Publicado en Microhistorias

La inquietud de perder por Elisabeth Bishop


dali
Pintura: Salvador Dalí


Un arte

El arte de perder no es difícil de dominar;
tantas cosas parecen colmadas por el deseo
de ser perdidas que perderlas no es un desastre.

Pierde algo cada día. Acepta la confusión de perder
la llave de la puerta, la hora malgastada.
El arte de perder no es difícil de dominar.

Práctica luego perder más y más rápido:
lugares, y nombres, y adonde para ti se fue lo que significara viajar.
Ninguna te traerá el desastre.

Perdí el reloj de mi madre. ¡Y mira!
la última, o la penúltima, de tres amadas casas se fue.
El arte de perder no es difícil de dominar.

Perdí dos ciudades entrañables. Y un inmenso
reino que era mío, dos ríos y un continente.
Los extraño, pero no fue un desastre.

Ni aun perdiéndote a ti (la risueña voz, el gesto
que amo) me podré engañar. Es evidente
que el arte de perder no es difícil de dominar,
aunque pueda parecer (¡escríbelo!) como un desastre.

Poema Orginal

ONE ART

The art of losing isn’t hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.

Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn’t hard to master.

Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.

I lost my mother’s watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn’t hard to master.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn’t a disaster.

Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan’t have lied. It’s evident
the art of losing’s not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.

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El poder de las historias bien contadas


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Ilustración: Dr Seuss

La mejor manera de vincular una idea a una emoción es contar una historia atractiva. En un cuento, no sólo entretejes mucha información en su narración, sino que excitas las emociones y la energía de quien la escucha. Convencer con un cuento es difícil. Cualquier persona inteligente es capaz de sentarse y hacer listas. Hace falta racionalidad aunque poca creatividad para diseñar un argumento mediante la retórica convencional. Pero representar una idea que tenga el suficiente poder emocional para ser memorable exige un conocimiento vívido y una gran destreza narrativa. Si puedes aprovechar la imaginación y los principios de una historia bien contada, conseguirás que la gente se levante en medio de una gran ovación en vez de bostezar e ignorarte.

Robert McKee

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Lucidez


¿El día más bello?  hoy
¿La cosa más fácil? equivocarse
¿El obstáculo más grande? el miedo
¿El mayor error? abandonarse
¿La raíz de todos los males? el egoísmo
¿La distracción más bella? el trabajo
¿La peor derrota? el desaliento
¿Los mejores maestros? los niños
¿La primera necesidad? comunicarse
¿La mayor felicidad? ser útil a los demás
¿El misterio más grande? la muerte
¿El peor defecto? el mal humor
¿El ser más peligroso? el mentiroso
¿El sentimiento más ruin? el rencor
¿El regalo más bello? el perdón
¿Lo más imprescindible? el hogar
¿La ruta más rápida?  el camino correcto
¿La sensación más grata? la paz interior
¿El arma más eficaz? la sonrisa
¿El mejor remedio? el optimismo
¿La mayor satisfacción? el deber cumplido
¿La fuerza más potente? la fe
¿Los seres más necesitados?  los padres
¿Lo más hermoso de todo?  el amor

Respuestas de la Madre Teresa de Calculta

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El otro caminante


La experiencia de Shackleton  impresionó tanto al poeta T. S. Eliot, que se inspiró en ella para escribir los siguientes versos de su gran obra La Tierra Baldía:

¿Quién es el tercero que camina siempre a tu lado?

Si cuento, sólo estamos tú y yo juntos

 pero si miro hacia delante por el blanco camino

 siempre hay otro caminando junto a ti.

Shackleton y sus hombres iban a bordo del Endurance cuando el barco se quedó encallado entre grandes bloques de hielo. Después de ponerse a salvo, el capitán y  cinco hombres atravesaron el peligroso estrecho de Drake en un pequeño bote y cruzaron una cordillera helada, jamás cartografiada en busca de ayuda. A pesar de superar tantos obstáculos hubo un momento en que Shackleton creyó que ya no podían más y fue entonces cuando sintió que un desconocido les acompañaba y les enseñaba el camino. ¿Qué más da que esta presencia fuera real o irreal? Lo hermoso de verdad es la imagen protectora.

Fuente: El libro de las posibilidades de Albert Liebermann

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Pequeñas victorias


Nos conocimos en un bar. Tú acababas de llegar a España y te ganabas la  vida vendiendo baratijas y películas clandestinas de establecimiento en establecimiento. Eras un chico muy simpático y comunicativo. Me contaste tu intención de comprar, en cuanto fuera posible, un diccionario francés español para entenderte con todos nosotros. Yo por entonces era librera. Te invité a que me visitaras y lo hiciste al día siguiente. Te regalé un diccionario y te deseé suerte. Nunca volví a saber de ti hasta ayer. Una compañera de la librería me dijo que fuiste el otro día a preguntar por mí y como no estaba le contaste la historia del diccionario y le dijiste que querías que yo supiera lo útil que te había resultado y que estabas agradecido. Ahora déjame decirte una cosa: soy yo la que está agradecida, y de todo corazón, por permitirme hacerte un regalo. Ya ves, este regalo ha vuelto a mí de mano de tu agradecimiento. En este mundo cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da. Es una suerte que a personas como a ti y como a mí nos emocionen las pequeñas victorias.

