Publicado en Pensando en voz alta

Cuando las gafas están sucias


 

Este gráfico es tan elocuente que sobran las explicaciones. En ¡Me mudo de sistema!  menciono lo que el psiquiatra Carl Alasko llama «lentes interpretadoras de  la realidad» Según Alasko conviene no bajar la guardia ante 3 frecuentadores habituales de nuestra vida: la negación, el engaño y la culpa. Estos elementos son los responsables de  empañar la visión de nuestras necesidades esenciales y de minimizar e incluso despreciar lo que es mejor para nosotros mismos a largo plazo, lo que desarrollará nuestro carácter e integridad personales y lo que permitirá que se desarrolle nuestro más profundo y auténtico yo. Cuando las lentes están tan empañadas como para no ver ni a medio metro ocurre lo que nos muestra  Jaime Burque en su blog.

 

Me mudo de sistema, microcambios, Cecilia Monllor

 

Ilustración: http://jaimeburque.com/blog/?p=5766

 

Anuncios
Publicado en La caja de herramientas

Cosas importantes que he aprendido (de otros)


 


Microcambios, Me mudo de sistema

 

 

1. Pérdidas de tiempo.Tratar de impresionar a gente no te cae bien. (Timothy Ferris)

Y una aplicación: dedicar el posible estrés a impresionar a alguien que  admires y valga la pena.

2.¡Procrastinadores, atentos!  Mientras aplazamos las decisiones, la vida transcurre (Séneca)

Y una aplicación: no digas que “ya verás” a un acontecimiento que te acaban de proponer y no te apetece. No pospongas la decisión a sabiendas de que será no. Mejor informa que “desgraciadamente”  casi seguro  no estarás disponible, pide a quien te ha invitado que no esté pendiente de ti y si eres de los “queda bien” comenta que si cambia la situación se lo harás saber. ¡Listo!

3. Fugas de energía y tiempo.Buscar la validación en los lugares equivocados  (Seth Godin)

Y una aplicación:  huye como de la peste de las críticas destructivas y los celos de alguien que no desea que te vaya bien, pues que le vayan dando…

4. ¡Cree!  La esperanza consiste en mantener la alegría en situaciones que sabemos desesperadas (Chesterton)

Y una aplicación: la experiencia nos dice que las cosas buenas y malas acaban diluyéndose en nuevas circunstancias. Eso, sea lo que sea, también pasará.

5.Herramienta anti perfeccionismo. Todos los buenos escritores escriben primeros borradores de mierda (Anne Lamott)

Y una aplicación: ¡relájate! Ni es tan importante ni tan urgente. Solo es un primer ensayo y nadie está juzgando tus tanteos (da igual el ámbito en el que te muevas).

6.¡Cierto! Si vives pensando que la gente es, en general, buena e interesante, descubrirás los aspectos buenos e interesantes de aquellas personas con las que te relaciones (Brendon Burchard)

Y una aplicación: en lugar de ver a los demás como competidores intenta verlos como  dignos adversarios. Si insistes en  el matiz negativo los etiquetas como  obstáculos, pero si lo haces de forma admirativa, reconoces sus virtudes y admites que pueden sacar lo mejor de ti mismo.

7. Predisposición hacia la generosidad. El resultado final de la bondad es que atrae a la gente hacia ti (Annita Roddick)

Y una aplicación: a todos nos gusta recibir, ya sea colaboración, aprecio, regalos, ayuda inesperada, comprensión, consuelo, compasión, empatía…

8. ¡Observa! La falta de motivación a menudo está relacionada con sentimientos ambivalentes (Joe Vitale)

Y una aplicación: piensa en el miedo cuando haya falta de claridad a la hora de hacer o tomar decisiones. Es el obstáculo habitual. Para superar el bloqueo  determina en qué nivel te encuentras: aterrado, inquieto, con pocas ganas, confundido y/o necesitado de ayuda externa. Luego obra en consecuencia porque cada nivel requiere de una acción diferente.

9. La actitud es todo. La mayor parte de nuestra felicidad o miseria depende de nuestra disposición y no de nuestras circunstancias (Martha Washington)

Y una aplicación: cuando algo te salga mal, rematadamente mal, piensa que esta vez ha sido así, pero no te tomes endiabladamente en serio a ti mismo/a. Reserva el tiempo necesario para lamerte las heridas y luego, en pie. La diferencia entre el éxito y el fracaso radica en la perseverancia. Persevera en tener un buen carácter.

10. Insiste en la simplicidad. Bueno es mejor que perfecto (Regina Spektor)

Y una aplicación: No pierdas el tiempo tratando de decidir cuál será la mejor mermelada entre veinte botes. Elige una y si no aciertas, la próxima vez elige otra. (Esto también vale para las vacaciones, el trabajo, la indumentaria… Vamos para cualquier cosa).

