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Estás aquí para ser feliz


Me emociona esta historia. Y no me canso de verla. Y aunque no me olvido que es un anuncio de Coca-cola, comparto con Josep Mascaró la condición de «suertuda» e intento agarrarme al consejo que le da a Aitana: estas aquí para ser feliz.  Quizás no lo consigamos, pero lo que no me cabe la menor duda es que la chispa de felicidad arranca de hacer felices a los demás y sin ese dar no hay ninguna posibilidad de sentir alegría.  Como dice Josep: «No te entretengas en tonterías que las hay y vete a buscar lo que te haga feliz que el tiempo corre muy deprisa… Lo único que no te va a gustar de la vida es que demasiado corta: estás aquí para ser feliz».

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Yo elijo ¿y tú?


 

Cada mañana me levanto y pienso: hoy puede ser cara o puede ser cruz y depende sólo de mí. Antes pensaba que no era así, que no podía ser tan simplista ni falsamente optimista pues el transcurso de la jornada dependía de muchos factores ajenos a mi control como: mi humor, mis circunstancias, mi salud, mis genes o incluso las noticias que fuera recibiendo a lo largo del día. Ahora conozco mejor el funcionamiento del cerebro y sé que puedo centrar la atención donde yo quiera. Y si decido que quiero que sea cara y que los problemas sean oportunidades, un achaque de salud, la prueba de que estoy viva, las circunstancias, eso, sólo circunstancias que cambian y que no me definen y mis genes un pack modificable en un porcentaje si no considerable, bastante esperanzador, ya he hecho mi elección. Es más yo diría que he hecho una buena elección.

Cuando descubra que no sé donde he aparcado el coche en vez de machacarme con insultos aprovecharé para recordarme: «un poco más de atención te vendría de perlas». Si mi reunión con esa directora negativa está a punto de sacar el gen airado que brama como un toro rojo al trapo, dedicaré diez segundos a elegir qué siento. Sin duda puedo elegir y dejarlo en «sería bien triste que esta persona me arruinará el resto del día».  No podemos dejar el presente en manos de los otros. Es nuestro y tenemos la obligación de exprimirlo porque es lo único que tenemos.  Eso, claro está,  no significa que de tanto en tanto aceptemos una sacudida de mal humor, la tristeza o ciertas emociones cargadas de desesperanza. Somos humanos, pero podemos practicar las emociones positivas y la atención plena y llegar a ser expertos en cambiarnos. 

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La voz de la vocación


Hijos de la Medianoche es uno de mis libros favoritos. Pocas obras me han causado el asombro de ésta y eso que entre mis dos lecturas mediaron veintitantos años. En este breve fragmento del Esquire de la sección «Lo que he aprendido», el novelista nos cuenta cómo solucionó sus problemas con la vocación, esa llamada irrenunciable que se remite al anhelo de ser.

Salí de la universidad en 1968, y mi novela « Hijos de la medianoche» se publicó doce años después. Entre tanto subsistía. Trabajé en el mundo de la publicidad durante dos o tres días a la semana para que los otros cuatro o cinco los pudiera dedicar a quedarme en casa y escribir. La publicidad fue muy tentadora, ya que constantemente intentaba sobornarme para que me dedicara a tiempo completo. Cuando no has tenido éxito como escritor, los sobornos empiezan a buscarte. Empiezas a pensar:  ¿a quién estoy engañando? Sí, creo que me gustaría ser novelista, pero no estoy llegando a ningún lado, y mientras tanto estas personas me ofrecen una vida cómoda. «No seas idiota!» me decía una voz. Lo que creo que resultó una valentía de mi yo joven fue tomar la decisión de que s,í sería un idiota. Sólo perseveraría.  Se siente una gran valentía cuando uno decide que vas a  estar muy  bien con esa persona que has puesto en el corazón de tu ser.

Salman Rushdie

http://www.esquire.com/features/what-ive-learned/ESQ0106WILRUSHDIE_102

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¿Yo puedo hacer algo?


A menudo me hago esta pregunta. Y hoy he encontrado una pequeña historia que me ha gustado mucho porque se reafirma en la teoría de que sí podemos hacer algo por los demás, aunque no sepamos quiénes son esos demás y no recibamos su agradecimiento. Carolee estaba en la cola del supermercado y la persona que estaba delante de ella no pudo pagar su compra porque había perdido su cartera. Rápidamente ella se puso en su lugar y se ofreció a pagarle su cuenta. Al día siguiente la señora le envío a Carolee el dinero de la cuenta y 93 dólares más. Carolee contó su historia en facebook y preguntó qué debía hacer con su dinero. Un amigo le sugirió que lo donara y así lo hizo. Al día siguiente varios amigos, inspirados por su historia, donaron también 93 dólares y se fueron uniendo unos a otros, así  sparcieron el mensaje de donaciones de 93 dólares entre sus contactos. Y de esta forma nació el club de los 93 dólares, de una sencilla historia que parte de la amabilidad y empatía de una chica en la cola del supermercado.
Fuente: http://www.danpink.com/three-tips-from-the-dragonfly-effect

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La historia de Liz Murray


Liz Murrays creció en el Bronx en un hogar de padres drogadictos. Cuando su madre murió de sida y su padre se marchó a un refugio para vagabundos empezó su vida de homeless.  Podía haber sido una más de las personas que se malogran por unas circunstancias adversas pero eligió concentrarse en las cosas que podía controlar, como sacar buenas notas. Consiguió una beca en Harvard y se graduó en Psicología. Su lema es: somos más fuentes que nuestras circunstancias. Cada uno se forja su futuro día a día, decisión a decisión.

Fuente: Mujer de Hoy nº 606

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Lo que pasa cuando te implicas con otra persona:dar y recibir


M, escritora e ilustradora, llegó de otro país con el propósito de  empezar una nueva vida. Pasó momentos muy difíciles  pero nunca perdió la esperanza en que algún día las cosas serían distintas, ni siquiera cuando el único capital del que disponía en la cartera era de 20 céntimos. Un buen día llegó a una céntrica librería de la ciudad y entabló una conversación con la librera, que además era editora. Las dos se cayeron bien y la editora le ofreció trabajo. La ayudó cuanto pudo y M, la empezó a llamar de broma mi ángel protector. Las cosas le empezaron a ir mejor y pasado algún tiempo, un día la editora recibió una llamada suya: le había conseguido un pedido de libros traducible en una importante recompensa económica.

En esta historia  ¿quién recibe y quién da? 

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Aprender a consolidar la felicidad: la historia de Gretchen Rubin


«Un día de abril, una mañana como otra cualquiera, tuve una instantánea revelación: estaba en peligro de malgastar mi vida. Observaba la lluvia resbalar en la ventanilla del bus urbano cuando fui consciente de que los años pasaban. ¿Qué quiero entonces de la vida? me pregunté. Bien, quiero ser feliz. Pero yo nunca había pensado sobre lo que me hacía feliz o cómo podría ser más feliz.»

Gretchen Rubin, autora de The happiness project  editorial Harper Collins

http://www.happiness-project.com/