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El arte de ser ligero


Decía Chesterton que es fácil ser pesado y difícil ser ligero o luminoso. Esta cita referida a la literatura la podemos aplicar a todo. Cada mañana me levanto leo el periódico y caen sobre mí decenas de oscuridades. Parece que el mundo se ha vuelto loco y que las catástrofes se ciernen sobre nosotros de una manera implacable. Recuerdo un documental sobre el nacimiento de la Bossa Nova en Brasil y  a uno de sus protagonistas decir algo parecido a: “puesto que la vida es una invención, vale la pena inventarse desde la alegría y el buen humor, inventarse una vida feliz antes que una vida sombría y desgraciada. Ser un pelmazo sólo sirve para que te den el Premio Nobel”. Me eché a reír. En realidad, seas escritor o no, está mucho más al alcance de tu mano inventarte una vida llena de luz que ganar el Premio Nobel y si encima lo recibes por haber inundado el mundo de ligereza, entonces ya mereces un sillón en el Olimpo por semejante hazaña.

 

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El inglés según Mónica o cómo ser brillante ayudando a los demás


Mónica es blogger y profesora de inglés. http://elblogdelingles.blogspot.com/ Hasta aquí muchas personas podrían identificarse con ella. Sólo que Mónica es especial. Ella es una mujer con una enorme vocación de ayuda. Responde preguntas, da consejos y anima a la gente con la difícil tarea de dominar el inglés. Deduzco por sus post que el tema del coaching le interesa. A mí lo que me maravilla es su sencillez, su carácter abierto y directo y la labor que está haciendo con la parroquia de “aspirantes a hablar, entender, escribir y leer en inglés”.  Desde Microcambios quiero agradecer a Mónica su tiempo, su esfuerzo en reunir recursos y ponerlos al alcance de todos, su generosidad  y su claridad de objetivos. Visitad a Mónica en su blog y ya veréis lo que quiero decir.

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La importancia de los churros y el café en España


Dos leones huyeron de un zoológico
En la huída cada uno partió con rumbo diferente.
Uno fue para el monte y el otro para el centro de la ciudad.
Los buscaron por todos lados y nadie los encontró.
Después de una semana y para sorpresa de todos, volvió el león que había huido al monte.
Regresó flaco, famélico y con fiebre.
Fue reconducido a la jaula.
Pasaron tres meses y nadie se acordó del león que se había ido para el centro de la ciudad hasta que un día el león fue recapturado y llevado al zoo.
Estaba gooooordo, sano, desbordante de salud.
Al ponerlos juntos, el león que huyó para al monte le pregunta a su colega:
–¿Cómo estuviste en la ciudad tanto tiempo y regresás tan bien de salud?. Yo que fui al monte y pese a la época de veda, no hay un solo bicho para comer. Muerto de hambre, decidí entregarme.
El otro león le explicó:
–A mí me pasó todo lo contrario. Estoy en España, me dije, voy a un lugar donde difícilmente me busquen y me escondí en los Ministerios.  Cada día me manducaba a un funcionario y nadie advertía su ausencia.
–¿Y por qué te pescaron?… ¿Se acabaron los funcionarios?
— Nada de eso… Los funcionarios públicos nunca se acaban. Sucede que cometí un error gravísimo. Ya había comido a 20 asesores, 8 directores, 5 coordinadores, 22 secretarias privadas, 20 sindicalistas, 15 jefes de Zona, y nadie notó que habían desaparecido.  Pero el día que me comí al ordenanza que se encarga de servir los churros y el café… se jodió todo!!!..
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¡Te envidio, chico del semáforo!


Admiro de verdad al chico negro que se coloca en el semáforo de al lado de mi casa. No sé si canta bien o mal, porque nunca me he fijado en la musicalidad de sus canciones. Lo que más me asombra es su dominio de la situación: no sólo canta sino que al mismo tiempo sonríe. Y la impresión que deja en el interlocutor es que no le pueden ir mejor las cosas. Observo que todo el mundo habla con él y le saluda. Llegan los repartidores y se paran a preguntarle cosas y él dice: hoy ha hecho un poco de frío pero biennnn y alarga el bien hasta que se le derrumba la palabra en el parapeto de los dientes. Si no le das dinero ni le compras nada, te sonríe igual y te saluda como si le hubieras dado todo lo que tenías. Inexplicable. Su forma de subir la mano y expresar de forma gestual algo así como: “no pasa nada ni te preocupes” me fascina. Como lo veo casi todos los días, me he sorprendido bastantes veces pensando: hoy lo pillo in fraganti, hoy no sonríe, ni canta; ¡tiene que ser humano este chico! Pero hasta ahora él lleva ganado todos los tantos. Pronto, pienso, se contagiará de nuestros malos modos, de nuestra inexpresividad, de nuestras prisas por llegar adonde sea.

Me intriga cómo habrá sido su educación, en qué habrá contribuido la genética a esta actitud tan envidiable, qué secretos encerrará esa mente tan alineada con vivir de la mejor manera posible. Para mí es  un auténtico enigma.

Lo reconozco: envidio a este desconocido. Me hace bien verlo cada día. Y me doy cuenta de no está en mi semáforo porque sí. Está ahí para recordarme cuando salgo y entro que la tierra no gira alrededor de mí, que no se puede ser feliz si no das. No me engaño con ese pensamiento bobo de la envidia sana. Eso no existe. Lo que existe es querer lo que otro tiene aunque tu deseo no sea arrebatárselo sino compartirlo. Yo quiero la capacidad de este chico para transformar a la gente. Cuando empecé Microcambios, hace justo un año, no sabía muy bien adónde me llevaría el blog. Me sentaba a escribir y elegía temas según mi motivación y el interés por el asunto. Hoy sé algo valioso de él: no es su contenido sino la actitud con que se concibió (para dar, para compartir, para extender, para oír, para saberos presentes al otro lado de este mundo virtual) lo que lo dota de sentido. No se puede recibir sin dar. Os estoy muy agradecida, lectores de Microcambios, por recordarme que un yo centrado en los otros es mucho más interesante y pleno que un yo centrado en uno mismo.
¡Gracias!
Cecilia Monllor