
En la ceremonia de los Oscar, cuando la actriz Jennifer Lawrence, nominada mejor actriz por la película «El lado bueno de las cosas» fue a recibir su premio, tropezó y se cayó. Enseguida se puso en pie, mantuvo la calma y subió el resto de las escaleras hasta el escenario. Los asistentes se pusieron en pie y aplaudieron, ella acercándose al micrófono dijo: «sé porque me aplaudís, porque he tropezado con el vestido y me he ha caído». Me gustó instantáneamente. A pesar de su juventud y de su inexperiencia esta joven actriz hizo algo que todos deberíamos practicar a diario: «no eres tan importante, demonios, no te tomes tanto en serio a ti mismo». Y así se comportó: restando importancia al incidente y recomponiéndose con naturalidad. Que cunda el ejemplo de Jennifer Lawrence. El incidente de la escalera pasará pero su buen trabajo no.
Categoría: Pensando en voz alta
Un espacio para la reflexión y el debate.
En compañía
Pasiones: cómo desentrañar el misterio
Uno de los aspectos en que más he trabajado en mi nuevo libro «Me mudo de sistema» ha sido el desarrollo del talento personal. He leído muchos títulos importantes sobre este tema y casi todos me han llevado a la misma conclusión: hay un hilo conductor que viene de lejos y es decisivo descubrir. Po Bronson, autor de «Qué debo hacer con mi vida,lo resume de una forma brillante en dos líneas: » Todos tenemos pasiones si decidimos verlas. Pero tenemos que mirar más hacia atrás que adelante y tenemos que deshacernos de las nociones preconcebidas sobre que pensamos que debería, o no, ser nuestra pasión».
La caja de las edades
La gran cosa de envejecer es que no perdemos ninguna de las otras edades que hemos tenido
Sigo siendo cada edad que he tenido. Porque una vez fui niña, siempre seré niña, porque fui una adolescente buscadora, y dado que esos estados de ánimo y éxtasis, todavía forman parte de mí, siempre lo seré… Esto no significa que deba quedar atrapada o encerrada en cualquiera de estas edades… La retraída adolescente, la adulta infantilizada, pero todas ellas están en mí trazadas; olvidar es una forma de suicidio… Demasiadas personas no comprenden en qué consiste “deshacerse de las cosas de niño” y piensan que olvidando lo que un niño de 3, de 13 o de 23 piensa, siente, toca, huela, saborea, ve y oye, se han convertido en adultos. Cuando estoy con esta gente , yo, como los niños, siento que si esto es lo que significa hacerse adulto, entonces nunca quiero serlo. Pero si en vez de eso puedo retener la conciencia y la alegría de la niña y tener cincuenta y un años, entonces, de verdad aprenderé qué significa ser adulto.
Madeleine L’Engle
La vida en suspenso
Anhelos de llegar: la metáfora
Todos somos extraños en una tierra extraña anhelando nuestro hogar, pero no del todo seguros qué es o dónde está la casa. A veces la vislumbramos en nuestros sueños o, al volver la esquina, y de pronto sentir una una extraña, dulce familiariedad que se desvanece tan pronto como ha llegado.
Madeleine L’Engle
Socratismos
Stop al fracaso anunciado
Gestos
La vida está llena de pequeños gestos de atención y amabilidad. Sólo basta poner el foco en ellos para aumentar el caudal de felicidad. Es algo tan nimio, y al mismo tiempo tan satisfactorio, que se puede llenar toda una existencia con estos humildes gestos del prójimo. Esta noche, cuando una persona atenta (y desconocida) me ha pasado un abrigo para que no pasara frío en la intemperie mientras fumaba con un amigo en el jardín de su casa, he pensado cómo marca la diferencia pensar en las necesidades de los que te rodean. Esta persona me ha enseñado una lección de aprecio sin necesidad de palabras. Hoy he aprendido algo importante que me gustaría practicar más a menudo.

Ilustración: Fideli Sundqvist
Tomar conciencia de la cuerda
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Ciertas personas tienen indiscutiblemente una notable capacidad de tener a los demás bien atados con nudos.
Hay quienes destacan en hacer nudos y quienes destacan en dejarse enredar.
Con frecuencia, ni el que ata ni el atado saben cómo sucede esto o no tienen conciencia de que ya está sucediendo.
Impresiona constatar hasta qué punto les resulta difícil a las partes en juego
ver lo que pasa.
No olvidemos que el hecho de no ver que existe un nudo
forma parte del nudo».
Nudos
R.D. Laing






