Publicado en Microhistorias

El inglés según Mónica o cómo ser brillante ayudando a los demás


Mónica es blogger y profesora de inglés. http://elblogdelingles.blogspot.com/ Hasta aquí muchas personas podrían identificarse con ella. Sólo que Mónica es especial. Ella es una mujer con una enorme vocación de ayuda. Responde preguntas, da consejos y anima a la gente con la difícil tarea de dominar el inglés. Deduzco por sus post que el tema del coaching le interesa. A mí lo que me maravilla es su sencillez, su carácter abierto y directo y la labor que está haciendo con la parroquia de “aspirantes a hablar, entender, escribir y leer en inglés”.  Desde Microcambios quiero agradecer a Mónica su tiempo, su esfuerzo en reunir recursos y ponerlos al alcance de todos, su generosidad  y su claridad de objetivos. Visitad a Mónica en su blog y ya veréis lo que quiero decir.

Publicado en Microhistorias

El perfeccionismo infantil


En el fondo de mi cabeza se ha quedado merodeando una historia que me contaron hace tan sólo unos días. La protagonista es una niña de ocho años, una preciosa niña que va a clases de ballet y que es buena haciendo los ejercicios de danza. El problema de esta niña radica en que cuando algo le sale mal su reacción resulta desproporcionada, llora con un desconsuelo que encoge el corazón, sufre ataques de rabia contra ella misma y da igual lo que las otras niñas le digan: no es capaz de convertir el incidente en lo que es: una nimiedad. Supongo que esta niña irá creciendo con sus ataques de rabia desbordándose y su autoflagelo por un listón tan alto que no puede alcanzar. El perfeccionismo no ayuda a crecer, pero ella, claro está no lo sabe.

Me preocupa que nadie del entorno de esta pequeña, observando su comportamiento,  no le explique lo mucho que le hace falta cambiar su mentalidad fija por una de crecimiento. Necesita saber cómo lo importante en la vida no está en  el “puedo hacerlo”, la meta,  sino el ¿cómo lo hago”, el proceso.

Si en vuestro entorno encontráis niños con afán de perfeccionismo, explicarles que fracasar es necesario para la vida y que el no fracasa no puede entender qué es el éxito.

Publicado en Artículos de blogs que nos interesan

la fórmula del talento


El talento para quien se lo trabaja
GASPAR HERNÁNDEZ  (EL PAIS SEMANAL – 27-02-2011)

Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia”, escribió Mario Vargas Llosa en el discurso de aceptación del Nobel de Literatura. Un año antes, en Cartagena de Indias, había explicado que Flaubert empezó siendo un mal escritor, un mero imitador, y que para ser el genio que fue se impuso una disciplina de galeote. “Yo llegué a la conclusión”, dijo el escritor peruano, “de que si uno no lo tenía se lo podía provocar a base de trabajo”. El protagonista de la novela de Javier Cercas La velocidad de la luz (Tusquets), Rodney Falk, opina lo mismo: “El talento no se tiene, sino que se conquista”. Lo contrario de lo que afirmó Oscar Wilde, quien quizá afirmó demasiadas cosas: “Lo que no te dé la naturaleza, no se puede aprender”.

¿Qué dicen los expertos? Dan Coyle, que ha investigado dónde y cómo florece el genio en el mundo, sostiene en el libro Las claves del talento (Zenith) que este no tiene tanto que ver como creíamos con los genes. Según él, se cultiva. En cambio, Malcolm Gladwell, periodista de The Washington Post The New Yorker que también ha investigado sobre el tema –Fueras de serie(Taurus)-, se pregunta: ¿Existe de forma innata? Y él mismo dice: “La respuesta obvia es que sí”. Gladwell, muy americano, investiga también el éxito, y afirma: “El éxito es talento más preparación. Pero cuanto más miran los psicólogos las carreras de los mejor dotados, menor les parece el papel del talento innato. Y mayor el que desempeña la preparación”.

