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Un manifiesto para la libertad, de Marelisa Fabrega


Icaro
Imagen: http://semanalicaro.wordpress.com/

daringtolivefully.com, el exitoso sitio de Marelisa Fábrega, es uno de los lugares más útiles de la blogsfera para encontrar recursos y herramientas de crecimiento personal, coaching y psicología. El manifiesto para la libertad puede ser leído en su idioma oringinal, inglés en http://daringtolivefully.com/freedom-manifesto

«La libertad se encuentra en la aplicación de los siguientes principios:

1.La felicidad es una elección que puedo hacer en cualquier momento, sin tener en cuenta las circunstancias. No está fuera de mí. Necesito mirar dentro de mí para encontrarla.

2.Reconozco que cualquier angustia que siento no procede de lo que me pasa, sino de los pensamientos que tengo acerca de lo que ha ocurrido. Al mismo tiempo, tengo el control total de mis pensamientos.

3.Sé que puedo optar por actuar de manera constructiva, independientemente de cómo me sienta. Aunque no pueda liberarme por completo de los sentimientos negativos , sí puedo preguntarme sobre lo que debo hacer a continuación. Puedo seguir adelante y hacerlo.

4. Defino lo que significa el éxito para mí en lugar de perseguir ciegamente la definición de lo que entiende por éxito la sociedad.

5. Sé que lo extraordinario reside en la periferia. Me permito avanzar hacia allí e ir aún más allá.

6.Asumo la responsabilidad de mi vida, y entiendo que puedo crear mi vida.

7. Yo decido lo que quiero crear mediante el establecimiento de metas que me inspiran y me llenan de sentido de propósito.

8. Decido cómo usar mis recursos (tiempo, energía, dinero, etc.) Elijo usar mis recursos para avanzar hacia el logro de mis metas.

9.Sé que no debo esperar a que se presenten las circunstancias adecuadas o esperar a contar con los recursos necesarios, necesito crear las circunstancias adecuadas y usar más el ingenio.

10. No espero un golpe de suerte, en su lugar busco propiciar mi propia suerte.

11. Vivo dentro de mis posibilidades. Mantengo mi liquidez y tengo los pies en el suelo.

12. Soy capaz de crear fuentes pasivas y residuales de ingresos para no tener que cambiar mi tiempo por dinero.

13. Defino qué es «riqueza» para mí, y puedo equilibrar mi bienestar material a la par que equilibrar espiritualidad, condición física y emocional.

14. Libero mi casa de posesiones acumuladas que no utilizo y de cosas materiales que desordenan mi espacio vital.

15.No compro bienes materiales con el fin de impresionar a los demás. Sólo adquiero lo que realmente necesito o lo que me permite disfrutar el bien en sí.

16.No me comparo con los demás.

17. Centro mi atención en lo que puedo controlar, en lugar de enfocarme en cosas que no puedo controlar.

18. Sé elegir donde quiero estar y puedo elegir si quedarme o irme.

19.Sé que no existe la vida perfecta. Sé que la plenitud se refiere a cómo establecer metas que resulten significativas, trabajando por sus logros y disfrutando del viaje en todo el proceso.

20. Me doy la libertad de ser menos que perfecto.

21. Me libero de la necesidad del ego de auto exaltación y de defender mi propia importancia.

22.Simplifico mi vida tanto como puedo en todos los sentidos.

23. Juzgo por mí mismo y llego a mis propias conclusiones. Pongo en duda las reglas y que las cosas necesariamente se tienen que hacer cómo se han hecho siempre. Decido por mí mismo.

24. Trabajo por la satisfacción intrínseca que me proporciona hacer lo que me encanta, no por recompensas externas o reconocimiento.

25. No espero pedir permiso a los demás para ir tras lo que quiero, el único permiso que necesito es el mío.

26.Me permito la libertad de cometer errores. No me paraliza el miedo al fracaso.

27. Me permito ser yo, ser fiel a mí mismo. No estoy interesado en ser una versión de segunda clase de alguien más, estoy interesado en ser una versión de primera clase de mi mismo.

28. No espero a que suceda algo externo como: obtener un título o un ascenso, encontrar un compañero de vida, o ganar un premio, para sentirme bien conmigo mismo. Mi autoestima no depende de la validación externa.

29. Pongo en duda mis creencias para asegurarme de que me estén siendo de utilidad. No soy un esclavo de mi actual marco mental acerca de cómo funciona el mundo.

30. No escucho a los gurús sociales o culturales que tratan de dictarme lo que puedo o no puedo hacer en base a mi identidad de género, raza o edad.

