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Motivos para la esperanza


esperanza
Ilustración: Igor Morski

Bienvenidos a la fiesta es mi blog favorito de literatura infantil. Al frente de este interesante lugar esta Luis Daniel González. De él procede esta reflexión del filósofo alemán Josef Pieper:

«Esperar no sólo significa esperar en el futuro algo bueno para quien espera, sino también tener un motivo para tal expectativa. La razón de esperar, si realmente la hay, no reside, como lo deseado, en el futuro; ha debido anteponerse ya y presuponerse a toda esperanza. Yo no puedo esperar que me sea dado un motivo para esperar. Percatarme de tal motivo, de tal fundamento, de mi esperanza, no lo puedo lograr sino recordando tal fundamento en la reflexión y en la contemplación.
El futuro sin punto de partida es vaciedad. Y una esperanza sin fundamento, sin un motivo que la preceda y nos preceda, podría muy bien llamarse desesperación».

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Dar largas, pensar en las musarañas y posponer todo de manera productiva


procrastinacionUna clasificación algo tosca de las personas podría hacerse en función de si hacen lo que tienen que hacer o no lo hacen. Sobre el primer tipo de personas poco hay que decir, pero sobre el segundo tipo, entre los que me encuentro, todo lo que se diga es realmente aterrador: aplazan sus obligaciones indefinidamente, llegan tarde, mal y a rastras a cualquier tarea prioritaria y siempre tienen que cargar con la pesada mochila de la culpabilidad. El desafío de John Perry en un su breve ensayo La procrastinación eficiente es como un soplo de aire fresco para los que preferimos mil veces hacer las cosas que nos resultan placenteras antes de enfrentarnos al engorro del deber. ¿Tiene algo positivo ser un procrastinador en toda regla? puede uno preguntarse. Perry da por sentado que ser procrastinador es una condición humana. Como afirma Kanheman poseemos dos sistemas de racionalidad en paralelo: el pensamiento rápido, nutrido de la intuición y de los compromisos con lo ya conocido y el pensamiento lento que requiere reflexión y recopilar información sobre lo que se ignora. Los procrastinadores son más propensos al pensamiento rápido, que es algo perezoso, que al lento. Perry nos saca del error: no es que un aplazador no haga nada, de hecho hace muchas cosas, sólo que «tiene su propio sistema». A este sistema le llama el filósofo: Procrastinación estructurada.

Veamos en qué consiste.»La idea esencial es que procrastinar no equivale a no hacer absolutamente nada». Según Perry a veces los procrastinadores toman un rumbo equivocado: «tratan de reducir sus compromisos, dando por sentado que si tienen unas cuantas cosas que hacer, dejarán de procrastinar y las harán. Pero esto va en contra de la naturaleza básica del procrastinador y destruye su más importante fuente de motivación». Vayamos a las famosas listas de cosas que hacer. Normalmente en los primeros puestos aparecen las cosas en apariencia importante, las que debemos hacer sí o sí. Éstas son las clases de tareas que odia el procrastinador y que le producen un mayor estrés. ¿Por qué? Muy sencillo: en apariencia tienen una importancia crucial y un tiempo limitado. Pero son engorrosas y nos disgustan. En la medida que surjan nuevos proyectos más engorrosos y más urgentes que ocupen su lugar en el encabezado de la lista tendremos más opciones para comprometernos con éstas otras que no evitábamos a toda costa hacer.

El truco es comprometerse con tareas que tienen una importancia inflada y unos plazos irreales al tiempo que nos obligamos a pensar que son importantes y urgentes. Claro que es un autoengaño pero también es útil usar un defecto para paliar los efectos negativos de otros, sugiere Perry.