Pero ¿de qué estamos hablando cuando hablamos de esta aptitud? Según el filósofo y pedagogo José Antonio Marina, talento es “la inteligencia triunfante”. Es, pues, la inteligencia “que resuelve los problemas y avanza con resolución”, explica Marina en su último libro, La educación del talento (Ariel). Puesto que hay muchas inteligencias diferentes, según Marina, también hay muchos genios distintos: musicales, científicos, financieros, atléticos, etcétera, cada uno de los cuales supone un especial tipo de destreza. “No todos valemos para todo”.

resolver y avanzar

“La excelencia es un hábito”(Aristóteles)

El científico Robert J. Sternberg, uno de los más reputados expertos actuales en temas de inteligencia, denomina “inteligencia exitosa” a lo que Marina llama talento. Es decir, la inteligencia que se emplea para lograr objetivos importantes. Más amplia que lo que miden los tests de inteligencia porque incluye la gestión de las emociones, la tenacidad, el esfuerzo o la resistencia a la frustración. Las personas que poseen esa aptitud básica no dependen demasiado de las motivaciones externas, sino que saben automotivarse; aprenden a controlar sus impulsos; saben cuándo perseverar y cuándo cambiar de objetivo; saben sacar el máximo provecho de sus capacidades; completan las tareas, tienen iniciativa, no dejan las cosas para otro día…

¿Qué papel desempeña el trabajo duro en la consecución del talento? Prácticamente lo es todo. Aunque desde Darwin la forma tradicional de considerarlo, según Dan Coyle, ha sido esta: los genes (la naturaleza) y el entorno (la educación) se combinan para convertirnos en lo que somos. “Es un método popular”, afirma Coyle, “pero cuando se trata de explicar el talento humano, es un modelo vago”. Según el escritor, pensar que esta cualidad procede de los genes y el entorno es como pensar que las galletas proceden del azúcar, la harina y la mantequilla: es bastante cierto, pero inútil.

La regla de las 10.000 horas

“Salvo los tontos, los hombres no se diferencian mucho en cuanto a intelecto; solo en ahínco y trabajo duro” (Charles Darwin)

Investigadores como Anders Ericsson, Herbert Simon y Bill Chase sostienen que las grandes habilidades en cualquier campo -violín, matemáticas, ajedrez, etcétera- requieren aproximadamente de una década de práctica intensa. Incluso Boby Fischer, prodigio del ajedrez, necesitó practicar con ahínco durante nueve años para lograr, a los 17 años, el título de gran maestro. La regla de los 10 años, o de las 10.000 horas, implica que todas las habilidades se crean utilizando el mismo mecanismo fundamental. “No hay ningún tipo de célula que posean los genios y no tengamos el resto”, sostiene Ericsson.

Junto con dos colegas de la Academia de Música de Berlín, Ericsson realizó, a principios de los años noventa, un estudio de referencia. Dividieron a los violinistas en tres grupos. En el primero estaban los estudiantes con un mayor potencial. En el segundo, aquellos juzgados simplemente como buenos. En el tercero, los estudiantes que tenían pocas probabilidades de llegar a tocar profesionalmente y pretendían ser profesores del sistema escolar público. A todos les preguntaron: ¿en el curso de toda su carrera, cuántas horas ha practicado en total? Todos habían empezado a tocar aproximadamente a la misma edad, alrededor de los cinco años; en aquella fase temprana, aproximadamente la misma cantidad de horas, unas dos o tres por semana. Las diferencias surgían a partir de los ocho años. Los estudiantes que terminaban como los mejores de su clase empezaban por practicar más que todos los demás, y a los veinte practicaban por encima de las 30 horas semanales. Los intérpretes de élite habían acumulado 10.000 horas de práctica cada uno. En contraste, los estudiantes buenos a secas habían sumado 8.000 horas. Y los futuros profesores de música, poco más de 4.000.