31. Trato a mi cuerpo con respeto, cuidado y amor, y no estoy interesado/a en lograr una versión idealizada de las tiranías de los medios de comunicación.

32. Estoy cómodo/a estableciendo límites, diciendo «no» a los proyectos, tareas y compromisos que no están en consonancia con mis objetivos de vida.

33. No me preocupa lo que otros piensan de mí. Acepto que haya gente que no me gusta.

34. Me libero de las expectativas de los demás sobre mí.

35. No me preocupo por tratar de complacer a todos.

36. Me libero de las heridas del pasado y me deshago de cualquier carga emocional que me produzca agobio o me retenga de actuar. Me niego a aferrarme a rencores, resentimientos o viejas heridas. No permito que el pasado me atrape.

37. Me permito tiempo para el ocio y la relajación. Me permito estar libre de culpa por divertirme.

38. No trato de cambiar el mundo, me centro en cambiarme a mí mismo/a. Sé que la mejor manera de traer al mundo más paz, amor y tolerancia es siendo más pacífico, más amoroso y más tolerante.

39. No lucho por cómo son las cosas. Sé que todo es en cada momento como debe ser y lo único que está en mi mano es dar pequeños pasos hacia la creación de un futuro diferente.

40. Así como me doy libertad de ser quien soy, doy a otros la libertad de ser quienes son».

¡Bravo Marelisa! Me sumo a tu manifiesto, lleno de cordura e inteligencia. Un valioso regalo de Reyes

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Motivos para la esperanza


esperanza
Ilustración: Igor Morski

Bienvenidos a la fiesta es mi blog favorito de literatura infantil. Al frente de este interesante lugar esta Luis Daniel González. De él procede esta reflexión del filósofo alemán Josef Pieper:

«Esperar no sólo significa esperar en el futuro algo bueno para quien espera, sino también tener un motivo para tal expectativa. La razón de esperar, si realmente la hay, no reside, como lo deseado, en el futuro; ha debido anteponerse ya y presuponerse a toda esperanza. Yo no puedo esperar que me sea dado un motivo para esperar. Percatarme de tal motivo, de tal fundamento, de mi esperanza, no lo puedo lograr sino recordando tal fundamento en la reflexión y en la contemplación.
El futuro sin punto de partida es vaciedad. Y una esperanza sin fundamento, sin un motivo que la preceda y nos preceda, podría muy bien llamarse desesperación».

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Dar largas, pensar en las musarañas y posponer todo de manera productiva


procrastinacionUna clasificación algo tosca de las personas podría hacerse en función de si hacen lo que tienen que hacer o no lo hacen. Sobre el primer tipo de personas poco hay que decir, pero sobre el segundo tipo, entre los que me encuentro, todo lo que se diga es realmente aterrador: aplazan sus obligaciones indefinidamente, llegan tarde, mal y a rastras a cualquier tarea prioritaria y siempre tienen que cargar con la pesada mochila de la culpabilidad. El desafío de John Perry en un su breve ensayo La procrastinación eficiente es como un soplo de aire fresco para los que preferimos mil veces hacer las cosas que nos resultan placenteras antes de enfrentarnos al engorro del deber. ¿Tiene algo positivo ser un procrastinador en toda regla? puede uno preguntarse. Perry da por sentado que ser procrastinador es una condición humana. Como afirma Kanheman poseemos dos sistemas de racionalidad en paralelo: el pensamiento rápido, nutrido de la intuición y de los compromisos con lo ya conocido y el pensamiento lento que requiere reflexión y recopilar información sobre lo que se ignora. Los procrastinadores son más propensos al pensamiento rápido, que es algo perezoso, que al lento. Perry nos saca del error: no es que un aplazador no haga nada, de hecho hace muchas cosas, sólo que «tiene su propio sistema». A este sistema le llama el filósofo: Procrastinación estructurada.

Veamos en qué consiste.»La idea esencial es que procrastinar no equivale a no hacer absolutamente nada». Según Perry a veces los procrastinadores toman un rumbo equivocado: «tratan de reducir sus compromisos, dando por sentado que si tienen unas cuantas cosas que hacer, dejarán de procrastinar y las harán. Pero esto va en contra de la naturaleza básica del procrastinador y destruye su más importante fuente de motivación». Vayamos a las famosas listas de cosas que hacer. Normalmente en los primeros puestos aparecen las cosas en apariencia importante, las que debemos hacer sí o sí. Éstas son las clases de tareas que odia el procrastinador y que le producen un mayor estrés. ¿Por qué? Muy sencillo: en apariencia tienen una importancia crucial y un tiempo limitado. Pero son engorrosas y nos disgustan. En la medida que surjan nuevos proyectos más engorrosos y más urgentes que ocupen su lugar en el encabezado de la lista tendremos más opciones para comprometernos con éstas otras que no evitábamos a toda costa hacer.

