Luis Pescetti es muchas cosas: músico, escritor, animador, humorista, maestro, coach educativo, showman. Siempre es un privilegio oírlo pero en esta ocasión no canta ni cuenta ninguna de sus bravatas sino que abre las páginas de El punto de Peter Reynolds y lo lee en voz alta. Que no os despiste el hecho de que sea un libro infantil. Es de esa clase de libros que deberían estar en muchas bibliotecas de adultos, sobre todo si se dedican a la educación o tienen hijos.
Autor: microcambios
Una envoltura semitransparente
Teoría de la bola de nieve
El mayor obstáculo de «no hacer» se encuentra en la costumbre de enredarnos en excusas: «esto es una pesadez», «me va a llevar un montón de tiempo», «todavía no estoy preparado/a» y como éstas decena más de excusas. La razón última de aplazar se haya en la pereza y la pereza es la mayor encubridora del miedo: miedo a no hacer bien las cosas, miedo a defraudar, miedo a no dar la talla. El miedo proporciona el permiso por adelantado para el fracaso, así que lo más probable es que ni lo intentemos.
Pero hay una imagen perfecta para reflexionar sobre la postergación: la de la insignificante bola de nieve cayendo por una ladera repleta de nieve y haciéndose cada vez más grande y poderosa. Su simple evocación debería resultar disuasoria. A mí me funciona. Cuando aparto algo de mi mente porque no tengo ganas, suelo acordarme de la inocente bola de nieve rodando y engordando hasta convertirse en un auténtico peligro. Tal vez esta imagen no valga para todo el mundo. De todas formas aquí está: tan gráfica como directa.
Ojos brillantes
¿Quién estoy siendo si los ojos de mis músicos no están brillando?se pregunta Benjamin Zander, director de orquesta. Os animo a que veáis esta excelente charla práctica sobre cómo transmitir y contagiar la pasión por la música. Cuando acabéis de verla volved sobre la pregunta: ¿quién estoy siendo?, como recomienda Zandler, y aplicadla a lo que más os importa. ¡Es fantástico! No me canso de ver este vídeo. Siempre aprendo algo y me maravillo del carisma de este hombre y de su capacidad de transmitir y de emocionar. Se aprende más viendo este vídeo que leyendo un libro entero sobre el arte de hacer presentaciones.
Sobre el poder de lo personal
Cinco reglas sobre tu página web
Cuando alguien llega por primera vez a tu sitio web es probable que se detenga en «sobre» o «bio». ¿Por qué? Porque quieren descubrir a una persona, una historia y asegurarse sobre dónde están.
Aquí tenéis algunas pautas útiles (bueno, en realidad son imperativas):
1. No utilices jerga sin sentido:
… es un reconocido proveedor de soluciones de publicidad basadas en los resultados en línea y móvil. Dedicado a la optimización de la cadena de valor y la maximización del retorno de la inversión para sus clientes, … bla, bla, bla….
2. No utilices la fotografía de alguien que no eres tú (si hay una fotografía tuya, mi felicitación). Mejor tu foto y la de tu equipo.
3. Facilita que se pueda contactar contigo. No des direcciones de contacto o números que no sirven.
4. Sé humano/a. Escribe como hablas y pon tu nombre. Cuenta una historia verdadera, que resuene.
5. Usa los comentarios de terceros y testimonios para establecer tu credibilidad. Utiliza todos los que puedas. Asegúrate de que son interesantes y auténticos.
Traducción del artículo de Seth Godin: Five rules for your About page
Lo real y lo imaginado
Leer a pensadores de hace varios siglos es adictivo. En el extracto que he seleccionado Baltasar Gracián comenta los efectos del exceso de expectación y cómo ésta influye en la imaginación de las personas. Su dialéctica nos conduce a percibir los efectos negativos de «sobreinflar» la imaginación ajena. Ahora bien ¿realmente podemos controlar la mente ajena? ¿es crear demasiadas expectativas un tipo de manipulación si nosotros estamos convencidos de la bondad de lo que transmitimos u ofrecemos? ¿La táctica de la exageración es inteligente? Pensemos en voz alta.