El mismo patrón se repitió con pianistas profesionales. Lo más llamativo del estudio de Ericson, según cuenta Gladwell en Fueras de serie, es que no encontró músicos natos que flotaran sin esfuerzo hasta la cima practicando una fracción del tiempo que necesitaban sus pares. “Tampoco encontraron obreros romos a los que, trabajando más que nadie, lisa y llanamente les faltara el talento necesario para hacerse un lugar en la cumbre. Una vez que un músico ha demostrado capacidad suficiente para ingresar en una academia superior de música, lo que distingue a un intérprete virtuoso de otro mediocre es el esfuerzo que cada uno dedica a practicar. Y eso no es todo”, concluye Gladwell; “los que están en la misma cumbre trabajan mucho, mucho más que todos los demás”.

Vayamos al cerebro. Y, por una vez, no relacionemos las famosas neuronas y talento. Cada vez son más los neurólogos que consideran a la mielina -mucho menos estudiada que las neuronas- como la clave de la adquisición de habilidades. Toda habilidad humana, ya sea jugar al fútbol, pintar o interpretar a Bach, proviene de una cadena de fibras nerviosas que transmiten un diminuto impulso eléctrico. La mielina rodea las fibras nerviosas. Permite que la señal sea más veloz y fuerte porque impide que se escapen del circuito los impulsos eléctricos. Cuando practicamos, esta lipoproteína responde cubriendo el circuito neural y añadiendo, en cada nueva capa, habilidad y velocidad. Es como conseguir una especie de línea de banda ancha: se multiplica por 3.000 la capacidad de procesamiento de la información.

Práctica y Mielina

“El talento es algo bastante corriente. No escasea la inteligencia, sino la constancia” (Doris Lessing)

En 2005 se escaneó el cerebro de varios concertistas de piano y se descubrió una relación directamente proporcional entre las horas de práctica y esta materia blanca. Cuanto más se activa el nervio, mayor es la cantidad de esta lipoproteína que lo envuelve. Pero, como sostiene Dan Coyle, no se forma para responder a ideas vagas, a información que nos lava como una ducha caliente. Se crea para responder a acciones concretas. Es necesaria la práctica intensa. Teniendo en cuenta una aparente paradoja: aquellas experiencias en las que al principio cometemos más errores, errores que nos obligan a ir más despacio, son las que nos hacen más talentosos.

“Las cosas que hoy parecen ser obstáculos se convierten a la larga en aconsejables”, sostiene Robert Bjork, catedrático de psicología de la Universidad de California. De él es el siguiente ejemplo: pongamos que por enésima vez viajamos en avión y observamos a la azafata mientras nos enseña cómo ponernos el chaleco salvavidas. Parece un disco rayado. Pero ¿sabríamos hacerlo en un momento de urgencia?

Bjork sostiene que lo ideal sería, en vez de observar a la azafata, ponernos directamente el chaleco y practicar (menudo espectáculo se organizaría en el avión). Practicar. Aprender. Cometer errores. Así se logra el talento. Volviéndolo a intentar. Fracasando otra vez. Fracasando mejor.

 

Publicado en Artículos de blogs que nos interesan

La reflexión de Dolina: ¿por qué vale la pena la lentitud cuando se trata de conocimiento y aprendizaje?


Hasta hace muy poco no sabía quién era Alejandro Dolina, pero María Noel Toledo me ha enviado este artículo y quiero compartirlo porque me parece que describe con exactitud hacia dónde nos lleva la inutilidad de nuestros deseos mal canalizados. El artículo es incisivo, lúcido y además tiene toques cómicos, algo muy de agradecer cuando se tratan temas tan serios.