El truco es comprometerse con tareas que tienen una importancia inflada y unos plazos irreales al tiempo que nos obligamos a pensar que son importantes y urgentes. Claro que es un autoengaño pero también es útil usar un defecto para paliar los efectos negativos de otros, sugiere Perry.

Asimismo observa el autor que el perfeccionismo lleva a la procrastinación: ¿si no lo voy a hacer perfecto para qué hacerlo? Los escritores, académicos e investigadores saben bien cuál es el meollo de este miedo irracional. En sus sueños iniciales se ven obteniendo el Nobel o siendo publicados en las páginas dobles del New York Times, pero de pronto toda esta seguridad se desvanece, el tiempo transcurre y la insatisfacción crece. Al final, apremiados por el editor o por la institución, después de haber recibido cientos de correos admonitorios (y algunos furibundos) hacen su trabajo de una forma decente, convencidos de que no será la mejor obra del mundo pero tampoco la peor que haya visto la luz. La perfección es una fantasía cambiante. Según Perry lo mejor en el caso de los perfeccionistas será clasificar las tareas en tres montones: el montón de las que rechazar, que será como dejarlas morir, el montón de las que pueden posponerse y el montón de las que lo mejor será ponerse con ellas, empezar a planificar un trabajo adecuado -quizás un poco mejor que adecuado- pero para nada perfecto. Es una forma de darse permiso a uno mismo para hacer ahora un trabajo menos que perfecto, en lugar de esperar hasta que haya pasado el plazo.

Aprovechar la utilidad de las listas diarias es una de las propuestas del autor para reforzar la maltrecha autoestima del procrastinador. A medida que tachamos cosas realizadas (por nimias y ridículas que sean) sentimos un fuerte impulso motivador.

Y por sorprendente que parezca en un ensayo de este tipo, Perry incluye una advertencia sobre dar ritmo. Según el autor, la música equivocada en el momento inadecuado contribuirá a la depresión del procrastinador. Hay que empezar el día con algo que aligere el ánimo o por ejemplo comprometerse a seguir trabajando en lo engorroso el tiempo que dure nuestro cd favorito.
Para terminar una alusión al enemigo, esa persona admirable (del primer tipo) que no es procrastinadora y a la que a menudo, y con razón, ponemos de los nervios. No son el enemigo, en verdad. Según Perry «esas personas pueden trabajar mejor que un despertador aunque, claro, puede ser más difícil pararlas».

Como conclusión: procrastinar es humano y se puede hacer algo para aligerar esta condición. Además también presenta algunas ventajas. Algunas tareas de las llamadas importantes de pronto desaparecen y uno se siente aliviado de no haber gastado un enorme caudal de recursos psicológicos y tiempo en hacerlas. Aquí el aplazador modelo puede felicitarse por su perspicacia.

Éste es un ensayo divertido, irónico y muy instructivo para conocernos mejor. Lo recomiendo de verdad. Rara vez un ensayo filosófico me ha entretenido tanto.

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7 Consejos para ser fiel a tus resoluciones de Año Nuevo


Gretchen Rubin
Consejos de Gretchen Rubin, autora de:«Objetivo felicidad»

