Publicado en Microhistorias, Pensando en voz alta

Las 5 campanas o la magia de los nombres


Hace mucho tiempo, había una posada llamada «La estrella de plata».El posadero, a pesar de que hacía cuanto podía por atraerse a la clientela esforzándose en hacer la posada confortable, atender cordialmente a los clientes y cobrar unos precios razonables, se las veía y se las deseaba para que le alcanzara el dinero. Desesperado, acudió a consultar a un Sabio. El Sabio, tras escuchar sus lamentos, le dijo. «Es muy sencillo. Lo único que tienes que hacer es cambiar el nombre de la posada.» «Imposible!», dijo el posadero. «¡Se ha llamado «La estrella de plata» durante generaciones, y así se la conoce en todo el país!» «No», replicó «Las cinco campanas» y colgar seis campanas sobre la entrada.» «¿Seis campanas? ¡Eso es absurdo! ¿Para qué va a servir?» «Inténtalo, y lo verás», le respondió el Sabio sonriendo. De modo que el posadero hizo lo que se le había dicho. Y sucedió lo siguiente: todo viajero que pasaba por delante de la posada entraba en ella para advertir al posadero acerca del error, creyendo que nadie hasta entonces había reparado en ello. Una vez dentro, quedaba tan impresionado por la cordialidad del servicio que se alojaba en la posada, con lo que el posadero llegó a amasar la fortuna que durante tanto tiempo había buscado en vano.

Hay pocas cosas que satisfagan más nuestro ego que corregir los errores de los demás.

Anthony de Mello

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Lista


microcambios

Ilustración: Miguel Anxo Prado

Amo la poesía de Wislawa Szymborska. Está conmigo siempre. Y de tanto de en tanto recurro a ella como la gran remediadora del malestar general. Hoy su libro inacabable se abre por la página del poema Lista. He aquí.

«He hecho una lista de preguntas,

cuyas respuestas ya no alcanzaré a saber,

porque es demasiado pronto para ello,

o porque seré incapaz de entenderlas.

La lista de preguntas es larga,

toca temas importantes y menos importantes,

pero como no quiero aburriros

sólo revelaré algunas de ellas:

Qué era real

y qué apenas si lo parecía

en este auditorio

estelar y bajo las estrellas

donde es necesario tanto billete de entrada

como billete de salida;

Qué pasa con todo ese mundo vivo

que no tendré tiempo

de comparar con otro mundo vivo;

Sobre qué escribirán

pasado mañana los diarios;

Cuándo acabarán las guerras

y por qué otra cosa serán sustituidas;

En qué dedo corazón estará ahora

el anillo del alma

que a mí me fue robado, que perdí;

Cuál es el lugar del libre albedrío

que es capaz de ser y de no ser

al mismo tiempo;

Qué ha sido de decenas de personas:

¿nos habremos conocido realmente?

Qué intentaba decirme M.,

cuando ya no podía hablar;

¿Por qué tomé por buenas

cosas malas

y qué necesito

para no volver a equivocarme?

Tomé nota antes de dormirme

de algunas preguntas.

Al despertarme

ya no pude leerlas.

A veces sospecho

que se trata de un código preciso.

Pero ésta también es una pregunta

que me abandonará algún día.

Wislawa Szymborska

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Equivocar el camino


Las lanzas
Pintura: La rendición de Breda (Velázquez)

Sucede a menudo que quien se ha equivocado de camino atribuye su derrota a circunstancias exteriores y se vuelve enemigo furibundo de lo que en el principio amó. Tenemos una cantidad limitada de energía vital. Seamos cuidadosos. Errar de meta es perder no sólo aquello para lo que no servimos sino también aquello en lo que podríamos haber descollado.

Alejandro Jodorovsky