La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos. Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces. En los buenos momentos de la vida, más bien conviene demorarse. Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener más de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero. Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisición de conocimientos.
En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y  establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: “….haga el bachillerato en  6 meses, vuélvase perito mercantil en 3 semanas, avívese de golpe en 5 días, alcance el doctorado en 10 minutos…..”
Quizá se supriman algunos… detalles. ¿Qué detalles? Desconfío. Yo he pasado 7 años de mi vida en la escuela primaria, 5 en el colegio secundario y 4 en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el baño o haciendo rimas chuscas.
Y no creo que ningún genio recorra en un ratito el camino que a mí me llevó decenios.
¿Por qué florecen estos apurones educativos? Quizá por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aún sin haber sembrado. Es una lamentable característica que viene acompañando a los hombres desde hace milenios.
A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingeniería para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continúan en el próximo número. Por esta misma ansiedad es que tienen éxito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las “señoritas livianas”, los concursos de cantores, los libros condensados, las máquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco.
Todos nosotros habremos conocido un número prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonométricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no están dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoievsky, pero les parecen muy extensos sus libros.
Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio.
Quieren el prestigio y la guita que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio. Quieren sorprender a sus amigos tocando “Desde el Alma” sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamás un libro.
Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa.
Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente.
Gane mucho “vento” sin esfuerzo ninguno.
No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable.
¡No señores: aprender es hermoso y lleva la vida entera!
El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamás preguntará en cuanto tiempo alcanzará a acompañar la zamba de Vargas. “Nunca termina uno de aprender” reza un viejo y amable lugar común. Y es cierto, caballeros, es cierto.

Los cursos que no se dictan:  Aquí conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato, y en alguna de ellas valdría la pena una aceleración. Hay cosas que deberían aprenderse en un instante. El olvido, sin ir más lejos. He conocido señores que han penado durante largos años tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de señoritas que no valían ni el precio del primer Campari. Para esta gente sería bueno dictar cursos de olvido. “Olvide hoy, pague mañana”. Así terminaríamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente.
Otro curso muy indicado sería el de humildad. Habitualmente se necesitan largas décadas de desengaños, frustraciones y fracasos para que un señor soberbio entienda que no es tan pícaro como él supone. Todos -el soberbio y sus víctimas- podrían ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillación instantánea.
Hay -además- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos. Tal es el caso de los “sistemas para enseñar lo que es bueno”, “a respetar, quién es uno”, etc.
Todos estos cursos comienzan con la frase “Yo te voy a enseñar” y terminan con un castañazo. Son rápidos, efectivos y terminantes.

Elogio de la ignorancia: Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opúsculo tienen su utilidad, no lo niego. Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustración y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenían que laburar mientras uno estudiaba.
Pero los otros, los buscadores de éxito fácil y rápido, no merecen la preocupación de nadie. Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida.
De manera que aquel que no se sienta con ánimo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda.
Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periódicos y en las estaciones del subterráneo.

“Aprenda a tocar la flauta en 100 años”.
“Aprenda a vivir durante toda la vida”.
“Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje”.

ALEJANDRO DOLINA

http://www.alejandrodolina.com.ar/

Publicado en Artículos de blogs que nos interesan

Un dos, tres: ¡Acción!


Me ha gustado este artículo de goalsontrack.com y lo he reseñado y traducido porque creo que contiene una verdad interesante: por muy maravillosas que sean tus metas y tus objetivos, si no pasas a la acción, no ocurrirá nada. Esto nos ocurre muy a menudo: que no pasa nada, fundamentalmente porque el miedo se encarga de paralizarnos. Así que el consejo de Martir Luther King de dar un paso, sólo un paso con fe y no necesitar ver la escalera que hay delante,  me parece genial.

Quiero hablar de una clave que es vital para que consigas los objetivos que te plantees en tu vida.