1. Lo más importante: Sé específico. A menudo la gente hace resoluciones abstractas: «ser más optimista», «encontrar más alegría en la vida», «apuntar alto.» Es mejor buscar una acción específica que pueda medirse: «distraerme con música divertida cuando me sienta triste», «ver una película al menos cada semana», «comprar una planta para mi escritorio». Estas resoluciones específicas consiguen que, al final, las metas altas se logren.
Según el Journal of Clinical Psychology las resoluciones más elevadas realizadas en el 2012 incluyeron aspectos como:»disfruta la vida al máximo» y «manténte en forma y saludable.» Pero ¿qué quiere decir esto exactamente ? Lunes por la mañana: ¿qué vas a hacer diferente?
2. Escríbelo
3.Revisa tu resolución constantemente. Si zumba en tu cabeza es más fácil que no la olvides y le seas fiel.
4. Hazte responsable. La responsabilidad es el secreto para ser fiel a las resoluciones. Por eso son efectivos los grupos como “los vigilantes de peso”. Hay muchas maneras de exigirte responsabilidad, por ejemplo a través de tu propia tabla de resoluciones, de unirse a un grupo o crear un proyecto propio de ser feliz. Puedes contratar a un coach o intercambiar actualizaciones diarias con un amigo. La responsabilidad es una de las razones de por qué el punto uno: ser específico es importante. Si tu resolución para el nuevo año es demasiado vaga o difícil de medir es difícil que te responsabilices. Una resolución para «comer sano» es más difícil de rastrear que «comer ensalada en el almuerzo tres veces a la semana».
Si tienes grandes dificultades para mantener tus resoluciones prueba alguna de las siguientes estrategias:
5.Considera la posibilidad de elegir resoluciones agradables . Podemos lograr que nuestra vida sea más feliz de muchas maneras. Si has tratado de conseguir algo difícil, sin éxito, para resolverlo elige resoluciones en las que vas a encontrar diversión: “Ver más películas», «Leer más», o lo que sea, y relaciónalas con aquello que te cuesta más esfuerzo como mantener tu propósito de ir al gimnasio. Es un secreto de la adultez: Si quieres exigirte mucho, ayúdate a dar mucho de ti.
6.Considera la posibilidad de renunciar a una resolución . Si sigues empeñado en hacer y romper resoluciones, considera la posibilidad de renunciar por completo. Pon tu energía en cambios que sean realistas y útiles. No permitas que una resolución incumplida como perder muchos kilos bloquee resoluciones más pequeñas que sí pueden impulsar tu felicidad.
7. Mantén tu resolución todos los días. Extrañamente, a menudo es más fácil hacer algo todos los días como: «ejercicio, escribir en un blog, tratar con el correo, hacer la colada» que hacerlo cada pocos días.
Fuente:http://www.happiness-project.com/happiness_project/2012/12/7-tips-for-sticking-to-your-new-years-resolutions/

Si quieres leer más sobre Gretchen Rubin en Microcambios: https://microcambios.com/2010/10/12/aprender-a-consolidar-la-felicidad-la-historia-de-gretchen-rubin/

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Enseñanza del fracaso e importancia de la imaginación: JK Rowling en Harvard


imaginacion
Discurso de JK Rowling con motivo de la graduación de la promoción de 2008 de la Universidad de Harvard: los beneficios del fracaso y la importancia de la imaginación

«Presidenta Faust, miembros de la Corporación Harvard y el Consejo de Supervisores, miembros de la facultad, orgullosos padres, y sobretodo, graduandos.

Lo primero que quisiera decir es “gracias”. No solo Harvard me ha dado un honor extraordinario, sino que las semanas de miedo y náuseas que he experimentado por tener éste compromiso de dar un discurso me han hecho perder peso. Una situación ganadora en todo sentido! Ahora solamente debo tomar aire, mirar los banderines rojos, y engañarme a mi misma para creer que estoy en la convención de Harry Potter más educada del mundo.

Dar un discurso es una gran responsabilidad. O eso pensé hasta que recordé mi propia graduación. La oradora de ese día era la distinguida Baronesa y Filósofa Británica Mary Warnock. El repaso de su discurso me ha ayudado enormemente a escribir éste, porque resulta que no recuerdo ni una sola palabra de lo que dijo. Este liberador descubrimiento me permitió proceder sin el miedo de que inadvertidamente los influenciara a ustedes a abandonar prometedoras carreras de negocios, leyes, o política, simplemente por el gusto de convertirse en un mago gay.

¿Lo ven? Si todo lo que recordarán en los años venideros es el chiste del “mago gay”, entonces ya estoy mejor que la Baronesa Mary Warnock. Metas alcanzables: el primer paso hacia el mejoramiento personal.
De hecho, me he devanado la cabeza y el corazón pensando en lo que debía decir hoy. Me he preguntado lo que me hubiese gustado tener en mi propia graduación, así como las importantes lecciones que he aprendido durante los 21 años que han expirado desde ese día hasta hoy.

Y he llegado a dos respuestas. En éste maravilloso día en el cual nos reunimos para celebrar su éxito académico, he decidido hablar de los beneficios de fallar. Y mientras ustedes están a punto de ingresar a la llamada “vida real”, quiero también recalcar la crucial importancia de la imaginación.
Estas pueden parecer unas opciones muy Quijotescas o paradójicas, pero por favor escuchen lo que tengo que decir.

Recordar a la joven de 21 años que era cuando me gradué, es una experiencia un poco incómoda teniendo en cuenta que ya tengo 42 años. Hace la mitad de mi vida, me enfrentaba a un extraño balance entre la ambición que tenía para mí misma, y lo que mis personas cercanas esperaban de mí.

Estaba convencida de que lo único que quería hacer, para siempre, era escribir novelas. Sin embargo, mis padres, quienes provienen de entornos pobres y quienes nunca fueron a la universidad, tomaron mi hiperactiva imaginación simplemente como regalo personal que no podría pagar una hipoteca o garantizarme una pensión.

