Publicado en Vídeos Inspiradores

Replantearse


Hace tiempo que las Navidades quedaron atrás. Todos hicimos nuestros regalos. Pensamos en cosas materiales y no materiales con que agasajar a los nuestros y algunos también regalaron su tiempo. El  experimento, al que se refiere el vídeo, revela un hecho incuestionable: ¡nos pensamos eternos! Creemos que duraremos toda la vida, pero el tiempo es un niño caprichoso con alma de anciano.

«Tenemos en la cabeza que las personas van a estar ahí siempre», dice una chica en el transcurso del reportaje, «y a lo mejor no decimos un te quiero porque lo damos por hecho». ¿Nos tenemos que imaginar el peor de los casos para replantearnos nuestra comunicación, nuestros actos, nuestra forma de dar y recibir o de vivir? Cualquier minuto es bueno para pensar.

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Publicado en Pensando en voz alta

Leer, amar, leer


 

microcambiosLas emociones tienen su acomodo natural en los libros. Todos ellos rezuman el sentir humano. Detrás de cada libro hay un hombre y una mujer que inventa, fabula, roba, experimenta y en definitiva escribe para ofrecer su hipótesis sobre un momento de existencia acotado en una espesura de páginas. Todos los libros obligan al lector a emprender un viaje, pero no siempre el viajero se queda en el país inventado. A veces le basta asomarse. Ese paisaje no va con él/ella. Cuando la estancia se alarga, el viajero siente. Es como si un tentáculo se cerniera sobre su corazón extrañado. Los libros producen miedo, ansiedad, asombro, tristeza, rabia, alegría, contento,dulzura… Los libros reptan en las memorias de los seres humanos y confunden a los cerebros de los precavidos y los no tan precavidos. Arman escándalos interiores y empujan al descubrimiento no deseado. Encienden luces como teas donde segundos antes sesteaba una sombra. Los libros son el cofre de las emociones, el custodio de la esperanza que con celo vigila Pandora. Son ese amor que estremece aún pasados ochenta años de vida, esa  aflicción que no conoce tregua, ese ir y venir por tierras desacostumbradas…

Te deseo no solo  un feliz día del libro sino que todos los días de tu vida sean un día de celebración lectora.

Y para acabar una lista de libros emocionables seleccionados tan subjetivamente como me ha sido posible. No están todos los que son pero si son todos los que están.

Cecilia Monllor

Alegría: Una temporada para silbar de Ivan Doig

Amor: Orgullo y prejuicio de Jane Austen

Amistad: El último encuentro de Sandor Marai

Celos: La solterona de Edith Wharton

Compasión: La impaciencia del corazón  de Stefan Zweig

Confusión: El guardian  entre el centeno de J.D Salinger

Curiosidad: El principito de Antoine de Saint Exúpery

Desasosiego: El libro del desasosiego de Fernando Pessoa

Descubrimiento: La firma de todas las cosas de Elisabeth Gilbert

Desequilibrio: El hambre de Hoffman De Leon de Winter

Enfado: Olive Kitteridge de Elisabeth Strout

Envidia: Expiación de Ian McEwan

Epifanía: La vida de Pi de Yann Martel

Esperanza: El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez

Hermandad:  El sol de los Scorta de Laurent Gaudè

Impostura: Middelmarch de George Eliot

Incomprensión : Identidad de Hanif Kureishi

Miedo: Otra vuelta de tuerca de Henry James

Orgullo: Los Buddenbrook de Thomas Mann

Pérdidas: Todo cuanto amé de Siri Hustvedt

Poquedad: Stoner de John Williams

Rabia: Klaus y Lucas de Agota Kristoff

Renuncia: Bartleby y compañía de Enrique Vila-Matas

Santidad: Lluvia de millones de Frank Cotrell Boyce

Satisfacción: 84 Charing Cross Road de Helène Hanff

Sentido de la vida: La muerte de Ivan Illych de León Tolstoi

Silencio: Biografía del silencio de Pablo D´Ors

Soberbia: La puerta de Magda Zsabo

Soledad: La intrusa de Eric Fayè

Tristeza: Mi planta de naranja lima de José Mauro de Vasconcelos

Venganza: Vestido de novia de Pierre Lemaitre

 

