Publicado en Pensando en voz alta

¿por qué no puedo cambiar?


Microcambios

Ilustración: Valeria Gallo

En nuestra cultura, la mayoría de la gente se ha visto privada de la conciencia de quiénes son en realidad. Han perdido temporalmente su conexión con lo más elevado de sí, y por lo tanto, han perdido el poder y la responsabilidad respecto a sus propias vidas. En cierta medida, albergan en su interior un sentimiento de indefensión. Se sienten básicamente impotentes para introducir un cambio real en sus vidas o en su entorno. Este sentimiento interiorizado de indefensión provoca una lucha y un forcejeo desproporcionados para conseguir tan sólo un poco de poder o control en su propio mundo.

De ahí que la gente se oriente mucho hacia el logro de objetivos. Se sienten emocionalmente atados a cosas y personas que consideran imprescindibles para ser más felices. Notan que en su interior «falta algo», y se convierten en personas tensas, ansiosas, estresadas, que continuamente tratan de llenar el vacío intentando manipular el mundo exterior para conseguir lo que quieren. Éste es el estado de ánimo a partir del cual la mayoría de las personas se fija objetivos y trata de crear lo que quiere en la vida. Desgraciadamente, partir de este nivel de conciencia no conduce a nada, porque se pone usted tantos obstáculos que no puede superarlos; y si los vence y logra sus objetivos es sólo para acabar descubriendo que no le aportan ninguna felicidad interior.

Cuando advertimos este dilema es cuando empezamos a abrirnos hacia un camino verdaderamente espiritual. Nos damos cuenta, sencillamente, de que tiene que haber algo más en la vida, y comenzamos a buscarlo.

A lo largo de nuestra búsqueda podemos pasar por fases y experiencias muy diversas, pero acabamos por ir recuperando nuestra propia personalidad. Es decir, volvemos a nuestro verdadero ser, a la naturaleza divina o a la mente universal que existe en todos nosotros. Gracias a esta experiencia acabamos recobrando todo nuestro poder espiritual, y nuestro vacío interior se llena desde dentro.

SHAKTI GAWAIN 

 

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Publicado en Pensando en voz alta

Perspectiva falsificada


munch
Ilustración: Edvard Munch

Sigmund Freud escribe: Sabemos que el primer paso hacia el dominio intelectual del mundo en que vivimos es el descubrimiento de principios, reglas y leyes generales que ponen orden en el caos. Mediante esas operaciones mentales simplificamos el mundo de los fenómenos, pero no podemos evitar su falsificación al hacerlo, especialmente cuando estamos frente a procesos de desarrollo y cambio.
Hasta aquí las palabras de Freud, que se pueden suscribir o no. Y ahora las preguntas: ¿para qué lo hacemos? ¿con qué objetivo? ¿nos aporta algo esa supuesta falsificación?

En mi opinión siempre acomodamos el pensamiento y la reacción emocional a nuestra medida. Lo hacemos porque somos seres humanos e intentamos que nuestros pensamientos y emociones no nos perjudiquen. Si algo nos duele profundamente o por el contrario, nos aporta una gran satisfacción, buscamos la forma de adecuarlo a nuestra visión del mundo. Cuando estamos sumergidos en un proceso de cambio queremos ir más allá de lo conocido, nos abrimos a otras perspectivas y tratamos de encajar una nueva realidad en la que ya teníamos para que la sustituya.

En definitiva, un cambio requiere un nuevo orden: dirección clara (un pensamiento no dañino que apunte constantemente hacia el objetivo), una motivación continua ( hábitos que favorezcan la misión) y un entorno facilitador (allanar el camino de posibles obstáculos).

Publicado en Pensando en voz alta

Diez mitos que impiden la plenitud


Ricardo Cavolo
Ilustración: Ricardo Cavolo

Desde niños nos enseñan que la vida plena es un ideal inalcanzable. Pasamos la mayor parte de nuestra existencia repitiendo esquemas aprendidos de otros sin molestarnos en comprobar cuán de cierto hay en ellos. ¿Para qué gastar tiempo en una búsqueda que requiere esfuerzo y que, de partida estamos advertidos, nos lanzará al desengaño? El error está en la premisa de partida: la plenitud no es un ideal sino la consecuencia de un proceso de desaprendizaje. Al igual que nos desvestimos para entrar en la ducha, necesitamos deshacernos de los estorbos que nos asfixian en nuestras pequeñas vidas. El hecho de reconocer la existencia de un cerco formado por mitos muy asentados en el subconsciente colectivo, es un primer impulso, sí, pero sin la parte personal de búsqueda y conciencia, este reconocimiento es papel mojado.

Lo que ocurre cuando el momento Eureka alumbra nuestra mente y descubrimos que la plenitud está sustentada en unas sencillas verdades que, por otra parte, la Humanidad está harta de repetir desde sus inicios, resulta desconcertante: en lugar de apresurarnos a cambiar agradecidos por el descubrimiento, nos frustramos. ¡Ah eso es demasiado tonto y simplón! ¡No puede ser en modo alguno tan sencillo, ni hablar! Los tontos y simplones somos nosotros que confiamos en la existencia de un elixir mágico. Preferimos derrochar ingentes cantidades de dinero en la búsqueda de ese elixir antes que pasar por tontos cambiando de creencias y de actitud. Y somos tan bobos como para creer que el Paraíso (o lo que interpretamos por vida plena) está exenta de fracaso, muerte, dolor, carencias, pruebas de resistencia y privaciones.En este sentido seguimos poco evolucionados como nuestro primer antepasado cuyo cerebro tenía muy limitadas sus capacidades.
Pero hoy puede ser distinto ¿por qué no dar un primer paso hacia el cambio leyendo con calma la lista de mitos y pensando en qué sencilla verdad esconden sus contrarios?

1. Las cosas son como son
2. Hay que ser realistas y conformarse con lo que hay
3. El talento viene de serie
4. Nadie hace nada por otro sin pedir algo a cambio
5. La libertad personal es un término abstracto poco concretable
7.La sabiduría es inalcanzable
8. La pasión es una engañifa
9.El perdón no arregla nada
10. La perseverancia solo trae más de lo mismo


Cecilia Monlllor

Publicado en Microideas

Un secreto muy bien guardado: ser, tener y hacer


Os propongo un juego: Coged lápiz y papel, anotad estas tres preguntas, pensadlas y luego, dedicad un rato a contestarlas.

 ¿quién soy?

¿qué tengo?

 ¿qué hago?

Ahora transformadlas en:

¿quien debo ser para?

¿qué debo tener para?

 ¿qué debo hacer para?

La simple introducción de un objetivo (para)  ha cambiado la esencia de las 3 preguntas iniciales. El coaching es la disciplina del objetivo. Sin objetivo la persona no se puede mover, porque no tiene dirección, desperdicia su energía y le falta el propósito para no rendirse.

Tres sencillas preguntas que encierran el secreto del coaching y pueden cambiar el rumbo de cualquier vida. Vale la pena coger lápiz y papel y contestar también las tres últimas. Las sorpresas llegarán cuando cotejéis las primeras con las segundas. Y quien sabe…