«No crees demasiada expectación. Es frecuente que lo muy celebrado antes de realizarse, parezca después menos que la expectativa que se creó. Nunca lo real ha igualado a lo imaginado, porque es fácil concebir algo perfecto, pero muy difícil realizarlo con exactitud. La imaginación se casa con el deseo y crea una fantasía que es lejana a lo que puede dar la realidad. Por grandes que sean las excelencias que hagas, no bastan a satisfacer tu idea, y mientras más hayas engañado a la gente creándoles exorbitante expectación, más pronto se desengañarán y dejarán de admirarte. La esperanza es la gran falsificadora de la verdad: corríjela con la cordura, y procura que la satisfacción sea superior al deseo. Mejor es dar unos principios, unos detalles para despertar la curiosidad, sin engrandecer demasiado el objeto buscado. Mejor es cuando la realidad excede a la idea y da más de lo que se creyó. Olvida esta regla, si las cosas te salen mal, pues en ese caso lo que te ayudará será la exageración. Cubrirás lo que resultó mal con aplausos, y lo que se temió fuese un fracaso llegaría a parecer bien a todos».
El arte de amargarse la vida
El libro de Paul Watzlawick debería ser regalo obligatorio para todos nuestros amigos/as con tendencia a encontrar culpables debajo de las piedras. Contra lo que pueda parecer no resulta nada fácil ser un amargado/a en condiciones. Para ello se requiere constancia en buscar los agravios, una práctica continua para incrementar el derrotismo, pesimismo y claro está: soliviantarse por cualquier memez. Es imprescindible asimismo mantener la firme creencia de que los otros causan todas nuestras desgracias: el mundo, los bancos, los vecinos, la suegra, el idiota de la oficina, la policía de tráfico…. Con la lectura de esta pequeña joya conseguiremos incrementar el numero de perfeccionistas de la teoría de la conspiración, de los que abundan en todo me sale mal (pero nada más que a mí), de los que consideran que los reveses del pasado nos hacen como somos y encima del futuro no se puede esperar nada bueno. Con un poco de pericia conseguirán reforzar sus obsesiones, minar su autoestima, incrementar su mala leche y sus paranoias. Y finalmente, entonces ya sí, tendremos un amargado/a como Dios manda.
18 ideas para crear valor en el trabajo y mejorar la remuneración
Marelisa Fabrega vuelve a acertar con un estupendo artículo enfocado a revisar creencias y actitudes de cara a nuestro trabajo y nuestra remuneración. Podéis encontrar el artículo original en http://abundance-blog.marelisa-online.com/2011/09/20/prosperity-tips/ Ciertamente estamos inmersos en una recesión, pero ¿hay algo que podamos hacer? Marelisa nos da una respuesta en forma de 18 consejos.
1. En lugar de estar centrado/a en tratar de ganar dinero, dedica tu tiempo y energía en crear valor para los demás. Recuerda que el dinero es simplemente un medio para el intercambio de valor. Deja de centrarte en el efecto (recibir dinero) y empieza a centrarte en la causa (la creación de valor).
2. Inicia un negocio como un modo de compartir tu pasión, tu talento y tus conocimientos con el resto del mundo. Pregúntate a ti mismo cómo puedes expresar tus talentos de manera que beneficie a otros.
3. Deja de pensar en lo que puedes «obtener» de otros (la cantidad de dinero que puedes ganar) y concéntrate en lo que puedes dar (cómo aumentar la cantidad de valor que le damos a los demás).
4. Haz tu trabajo con amor. No envenenes tu trabajo con el resentimiento. Si lo haces con cariño agregas más valor a ti mismo y a lo que haces. En la novela de la novelista mexicana, Laura Esquivel, títulada «Como Agua para Chocolate» la protagonista, Tita, es una mujer a la que le encanta cocinar. Cuando ella cocina, sus emociones se adentran en la comida y afectan a todos aquellos que la comen. Piensa en hacer tu trabajo de la misma manera y asegúrate de que infundes amor.
