Publicado en Pensando en voz alta

2014


Monet

Pintura: Monet

Todos los primeros de enero me pregunto qué me deparará el año que estoy a punto de estrenar. Y todos los 31 de diciembre me sorprendo cavilando en los acontecimientos que han ocurrido y no he previsto. Las tragedias y las comedias se suceden en esta vida humana, y hay tantos matices en el dolor y la alegría que clasificarlos llenaría el curso de una existencia completa. Hechos que se presentan como dramas luego se transforman en bendiciones, alegrías que parecen calentar el corazón mutan en gélidos inviernos una vez traspasan el rubicón de lo cotidiano.

Los seres humanos somos sinfonías en preparación y nuestras vidas, pese a la apariencia de normalidad, resultan tan imprevisibles que sólo cuando nos damos un respiro para pensarlo, comprendemos nuestra naturaleza de dioses. Con Dios compartimos la sorpresa de crear y construir cada día de nuestra existencia. Somos hombres y en Dios alcanzamos el grado de sofisticación exigible a una máquina de perfección semejante a la nuestra. De Dios procede la grandeza que nos permite abrir la mente al perdón y al agradecimiento.  Así que, aunque me repita, como todos los finales y principios de años, deseo mantener intacto el asombro, mezcla de expectación y desasosiego, para comprobar lo milagroso que es estar vivo y asistir al espectáculo de esto que llamamos con pobreza de matices, vida.   A esto, uno jamás se acostumbra. Porque amar la vida es, no ocurre como a menudo resumimos queriendo acortar la conversación. Y recordarlo viene  de perlas. Las cosas no ocurren. Las cosas son. Y es perfecto que así sea,  aunque a decir verdad, reconozcámoslo, resulte mucho más sencillo enunciarlo que practicarlo

¡Feliz 2014, microcambieros! Nos espera lo desconocido. ¡Allá vamos!