Asimismo observa el autor que el perfeccionismo lleva a la procrastinación: ¿si no lo voy a hacer perfecto para qué hacerlo? Los escritores, académicos e investigadores saben bien cuál es el meollo de este miedo irracional. En sus sueños iniciales se ven obteniendo el Nobel o siendo publicados en las páginas dobles del New York Times, pero de pronto toda esta seguridad se desvanece, el tiempo transcurre y la insatisfacción crece. Al final, apremiados por el editor o por la institución, después de haber recibido cientos de correos admonitorios (y algunos furibundos) hacen su trabajo de una forma decente, convencidos de que no será la mejor obra del mundo pero tampoco la peor que haya visto la luz. La perfección es una fantasía cambiante. Según Perry lo mejor en el caso de los perfeccionistas será clasificar las tareas en tres montones: el montón de las que rechazar, que será como dejarlas morir, el montón de las que pueden posponerse y el montón de las que lo mejor será ponerse con ellas, empezar a planificar un trabajo adecuado -quizás un poco mejor que adecuado- pero para nada perfecto. Es una forma de darse permiso a uno mismo para hacer ahora un trabajo menos que perfecto, en lugar de esperar hasta que haya pasado el plazo.

Aprovechar la utilidad de las listas diarias es una de las propuestas del autor para reforzar la maltrecha autoestima del procrastinador. A medida que tachamos cosas realizadas (por nimias y ridículas que sean) sentimos un fuerte impulso motivador.

Y por sorprendente que parezca en un ensayo de este tipo, Perry incluye una advertencia sobre dar ritmo. Según el autor, la música equivocada en el momento inadecuado contribuirá a la depresión del procrastinador. Hay que empezar el día con algo que aligere el ánimo o por ejemplo comprometerse a seguir trabajando en lo engorroso el tiempo que dure nuestro cd favorito.
Para terminar una alusión al enemigo, esa persona admirable (del primer tipo) que no es procrastinadora y a la que a menudo, y con razón, ponemos de los nervios. No son el enemigo, en verdad. Según Perry «esas personas pueden trabajar mejor que un despertador aunque, claro, puede ser más difícil pararlas».

Como conclusión: procrastinar es humano y se puede hacer algo para aligerar esta condición. Además también presenta algunas ventajas. Algunas tareas de las llamadas importantes de pronto desaparecen y uno se siente aliviado de no haber gastado un enorme caudal de recursos psicológicos y tiempo en hacerlas. Aquí el aplazador modelo puede felicitarse por su perspicacia.

Éste es un ensayo divertido, irónico y muy instructivo para conocernos mejor. Lo recomiendo de verdad. Rara vez un ensayo filosófico me ha entretenido tanto.

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7 Consejos para ser fiel a tus resoluciones de Año Nuevo


Gretchen Rubin
Consejos de Gretchen Rubin, autora de:«Objetivo felicidad»

1. Lo más importante: Sé específico. A menudo la gente hace resoluciones abstractas: «ser más optimista», «encontrar más alegría en la vida», «apuntar alto.» Es mejor buscar una acción específica que pueda medirse: «distraerme con música divertida cuando me sienta triste», «ver una película al menos cada semana», «comprar una planta para mi escritorio». Estas resoluciones específicas consiguen que, al final, las metas altas se logren.
Según el Journal of Clinical Psychology las resoluciones más elevadas realizadas en el 2012 incluyeron aspectos como:»disfruta la vida al máximo» y «manténte en forma y saludable.» Pero ¿qué quiere decir esto exactamente ? Lunes por la mañana: ¿qué vas a hacer diferente?
2. Escríbelo
3.Revisa tu resolución constantemente. Si zumba en tu cabeza es más fácil que no la olvides y le seas fiel.
4. Hazte responsable. La responsabilidad es el secreto para ser fiel a las resoluciones. Por eso son efectivos los grupos como “los vigilantes de peso”. Hay muchas maneras de exigirte responsabilidad, por ejemplo a través de tu propia tabla de resoluciones, de unirse a un grupo o crear un proyecto propio de ser feliz. Puedes contratar a un coach o intercambiar actualizaciones diarias con un amigo. La responsabilidad es una de las razones de por qué el punto uno: ser específico es importante. Si tu resolución para el nuevo año es demasiado vaga o difícil de medir es difícil que te responsabilices. Una resolución para «comer sano» es más difícil de rastrear que «comer ensalada en el almuerzo tres veces a la semana».
Si tienes grandes dificultades para mantener tus resoluciones prueba alguna de las siguientes estrategias:
5.Considera la posibilidad de elegir resoluciones agradables . Podemos lograr que nuestra vida sea más feliz de muchas maneras. Si has tratado de conseguir algo difícil, sin éxito, para resolverlo elige resoluciones en las que vas a encontrar diversión: “Ver más películas», «Leer más», o lo que sea, y relaciónalas con aquello que te cuesta más esfuerzo como mantener tu propósito de ir al gimnasio. Es un secreto de la adultez: Si quieres exigirte mucho, ayúdate a dar mucho de ti.
6.Considera la posibilidad de renunciar a una resolución . Si sigues empeñado en hacer y romper resoluciones, considera la posibilidad de renunciar por completo. Pon tu energía en cambios que sean realistas y útiles. No permitas que una resolución incumplida como perder muchos kilos bloquee resoluciones más pequeñas que sí pueden impulsar tu felicidad.
7. Mantén tu resolución todos los días. Extrañamente, a menudo es más fácil hacer algo todos los días como: «ejercicio, escribir en un blog, tratar con el correo, hacer la colada» que hacerlo cada pocos días.
Fuente:http://www.happiness-project.com/happiness_project/2012/12/7-tips-for-sticking-to-your-new-years-resolutions/

