Publicado en Pensando en voz alta, Vídeos Inspiradores

El juego de la muerte: documental sobre la TV


Que la televisión es todo menos inocua, ya lo sabíamos, que la televisión fomenta el borreguismo y el comportamiento obediente, también, pero ¿cómo demostrarlo? Este perverso episodio de telerrealidad que, en verdad se orquestró como un experimento psicológico de comportamiento individual, incomoda tanto que insta a abandonar el visionado. Los organizadores del experimento reunieron a un grupo de concursantes con la consigna de atenerse a unas normas concretas: aplicar descargas eléctricas cada vez que un “falso concursante” (un actor en realidad) fallara la respuesta. A medida que el nivel de descargas se elevaba, el actor gritaba y suplicaba el fin del suplicio. Pero cuando los concursantes pensaban en ceder a la presión, una famosa presentadora “revestida de autoridad” les instaba a continuar en el juego y los más cedían a la presión. Sólo unos pocos se plantaron y desobedecieron el mandato. El experimento demuestra que el nivel de presión y estrés empuja a muchas personas a seguir adelante, pese a que moralmente sostengan opiniones opuestas. No es fácil ejercer la libertad y sacudirse la presión, pero algunos lo lograron. Y, en realidad, no es que fuesen mejores personas que los que apretaban la palanca. Sólo se resistían a dejarse manipular. Cuando la figura de autoridad apela a la obligación de acatar las normas del juego aparece el comportamiento obediente. El experimento explica que todo individuo posee unos valores propios que ante el gran show de la tv necesitan ordenarse en prioridades, y todo en tiempo record. El estrés es tan intenso que la mayoría recurre al piloto automático para dejarse conducir. Cada apretado de palanca es una escalada de compromiso con el juego y conduce al concursante a una aceptación de otra voluntad que no es la suya. Es decir que personas autónomas, con capacidad de raciocinio y de voluntad, así como opiniones propias, acaban comportándose como se espera de ellas, pese a que sus valores sean incompatibles con la situación en el plató.

Como experimento resulta revelador, pero deja una profunda inquietud en el quien lo ve; al menos eso es lo que me ha ocurrido. ¿En qué asuntos de la vida, me pregunto, somos marionetas pulsando palancas que no queremos pulsar? ¿por qué nos sometemos a autoridades que contradicen nuestros valores y nuestros deseos reales en aras a la obediencia del mandato? ¿Qué pasa con nuestros límites cuando nuestro afán de agradar vence por goleada a la rebelión? ¿somos conscientes del gran poder de la televisión como Gran Hermano?

¿Se anima alguien a verlo? Aquí está:

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Autor:

Vivo en una ciudad del Norte de España, entregada a la pasión por aprender y transformar mi vida y la de los que me rodean en una aventura única. Creo en la gente y en las oportunidades que nos ofrecen las adversidades. He aprendido que el único pecado imperdonable es no arriesgarse.

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