Pregunta a cualquier persona de éxito cómo explicaría la forma en que consiguió sus objetivos; te dirá que actuó. Si no entras en acción ante un propósito o un sueño, éste probablemente morirá. Ninguna elaborada planificación sustituye la obligatoriedad de pasar a la acción.
Adoptar decisiones y medidas al respecto, afortunadamente, es una habilidad que puede aprenderse. Las personas de éxito hacen lo contrario que la gente normal pues toman decisiones de forma rápida y cambian poco a poco. Justo lo contrario de lo que hace la gente sin éxito: tomar decisiones lentas y cambiar rápidamente.   A la gente sin éixto les oye decir: “si es importante fijar objetivos pero que todo esté en su lugar antes de embarcarme en el viaje” y continuamente preguntan: ‘¿Qué pasará si ocurre…?  La gente exitosa pregunta “¿Qué pasará si no sucede…?”
Las personas que han conseguido grandes logros no esperan tener todos los puntos puestos antes de decidirse a actuar, no esperan a preguntar cómo se hará. Una vez que consideran que tienen suficiente información para tomar una decisión, eso es lo que lo hacen; y a continuación, utilizan el tiempo de viaje para modificar los objetivos, tomar direcciones diferentes de las acordadas cuando se estaban estableciendo las metas, incluso detenerse y re-tener en cuenta las cosas. Pero se pusieron en marcha, los no-triunfadores dilatan y están sujetos a la inercia
Martin Luther King dijo: “Da el primer paso;. No necesitas ver toda la escalera delante de ti, sólo da el primer paso con fe” Pues lo mismo cuando planfiques un objetivo a corto plazo. Establece tus metas con su correspondiente toma de decisiones, pero no esperes hasta que todo esté en su lugar antes de dar el primer paso..
Y no sientas verguenza ante el fracaso o debería decir ante la falta de éxito. Para las personas de éxito el fracaso consiste sólo en el descubrimiento de que lo que estaban haciendo necesita una modificación, que se aprende de la experiencia. Tu objetivo debe ser mantener la meta final  en mente en todo momento. He experimentado ambas situaciones, aunque se me conozca más como una persona que toma decisiones y lo hace rápidamente, pero que también se embarca en algunas actividades que están condenados a la falta de éxito. Bien es cierto que cada vez que no logro el éxito aprendo otra lección: esto es,  que lo que estaba haciendo no era el camino correcto para alcanzar la meta que yo deseaba. Tiempo para el análisis y la modificación, entonces la acción – por lo menos lo que yo hacía iba hacia mi meta no me he conformado con esperar a que algo sucediera.
En mi pasado hubo momento en que yo culpaba a mi entorno: personas, situaciones, eventos… de mi falta de éxito. Yo siempre tenía una excusa. Pero entonces ocurrió que acepté una de las cosas maravillosas que se nos revelan sobre el funcionamiento de nuestras mentes:  No podemos contarnos mentiras a nosotros mismos. . Piensa en ello, cuando tratas de culpar a  los demás por tu falta de éxito, te das cuenta en lo más profundo de ti mismo que no es que una cosa exterior,  que la responsabilidad  está de tu parte y que tú y sólo tú eres el dueño de la puerta. La razón de tu falta de éxito radica en el proceso de toma de decisión y en el ajuste de la meta. Recuerda que cuando señalas con el dedo siempre  hay tres dedos apuntando hacia atrás.
En lo que a mí respecto hay tres tipos de personas:  Aquellos que hacen que las cosas sucedan Los que se sientan a ver lo que está sucediendo Aquellos que dicen  ¿pero qué está pasando?
¿A qué grupo perteneces? Afortunadamente yo he aprendido a asumir la responsabilidad de mis propias acciones, y todo lo que está en mi vida es porque yo lo he atraído. Nadie más. También en este caso es sorprendente el poco esfuerzo que necesitas para comenzar a hacer que las cosas sucedan en tu vida. Cuando inicies el camino hacia la meta te darás cuenta que vas a atraer más y más energía que te impulsará hacia el éxito. .
Actuar ayuda a mantener la acción, es la simple ley de la física, una vez que un cuerpo está en movimiento es más fácil mantenerlo en movimiento. Se me ocurre usar la analogía de conducir un coche: en un primer momento, a medida que presiona el acelerador, se mueve lentamente, pero la ley de la física se hace cargo y el coche se mueve más y más fácil con menos presión sobre el acelerador . Observa las metas que te has fijado. Basta con elegir una de ellas y decidir ponerte en acción ahora! Ignora el hecho de que no has planeado el más mínimo detalle, ignora el número de veces que tu parte negativa te dice que no puede suceder. Hazlo. escoge el premio que te vayas a dar cuando logres el objetivo,no importa si es sólo el propósito de limpiar el jardín de malas hierbas, toma medidas y aprenderás rápidamente que la única manera de lograr un objetivo es actuar en el primer momento. Como Martin Luther King dijo: da el primer paso con fe. Acción+Objetivo conduce al éxito.

By David Dutch

http://www.goalsontrack.com/