Si quieres leer más sobre Gretchen Rubin en Microcambios: https://microcambios.com/2010/10/12/aprender-a-consolidar-la-felicidad-la-historia-de-gretchen-rubin/

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Himno de la alegría


Sí, es víspera de Nochebuena y éste es mi mensaje: no dejarse apabullar por las dificultades, afrontar la vida con alegría y esperanza, no apagar el rescoldo nunca porque la vida es continuo cambio y crecimiento. Mi pensamiento y mi sentimiento está con los que afrontan un momento difícil y no ven luz.
Os deseo a todos los microcambieros una noche feliz en compañía de vuestras familias y/o amigos.

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Elegir equivale a cambiar


arbol
El Premio Nobel Daniel Kahneman sostiene que no somos tan racionales como nos creemos. Según su teoría nos gusta, más de lo debido, suponer que una decisión importante para nuestra vida es fruto de sesudas valoraciones, pero sus investigaciones revelan algo perturbador: en la mayoría de los casos seguimos la inclinación natural a rellenar huecos de información para suplir lo que nos falta. Lo hacemos por pereza. Y sabemos muy bien que esta actitud indolente nos perjudica. Entonces ¿por qué lo hacemos?
Fundamentalmente porque el ser humano odia la complejidad y para evitarse líos echa mano de lo que ya tiene en mente, que no siempre es fiable ni preciso. Atesoramos cientos de archivos en la recámara de la memoria y nos apoyamos chapuceramente en alguno levemente parecido antes de esforzarnos en preguntar, reflexionar y averiguar.

Pero, para que una elección sea de verdad útil, y sirva a nuestros intereses, necesitamos tomar el control de nuestra vida, dejar de ser víctimas del pasado y empezar a movernos hacia algo nuevo. Tenemos que hacer una elección, pero de verdad, aunque el cambio de modelo infunda inseguridad y miedo. La recompensa es una grata sensación de crecimiento y madurez.

Gary Smalley, autor de «El adn de las relaciones» dice:

«El error que muchos cometemos es pensar que si dejamos las cosas como están, si postergamos una elección o un cambio, seremos capaces de superar una decisión difícil. No nos damos cuenta de que, al no tomar una decisión, de todos modos estamos haciéndolo. Cuando no hacemos algo forzamos a que el cambio se produzca sin nuestra intervención.
Pensémoslo: no elegir es también una forma de elegir y sufrir las consecuencias».