Esperaron que yo me graduara en el ambiente vocacional. Y quise estudiar Literatura Inglesa. Se estableció un compromiso que en retrospectiva no satisfizo a nadie, así que acabé estudiando Lenguas Modernas. Apenas el auto de mis padres volteó la esquina del camino, dejé de estudiar alemán y me escabullí por el Corredor de Clásicos.

No recuerdo haberles dicho a mis padres que estaba estudiando Clásicos. Creo que se enteraron el día de la graduación. De todas las materias de éste planeta, creo que no podrían encontrar una más inútil que Mitología Griega al momento de asegurarse las llaves de un baño de ejecutivo.

Quiero aclarar, entre paréntesis, que no culpo a mis padres por su punto de vista. Hay una fecha de expiración al momento de culpar a tus padres por guiarte en la dirección equivocada. Cuando eres lo suficientemente mayor para tomar las riendas, la responsabilidad siempre está a tu lado. Y aún más, no puedo criticar a mis padres por esperar que yo nunca experimentara la pobreza. Ellos ya eran pobres, y yo entonces ya era pobre, así que concuerdo con ellos en que no es una buena experiencia. La pobreza enfatiza el miedo, y el estrés, y en ocasiones la depresión. Significa miles de humillaciones y necesidades. Salir de la pobreza por tus propios medios, es algo de lo que se debe estar orgulloso, pues la pobreza en sí sólo es romantizada por los tontos.

Lo que más temía de mi misma a su edad no era la pobreza, sino el fallar.

A su edad, a pesar de una carencia distintiva de motivación en la universidad, donde pasé mucho tiempo en las cafeterías escribiendo historias, y muy poco tiempo en las clases, tenía habilidad para pasar los exámenes, y eso, por años, ha sido la medida del éxito en mi vida, por mis esfuerzos.

No soy lo suficientemente ilusa para pensar que porque ustedes son jóvenes, dotados y bien educados, nunca tendrán necesidades o desencantos. El talento y la inteligencia nunca han inoculado a nadie contra los caprichos del destino, así que en ningún momento supongo que todos los aquí presentes han disfrutado su existencia llena de privilegios y consentimientos.

Sin embargo, el hecho de que ustedes se están graduando de Harvard sugiere que no están muy acostumbrados al fracaso. Tal vez hayan tenido miedo a fallar tanto como el deseo del éxito. De hecho, su concepto de fracaso puede no estar muy lejos de la idea del éxito de una persona promedio. Así de alto ya han volado académicamente.

Finalmente, todos hemos decidido lo que para nosotros significa el éxito, pero las palabras no son suficientes para darles un conjunto de criterios si fuera necesario. Así que creo que es justo decir que, de cualquier medida convencional, sólo 7 años después del día de mi graduación, fracasé a una escala épica. Un excepcionalmente corto matrimonio explosionó, y yo estaba desempleada, madre soltera, y tan pobre como es posible serlo en la moderna Gran Bretaña, sin quedarse sin un hogar. Los temores que mis padres sentían por mí, y que yo tenía para mí misma, se convirtieron en realidad, y por todos los estándares usuales, yo era el mayor fracaso que conocía.

No voy a pararme aquí para decirles lo que es el éxito. Ese periodo de mi vida fue muy oscuro, y no tenía idea de pasaría lo que la prensa llama ahora un “final de cuento de hadas”. No tenía idea de qué tan extenso era el túnel, y durante mucho tiempo, cualquier luz al final de él era más una esperanza que una realidad.
Así que por qué hablo acerca de los beneficios del fracaso? Simplemente porque el fracaso significa un camino hacia lo no esencial, me paré pretendiendo que era algo muy diferente a lo que era en realidad, y comencé a dirigir toda mi energía a terminar el trabajo que me interesaba. No triunfé realmente en nada más, pues nunca encontré la determinación de tener éxito en otro campo que fuera de mi interés. Era libre, pues mis más grandes miedos se habían materializado, y aún estaba con vida, y aún tenía una hija a la cual adoraba, y tenía una máquina de escribir y una gran idea. Y entonces la roca del suelo se convirtió en los fundamentos sobre los cuales reconstruí mi vida.

Tal vez ustedes nunca fracasen a la escala que yo lo hice, pero algunas fallas en la vida son inevitables. Es imposible vivir sin fallar en ocasiones, a menos que vivas tan cautelosamente que no estás viviendo en realidad, en cuyo caso, fallas por defecto.

