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7 mentiras de la escuela tradicional por Ken Robinson


MicrocambiosUna conferencia de 18 minutos le hizo famoso: «Las escuelas matan la creatividad», dijo entonces en un discurso revolucionario sobre la educación.  Nacido en Liverpool en 1950 en el seno de una familia trabajadora de siete hermanos, la escuela le cambió la vida. «Un profesor descubrió el talento en un chaval poliomelítico de barrio y apostó por él». Catedrático, escritor y conferenciante, Robinson asesora a gobiernos, empresas e instituciones culturales de todo el mundo

Primera mentira: Si te esfuerzas en el cole, de mayor tendrás un buen trabajo. Todos los países del mundo están llevando a cabo profundas reformas de la educación. Algo no funciona, pero nadie sabe muy bien qué es. Para Robinson, el problema es que el viejo lema, «si te esfuerzas, podrás acceder a la universidad y tendrás una carrera y un buen trabajo asegurado» ha muerto. Ya no se lo creen ni los profesores ni los propios niños. Educamos a los niños con ideas del pasado para un mundo cambiante que desconocemos.

Segunda mentira: Todos los que suspenden son tontos. Las líneas maestras del sistema educativo fueron concebidas en plena Ilustración y están al servicio de una caduca revolución industrial. Por eso se siguen priorizando materias como las matemáticas o las ciencias. Según Robinson, se sigue dividiendo a los alumnos en académicos (o listos) y no académicos (o tontos). Eso ha «provocado el caos», mucha gente se queda fuera del sistema porque no es brillante, según la vara de medir de la Ilustración. «La pérdida de talento no es deliberada, pero es sistemática», sentencia Robinson.

Tercera mentira: Se debe clasificar a los niños por edades. Ni las escuelas son fábricas ni los alumnos son productos. Por eso censura que los niños sean clasificados por `fecha de fabricación´, es decir, por edades. «Si estamos interesados en cambiar el modelo educativo, no deberíamos perpetuar una estandarización propia de la era industrial. La educación tiene que ver con desarrollar seres humanos, y el desarrollo humano no es lineal».

Cuarta mentira: El cole desarrolla la inteligencia de forma integral. El pensamiento divergente es la capacidad que tiene el ser humano de encontrar muchas respuestas posibles a una única pregunta. Según un estudio, el 98 por ciento de los niños tienen esa habilidad cuando entran en la guardería. Sin embargo, años después (tras pasar por el sistema educativo), el pensamiento divergente mengua dramáticamente. «Los niños crecen en un sistema que solo les permite manejar una respuesta posible».

Quinta mentiraHay una epidemia de falta de atención. Se estima que entre el cinco y el diez por ciento de los niños en edad escolar sufren déficit de atención. Para Robinson, ese diagnóstico es tan «equivocado como ficticio». Y denuncia que «se trata de una moda médica. Los niños afectados están siendo medicados de forma rutinaria». Él echa la culpa de la falta de concentración a la sobreestimulación provocada por un consumo excesivo de televisión, Internet, publicidad o videojuegos. El sistema educativo de toda la vida no logra interesar a alumnos que han crecido en un mundo diferente.

Sexta mentira:La solución es exigir menos a los alumnos. El objetivo de la escuela debería ser identificar las aptitudes naturales y potenciarlas. «No pido que se exija menos a los alumnos, sino más al colegio», explica. Para ilustrarlo, Robinson siempre escoge el ejemplo de genios como Paul McCartney, George Harrison o Elvis Presley, a quienes la escuela les colgó el cartel de `zoquetes´. Nadie supo detectar su don para la música ni fomentarlo.

Séptima mentira:La inteligencia se mide con un test. Los test de inteligencia, según Robinson, son un invento supremacista. Para él, el talento es algo tan personal e intransferible como una huella dactilar. La clave es de qué manera eres inteligente; no si lo eres.

Y una conclusión:¡descubre tu elemento! La ecuación, tal y como afirma Robinson, es simple: «talento más pasión igual a éxito». El intríngulis es descubrir cuál es. En ese proceso, los padres juegan un papel clave. Ellos deben reconocer aquellas habilidades naturales de los niños y potenciarlas para que florezcan.

