Publicado en Pensando en voz alta

¿por qué no puedo cambiar?


Microcambios

Ilustración: Valeria Gallo

En nuestra cultura, la mayoría de la gente se ha visto privada de la conciencia de quiénes son en realidad. Han perdido temporalmente su conexión con lo más elevado de sí, y por lo tanto, han perdido el poder y la responsabilidad respecto a sus propias vidas. En cierta medida, albergan en su interior un sentimiento de indefensión. Se sienten básicamente impotentes para introducir un cambio real en sus vidas o en su entorno. Este sentimiento interiorizado de indefensión provoca una lucha y un forcejeo desproporcionados para conseguir tan sólo un poco de poder o control en su propio mundo.

De ahí que la gente se oriente mucho hacia el logro de objetivos. Se sienten emocionalmente atados a cosas y personas que consideran imprescindibles para ser más felices. Notan que en su interior «falta algo», y se convierten en personas tensas, ansiosas, estresadas, que continuamente tratan de llenar el vacío intentando manipular el mundo exterior para conseguir lo que quieren. Éste es el estado de ánimo a partir del cual la mayoría de las personas se fija objetivos y trata de crear lo que quiere en la vida. Desgraciadamente, partir de este nivel de conciencia no conduce a nada, porque se pone usted tantos obstáculos que no puede superarlos; y si los vence y logra sus objetivos es sólo para acabar descubriendo que no le aportan ninguna felicidad interior.

Cuando advertimos este dilema es cuando empezamos a abrirnos hacia un camino verdaderamente espiritual. Nos damos cuenta, sencillamente, de que tiene que haber algo más en la vida, y comenzamos a buscarlo.

A lo largo de nuestra búsqueda podemos pasar por fases y experiencias muy diversas, pero acabamos por ir recuperando nuestra propia personalidad. Es decir, volvemos a nuestro verdadero ser, a la naturaleza divina o a la mente universal que existe en todos nosotros. Gracias a esta experiencia acabamos recobrando todo nuestro poder espiritual, y nuestro vacío interior se llena desde dentro.

SHAKTI GAWAIN 

 

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El juego de la muerte: documental sobre la TV


Que la televisión es todo menos inocua, ya lo sabíamos, que la televisión fomenta el borreguismo y el comportamiento obediente, también, pero ¿cómo demostrarlo? Este perverso episodio de telerrealidad que, en verdad se orquestró como un experimento psicológico de comportamiento individual, incomoda tanto que insta a abandonar el visionado. Los organizadores del experimento reunieron a un grupo de concursantes con la consigna de atenerse a unas normas concretas: aplicar descargas eléctricas cada vez que un “falso concursante” (un actor en realidad) fallara la respuesta. A medida que el nivel de descargas se elevaba, el actor gritaba y suplicaba el fin del suplicio. Pero cuando los concursantes pensaban en ceder a la presión, una famosa presentadora “revestida de autoridad” les instaba a continuar en el juego y los más cedían a la presión. Sólo unos pocos se plantaron y desobedecieron el mandato. El experimento demuestra que el nivel de presión y estrés empuja a muchas personas a seguir adelante, pese a que moralmente sostengan opiniones opuestas. No es fácil ejercer la libertad y sacudirse la presión, pero algunos lo lograron. Y, en realidad, no es que fuesen mejores personas que los que apretaban la palanca. Sólo se resistían a dejarse manipular. Cuando la figura de autoridad apela a la obligación de acatar las normas del juego aparece el comportamiento obediente. El experimento explica que todo individuo posee unos valores propios que ante el gran show de la tv necesitan ordenarse en prioridades, y todo en tiempo record. El estrés es tan intenso que la mayoría recurre al piloto automático para dejarse conducir. Cada apretado de palanca es una escalada de compromiso con el juego y conduce al concursante a una aceptación de otra voluntad que no es la suya. Es decir que personas autónomas, con capacidad de raciocinio y de voluntad, así como opiniones propias, acaban comportándose como se espera de ellas, pese a que sus valores sean incompatibles con la situación en el plató. Sigue leyendo “El juego de la muerte: documental sobre la TV”

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La doble vida


microcambios, Cecilia Monllor, doble vida

La frecuencia con que las personas que llevan una doble vida utilizan la expresión “mi vida” resulta, curiosamente, elevada. Desde el punto de vista psicológico, el origen de este compromiso consciente con un “desdoblamiento de existencias” no resulta fácil de exponer con brevedad. Y cada casuística requiere su explicación. Pero, a modo general, sí se puede afirmar que responden a los juegos de la mente entre el consciente e el inconsciente.
Aun cuando las personas con doble vida son plenamente conscientes de ambas, y por tanto de las complejidades que conlleva no mezclarlas para no ser descubiertas, siempre hay una fisura: un detalle nimio, un olvido descuidado, un exceso de confianza que da al traste con todo el constructo. Sigue leyendo “La doble vida”