 

Publicado en Libros recomendados, Pensando en voz alta

ESCÚCHAME


microcambios

ILustración: Charlotte Salomon

Cuando te pido que me escuches y empiezas a darme consejos no has hecho lo que te he pedido.
Cuando te pido que me escuches y empiezas a decirme que no debería sentirme así, estás ignorando mis sentimientos.
Cuando te pido que me escuches y sientes que debes hacer algo para solucionar mis problemas… Me has fallado, por extraño que parezca.
¡Escúchame! Todo lo que pedí era que me escucharas.
No que hables o que actúes. Tan sólo que me escuches.
Los consejos son baratos y esto lo puedo hacer solo.
No estoy indefenso, quizás desanimado y titubeante, pero no indefenso.
Cuando haces algo por mí que yo podría y debería hacer por mí mismo, contribuyes a reforzar mi miedo y mi debilidad.
Pero cuando aceptas como un hecho simple que siento lo que siento sin importar lo irracional que sea, entonces puedo dejar de intentar convencerte y puedo empezar a comprender lo que hay detrás de esos sentimientos irracionales.
Y cuando me queda claro, las respuestas se vuelven evidentes y no necesito consejo. […]
Quizá por eso a algunos les funciona rezar, porque Dios es mudo, y no da consejos, porque no intenta solucionar las cosas, simplemente escucha y deja que los descubras por ti mismo.
Por lo tanto, por favor escúchame. Y, si quieres decir algo, espera un momento y entonces yo también te escucharé.

(Autoría desconocida)

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Sentir con el otro, el reino del corazón


Simpatía y empatía no son un mismo concepto y este breve vídeo de RSA lo explica de maravilla sin necesidad de recurrir a definiciones conceptuales complejas.

Podemos contar con la simpatía del otro, aunque lo más valorado quizás sea  esa actitud de la persona empática que siente con el otro  y nos otorga lo que más necesitamos: conexión, comprensión y el consuelo de escucharnos.

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El misterio de la empatía


La mayoría de los mensajes nos dejan indiferentes porque vivimos en un mundo bombardeado de consignas. Sabemos que un mensaje nos emociona y cambia nuestra actitud de espectador pasivo a persona que actúa, cuando NOS HACE SENTIR algo. Los seres humanos necesitamos empatizar con el otro para entender su mundo.

Por si no te habías parado a reflexionar sobre el poder del lenguaje este vídeo cortísimo  te refrescará la memoria.

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Cuando ya no estés, cuando ya no esté


Microcambios, Me mudo de sistema,

Ocurrirá algún día. Un día, sí. Ya no estarás. Ya no estaré. Ese día será muy parecido al resto de los días. Saldrá el sol, se pondrá el sol. Todo el mundo respirará como antes, salvo tú, salvo yo. En los periódicos, en las radios, en las televisiones, en internet, habrá noticias. Como cualquier otro día. Como esos días calcados en los que tú estabas, en los que yo estaba. Y qué curioso, nada habrá cambiado y todo habrá cambiado. Solo porque ya no estás, porque ya no estoy. Piénsalo. Cuando el otro abra los ojos y piense que el mundo es diferente, solo porque tú te has ido, porque yo me he ido, la ilusión perdurará en su cerebro como un encantamiento, quizás minutos, tal vez horas, puede ser que días e incluso meses y exagerándolo todo,  años. Sí, pero, moja el pie en el agua y comprobarás que la piel toca el agua y hay poca diferencia en la sensación que experimentabas cuando yo estaba. También yo lo hago. Al final, la muerte no resulta ninguna sorpresa. No es el fin, ni el principio de nada, sino la continuidad de todo, a excepción de ti y de mí. Tú y yo somos meras partículas suspendidas en un polvo lumínico que nos transforma y nos dispersa en un infinito imposible de cuantificar.

Un día habrá silencio, para ti, para mí. Y será como si tú y yo nunca hubiéramos existido.  Como si antes que tú y yo, el mundo fuera tan mundo que no albergara la posibilidad de habernos contenido. Esto no es cierto. No al menos, para ti, ni para mí.