5. Busca la manera de tener un impacto positivo en la sociedad a través de tu negocio.
6. En tiempos de recesión la gente recorta lo accesorio y se vuelve más sensible a la recepción de un verdadero valor. Esto significa que si vendes algo accesorio lo vas a pasar mal en la recesión. Pero si estás proporcionando un verdadero valor, aunque los expertos vociferen y digan que el cielo está cayendo, no te afectará. .
7. Deja de buscar la felicidad fuera de ti mism0, por ejemplo, dejar de pensar en lo siguiente: «Seré feliz cuando tenga ahorradas seis mensualidades en el banco y cuando me pueda ir de este apartamento mugroso». En su lugar, aprovecha la felicidad que ya está dentro de ti y deja que fluya a través de tus ocupaciones.
8. Se optimista. Piensa que puede ocurrir algo diferente de lo que en el pasado ha sucedido.
9. Pregúntate: Cuando estoy comprometido con trabajar duro e inmerso/a en el pensamiento de ganar más dinero ¿qué ideas surgen en mi mente y me hacen creer que no voy a tener éxito? Estas son tus creencias limitadoras. Así que tendrás que ocuparte de eliminarlas.
10. Haz una lista de las razones por las que piensas que no estás haciendo tanto dinero como te gustaría. Recuerda: son tus excusas. Dejar de poner excusas.
11. Si sientes que vas a crear valor, pero no estás ganando dinero, es por una de estas dos razones:
a. Otros no perciben lo que estás ofreciendo como valor. Te están diciendo, «Eso no es lo suficientemente bueno», o «Eso no es lo que queremos.» Hay que volver a la mesa de planificación, volver a retroalimentarse y mejorar la oferta.
b. No estás haciendo un buen trabajo al entregar el valor. Por ejemplo, si tienes un blog y produces un gran contenido, pero hay poco tráfico, no estás haciendo un buen trabajo al entregar el valor.
12. Si la gente no quiere comprar lo que estás vendiendo, o no quiere comprar al precio que estás vendiendo -no tienes que tomarlo como algo personal-. Se trata del mercado respondiendo a lo que estás entregando: la ley de la oferta y la demanda. Tu oferta está fuera de juego. En consecuencia, modifícala.
13. Con el fin de hacer más dinero es importante sentir que te lo mereces. Si no te das permiso para hacer más dinero, entonces, independientemente de la cantidad de valor que proporciones, buscarás inconscientemente maneras de sabotearte. Después de todo, las personas hacen todo lo posible para mantener la coherencia con su propia imagen.
Date permiso para dejar de verte a ti mismo como «el tipo de persona que gana 20 euros la hora», y empieza a verte como «el tipo de persona» que consigue diez veces más.
14. Entrega de forma consistente. Si la gente cree que 20 euros es un precio justo para un libro electrónico que estás vendiendo, hazlo pero añade un extra. Cobra lo que vale la pena, pero a continuación, da un poco más. De esta manera, añades valor a todo el mundo con cada transacción.
15. Empieza a pensar en términos de «costo de oportunidad» de dinero. El dinero que gastas en la compra de unos zapatos nuevos o un bolso maravilloso es dinero que podrías haber utilizado para que trabajara para ti.
16. Si aumentan tus ingresos, no ajustes tus gastos hacia el alza. En su lugar, invierte el dinero adicional para el futuro.
17. Identifica las cosas que más te importan. ¿Qué te apasiona realmente? ¿Qué te hace sentir vivo? ¿Con qué personas te encanta pasar tu tiempo? ¿Qué te proporciona placer y sentido? ¿Cuáles son los imprescindibles de tu vida? ¿Qué necesitas para prosperar?
