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Coaching para milagros y De dioses y hombres




Ayer vi la película De dioses y hombres de Xavier Beauvois y pensé en el nuevo libro de Raimon Samsó “Coaching para milagros”. La película narra la historia de un grupo de monjes instalados en un remoto lugar de la cordillera del Atlas que de pronto se ve sacudido por una oleada de violencia terrorista. Los monjes reciben el consejo del Gobierno argelino de que regresen a Francia, pero las opiniones entre los ocho habitantes del convento están divididas.

Casualmente estos días estoy leyendo el último trabajo  de Raimon Samsó.

 Coaching para milagros es un libro destinado a todos los profesionales de la ayuda, ya sea desde la terapia, el coaching, la PNL, la psicología, el mentoring, la educación  o cualquier otra forma de asistencia. La principal premisa de este libro es que todo cuanto nos ocurre existe en la mente de cada persona y no en el mundo exterior, por eso, cuando buscamos la solución a un problema en el exterior, nunca la encontramos, ya que solo desde la mente del que experimenta la dificultad se puede arreglar el problema. Vencer la resistencia al cambio no es tarea fácil y mucho menos si se incide en el «cómo». Raimón asegura que es mucho más útil recurrir al quién ¿quién no tendría ese problema? pues el cómo siempre está orientado al mundo exterior  mientras que el quién está orientado al interior.

Y ahora viene la conexión entre el libro y la película. Los monjes buscan cada uno en su interior la decisión de si deben optar por quedarse o marcharse.  Tienen miedo, pero al mismo tiempo reconocen que el miedo es una creación personal  y si se dejan dominar por él ya no dispondrán del control de sus vidas. Raimón Samsó incide en que sólo existe un camino para vivir de una forma consciente y plena: elegir el amor y rechazar el miedo. Los monjes toman este camino. No desean ser mártires, no desean morir, no desean que el pueblo a quien sirven y aman (Argelia y su religión el Islam) sean demonizados y culpabilizados si les ocurre algo (como en efecto ocurre).  Sólo quieren vivir desde el amor. Eligen amar a todos sus semejantes, incluidos los terroristas, sus asesinos.  Es difícil comprender De dioses y de hombres.  Pero una posible explicación la he encontrado en las ideas de Coaching para milagros. Sencillamente no se puede entender el mundo desde el propio mundo. Sólo es posible desde la mente del que lo interpreta y desde la óptica del amor. Según Raimon Samsó los milagros son simples correcciones que ocurren todos los días. «El coaching para milagros no está interesado en corregir los comportamientos sino en cambiar las mentalidades que crea el sufrimiento porque su estilo pragmático no se interesa por su efecto sino por sus causas”.

Como es habitual en los ensayos de este autor, el libro contiene una parte  de enorme utilidad si ejerces o tienes curiosidad por saber cómo podrías dedicarte a ayudar a los demás o ayudarte a ti mismo/a y  al mismo tiempo ganarte la vida de este modo. El  sentido práctico de Raimon Samsó y su sana relación con el dinero dicta una serie de valiosos  consejos sobre cómo vivir del trabajo de coach y posicionarse en el grupo de los profesionales  más valorados y buscados por los clientes. Entre los aspectos más interesantes de esta sección, los consejos sobre el mejor marketing para conseguir atraer clientes (que no encontrar, pues es mejor que ellos te encuentren a ti).  Samsó puede pasar de lo humano a lo divino en un abrir y cerrar de ojos.

Merece la pena leer este libro de apenas 80 páginas. Y por supuesto, merece la pena ver De dioses y hombres.

 

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Un reto: probar algo nuevo durante 30 días


¿Te atreves a hacer algo nuevo durante los próximos 30 días? Este órdago lo lanza Matt Cutts en el vídeo de Ted que hoy nos ocupa. ¿Y cuál sería la finalidad de este reto? En mi opinión sacarnos de la rutina, de la zona trillada de automatismos y lanzarnos a la aventura. Yo me apunto.  Cutts propone algunas ideas en el vídeo pero el caudal de posibilidades es inmenso:  hacer cada día una foto, ir al trabajo en bici, cocinar una receta que nunca hayas hecho, llamar a una persona diferente cada día, aprender chino, leer libros de autores completamente desconocidos, grabar una canción, escribir una novela, jugar al ajedrez por internet, oír opera, no ver la tele, rezar en una iglesia,  dibujar una viñeta, escribir cinco cosas acerca de por qué merece la pena vivir, plantear un viaje con etapas a pie, leer cada día un blog distinto….

¿Quién dijo aburrimiento?

