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Lo obvio


Facebook de vez en cuando depara sorpresas que te hacen sonreír como esta viñeta de Burbujolandia. ¡Cuántas veces nos hemos sentido como este pobre «enfermo» tentados a pensar lo peor! Sólo que lo obvio, por obvio, casi nunca nos resulta la respuesta adecuada.¿Por qué será?

LO OBVIO

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Equivocar el camino


Las lanzas
Pintura: La rendición de Breda (Velázquez)

Sucede a menudo que quien se ha equivocado de camino atribuye su derrota a circunstancias exteriores y se vuelve enemigo furibundo de lo que en el principio amó. Tenemos una cantidad limitada de energía vital. Seamos cuidadosos. Errar de meta es perder no sólo aquello para lo que no servimos sino también aquello en lo que podríamos haber descollado.

Alejandro Jodorovsky

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El secreto mejor guardado: el sosiego


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Ilustración: seichi-hayashi

Según los estoicos el estado perfecto para un ser humano es el sosiego o la paz. No, la intensa alegría o el sesgo optimista. La razón, según esta escuela filosófica que cuenta entre sus seguidores a Séneca y Marco Aurelio, es porque un cultivo sosegado de las circunstancias ayuda a encarar las emociones negativas, no a arrinconarlas. Sentirse optimista o pesimista depende de las creencias que cada persona sostenga; es decir que las convicciones que tenemos son las que provocan el sufrimiento. Sigue leyendo «El secreto mejor guardado: el sosiego»

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Para qué mentimos


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Escultura: Anselm Kiefer

La mentira es un subterfugio y al igual que no existe la envidia sana tampoco existe la mentira piadosa. Mentimos por diversos motivos y cada cual, con el uso y la experiencia, desarrolla una variante; aunque casi todos los métodos de mentir tienen puntos comunes como:

-la colocación de los ojos (ángulo superior izquierdo)
-Las frases imprecisas
-La postura de ataque
-Signos corporales visibles: nerviosismo, sudoración…
-La retórica
-La prepotencia
-Querer retirar la atención del asunto conduciéndolo a otra parte
-Responder sin dudar
-Indignación
-Falta de detalles, ambigüedades
-El movimiento de las manos Sigue leyendo «Para qué mentimos»

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La vulnerabilidad de los escritores


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Pintura: Vermeer

Todas las personas que escribimos, y nos exponemos al juicio ajeno, somos carne de cañón de la vulnerabilidad. Admitir que no podemos gustar a todo el mundo, que los temas que elegimos para lanzarlos al mundo, o la forma en que lo contamos, puede no complacer al destinatario desconocido forma parte de la propia naturaleza de la exposición, pero no resulta fácil de asimilar. Sigue leyendo «La vulnerabilidad de los escritores»

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La inercia de no ver


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¿Qué sucede cuando la impresora te deja tirado en el momento más inoportuno? Por mucho que te enfades y maldigas al cacharro reconoces que tienes un problema y buscas la forma de resolverlo: o mandas por el mail el texto para que alguien te lo imprima o creas un pdf o intentas arreglar el dichoso cachivache.
En la vida emocional este sencillo rito: tomar conciencia del problema- búsqueda de solución, no tiene correlación. La respuesta natural al malestar suele consistir en malgastar un tiempo precioso en no querer ver que existe el problema. No es un comportamiento muy inteligente pero es lo que hacemos. Y no precisamente por falta de señales y de luces de alarma.
Sin conciencia de la existencia del problema no es necesario hacer nada por arreglarlo. Fin de la historia.
En nuestra vida emocional el texto que tendría que imprimir la impresora averiada nos salta a la cara cuando menos lo esperamos.
Tienes que arreglar esto resulta sencillo cuando se trata de un cachivache pero no cuando el que no funciona es uno mismo. No se me ocurre mejor compromiso con nosotros mismos que cambiar la inercia del hábito de no ver por el de ver.

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Sobre la bondad


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Ilustración: Andrew Groves

Hay algo hipnótico en las personas bondadosas, una especie de necesidad de estar en su compañía, de frecuentarlas y penetrar en su esencia. La bondad tiene algo de inaprensible, de fuerza experiencial. Es difícil que case con la razón porque su lenguaje choca una y otra vez contra la lógica del «dar para recibir». Pocas veces se manifiesta con palabras porque su esencia es «el hecho», la demostración. Surge de la profunda penetración en el otro, de comprender sus necesidades y actuar. La bondad está en las antípodas de la mentira y la impostura; en tanto a genuína expresión de amor, casa muy mal con el fingimiento. La bondad es la cualidad que más valoro en un ser humano.
Cuando me tropiezo con ella, encajada en uno de estos seres especiales que la poseen y hacen de su práctica una misión de vida, yo misma me siento más humana, más cercana al concepto de amor. Porque nos mejora, porque nos contagia, porque es una lección silenciosa, manifiesto mi rendida admiración a todos los bondadosos/as del orbe. Gracias a ellos jamás pierdo la confianza en la naturaleza humana.

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Circunstancias versus actitud


viola
Pintura: Viola

No niego el impacto que la famosa frase orteguiana: «yo soy yo y mis circunstancias» ha dejado en la impronta colectiva. La repetimos hasta la saciedad, como una justificación de cómo somos: yo y además las circunstancias que me tocan. Pero reflexionando sobre lo que quiere decir en verdad la frase y, al margen de la lectura atenta a «La rebelión de las masas», la obra más divulgada de Ortega y Gasset, he llegado a la conclusión que lo que más pesa en la naturaleza humana, sometida a las circunstancias, es la actitud elegida. En mi anterior post hacía referencia al pensamiento de F. Bacon: «Existen dos grandes categorías de espíritu: una que es, sobre todo, sensible a las diferencias y otra que es, sobre todo, sensible a las semejanzas». Y cuando el yo se enfrenta con sus circunstancias puede interpretar blanco o negro. En cualquier caso lo que transformará el sentido de lo percibido no será la propia circunstancia (el hecho en sí) sino la actitud (lo que estoy dispuesto a hacer con todo lo que me pasa y lo que en realidad hago y decido).
Quizás sea interesante recordar las palabras de Hugh Downs que no es un eminente filósofo sino un periodista de una cadena de noticias:»Una persona feliz no es una persona en determinadas circunstancias sino una persona con determinadas actitudes».