18. Elizabeth Warren, profesora de derecho de Harvard y defensora de los consumidores-y su hija Amelia Warren Tyagi escribieron un libro fantástico llamado All Your Worth: The Ultimate Lifetime Money Plan. Las autoras recomiendan un presupuesto 50-30-20. Es decir, hacer lo siguiente:
No gastar más del 50% de los ingresos, con independencia de los compromisos que tengas como: alquiler, hipoteca, facturas de servicios públicos, seguros de salud, impuestos etc…
- No gastar más del 50% de los ingresos, con independencia de los compromisos que tengas como: alquiler, hipoteca, facturas de servicios públicos, seguros de salud, impuestos etc…
- Puedes dedicar el 30% de sus ingresos en tus «deseos», tales como: internet, televisión de pago, viajes, ropa nueva, salir a cenar, y así sucesivamente.
- El restante 20% de tus ingresos deberían ser usados para la construcción de tu futuro financiero.
¡Te envidio, chico del semáforo!
Admiro de verdad al chico negro que se coloca en el semáforo de al lado de mi casa. No sé si canta bien o mal, porque nunca me he fijado en la musicalidad de sus canciones. Lo que más me asombra es su dominio de la situación: no sólo canta sino que al mismo tiempo sonríe. Y la impresión que deja en el interlocutor es que no le pueden ir mejor las cosas. Observo que todo el mundo habla con él y le saluda. Llegan los repartidores y se paran a preguntarle cosas y él dice: hoy ha hecho un poco de frío pero biennnn y alarga el bien hasta que se le derrumba la palabra en el parapeto de los dientes. Si no le das dinero ni le compras nada, te sonríe igual y te saluda como si le hubieras dado todo lo que tenías. Inexplicable. Su forma de subir la mano y expresar de forma gestual algo así como: “no pasa nada ni te preocupes” me fascina. Como lo veo casi todos los días, me he sorprendido bastantes veces pensando: hoy lo pillo in fraganti, hoy no sonríe, ni canta; ¡tiene que ser humano este chico! Pero hasta ahora él lleva ganado todos los tantos. Pronto, pienso, se contagiará de nuestros malos modos, de nuestra inexpresividad, de nuestras prisas por llegar adonde sea.
Me intriga cómo habrá sido su educación, en qué habrá contribuido la genética a esta actitud tan envidiable, qué secretos encerrará esa mente tan alineada con vivir de la mejor manera posible. Para mí es un auténtico enigma.
Lo reconozco: envidio a este desconocido. Me hace bien verlo cada día. Y me doy cuenta de no está en mi semáforo porque sí. Está ahí para recordarme cuando salgo y entro que la tierra no gira alrededor de mí, que no se puede ser feliz si no das. No me engaño con ese pensamiento bobo de la envidia sana. Eso no existe. Lo que existe es querer lo que otro tiene aunque tu deseo no sea arrebatárselo sino compartirlo. Yo quiero la capacidad de este chico para transformar a la gente. Cuando empecé Microcambios, hace justo un año, no sabía muy bien adónde me llevaría el blog. Me sentaba a escribir y elegía temas según mi motivación y el interés por el asunto. Hoy sé algo valioso de él: no es su contenido sino la actitud con que se concibió (para dar, para compartir, para extender, para oír, para saberos presentes al otro lado de este mundo virtual) lo que lo dota de sentido. No se puede recibir sin dar. Os estoy muy agradecida, lectores de Microcambios, por recordarme que un yo centrado en los otros es mucho más interesante y pleno que un yo centrado en uno mismo.
¡Gracias!
Cecilia Monllor
¿Quién hace lo que no te gusta?
«Es que esto no me gusta», suelen decir los niños cuando les pides algo que les fastidia hacer. Entonces el adulto pone cara de circunstancias y dice aquello de: «hay que hacer las cosas, tanto si te gustan como si no». Y, o bien se zanja la disputa, o se echa leña al fuego con nuevas argumentaciones. Hay una fórmula mágica para canalizar esta protesta y consiste en formular la pregunta ¿quién hace lo que no te gusta? Responderla te obliga a pensar. De paso, descubres que ciertas cosas que te disgustan estás obligado a hacerlas por el simple hecho de que no hay posibilidad de que te sustituyan. Pero otras sí. Y aquí es cuando Gracián aconseja: » hacer uno mismo todo lo que agrada a los demás; por terceros lo que disgusta».