11.Sabiduría vital:  “Antes de hablar, escucha. Antes de escribir, piensa. Antes de gastar, gana. Antes de invertir, investiga. Antes de criticar, espera. Antes de orar, perdona. Antes de abandonar un hábito, haz. Antes de la jubilación, guarda. Antes de morir, da  (William A. Ward)

Y una aplicación: el hábito de la sensatez se adquiere practicando todos los días el sentido común. Y este aconseja dejar la tarjeta de crédito en casa cuando los gastos superan a los ingresos o esperar que alguien te explique qué ha pasado con un malentendido antes de saltarle  a la yugular.

12.Revisa la escasez.  La falta de dinero no es un obstáculo. La falta de una idea es un obstáculo  (Ken Hakuta)

Y una aplicación: Imagina que el dinero es la gasolina que necesitas para que el coche circule . Si te pasas la vida con el indicador de combustible en reserva  buscando con desesperación una gasolinera para no quedarte tirado es hora de hacer acopio de ideas: ¿comparto coche? ¿me consigo una bici? ¿me traslado a un lugar donde pueda ir a todos lados a pie?  Metáforas todas para salir del atolladero con el auxilio de la  inteligencia.

 

 

Publicado en Microideas

El secreto de cambiar un hábito



rueda

Ilustración: http://pixabay.com/

Cualquier hábito consta de tres elementos que se reproducen inconscientemente una y otra vez:

1.La señal o desencadenante
2.La rutina
3.La recompensa

El primer elemento del hábito obedece a un impulso inconsciente.

El segundo elemento se refiere a la conducta que desarrollamos frente a la señal.

El tercer elemento es lo que obtenemos de ese comportamiento rutinario.

Pensemos en el hábito de posponer. Primero aparece la señal: puedes hacerlo mañana, luego la rutina: olvidar la obligación mediante la distracción o la elección de alguna acción mucho más placentera y luego la recompensa: he conseguido alargar en el tiempo o suprimir algo que me aburre y me fastidia.

El primer paso para el cambio será averiguar qué recompensa obtengo de zafarme de cuanto me produce fastidio o aburrimiento.
¿El temor a hacerlo no tan bien como desaría? ¡Señales de alarma: tropiezo con el perfeccionismo! ¿Puede ser mala gestión del tiempo? Oh, oh, aquí pita la desorganización. ¿Podría ser, en todo caso, porque creo que en el último momento lo haré y será suficiente? Me apoyo en mi confianza sobre acciones del pasado. A pesar del estrés innecesario, de una u otra manera lo he acabado resolviendo siempre.

El bucle del hábito nos advierte que el cambio no se producirá si no se altera la conducta repetitiva del mal hábito. Mal que nos pese, la señal y la recompensa son inconscientes y van a aparecer una y otra vez; o sea siempre. Poco podemos hacer por suprimirlas.

Para cambiar la rutina de este mal hábito tendré que experimentar mediante el método de prueba y error. Si es por perfeccionismo tengo un problema con mi confianza, no creo estar a la altura de mis expectativas. Si es por desorganización, necesito sacar cosas de mi vida y aligerar el peso de mis obligaciones. Y si es porque sospecho que finalmente lo resolveré, necesitaré eliminar el estrés.

En consecuencia, una vez reconocida la recompensa, sólo queda actuar en el plano de la conducta y hacer cosas diferentes. Las soluciones intentadas en el pasado sólo perpetúan las malas rutinas y nos perjudican.

Publicado en Microhistorias

El perfeccionismo infantil


En el fondo de mi cabeza se ha quedado merodeando una historia que me contaron hace tan sólo unos días. La protagonista es una niña de ocho años, una preciosa niña que va a clases de ballet y que es buena haciendo los ejercicios de danza. El problema de esta niña radica en que cuando algo le sale mal su reacción resulta desproporcionada, llora con un desconsuelo que encoge el corazón, sufre ataques de rabia contra ella misma y da igual lo que las otras niñas le digan: no es capaz de convertir el incidente en lo que es: una nimiedad. Supongo que esta niña irá creciendo con sus ataques de rabia desbordándose y su autoflagelo por un listón tan alto que no puede alcanzar. El perfeccionismo no ayuda a crecer, pero ella, claro está no lo sabe.

Me preocupa que nadie del entorno de esta pequeña, observando su comportamiento,  no le explique lo mucho que le hace falta cambiar su mentalidad fija por una de crecimiento. Necesita saber cómo lo importante en la vida no está en  el “puedo hacerlo”, la meta,  sino el ¿cómo lo hago”, el proceso.

Si en vuestro entorno encontráis niños con afán de perfeccionismo, explicarles que fracasar es necesario para la vida y que el no fracasa no puede entender qué es el éxito.