                           Siete Mentiras de la Escuela Tradicional por Sir Ken Robinson (15 abril 2012 XL Semanal)

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Los consejos de Daniel Coyle sobre el talento


 

Talento, Microcambios, aprendizaje, reto

El pequeño libro del talento de Daniel Coyle recoge 52 propuestas para mejorar y crear nuevas habilidades. Algunas son de cajón como la de no sucumbir al mito del niño prodigio o permitirte hacer el ridículo, otras son prácticas y contra aplazamientos: mejor cinco minutos al día que una hora a la semana, para aprender mejor, enséñalo; y las hay muy creativas como: pensar en imágenes, simular o usar el baremo EIFE.
Empieza por curiosear en ellas y si despiertan tu curiosidad ¡a por el libro!
Durante toda su vida Jim Rohn, un célebre autor motivacional, no se cansó de subrayar que la inversión más valiosa que alguien puede hacer en su vida es ni más ni menos mejorarse a uno mismo.

1.Observa a la persona en que deseas convertirte
2.Dedica 15 minutos al día a grabarte la habilidad en el cerebro
3.Roba sin complejos
4.Cómprate un cuaderno
5.Permítete hacer el ridículo
6.Escoge lo espartano y renuncia a lo lujoso
7.Antes de empezar, determina si se trata de una habilidad dura o blanda
8.Para construir habilidades duras, trabaja como un carpintero meticuloso
9.Para construir habilidades blandas, practica como los aficionados al monopatín
10.Respeta las habilidades duras
11.No sucumbas al mito del niño prodigioso
12.Cinco maneras de escoge a un maestro o entrenador de gran calidad
13.Descubre el punto óptimo
14.Quítate el reloj
15.Divide cada movimiento en segmentos
16.Intenta construir un segmento perfecto cada día
17.Lucha
18.Mejor cinco minutos al día que una hora a la semana
19.No hagas ejercicios. En su lugar, practica juegos breves, adictivos
20.Practica en solitario
21.Piensa en imágenes
22.Cuando te equivoques, date cuenta enseguida
23.Visualiza la red neuronal cerebral cuando crea nuevas conexiones
24.Visualiza la red neuronal cerebral ganando velocidad
25.Reduce el espacio
26.Más despacio (más aún de lo que crees)
27.Cierra los ojos
28.Simula
29.Cuando aciertes, regístralo
30.Échate una siesta
31.Para aprender un movimiento nuevo, exagéralo
32.Haz intentos positivos
33.Para aprender de un libro, cierra el libro
34.Usa la técnica del sandwich (da el paso correcto, da el paso incorrecto, vuelve a dar el paso correcto)
35.Usa la técnica del 3×10 (practica algo tres veces con pausas de 10 minutos entre repeticiones)
36.Invéntate exámenes diarios
37.Para escoger el mejor método de práctica, usa el baremo EIFE (esfuerzo, implicación, finalidd y evaluación intensa y rápida)
38.Déjalo antes de agotarte
39.Practica inmediatamente después de la actuación
40.Justo antes de dormir, visiona mentalmente una película
41.Termina con una nota positiva
42.Seis maneras para llegar a ser un mejor profesor o entrenador.
43.Acepta las repeticiones
44.Ten mentalidad de obrero
45.Por cada hora de competición, dedica cinco a la práctica
46.No pierdas el tiempo intentado abandonar malos hábitos; dedícate mejor a crear nuevos hábitos
47.Para aprender más profundamente, enséñalo
48.Concede a cualquier habilidad nueva un mínimo de ocho semanas
49.Cuando sientas que te estancas, da un cambio
50.Cultiva la determinación
51.Mantén en secreto tus grandes metas
52.Piensa como un jardinero y trabajo como un carpintero

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La forma más rápida de aprender


microcambios, maestro, discípulo, pensando en voz alta
El título de este post puede sonar algo engañoso; en el aprendizaje, rara vez hay atajos. Puesto que cada persona aprende a su ritmo y con una metodología personalizada, hablar de rapidez puede resultar confuso. La lúcida y humorística reflexión de Dolina: ¿Por qué vale la pena la lentitud cuando se trata de conocimiento y aprendizaje? sigue estando igual de vigente a día de hoy. Sin embargo, sí existe una forma de acelerar el aprendizaje y es enseñando a otro lo que se aprende. Como el filósofo Lao Tse dice:

Si me dices algo, yo lo escucharé.
Si me muestras algo, yo lo veré.
Si me dejas experimentarlo, yo lo aprenderé
.

Así que ya conoces un atajo sin trampa ni cartón.

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¿Qué hay detrás del esfuerzo?