El fracaso me dio una seguridad interior que nunca experimenté al pasar los exámenes. El fracaso me enseñó cosas acerca de mi misma que no hubiese podido aprender de otra manera. Descubrí que tengo una fuerte voluntad, y más disciplina de la que esperaba. Y también descubrí que tenía amigos cuyo valor es mucho más alto que el de los rubíes.

La noción de que has surgido más sabia y más fuerte desde el fondo significa que eres, para siempre, segura de tus habilidades de sobrevivir. Nunca te conocerás verdaderamente, ni las fortalezas de tus relaciones, hasta que ambas sean puestas a prueba ante la adversidad. Ese conocimiento es un verdadero regalo, por todo lo que se ha ganado con esfuerzo, y que vale más que cualquier calificación alguna vez obtenida.

Si me diera un máquina del tiempo o un Gira-Tiempo, me diría a mi misma a los 21 años que las felicidad personal reside en saber que la vida no es una lista de adquisiciones o logros. Sus calificaciones, su currículum, no son su vida, aunque conocerán a muchas personas de mi edad o mayores quienes confunden estos dos aspectos. La vida es difícil, y complicada, y más allá del control de cualquier persona, y de la humildad de saber que se te permitirá sobrevivir a sus vicisitudes.

Tal vez piensen que escogí mi segundo tema, la importancia de la imaginación, porque parcialmente la usé para reconstruir mi vida, pero eso no es todo al respecto. Aunque defiendo el valor de las historias para dormir hasta mi último aliento, he aprendido el valor de la imaginación en un sentido mucho más amplio. La imaginación no es sólo la capacidad única de los humanos de visionar lo que no es realidad, y por lo tanto, la fuente de todas las invenciones e innovaciones. Es sin duda la capacidad más transformadora y reveladora, es el poder que nos permite enfatizar con humanos cuyas experiencias nunca hemos compartido.

Una de las experiencias formadoras más grandes de mi vida preceden a Harry Potter, aunque está presente en lo que subsecuentemente escribí en los libros. Esta revelación provino en la forma de uno de mis primeros trabajos diurnos. Aunque me dedicaba a escribir historias durante mis horas de almuerzo, pagaba la renta a mis 20 años al trabajar en un departamento de investigación en las instalaciones de Amnistía Internacional en Londres.

Allí, en mi pequeña oficina, leía asombrada cartas desprovistas de regímenes totalitarios, de hombres y mujeres que se arriesgaban a ser arrestados con tal de informar al mundo lo que les estaba pasando. Vi fotografías de aquellos que desaparecieron sin rastro, enviadas a Amnistía por sus desesperadas familias y amigos. Leí el testimonio de víctimas de tortura y vi imágenes de sus heridas. Abrí resúmenes escritos a mano de juicios de ejecución, de secuestros, y de violaciones.

Muchos de mis compañeros de trabajo eran ex-prisioneros políticos, personas que han sido desplazadas de sus hogares, o enviadas al exilio, porque tuvieron la temeridad de pensar independientemente de su gobierno. Los visitantes de nuestra oficina incluían a aquellos que iban a dar información, o que intentaban averiguar qué paso con quienes fueron forzados a dejar atrás.

Nunca olvidaré a una víctima de tortura Africana, un hombre no mayor a mí en ese momento, quien se volvió loco después de todo lo que tuvo que soportar en su tierra. Temblaba incontrolablemente al hablar a una cámara de video acerca de la brutalidad que se le infringió. Era un pie más alto que yo, y parecía tan frágil como un niño. Se me dio la tarea de escoltarlo a la Estación Subterránea, y éste hombre cuya vida había sido sacudida tan cruelmente, me tomó de la mano con una exquisita cortesía, y me deseó un futuro feliz.

Y desde entonces recuerdo caminar por ése vacío corredor y de repente escuchar, desde detrás de una perta cerrada, un grito de dolor y horror como nunca antes había oído. La puerta se abrió, y la investigadora sacó la cabeza y me dijo que corriera a preparar una bebida caliente para el hombre sentado junto a ella. Me acababa de dar la noticia de que en retaliación por hablar en contra del régimen de su país, su madre había sido atrapada y ejecutada.

Todos los días laborales de mis 20 años se me recordaba lo afortunada que era, de vivir en un país con un gobierno elegido democráticamente, donde la representación legal y un juicio público son los derechos de todos.

Todos los días, veía evidencias de las maldades que la humanidad infringe en sus compañeros humanos, para ganar o mantener el poder. Comencé a tener pesadillas, literalmente, acerca de algunas de las cosas que vi, oí, y leí.

Y además, aprendí más acerca de la bondad de la humanidad en Amnistía Internacional de que había aprendido antes.

