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Ahora es tu momento


Microcambios

 

«Esa pregunta improvisada, «¿Qué esperáis de la vida?», ha pasado a formar parte habitual de los diálogos que entablo con amigos, colegas, seres queridos y hasta con desconocidos en los aviones. La utilizo como una herramienta para ayudarme a comprender a los demás y también para comprenderme mejor a mí mismo.

En su mayor parte, las respuestas que da la gente son vagas y generales, nada meditadas. Casi todo el mundo parece sorprenderse ante la pregunta. A veces me han acusado de ser demasiado profundo, y sólo en ocasiones excepcionales alguien dice: «Quiero estas cosas…, por estas razones…, y así es como pretendo conseguirlas…». Sin excepción, ésas son las personas que están viviendo la vida con pasión y entusiasmo. Casi nunca se quejan, no hablan mal de los demás y jamás les oyes hablar de la felicidad como de algún hecho futuro relacionado con la jubilación, el matrimonio, un ascenso o una fortuna llovida del cielo.

Entonces, ¿qué es lo que tienen ellos que no tiene la mayoría? Que saben lo que quieren. ¿Y tú? ¿Tú sabes lo que quieres?

La mayoría de la gente puede decirte con exactitud lo que no quiere, pero muy pocos tienen las ideas tan claras sobre lo que sí quieren.

Si no sabes lo que esperas de la vida, todo parecerá un obstáculo o un lastre. Sin embargo, una de las grandes lecciones de la historia es que el mundo entero se abre ante aquellos que saben lo que quieren o hacia dónde se dirigen. No lo dudes, si no sabes hacia dónde te diriges, estás perdido.

No digas: «Soy demasiado viejo».

No digas: «Soy demasiado joven».

Tiger Woods tenía tres años cuando hizo nueve hoyos en cuarenta y ocho golpes en el recorrido del campo de golf de su ciudad natal, Cypress, en California.

Julie Andrews tenía ocho años cuando logró alcanzar el impresionante registro vocal de cuatro octavas.

Mozart tenía ocho años cuando compuso su primera sinfonía.

Charles Dickens tenía doce años cuando dejó el colegio para trabajar en una fábrica pegando etiquetas en botes de betún porque su padre había sido encarcelado por deudas.

Anne Frank tenía trece años cuando comenzó su diario.

Ralph Waldo Emerson tenía catorce años cuando se matriculó en Harvard.

Paul McCartney tenía quince años cuando John Lennon le invitó a unirse a su grupo.

Bill Gates tenía diecinueve años cuando cofundó Microsoft.

Platón tenía veinte años cuando se convirtió en discípulo de Sócrates.

Joe DiMaggio tenía veintiséis años cuando bateó cincuenta y seis hits consecutivos.

Henry David Thoreau tenía veintisiete años cuando se trasladó a la orilla del Walden Pond, construyó una casa, plantó un jardín y comenzó un experimento de dos años basado en la sencillez y la autosuficiencia.

Ralph Lauren tenía veintinueve años cuando creó Polo.

William Shakespeare tenía treinta y un años cuando escribió Romeo y Julieta.

Bill Gates tenía treinta y un años cuando se convirtió en multimillonario.

Thomas Jefferson tenía treinta y tres años cuando redactó la Declaración de Independencia.

Coco Chanel tenía treinta y ocho años cuando presentó su perfume Chanel n.º 5.

La Madre Teresa tenía cuarenta años cuando fundó las Misioneras de la Caridad.

Jack Nicklaus tenía cuarenta y seis años cuando ganó el Master de Augusta completando la ronda final en sesenta y cinco golpes, y los últimos nueve hoyos en treinta.

Henry Ford tenía cincuenta años cuando introdujo en su fábrica la primera cadena de montaje.

Ray Kroc era un vendedor de máquinas de batidos de cincuenta y dos años cuando compró Mac y Dick McDonald e inauguró oficialmente McDonald’s.

Pablo Picasso tenía cincuenta y cinco años cuando pintó el Guernica.

Dom Pérignon tenía sesenta años cuando inventó el champán.

Oscar Hammerstein II tenía sesenta y cuatro años cuando escribió la letra de Sonrisas y lágrimas.

Winston Churchill tenía sesenta y cinco años cuando fue nombrado primer ministro de Gran Bretaña.

Nelson Mandela tenía setenta y un años cuando fue liberado de la prisión sudafricana en la que estaba recluido. Cuatro años más tarde fue elegido presidente de Sudáfrica.

Miguel Ángel tenía setenta y dos años cuando diseñó la cúpula de la basílica de San Pedro de Roma.

Auguste Rodin tenía setenta y seis años cuando finalmente contrajo matrimonio con Rose Beuret, a la que conoció cuando el escultor contaba sólo con veintitrés años.

Benjamin Franklin tenía setenta y nueve años cuando inventó las gafas bifocales.

Frank Lloyd Wright tenía noventa y un años cuando concluyó su trabajo para el Museo Guggenheim.

Dimitrion Yordanidis tenía noventa y ocho años cuando corrió el maratón de Atenas en siete horas y treinta y tres minutos.

Ichijirou Araya tenía cien años cuando escaló el monte Fuji.

Tengas dieciséis o sesenta años, el resto de tu vida está siempre delante de ti. No puedes cambiar ni un solo momento de tu pasado, pero puedes cambiar todo tu futuro. Ahora es tu momento».

 

 

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Autor:

Vivo en una ciudad del Norte de España, entregada a la pasión por aprender y transformar mi vida y la de los que me rodean en una aventura única. Creo en la gente y en las oportunidades que nos ofrecen las adversidades. He aprendido que el único pecado imperdonable es no arriesgarse.

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