Detrás del esfuerzo y la dedicación de una persona  siempre hay un sistema de apoyo que sostiene  y alimenta su fuerza de voluntad.  Ese trabajo personal indiscutible se haya reforzado por una creencia que alimenta en el mejor sentido de la palabra. Merece la pena dedicar un instante a ver este vídeo publicitario que es un homenaje a las madres y a ese trabajo de por vida que es amar y cuidar de un hijo.   El mejor trabajo del mundo

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La vida sin esfuerzo


 

El auténtico agricultor abandonará toda ansiedad, igual que las ardillas no manifiestan preocupación alguna sobre si los bosques darán castañas ese año o no, y terminará su labor al acabar cada día, renunciando a cualquier derecho a reclamar el producto de sus campos y sacrificando en su mente no sólo los primeros, sino también los últimos frutos.

Thoreau

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La reflexión de Dolina: ¿por qué vale la pena la lentitud cuando se trata de conocimiento y aprendizaje?


Hasta hace muy poco no sabía quién era Alejandro Dolina, pero María Noel Toledo me ha enviado este artículo y quiero compartirlo porque me parece que describe con exactitud hacia dónde nos lleva la inutilidad de nuestros deseos mal canalizados. El artículo es incisivo, lúcido y además tiene toques cómicos, algo muy de agradecer cuando se tratan temas tan serios.

La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos. Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces. En los buenos momentos de la vida, más bien conviene demorarse. Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener más de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero. Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisición de conocimientos.
En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y  establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: “….haga el bachillerato en  6 meses, vuélvase perito mercantil en 3 semanas, avívese de golpe en 5 días, alcance el doctorado en 10 minutos…..”
Quizá se supriman algunos… detalles. ¿Qué detalles? Desconfío. Yo he pasado 7 años de mi vida en la escuela primaria, 5 en el colegio secundario y 4 en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el baño o haciendo rimas chuscas.
Y no creo que ningún genio recorra en un ratito el camino que a mí me llevó decenios.
¿Por qué florecen estos apurones educativos? Quizá por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aún sin haber sembrado. Es una lamentable característica que viene acompañando a los hombres desde hace milenios.
A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingeniería para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continúan en el próximo número. Por esta misma ansiedad es que tienen éxito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las “señoritas livianas”, los concursos de cantores, los libros condensados, las máquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco.
Todos nosotros habremos conocido un número prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonométricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no están dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoievsky, pero les parecen muy extensos sus libros.
Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio.
Quieren el prestigio y la guita que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio. Quieren sorprender a sus amigos tocando “Desde el Alma” sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamás un libro.
Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa.
Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente.
Gane mucho “vento” sin esfuerzo ninguno.
No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable.
¡No señores: aprender es hermoso y lleva la vida entera!
El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamás preguntará en cuanto tiempo alcanzará a acompañar la zamba de Vargas. “Nunca termina uno de aprender” reza un viejo y amable lugar común. Y es cierto, caballeros, es cierto.

Los cursos que no se dictan:  Aquí conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato, y en alguna de ellas valdría la pena una aceleración. Hay cosas que deberían aprenderse en un instante. El olvido, sin ir más lejos. He conocido señores que han penado durante largos años tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de señoritas que no valían ni el precio del primer Campari. Para esta gente sería bueno dictar cursos de olvido. “Olvide hoy, pague mañana”. Así terminaríamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente.
Otro curso muy indicado sería el de humildad. Habitualmente se necesitan largas décadas de desengaños, frustraciones y fracasos para que un señor soberbio entienda que no es tan pícaro como él supone. Todos -el soberbio y sus víctimas- podrían ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillación instantánea.
Hay -además- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos. Tal es el caso de los “sistemas para enseñar lo que es bueno”, “a respetar, quién es uno”, etc.
Todos estos cursos comienzan con la frase “Yo te voy a enseñar” y terminan con un castañazo. Son rápidos, efectivos y terminantes.

Elogio de la ignorancia: Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opúsculo tienen su utilidad, no lo niego. Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustración y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenían que laburar mientras uno estudiaba.
Pero los otros, los buscadores de éxito fácil y rápido, no merecen la preocupación de nadie. Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida.
De manera que aquel que no se sienta con ánimo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda.
Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periódicos y en las estaciones del subterráneo.

“Aprenda a tocar la flauta en 100 años”.
“Aprenda a vivir durante toda la vida”.
“Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje”.

ALEJANDRO DOLINA

http://www.alejandrodolina.com.ar/