Ilutración:

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La Navidad también es una actitud


Se acerca la Navidad y en todos los corrillos de amigos, compañeros de trabajo y familias aparece la cuestión de todos los años: ¿por qué obligatoriamente debemos estar felices, a cuento de qué? ¿Es necesario demostrar entusiasmo cuando vamos a estar en compañía de personas que no siempre son de nuestro agrado? Tú, como yo, habrás oído comentarios jocosos como: «lo mejor de las navidades es que, afortunadamente, pasan». Incluso los chistes hacen referencia a la peliaguda cuestión: ¿cómo pasarás las navidades, bien o en familia?
Me gusta la escena de Qué bello es vivir, donde George Bailey, el protagonista, se arrepiente de haber nacido y tiene la ocasión de contemplar qué habría ocurrido si él no hubiera existido. Todo se aclara para George cuando ve que su existencia sí ha marcado una diferencia en las personas con las que ha mantenido una relación, tanto estrecha como casual. Y este descubrimiento sorprendente le cambia de forma radical. Frank Capra dirigió Qué bello es vivir para demostrar a una sociedad deprimida de posguerra que toda vida es preciosa y única, que nadie es prescindible si entiende que está aquí por y para algo.
Esa Navidad que nos preocupa y nos abruma sería mucho menos pesarosa si la viviéramos como si fuese la última, como si ya no hubiera más oportunidad de besar a nuestros hijos, de bromear con hermanos, primos y fastidiar a nuestros padres con nuestros toles toles habituales. Aun cuando al menor indicio de disputa familiar los buenos propósitos desaparezcan, es importante entender que lo primordial no es que tú seas feliz o estés contento sino de que los que son importantes para ti sientan que estás ahí, que no les diriges la palabra por obligación ni por aburrimiento, que estás ahí porque quieres. Estas fiestas se hacen tristes para muchas personas por las rencillas, los rencores, el recuerdo de que algo valioso: una relación estrecha, por ejemplo, se ha perdido.
La Navidad en sí es una simple creencia personal, de modo que cabe la posibilidad de elegir entre vivirla como la pesada obligación que creemos que es, o como una magnífica oportunidad para estar con los que amamos, para recordar juntos a los que nos faltan y añoramos todos los días de nuestra vida. La elección es bien sencilla: o te mantienes en tus trece y eliges pasarlas todo lo mal que te sea posible o te das la oportunidad de probar con otra creencia menos habitual en tu sistema: ¿y si lo veo desde otra perspectiva, con otra luz? Decidas lo que decidas, ¡feliz Navidad!

gruinalda-navideña

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Toca leer con atención


¿Te animas a resolverlo? La solución está dentro del propio texto pero hay que utilizar dos herramientas: el enfoque y la atención plena.Que no te distraiga el ruido de la mente.

pensamiento creativo

Vía facebook Mabel Martínez ¡Gracias por el regalito creativo!

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El curioso experimento de los caramelos


A través de un programa de televisión se decidió proponer a los padres que gastaran una broma a sus hijos diciéndoles que se habían comido sus caramelos de Halloween. Se les pidió que grabaran sus reacciones y enviaran el resultado para elaborar un montaje. Como era previsible, la mayoría de los niños (entre los 3 y los 6 años de edad) reaccionaron con lloros y expresiones de rabia. Los mayores habían cometido una injusticia tomando algo que no era suyo. Lo vivieron como un abuso; pero no todos lo encajaron así. Algunos niños se quedaron impactados por la acción de los adultos y reaccionaron con cautela, incluso conteniendo las lágrimas. Y los menos, aceptaron la situación y se limitaron a expresar sus emociones: no estaban muy contentos, desde luego, pero proponían que al menos el próximo Halloween en lugar de zampárselos todos, los compartieran con ellos.

Es un experimento y en realidad sólo sirve para pensar. ¿Quién desarrollará un mejor carácter? ¿quién vivirá menos frustrado por el peso de las injusticias? ¿quién empatizará mejor? ¿quién se derrumbará menos en la adversidad? ¿Está en los genes la reacción instintiva? ¿influirá algo la educación que haya recibido cada niño y el lenguaje familiar cotidiano?

En el futuro estos niños vivirán muchas situaciones frustrantes.¿Les servirán de algo las frases hirientes, los insultos, la negación del amor (ya no te quiero, no te voy a querer nunca más) o como alguno de ellos hace arrojar cosas contra el abusón con auténtica ira? ¿Cómo deberían protegerse algunos niños del vídeo de sus reacciones instintivas y primarias? ¿habrá adultos que les enseñen con paciencia a reconocer sus sentimientos y expresarlos con mejores resultados para ellos mismos?