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El dolor está dentro


Bernal Díaz de Castillo, como él mismo lo explica,  escribió sus crónicas para reivindicar el trabajo conjunto en la conquista de México. «Mi intento desde que comencé a hacer mi relación no fue sino para escribir nuestros heroicos hechos e hazañas de los que pasamos con Cortés, para que agora se vean y se descubran muy claramente quiénes fueron los valerosos capitane s y fuertes soldados que ganamos esta parte del Nuevo Mundo y no se refiera la honra de todos a un solo capitán; porque no hay memoria de ninguno de nosotros en los libros y memorias que están escritos, y sólo el marqués Cortés dicen en esos libros que es el que lo descubrió y lo conquistó, y los capitanes y soldados que lo ganamos quedamos en blanco, sin haber memoria de nuestra personas y conquistas, que por sublimar a un solo capitán quieren deshacer a muchos».

El sentimiento de injusticia y dolor está muy presente en sus palabras y no parece tanto una acusación contra Cortés sino más bien contra el mundo en general por haber asumido la versión fácil de la historia en la personalización de un héroe. La mente de Bernal Díaz del Castillo está alimentando una creencia de  injusticia sobre un hecho del pasado que ya no existe y así lo manifiesta en su escrito. Con sus palabras quiere reivindicar la memoria y el heroísmo de muchos seres anónimos presentes en la conquista  (él tiene la creencia de que el mundo no les ha hecho justicia, ésta es su interpretación personal). Por lo tanto la injusticia que denuncia Díaz del Castillo no están en los hechos (muchos hombres anónimos contribuyeron a la conquista de México) sino en cómo piensa él que el resto del mundo ha interpretado esta evidencia (esto es, muchos hombres anónimos contribuyeron a la conquista de México). Parece un rompecabezas pero no lo es.

La ira y el descontento no provienen de nada exterior puesto que lo real es lo que es, sin más,  sino de la valoración personal de las emociones que esos hechos suscitan. Cuando juzgamos que el mundo comete un atropello estamos asumiendo algo que hemos creado nosotros, que de hecho no existe fuera de nuestra mente. Comprender esta idea tan sencilla es sinónimo de recobrar la paz. Y de paso de entender que resolver los problemas en el exterior es imposible. Sólo podemos afrontar nuestras creencias desde dentro por la vía de deshacerte de ellas, puesto que son variables, subjetivas y las has creado tú, pueden desaparecer y llevarse de paso el dolor y la ira.

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Dieciocho consejos para abandonar el hábito de aplazar


Marelisa está a punto de publicar un nuevo libro sobre el tema del que escribía en mi última entrada https://microcambios.com/2011/09/09/demasiada-preparacion/  las trampas de buscar todo tipo de excusas para no hacer las cosas. Será un libro muy interesante y útil para muchos/as «aplazadores/as» entre los que me cuento. De su post he extraído los 18 consejos para aplazadores.   El post completo, en inglés, lo podéis encontrar en http://abundance-blog.marelisa-online.com/2011/09/09/tips-overcome-procrastination/

Ahora, sin más preámbulos, aquí están los 18 consejos:

1. No saques las tareas fuera de su contexto y proporción: Deja de decirte a ti mismo que tu carrera, el futuro de tu negocio, e incluso tu éxito en la vida depende del resultado de esta acción. Si lo haces metes demasiada presión sobre ti y por tanto cualquier excusa te sirve para no hacerlo.

2.Abandona el pensamiento de todo o nada . No digas eso de: “ si no puedo hacerlo perfectamente, mejor no lo hago”. Cualquier acción imperfecta es mejor que la inacción perfecta.

3. Cambia tu pensamiento de «tener que» a «elegir». Puedes postergar porque te sientes forzado por otra persona para realizar una tarea que no deseas hacer. Por ejemplo, puedes pensar que tu cónyuge te trata de manipular para que arregles la valla rota. Y como no te gusta sentirte manipulado eliges aplazar y en su lugar:

  • Ver la tele
  • Jugar con la vídeoconsola.
  • Pasear al perro.

En lugar de decirte a ti mismo que no tienes por qué  arreglarla escoge el mensaje de que eliges hacerlo para hacer feliz a tu cónyuge, la persona a la que quieres.

4. Divide las tareas en partes más pequeñas. Una de las principales razones por las que postergamos es porque el proyecto, al que tenemos que hacer frente, es tan grande que no sabemos por dónde empezar. Esto nos abruma. Los estudios demuestran que cuando los niños están viendo la televisión y no entienden lo que ven, miran hacia otro lado.

