Publicado en Pensando en voz alta

Ponte en lo peor y consigue liarla


En El arte de amargarse la vida Paul  Watzlawick relata la historia del martillo, una auténtica joya de la paranoia y el pensamiento deductivo perturbado. Nos puede parecer una exageración, pero no lo es. ¿Cuántas veces nos anticipamos a algo que no ha ocurrido ni tiene visos de ocurrir porque nos sale la paranoia de paseo o el “si me lo sabré yo” o  el “a mí me lo van a contar”? Siempre somos más listos que los demás, más precavidos y  más astutos. Y hacemos gala de nuestra estupidez presuponiendo la hostilidad, mala leche y negatividad que donde están es dentro de nosotros fundamentalmente. Para muestra un botón, esta  hilarante  escena de Sopa de Ganso de los Hermanos Marx.

Publicado en Microideas

Predisposición a la negatividad


La psicología acepta como una verdad incuestionable la predisposición a la negatividad de los seres humanos. Nuestras reacciones hacia lo malo son más rápidas, fuertes y persistentes que hacia lo bueno. Benjamin Franklin lo resume en esta cita:  “no somos tan sensibles a la mejor salud como a la menor enfermedad”.

¿Cómo actuar entonces sobre este efecto? El psicólogo Jonathan Haidt en su libro “La hipótesis de la felicidad” propone tres soluciones para aquellas personas cuya negatividad es tan acentuada que se dispara a la menor de cambio:

-Meditación: Consigue romper con los apegos y domesticar nuestra parte emocional

-Terapia cognitiva: Saca la caja de herramientas y consigue que los argumentos que inventamos para justificar creencias emocionales sean percibidos por la persona como lo que son: puras distorsiones emocionales.

-Prozac: Se puede decir que su prescripción funciona como unas lentillas en los ojos de una persona con vista pobre, pero funcional. Lejos de ser una traición al verdadero ser de la persona, las lentillas pueden ser un atajo razonable para el apropiado desenvolvimiento.

Ilustración: Pablo Amargo