Amnistía moviliza a miles de personas que nunca han sido torturadas o encarceladas por sus creencias de actuar a favor de quienes sí lo han sido. El poder de la empatía humana, que conlleva a la acción colectiva, salva vidas, y libera prisioneros. La gente ordinaria, cuyo bienestar y seguridad están asegurados, se unen en cantidades enormes para salvar a personas que no conocen, y que nunca conocerán. Mi pequeña participación en ese proceso fue una de las experiencias más humildes e inspiradoras de mi vida.

A diferencia de cualquier otra criatura de éste planeta, los humanos podemos aprender y comprender, sin tener que experimentar. Podemos pensar por nosotros mismos dentro de las cabezas de otras personas, e imaginarnos a nosotros mismos en los lugares de otros.

Por supuesto, este es un poder, como mi creación de magia ficticia, que es moralmente neutral. Uno puede usar esa habilidad para manipular, o controlar, tanto como para comprender o simpatizar.

Y muchos prefieren no ejercitar su imaginación en absoluto. Ellos escogen permanecer cómodamente dentro de los límites de su propia experiencia, sin preocuparse por pensar cómo se siente haber nacido siendo otro. Ellos se rehúsan a escuchar gritos o a mirar dentro de jaulas. Pueden cerrar sus mentes y corazones ante cualquier sufrimiento que no los toque personalmente. Pueden rehusarse a conocer.

Podría estar tentada a envidiar a las personas que pueden vivir de esa manera, a excepción de que no creo que ellos tengan menos pesadillas que yo. Escoger vivir en espacios limitados que conllevan a una forma de agorafobia mental, que trae sus propios terrores. Creo que las personas sin imaginación ven más monstruos. Y a menudo están más asustadas.

Además, aquellos que escogen no enfatizar podrían activar a monstruos reales. Sin tener que comprometernos a reivindicar la maldad en nosotros mismos, operamos en secreto con esto, a través de nuestra propia apatía.

Uno de los muchos aspectos que aprendí al final del Corredor de Clásicos en el cual me aventuré a los 18 años, en búsqueda de algo que no podía definir en ese momento, fue esto, escrito por el autor Griego Plutarco: “Lo que logramos en el interior cambiará la realidad exterior”.

Esa es una asombrosa frase que se comprueba miles de veces cada día de nuestras vidas. Expresa, en parte, nuestra inescapable conexión con el mundo exterior, el hecho de que tocamos las vidas de otras personas simplemente al existir.

¿Pero a cuántos más de ustedes, graduandos de Harvard de 2008, les atrae la idea de tocar las vidas de otras personas? Su inteligencia, su capacidad del trabajo arduo, la educación que se han ganado y recibido, les ha dado un estado único, y unas responsabilidades únicas. Incluso su nacionalidad los aparta. La gran mayoría de ustedes pertenecen sólo al super-poder restante del mundo. Las manera como voten tiene un impacto más allá de sus límites. Este es su privilegio, y su carga.

Si escogen usar su estado e influencia para elevar su voz a favor de los que no tienen voz. Si escogen identificar no sólo lo poderoso, sino también lo que no tiene poder. Si conservan la habilidad de imaginarse a sí mismos en las vidas de otras personas que no tienen sus ventajas, entonces no sólo serán el orgullo de sus familias quienes celebran su existencia, sino de miles y millones de personas cuya realidad ustedes habrán ayudado a transformar para bien. No necesitamos magia para cambiar al mundo, pues ya llevamos el poder necesario dentro de nosotros mismos: tenemos el poder de imaginar algo mejor.

Ya casi termino. Tengo una última esperanza para ustedes, que es algo que ya tenía a los 21 años. Los amigos con los que me senté el día de la graduación lo han sido durante toda mi vida. Por ejemplo los padrinos de mis niños, las personas con quienes he contado en tiempos difíciles, amigos que han sido tan amables como para no demandarme por usar sus nombres para los Mortífagos. En nuestra graduación nos unía un enorme afecto, por nuestras experiencias compartidas en un tiempo que ya no podrá volver, y por supuesto, por el conocimiento de que tenemos cierta evidencia fotográfica que sería excepcionalmente valiosa si cualquiera de nosotros se convirtiera en Primer Ministro.

Así que hoy, no les puedo desear nada mejor que amistades similares. Y mañana, espero que aunque no recuerden ni una palabra de lo que dije, recuerden las palabras de Seneca, otro de aquellos antiguos Romanos con los que me encontré en el Corredor de los Clásicos, como refugio de mi carrera, en búsqueda de la vieja sabiduría:

“Como un cuento, así es la vida. Lo que importa no es qué tan larga es, sino qué tan buena es”.
Les deseo buenas vidas a todos».