Los adultos hacen lo mismo cuando se siente confundidos: si no sabes cómo empezar un proyecto, «miras hacia otro lado» y empiezas a buscar una distracción o algo más que hacer. Lo útil, sin embargo, es  dividir el proyecto en pequeñas partes  más manejables.

5. Recompénsate. Prómetete a ti mismo que si te sientas en el escritorio y trabajas en tu declaración de impuestos durante 45 minutos sin interrupciones, te recompensarás con los deliciosos brownies que aguardan en la nevera.

6. Hazte tres preguntas. Antes de empezar a trabajar en cualquier tarea, dispara estas tres preguntas:

  • ¿Estoy dando el mejor uso a mi tiempo en este momento?
  • ¿Soy la persona más adecuada para realizar esta tarea?
  • ¿Estoy usando esta tarea como una excusa para no tener que trabajar en otra cosa que es más importante?

7. Mantén un registro de cómo gastas tu tiempo. Toma un cuaderno y un bolígrafo y durante toda la semana anota todo lo que haces y la cantidad de tiempo que pasas en cada cosa. Te sorprenderá descubrir  la  enorme cantidad de tiempo sin rumbo navegando por la web, leyendo blogs (que en realidad no ayudan a mejorar su calidad de vida), «chateando» en Twitter, y así sucesivamente. Pregúntate cómo mejoraría tu vida si utilizaras ese tiempo de manera productiva.

8. Usa un cronómetro. Cuando empieces a trabajar en una tarea que has estado evitando, establece un temporizador para un período de tiempo específico, por ejemplo, cuarenta minutos. Y no apartes tu foco de la tarea hasta que no suene la alarma. Cuando suene el reloj, toma un breve descanso y luego, ajusta el temporizador para trabajar otros cuarenta minutos. Hazlo de nuevo.

9. Deshazte  de las visitas que se eternizan. Si la visita se alarga,  sigue este proceso para deshacerte de él o ella con cortesía:

  • Hazte con el control de la conversación.
  • En un momento dado interrumpe tu  propia charla
  • Mira tu reloj y di con énfasis: «¡Oh no! Ya son las tres y cuarto»

Este truco funciona siempre, y  no es grosero, porque tú no estás interrumpiendo a tu interlocutor sino a ti mismo. (Este es uno de los consejos recomendados por Mark Woods, autor del libro Attack Your Day! Before It Attacks You: Activities Rule. Not the Clock!).

10. Bloquea. Bloquea un día de la semana, o una hora de cada día, en el que no programes citas, aceptes invitaciones, o permitas interrupciones. Ese día u hora bloqueada es sagrado. Estás trabajando en un proyecto que es importante para ti.

11. Deja de decirte que tienes que esperar hasta que estés «en el estado de ánimo oportuno», para ponerte a hacerlo. A modo de ejemplo, si quieres ser escritor, tienes que fijar una hora a la que vas a escribir, por lo menos cada semana. En dicho tiempo, te sientas y comienzas a escribir. Incluso si no te sientes inspirado, y no tienes ganas de escribir.  De la misma manera, conviene actuar con coherencia en el logro de tus objetivos, te apetezca o no.

12. Ocúpate de preguntarte: «¿Qué debo hacer ahora?»  No tienes  que esperar hasta llegue el  plan perfecto y detallado de cómo vas a lograr tu objetivo. Actúa ya y céntrate en el momento. Puedes preguntarte: «¿Qué tengo delante?» Y «¿Qué puedo hacer ahora mismo para seguir adelante, aunque sea sólo  un poco?» Siempre seguir adelante, incluso si es sólo un centímetro cada vez.

13 . Hacer la tarea más agradable. Si la tarea que debes hacer es aburrida, es muy probable que no quieras empezar. Si este es el caso, encuentra maneras de hacerla más agradable.

14. Deshazte de las distracciones. Una gran parte del tiempo se pierde a causa de las distracciones, incluyendo correo electrónico, redes sociales, móvil, y así sucesivamente. Cuando vayas  a trabajar en algo importante, es necesario desconectarse de todas las distracciones. De esta manera, dedicas toda tu atención a  la tarea en cuestión.

15. Establece una penalización. Así como te premias cada vez que terminas una de las tareas que has establecido, debes imponerte una sanción si no completas tu tarea. A modo de ejemplo, por cada día que no te has sentado a trabajar en tu novela en el momento preestablecido,  tienes que poner diez euros en un fondo. Al final del mes,  tienes que donar el dinero a una organización no lucrativa que no te guste, como la Fundación Bush si no te gusta Bush, o la ANR si no les gustan las armas.

