacional, no se cansó de subrayar que la inversión más valiosa que alguien puede hacer en su vida es ni más ni menos mejorarse a uno mismo.

1.Observa a la persona en que deseas convertirte
2.Dedica 15 minutos al día a grabarte la habilidad en el cerebro
3.Roba sin complejos
4.Cómprate un cuaderno
5.Permítete hacer el ridículo
6.Escoge lo espartano y renuncia a lo lujoso
7.Antes de empezar, determina si se trata de una habilidad dura o blanda
8.Para construir habilidades duras, trabaja como un carpintero meticuloso
9.Para construir habilidades blandas, practica como los aficionados al monopatín
10.Respeta las habilidades duras
11.No sucumbas al mito del niño prodigioso
12.Cinco maneras de escoge a un maestro o entrenador de gran calidad
13.Descubre el punto óptimo
14.Quítate el reloj
15.Divide cada movimiento en segmentos
16.Intenta construir un segmento perfecto cada día
17.Lucha
18.Mejor cinco minutos al día que una hora a la semana
19.No hagas ejercicios. En su lugar, practica juegos breves, adictivos
20.Practica en solitario
21.Piensa en imágenes
22.Cuando te equivoques, date cuenta enseguida
23.Visualiza la red neuronal cerebral cuando crea nuevas conexiones
24.Visualiza la red neuronal cerebral ganando velocidad
25.Reduce el espacio
26.Más despacio (más aún de lo que crees)
27.Cierra los ojos
28.Simula
29.Cuando aciertes, regístralo
30.Échate una siesta
31.Para aprender un movimiento nuevo, exagéralo
32.Haz intentos positivos
33.Para aprender de un libro, cierra el libro
34.Usa la técnica del sandwich (da el paso correcto, da el paso incorrecto, vuelve a dar el paso correcto)
35.Usa la técnica del 3×10 (practica algo tres veces con pausas de 10 minutos entre repeticiones)
36.Invéntate exámenes diarios
37.Para escoger el mejor método de práctica, usa el baremo EIFE (esfuerzo, implicación, finalidd y evaluación intensa y rápida)
38.Déjalo antes de agotarte
39.Practica inmediatamente después de la actuación
40.Justo antes de dormir, visiona mentalmente una película
41.Termina con una nota positiva
42.Seis maneras para llegar a ser un mejor profesor o entrenador.
43.Acepta las repeticiones
44.Ten mentalidad de obrero
45.Por cada hora de competición, dedica cinco a la práctica
46.No pierdas el tiempo intentado abandonar malos hábitos; dedícate mejor a crear nuevos hábitos
47.Para aprender más profundamente, enséñalo
48.Concede a cualquier habilidad nueva un mínimo de ocho semanas
49.Cuando sientas que te estancas, da un cambio
50.Cultiva la determinación
51.Mantén en secreto tus grandes metas
52.Piensa como un jardinero y trabajo como un carpintero

Publicado en Pensando en voz alta

Confesiones de escritores


jung
Si uno lee la vasta literatura moderna de confesión y auto análisis, llega a la conclusión de que escribir una obra de genio es una hazaña de dificultad casi prodigiosa. Parece muy improbable que salga entera de la mente del escritor. En general las circunstancias materiales están en contra. Los perros ladran, la gente interrumpe, hay que ganar dinero, se resiente la salud. Además, acentuando todas estas dificultades y haciéndolas más difíciles de soportar, está la notoria indiferencia del mundo. El mundo no le pide a nadie que escriba poemas o novelas o cuentos; no los necesita. Al mundo no le importa si Flaubert encuentra la palabra adecuada o si Carlyle verifica escrupulosamente este hecho o aquél. Naturalmente no va a pagar por lo que no desea. Y así el escritor, Keats, Flaubert,Carlyle, sufre, especialmente en los años creativos de su juventud, todas las formas de la desesperación y el desaliento. De esos libros de análisis y confesión surge un grito de agonía,una maldición. “Poderosos poetas que mueren en medio del sufrimiento”… Ésa es la materia de su canto. Si a pesar de todo esto aparece algo, es un milagro, y probablemente no hay libro que nazca entero y sin daños, tal como fue concebido.
Virginia Woolf
Una habitación propia Sigue leyendo “Confesiones de escritores”