Publicado en Vídeos Inspiradores

El curioso experimento de los caramelos


A través de un programa de televisión se decidió proponer a los padres que gastaran una broma a sus hijos diciéndoles que se habían comido sus caramelos de Halloween. Se les pidió que grabaran sus reacciones y enviaran el resultado para elaborar un montaje. Como era previsible, la mayoría de los niños (entre los 3 y los 6 años de edad) reaccionaron con lloros y expresiones de rabia. Los mayores habían cometido una injusticia tomando algo que no era suyo. Lo vivieron como un abuso; pero no todos lo encajaron así. Algunos niños se quedaron impactados por la acción de los adultos y reaccionaron con cautela, incluso conteniendo las lágrimas. Y los menos, aceptaron la situación y se limitaron a expresar sus emociones: no estaban muy contentos, desde luego, pero proponían que al menos el próximo Halloween en lugar de zampárselos todos, los compartieran con ellos.

Es un experimento y en realidad sólo sirve para pensar. ¿Quién desarrollará un mejor carácter? ¿quién vivirá menos frustrado por el peso de las injusticias? ¿quién empatizará mejor? ¿quién se derrumbará menos en la adversidad? ¿Está en los genes la reacción instintiva? ¿influirá algo la educación que haya recibido cada niño y el lenguaje familiar cotidiano?

En el futuro estos niños vivirán muchas situaciones frustrantes.¿Les servirán de algo las frases hirientes, los insultos, la negación del amor (ya no te quiero, no te voy a querer nunca más) o como alguno de ellos hace arrojar cosas contra el abusón con auténtica ira? ¿Cómo deberían protegerse algunos niños del vídeo de sus reacciones instintivas y primarias? ¿habrá adultos que les enseñen con paciencia a reconocer sus sentimientos y expresarlos con mejores resultados para ellos mismos?

Otra pregunta interesante sería: ¿cuál es el comportamiento habitual de los padres de cada uno de esos niños? o mejor aún: ¿Cómo reaccionarían los adultos si sus hijos se comiesen y bebiesen algo para ellos muy apetecible y deseado? ¡Habría que verlo! Aunque tengo la intuición, porque así lo revelan las investigaciones sobre la frustración, que las reacciones de estos mayores se parecerían muchísimo a la de sus hijos. Muchos comportamientos que consideramos obra de la genética lo son más de una educación sana por parte de personas que han sido a su vez educados para ser aceptados, comprendidos y guiados en el difícil arte de vivir con plenitud. Curiosamente, los padres mejor entendidos por sus hijos en la grabación les hacen preguntas a estos sobre sus sentimientos, indagan con cautela y franqueza sobre si podrán perdonarlos. Esta parte me parece especialmente útil ¡y reveladora!

Tal vez haya sacado una conclusión equivocada y mis deducciones tengan poco que ver con la realidad. Ni soy pedagoga ni psicóloga. No obstante, sigo con gran interés todas las investigaciones científicas sobre el comportamiento humano y desde el famoso experimento de Walter Mischel (Se le pidió a una serie de niños que aguantaran diez minutos sin comerse una nube y en premio recibirían otra más) está claro que toda persona que sabe esperar para obtener una recompensa mejor, adquiere un mayor equipaje contra la frustración, obtiene mejores resultados personales y profesionales a la larga y no está permanentemente colgado del chute del corto plazo. Esto es lo que Walter Mischel averiguó siguiendo el día a día de estos niños durante su infancia, adolescencia y buena parte de su vida adulta. Ulises, el héroe, sabía lo arduo que resulta escapar a una tentación, así que pidió ser atado a un poste para resistir el encantamiento de las sirenas y proseguir su viaje. Aprendamos de los mitos y de su enorme sabiduría. Como los niños de Mischel que se distrajeron para ignorar la nube de a discordia y obtuvieron su recompensa duplicada.

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Los genes no lo son todo


Estoy leyendo el libro “Morirse de vergüenza” de Boris Cyrunlnik y me he tropezado con esta consideración: ” Una tendencia genética no es inexorable, una herida se inscribe en la historia, no es un destino” y me ha parecido que expresa de una forma muy bella que no todo podemos achacarlo a los genes. En cualquier caso,  el destino está compuesto por millones de movimientos hacia diferentes direcciones ¿por qué entonces refugiarse tan a menudo en los “yo soy así, eso no puede cambiarse?” Como apunta Cyrunlnik una herida se inscribe en una historia, pero nada más, siempre se pueden agregar nuevas historias y cambiar la letra del guión.

Del libro destacaría el análisis de la vergüenza como representación mental que toma forma cuando descubrimos que existe el mundo del otro y comenzamos a notar su mirada y a vernos reflejados en ella.  Muy recomendable para curiosos y para aquellos lectores interesados por la  genética y la epigenética.

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La historia de Liz Murray


Liz Murrays creció en el Bronx en un hogar de padres drogadictos. Cuando su madre murió de sida y su padre se marchó a un refugio para vagabundos empezó su vida de homeless.  Podía haber sido una más de las personas que se malogran por unas circunstancias adversas pero eligió concentrarse en las cosas que podía controlar, como sacar buenas notas. Consiguió una beca en Harvard y se graduó en Psicología. Su lema es: somos más fuentes que nuestras circunstancias. Cada uno se forja su futuro día a día, decisión a decisión.

Fuente: Mujer de Hoy nº 606