Publicado en Pensando en voz alta

Cuando ya no estés, cuando ya no esté


Microcambios, Me mudo de sistema,

Ocurrirá algún día. Un día, sí. Ya no estarás. Ya no estaré. Ese día será muy parecido al resto de los días. Saldrá el sol, se pondrá el sol. Todo el mundo respirará como antes, salvo tú, salvo yo. En los periódicos, en las radios, en las televisiones, en internet, habrá noticias. Como cualquier otro día. Como esos días calcados en los que tú estabas, en los que yo estaba. Y qué curioso, nada habrá cambiado y todo habrá cambiado. Solo porque ya no estás, porque ya no estoy. Piénsalo. Cuando el otro abra los ojos y piense que el mundo es diferente, solo porque tú te has ido, porque yo me he ido, la ilusión perdurará en su cerebro como un encantamiento, quizás minutos, tal vez horas, puede ser que días e incluso meses y exagerándolo todo,  años. Sí, pero, moja el pie en el agua y comprobarás que la piel toca el agua y hay poca diferencia en la sensación que experimentabas cuando yo estaba. También yo lo hago. Al final, la muerte no resulta ninguna sorpresa. No es el fin, ni el principio de nada, sino la continuidad de todo, a excepción de ti y de mí. Tú y yo somos meras partículas suspendidas en un polvo lumínico que nos transforma y nos dispersa en un infinito imposible de cuantificar.

Un día habrá silencio, para ti, para mí. Y será como si tú y yo nunca hubiéramos existido.  Como si antes que tú y yo, el mundo fuera tan mundo que no albergara la posibilidad de habernos contenido. Esto no es cierto. No al menos, para ti, ni para mí.

Anuncios
Publicado en Pensando en voz alta

¿Qué es la imaginación?


IMG_2454
El árbol que a algunos hombres les arranca lágrimas de dicha no pasa de ser, en otros ojos, algo verde interpuesto en su camino. Algunos la naturaleza la ven toda ridiculez y deformidad (…) y algunos la naturaleza no la ven apenas. Pero a los ojos del hombre de imaginación, la naturaleza es la imaginación misma.  

William Blake

Publicado en La caja de herramientas

Querido yo


Microcambios, Cecilia Monllor, Joseph Galliano, Dear me, letters

Joseph Galliano tuvo una idea sencilla: ¿qué contaríamos desde el yo que somos ahora a la persona que fuimos a los 16 años si le escribiéramos una carta? ¿qué consejo y/o reflexiones plasmaríamos? El resultado fue el libro Dear me. Galliano pidió cartas a personas conocidas de todos los ámbitos. Hay cartas reflexivas, jocosas, tiernas, livianas… aún así, en esa recopilación, falta la tuya, tan interesante como cualquiera de los que participan en el juego de los imposibles. De hecho, si te apetece, te invito a que escribas esa carta y la compartas. Comprobarás que ese juego no está exento de compasión y cariño hacia ese yo sin hacer sumergido en plena adolescencia.

La actriz Emma Thomson escribe: “un par de consejos de una mujer que ya ha cumplido 50 años a otra de 16: 1/NUNCA JAMÁS te pongas a dieta… No te obsesiones. Come de forma regular, intenta evitar la comida basura y nunca te pongas a régimen… 2/SI ÉL TE DICE que no te ama, créele. No te ama.”
La escritora J.K. Rowling apunta: “Nunca le cuelgues el teléfono a tu madre. Nunca te olvides de decir “te quiero”. Y una cosa más. Un día conocerás al Morrisey, el cantante de los Smiths. Y no solo eso, además, él sabra quién eres tú. ¡CRÉEME!”
La versátil Yoko Ono poetiza: “En este momento vienes a ser como un árbol en el parque. Tu existencia está ayudando a que la ciudad respire mejor. Así que tomate las cosas con calma y sé tu misma. No te esfuerces más que en ser tú misma. Confía en tu instinto y en tu inspiración. ¡A por ello!. Cree en ti misma. Tu vida va a ser espléndida”. Sigue leyendo “Querido yo”

Publicado en Pensando en voz alta

Circunstancias versus actitud


viola
Pintura: Viola

No niego el impacto que la famosa frase orteguiana: “yo soy yo y mis circunstancias” ha dejado en la impronta colectiva. La repetimos hasta la saciedad, como una justificación de cómo somos: yo y además las circunstancias que me tocan. Pero reflexionando sobre lo que quiere decir en verdad la frase y, al margen de la lectura atenta a “La rebelión de las masas”, la obra más divulgada de Ortega y Gasset, he llegado a la conclusión que lo que más pesa en la naturaleza humana, sometida a las circunstancias, es la actitud elegida. En mi anterior post hacía referencia al pensamiento de F. Bacon: “Existen dos grandes categorías de espíritu: una que es, sobre todo, sensible a las diferencias y otra que es, sobre todo, sensible a las semejanzas”. Y cuando el yo se enfrenta con sus circunstancias puede interpretar blanco o negro. En cualquier caso lo que transformará el sentido de lo percibido no será la propia circunstancia (el hecho en sí) sino la actitud (lo que estoy dispuesto a hacer con todo lo que me pasa y lo que en realidad hago y decido).
Quizás sea interesante recordar las palabras de Hugh Downs que no es un eminente filósofo sino un periodista de una cadena de noticias:”Una persona feliz no es una persona en determinadas circunstancias sino una persona con determinadas actitudes”.

Publicado en Pensando en voz alta

Cautivos de nuestros deseos


Si el ego es un monstruo al que hay que dominar o reducir, el deseo es un demonio al que hay que enjaular. Hay animales que simplemente no se pueden domar, y el deseo es uno de ellos. El deseo es salvaje y, aun domeñado, nunca llega a ser un gato doméstico. Sigue siendo un tigre que se alimenta ante todo de felicidad. Tu felicidad. Los seres deseosos corren el riesgo de acabar cautivos o esclavos de sus deseos. No hay nada tan peligroso como ver tus deseos satisfechos una y otra vez, porque el deseo jamás puede ser saciado permanentemente de este modo. Cuanto más se sacia, más necesita para ser saciado. Hasta que deviene tan magnificado que no cabe saciarlo en absoluto, excepto brevemente, y sólo mediante conductas que invariablemente transgreden las normas establecidas.

Debemos admitir que Lao Tzu acertaba al señalar que la felicidad se deriva de la restricción de los deseos; la infelicidad, de satisfacerlos en demasía. Lo cierto es que “lo que ocurre en Las Vegas” es como tu sombra: te sigue a todas partes.

 

El poder del Tao

Lou Marinoff