Otra pregunta interesante sería: ¿cuál es el comportamiento habitual de los padres de cada uno de esos niños? o mejor aún: ¿Cómo reaccionarían los adultos si sus hijos se comiesen y bebiesen algo para ellos muy apetecible y deseado? ¡Habría que verlo! Aunque tengo la intuición, porque así lo revelan las investigaciones sobre la frustración, que las reacciones de estos mayores se parecerían muchísimo a la de sus hijos. Muchos comportamientos que consideramos obra de la genética lo son más de una educación sana por parte de personas que han sido a su vez educados para ser aceptados, comprendidos y guiados en el difícil arte de vivir con plenitud. Curiosamente, los padres mejor entendidos por sus hijos en la grabación les hacen preguntas a estos sobre sus sentimientos, indagan con cautela y franqueza sobre si podrán perdonarlos. Esta parte me parece especialmente útil ¡y reveladora!

Tal vez haya sacado una conclusión equivocada y mis deducciones tengan poco que ver con la realidad. Ni soy pedagoga ni psicóloga. No obstante, sigo con gran interés todas las investigaciones científicas sobre el comportamiento humano y desde el famoso experimento de Walter Mischel (Se le pidió a una serie de niños que aguantaran diez minutos sin comerse una nube y en premio recibirían otra más) está claro que toda persona que sabe esperar para obtener una recompensa mejor, adquiere un mayor equipaje contra la frustración, obtiene mejores resultados personales y profesionales a la larga y no está permanentemente colgado del chute del corto plazo. Esto es lo que Walter Mischel averiguó siguiendo el día a día de estos niños durante su infancia, adolescencia y buena parte de su vida adulta. Ulises, el héroe, sabía lo arduo que resulta escapar a una tentación, así que pidió ser atado a un poste para resistir el encantamiento de las sirenas y proseguir su viaje. Aprendamos de los mitos y de su enorme sabiduría. Como los niños de Mischel que se distrajeron para ignorar la nube de a discordia y obtuvieron su recompensa duplicada.

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Autoengaños


giorgia
Imagen: Georgia O´Keeffe

Uno de los grandes desafíos de nuestra época es la motivación. La vieja teoría del palo y la zanahoria (obedencia y recompensa) apenas funciona. Motivarse por algo que cuesta esfuerzo: una relación, un trabajo, una forma de vivir consecuente, requiere, como apunta las investigaciones de los psicólogos Deci y Ryan, satisfacer tres necesidades innatas: competencia, autonomía y relaciones.El psiquiatra Carl Alasko afirma que negación, engaño y culpa obstruyen nuestra conducta y que la mejor manera de decidir sobre si algo es esencial para nosotros está en someterlo al test de las tres preguntas: ¿Fomentará lo que es mejor para mí a largo plazo? ¿desarrollará mi carácter y mi integridad personal? ¿permitirá que se realice mi más profundo y auténtico yo?

-Fomentar lo que es bueno para uno/a a largo plazo significa ni más ni menos que manejar con mano de hierro el cortoplacismo, no ignorar las consecuencias a largo plazo de sus decisiones y no dejarse llevar alocadamente por los sentimientos de evitación y de satisfacción inmediata
-Desarrollar el carácter y fomentar la integridad se traduce en no dejarse seducir por el engaño para adaptar la realidad a su gusto.Esto incluye no mentirse a sí mismo y a los demás con vanas justificaciones.
-Buscar la realización del yo más profundo y auténtico se refiere a excavar capas hasta dar con lo que de verdad importa.

El por qué de nuestra irracionalidad tratándose de algo tan valioso lo encontramos en la necesidad de satisfacción inmediata en el corto plazo: ¡quiero esto ya! Nuestro comportamiento se parece al de los adictos. Nos resulta más cómodo y más placentero satisfacer un deseo inmediato que lidiar con las tres preguntas anteriores. Los comportamientos adictivos obvian el posible daño final. Y como apunta Daniel Pink: la grandeza y la miopía resultan incompatibles: los logros importantes requieren levantar la vista y mirar el horizonte. Piénsalo con calma y motívate a actuar.