16. Pídele a alguien que te controle. Rendir cuentas es uno de los mejores métodos para protegerse de la dilación. Es más probable hacer el trabajo si tienes que rendir cuentas a alguien. Si  tienes problemas para empezar algo, encuentra quien te controle.

17. Asegúrate de dejar espacio en el calendario para el ocio. Puede parecer contradictorio, pero la programación de tiempo para el ocio es una inteligente manera de dejar de aplazar. Todos tenemos que dedicar tiempo a dejarnos ir,  relajarnos y disfrutar. Si sabes  que a las tres que estarás jugando al golf con tu  mejor amigo y el golf es una de tus actividades favoritas, es mucho más probable que te sientes y te pongas a trabajar que si te sientas y ante ti sólo tienes un duro día de trabajo.

18. Establece plazos para cada subtarea. Supongamos que tu jefe te asigna un proyecto para entregar en tres meses. En lugar de centrarte en el plazo de tres meses, rompe el proyecto en subtareas  y fija un plazo para cada una. De esta forma te aseguras de que el trabajo fluya en lugar de dejarlo todo para última hora.

Publicado en Pensando en voz alta

Demasiada preparación


Estoy escribiendo un nuevo libro. Me he documentado tanto que he tenido que vaciar varios estantes de la biblioteca para encajar las nuevas lecturas. El temor de no hacerlo todo lo bien que podría (una completa y absurda ilusión: ¿hacerlo mejor  respecto a qué? ¿alguien puede tomarse en serio, de verdad,  esta majadería?)  me retiene para poner punto y final al amado «hijo» y dejarlo vivir lejos de mí.  Suerte que esta tarde me he tropezado con las sabias palabras de  Emerson: «siempre nos estamos preparando para vivir, pero nunca vivimos» . Así que voy a aplicarme el cuento.

Imagen: Anna López para Cuaderno de Lecturas Editorial Primerapersona 

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A propósito de La tempestad


Los libros siempre deparan sorpresas.  Leyendo A merced de la tempestad de mi adorado Robertson Davies, en Libros del Asteroide,  me tropiezo con esta joya de parlamento:

-No estoy de acuerdo -dijo Solly- . A mí me parece el resultado lógico de su educación y de la vida que ha llevado. Es vulgar. No me refiero sólo a los trajes que usa y a la comida repugnante que debe comer, me refiero al espíritu tan insensible que tiene. Cree que, con el estómago lleno y el trabajo seguro, tiene el mundo agarrado. Jamás ha descubierto nada sobre sí mismo, ¿cómo va a saber algo de los demás?  Ser vulgar consiste en no saber que lo bueno y lo malo que le pase a uno tiene que ver con su personalidad; él cree que todo es cosa del destino, sobre todo los reveses de la vida. Las únicas personas un poco lúcidas de este mundo son las que saben que todo lo que les sucede tiene su origen en lo que ellas mismas son.

Robertson  Davies

Traducción de Concha Cardeñoso

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Nuestros huesos, que aquí están, por los vuestros esperan


Damos por hecho tantas cosas que de vez en cuando viene bien el recordatorio de que somos mortales. Durante una reciente visita a Évora encontré una cita: «nuestros huesos que aquí están por los vuestros esperan» escrita  en el frontispicio de entrada a la capilla de los Huesos,  en la iglesia de San Francisco.  No es un lugar agradable, para que decir lo contrario. La decoran  restos de esqueletos y calaveras de los monjes fallecidos. El habitáculo, es verdad,  goza de cierto esfuerzo artístico pero eso no distrae de su último mensaje: recordarnos que somos huesos andantes de camino al osario. Así que nada de tonterías. Estamos tan hechos a lo obvio, que es vivir, que ya ni nos felicitamos por tener dos ojos que ven, una boca que respira, dos oídos capaces de registrar el silencio y la música, dos piernas que renqueantes o en forma nos transportan… Así que la macabra visita surte efecto y me hace pensar en lo increíble que es vivir y ser humano.  También me remite a la primera pregunta de todas las preguntas:  ¿qué he venido yo a hacer a este mundo? ¿qué sentido tiene que yo exista? Cuando estoy cavilando me vienen de repente las palabras mansas de Jorge Manrique: «nuestras vidas son los ríos que van a dar al mar que es el morir….» Y al tiempo, como una evocación lejana, la imagen del estanque de Comares.  En el espejo del agua se refleja la silueta del palacio: todo lo que está arriba se corresponde con lo que está abajo. Así debe ser la vida y también la muerte, con verdadero sentido.