
En la ceremonia de los Oscar, cuando la actriz Jennifer Lawrence, nominada mejor actriz por la película «El lado bueno de las cosas» fue a recibir su premio, tropezó y se cayó. Enseguida se puso en pie, mantuvo la calma y subió el resto de las escaleras hasta el escenario. Los asistentes se pusieron en pie y aplaudieron, ella acercándose al micrófono dijo: «sé porque me aplaudís, porque he tropezado con el vestido y me he ha caído». Me gustó instantáneamente. A pesar de su juventud y de su inexperiencia esta joven actriz hizo algo que todos deberíamos practicar a diario: «no eres tan importante, demonios, no te tomes tanto en serio a ti mismo». Y así se comportó: restando importancia al incidente y recomponiéndose con naturalidad. Que cunda el ejemplo de Jennifer Lawrence. El incidente de la escalera pasará pero su buen trabajo no.
Mes: febrero 2013
En compañía
Pasiones: cómo desentrañar el misterio
Uno de los aspectos en que más he trabajado en mi nuevo libro «Me mudo de sistema» ha sido el desarrollo del talento personal. He leído muchos títulos importantes sobre este tema y casi todos me han llevado a la misma conclusión: hay un hilo conductor que viene de lejos y es decisivo descubrir. Po Bronson, autor de «Qué debo hacer con mi vida,lo resume de una forma brillante en dos líneas: » Todos tenemos pasiones si decidimos verlas. Pero tenemos que mirar más hacia atrás que adelante y tenemos que deshacernos de las nociones preconcebidas sobre que pensamos que debería, o no, ser nuestra pasión».
La caja de las edades
La gran cosa de envejecer es que no perdemos ninguna de las otras edades que hemos tenido
Sigo siendo cada edad que he tenido. Porque una vez fui niña, siempre seré niña, porque fui una adolescente buscadora, y dado que esos estados de ánimo y éxtasis, todavía forman parte de mí, siempre lo seré… Esto no significa que deba quedar atrapada o encerrada en cualquiera de estas edades… La retraída adolescente, la adulta infantilizada, pero todas ellas están en mí trazadas; olvidar es una forma de suicidio… Demasiadas personas no comprenden en qué consiste “deshacerse de las cosas de niño” y piensan que olvidando lo que un niño de 3, de 13 o de 23 piensa, siente, toca, huela, saborea, ve y oye, se han convertido en adultos. Cuando estoy con esta gente , yo, como los niños, siento que si esto es lo que significa hacerse adulto, entonces nunca quiero serlo. Pero si en vez de eso puedo retener la conciencia y la alegría de la niña y tener cincuenta y un años, entonces, de verdad aprenderé qué significa ser adulto.
Madeleine L’Engle
¿Cuándo?
La vuelta al inicio
La vida en suspenso
¿Por qué somos felices?
¿Qué quieres hacer con tu vida?
Anhelos de llegar: la metáfora
Todos somos extraños en una tierra extraña anhelando nuestro hogar, pero no del todo seguros qué es o dónde está la casa. A veces la vislumbramos en nuestros sueños o, al volver la esquina, y de pronto sentir una una extraña, dulce familiariedad que se desvanece tan pronto como ha llegado.
Madeleine L’Engle