Fuente

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La vida lanzada: el talento enfocado a la convivencia matrimonial


Escuela de parejas
Desde que leí Teoría de la inteligencia creadora, recién salida del horno, en el año 93, quedé prendada del filósofo español José Antonio Marina. He leído muchos de sus libros y todos me han aportado algo. A su mezcla de amenidad, rigor y curiosidad intelectual añado su facilidad para trasladar al lector conceptos algo abstrusos de la filosofía y la ciencia que, al pasar por su tamiz divulgador, resultan accesibles para cualquier persona. En su último ensayo: Escuela de Parejas el autor reflexiona sobre el desarrollo del talento enfocado a la vida familiar, para lo cual resulta imprescindible hablar de inteligencia (dirigir nuestro comportamiento para elegir bien las metas, hacer proyectos, movilizando y entrenando nuestras energías).

Para alcanzar la felicidad, según el filósofo, es necesario saber qué entendemos por este concepto que él resume en: «la armoniosa satisfacción de tres grandes necesidades que tenemos los seres humanos: pasarlo bien (deseo hedónico), mantener unas relaciones afectivas satisfactorias (deseo de vinculación), ampliar nuestras necesidades vitales (deseo de progreso)». La idea importante está en el adjetivo «armoniosa» porque los tres deseos tienen zonas de incompatibilidad. Así la conclusión más rápida es que tenerlo todo no proporciona la felicidad (porque es imposible) sino «tener la adecuada mezcla de todo».

Florecer (término que utiliza el padre de la psicología positiva, Martin Seligman en el título de su último trabajo publicado: «la vida que florece»), es el resultado de una vida plena. Toda vida que florece está impregnada de alegría. Es esta cualidad humana y no el placer —señala el filósofo Henri Bergson— quien indica la dirección en que la vida está lanzada. La alegría es una ampliación, nos señala Marina.

El autor no deja al lector a la deriva cuando se hace la pregunta del millón: ¿Pero cómo lo hago? ¿Cómo puedo manejar mis sentimientos y sentirme de otra forma? ¿Cómo consigo que mis dos niveles de inteligencia: la generadora y la ejecutiva funcionen de forma armoniosa? O dicho de otro modo: ¿cómo consigo que mi macilento elefante, acostumbrado al hedonismo y a la búsqueda de satisfacciones, se deje guiar por el jinete estratega que vela por lo que es mejor para mí?

Si quieren saberlo: lean este libro que, dicho sea de paso, está destinado a los que quieren mantener una convivencia amorosa. Los lectores que estén siempre pensando «en lo que me estoy perdiendo» y pocas veces se ocupan de «lo que ya tienen», no son sus destinatarios naturales pero tal vez una pequeña y rentable inversión de tiempo les conduzca a la epifanía de: mi vida amorosa familiar vale la pena, sólo necesita florecer.

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Ganar conciencia


El mayor beneficio de la gestión del cambio es que pone conciencia en la vida de las personas. Quien no se conoce, poco puede hacer por sí mismo.  Así que éste es primer logro: conseguir auto conciencia. En segundo término encamina a la persona hacia la adquisición de su  responsabilidad y quien se hace totalmente responsable de su vida ya no culpa a los otros de sus problemas ni se victimiza. Todo lo contrario, adquiere la costumbre de  contemplar su realidad, analizarla y, como  consecuencia, adquiere una gran confianza en sus propias decisiones. Este ejercitarse continuo en la práctica de elegir y desechar incorpora una nueva competencia en el  proceso de desarrollo personal: la honestidad. Nos inclinamos por ser fieles a unos  valores recién descubiertos y nos sentimos liberados de tener que decir sí a aquello que queremos decir no. Este proceso de aprendizaje sobre uno mismo se apoya en un intenso reaprendizaje en torno a las creencias que hemos llevado a cuestas. Aparece entonces  un caudal  de conocimiento nuevo que debe  ser empleado con sabiduría. Y aquí topamos con una consecuencia fabulosa de la gestión del cambio: volvernos personas más sabias. Finalmente, despertamos a la vida en su plenitud y nos sentimos libres. Ejercemos la libertad de ser diferentes y en consecuencia empezamos a disfrutar de ser lo que somos: seres únicos.

Extracto de Me mudo de sistema, el libro de próxima publicación  de Cecilia Monllor

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Empezar por el final: pensar en las consecuencias


Nunca comiences nada sin que antes hayas reflexionado cuál será el final de ello.

Consejo sufí

Nos vendría muy bien reflexionar en las consecuencias de nuestros actos antes de entrar en acción, así evitaríamos  las posibilidades indeseables.