Publicado en Pensando en voz alta

Dulzura y bondad


F. Lèger
F. Lèger

Las máquinas que propician la abundancia nos han dejado en la necesidad. Nuestra sabiduría nos ha vuelto cínicos; la inteligencia, duros y despiadados. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que de máquinas, el hombre tiene necesidad de humanidad. Más que de inteligencia, tenemos necesidad de dulzura y bondad. Sin estas dotes la vida será violenta Y todo se perderá.

Charles Chaplin 

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Publicado en Artículos de blogs que nos interesan

Solo un arrepentimiento


microcambios

Me gusta explorar. A menudo en mis exploraciones encuentro hallazgos. Los hallazgos se comportan como pelotas de ping-pong: doing, doing,  aquí, allá, rebote, fuera de mesa…  Así es como me he tropezado con el blog de  Natalia Martín Cantero, siguiéndole la pista al discurso de George Saunders en la Universidad de Syracuse y de ahí extraigo esta pequeña recensión, de lo más inspiradora.

«Cuando somos jóvenes, estamos ansiosos –de forma comprensible– para saber si seremos capaces: ¿Tendremos éxito? ¿Podremos construir una vida para nosotros mismos? Pero tú –en particular tú, de esta generación, quizá hayas notado una cualidad cíclica en la ambición. Te esforzaste en el instituto con la esperanza de acceder a una buena universidad; te esforzaste en la universidad con la esperanza de tener un buen trabajo; te esfuerzas con el trabajo…

Y está bien. Si nos vamos a hacer más amables, tenemos que tomarnos a nosotros mismos en serio; como hacedores, soñadores.

Pero el logro no es fiable. ´Tener éxito´, signifique lo que signifique para ti, es duro, y la necesidad de tenerlo constantemente se renueva a sí misma. El éxito es como una montaña que continúa creciendo a medida que vas escalando, y existe el riesgo, muy real, de que tener éxito ocupe toda tu vida, mientras las grandes preguntas no son atendidas.

De modo que este es el consejo del final de la charla: ya que, según he dicho, tu vida va a ser un proceso gradual de convertirte en más amable y más amoroso, date prisa. Aceléralo. Comienza ahora mismo. Hay una confusión en cada uno de nosotros. Una enfermedad, podría decirse: el egoísmo. Pero también hay una cura. Así que sé un buen, activo e incluso algo desesperado paciente por tu propio bien: busca las más eficientes medicinas anti-egoísmo, energéticamente, para el resto de tu vida.

Haz cosas ambiciosas –viaja, hazte famoso, innova, lidera, enamórate, haz y pierde fortunas– pero mientras lo haces, hasta donde puedas, equivócate en la dirección de la bondad. Haz esas cosas que te inclinan hacia las grandes preguntas, y evita las cosas que te reducirían y te harían trivial. Esa parte luminosa tuya que existe más allá de la personalidad –si quieres, tu alma– es tan brillante y resplandeciente como cualquiera que haya existido. Tan brillante como la de Shakespeare, tan brillante como la de Gandhi, tan brillante como la de la Madre Teresa. Limpia todo lo que te separa de este lugar secreto luminoso. Cree que existe, llega a conocerlo mejor, nútrelo, comparte sus frutos incansablemente».

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La magnitud del atrevimiento


Teddy-Roosevelt
He encontrado la cita de Roosevelt mencionada en varios textos de diferentes autores. A ellos, como también a mí, les fascina la claridad con que el político resume la belleza del atrevimiento desde la vulnerabilidad humana. La cita de este discurso, leído en la Sorbona hace más de cien años, es aplicable sobre todo a nuestros retos más personales. Cuando la releo nunca me vienen a la cabeza hazañas laborales, más bien pienso en lo más consustancial a cada ser humano: una vida vivida, auténtica, sin renuncia, sin miedo, valiente, honorable, bondadosa y justa.

No es crítico el que cuenta; no el hombre que señala al fuerte cuando tropieza o el que hace algo porque podría haberlo hecho mejor. El crédito es para el que está en la palestra; el que tiene la cara curtida por el polvo, el sudor y la sangre; el que se atreve valientemente; el que yerra y no atina una vez tras otra, porque no hay victoria sin yerro ni puntería al primer golpe; el que lucha por conseguir lo que quiere; el que vive movido por grandes entusiasmos y devociones; el que empeña sus fuerzas en una causa justa; el que, si la suerte le sonríe, paladea al final las mieles del máximo triunfo, y si no, si fracasa, por lo menos fracasa por la magnitud de su atrevimiento, para que su lugar nunca esté con los espíritus timoratos que no conocen victoria ni derrota“.

Theodore Roosevelt (1910. Leído en La Sorbona)

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Sobre la bondad


andrew
Ilustración: Andrew Groves

Hay algo hipnótico en las personas bondadosas, una especie de necesidad de estar en su compañía, de frecuentarlas y penetrar en su esencia. La bondad tiene algo de inaprensible, de fuerza experiencial. Es difícil que case con la razón porque su lenguaje choca una y otra vez contra la lógica del “dar para recibir”. Pocas veces se manifiesta con palabras porque su esencia es “el hecho”, la demostración. Surge de la profunda penetración en el otro, de comprender sus necesidades y actuar. La bondad está en las antípodas de la mentira y la impostura; en tanto a genuína expresión de amor, casa muy mal con el fingimiento. La bondad es la cualidad que más valoro en un ser humano.
Cuando me tropiezo con ella, encajada en uno de estos seres especiales que la poseen y hacen de su práctica una misión de vida, yo misma me siento más humana, más cercana al concepto de amor. Porque nos mejora, porque nos contagia, porque es una lección silenciosa, manifiesto mi rendida admiración a todos los bondadosos/as del orbe. Gracias a ellos jamás pierdo la confianza en la naturaleza humana.

Publicado en Microhistorias

Lucidez


¿El día más bello?  hoy
¿La cosa más fácil? equivocarse
¿El obstáculo más grande? el miedo
¿El mayor error? abandonarse
¿La raíz de todos los males? el egoísmo
¿La distracción más bella? el trabajo
¿La peor derrota? el desaliento
¿Los mejores maestros? los niños
¿La primera necesidad? comunicarse
¿La mayor felicidad? ser útil a los demás
¿El misterio más grande? la muerte
¿El peor defecto? el mal humor
¿El ser más peligroso? el mentiroso
¿El sentimiento más ruin? el rencor
¿El regalo más bello? el perdón
¿Lo más imprescindible? el hogar
¿La ruta más rápida?  el camino correcto
¿La sensación más grata? la paz interior
¿El arma más eficaz? la sonrisa
¿El mejor remedio? el optimismo
¿La mayor satisfacción? el deber cumplido
¿La fuerza más potente? la fe
¿Los seres más necesitados?  los padres
¿Lo más hermoso de todo?  el amor

Respuestas de la Madre Teresa de Calculta

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La mayor plaga de nuestro mundo


La más terrible pobreza es la soledad y el sentimiento de no ser amado. La más grande enfermedad hoy en día no es la lepra ni la tuberculosis, sino el sentimiento de no ser reconocido. Hay más hambre en el mundo por amor y por ser apreciado, que por pan. Algunas veces pensamos que la pobreza es sólo tener hambre, frío y ni un lugar donde dormir. La pobreza de no ser reconocido, amado y protegido, es la mayor pobreza. Debemos comenzar en nuestros propios hogares a remediar esta clase de pobreza.

Madre Teresa de Calcuta