Publicado en Pensando en voz alta

El trabajo del escritor


 

microcambios

 

Ilustración: Katrin Coetzer 

Un novelista puede tener un momento (literalmente un flash) de iluminación interior en que se le revele el nacimiento, el significado y el propósito de un nuevo libro; pero le puede llevar años escribirlo. Durante ese tiempo no sólo deberá conservar la idea intacta y clara; además tendrá que comer, vivir, ganar dinero, sufrir, disfrutar, ser amigo, y todo lo demás que hacen los seres humanos. La inspiración, experimentada como un flash instantáneo, puede ser deliciosa y vigorizante y generar toda una vida de trabajo. Un verso que nace trae con él un increíble impulso de energía, coherencia y claridad, exaltación y alegría. En ese momento la belleza es palpable, está viva. El cuerpo se siente fuerte y liviano. La mente parece flotar con comodidad por el mundo. A este respecto Emily Dickinson dijo que el poema es exterior al tiempo. La improvisación se llama también extemporización, que significa a la vez “fuera del tiempo” y “desde el tiempo” . Pero esta hermosa sensación no basta. Como muchas otras bellezas y alegrías, puede traicionarnos apareciendo en un determinado momento y desapareciendo en el siguiente. Si ha de dar por resultado una obra de arte tangible, o una improvisación extensa de cualquier calidad, la inspiración creativa debe apoyarse en el tiempo. Y hacer el arte sólo por el elevado sentimiento de completud y conexión en el momento de la inspiración sería como hacer el amor sólo por el momento del orgasmo. Por lo tanto el trabajo del improvisador consiste en extender esos flashes momentáneos, extenderlos hasta que se fusionen con la vida cotidiana. Entonces empezamos a experimentar la creatividad y el libre juego de la improvisación como parte de nuestra mente común y de nuestra actividad habitual. El ideal, al que podemos acercarnos pero nunca alcanzar plenamente, porque todos nos atascamos de vez en cuando, es un flujo constante momento a momento. A esto se refieren muchas de las tradiciones espirituales cuando hablan de “cortar la leña, acarrear el agua”, llevando a las actividades rutinarias de la vida cotidiana las cualidades de luminosidad, profundidad y simplicidad dentro de la complejidad que asociamos con los momentos de inspiración. Como los balineses podemos decir: “No tenemos arte. Todo lo que hacemos es arte”. Podemos llevar una vida activa en el mundo sin enredarnos en libretos o expectativas rígidas: hacer sin preocuparnos demasiado por el resultado, porque el hacer es su resultado.

 

Free play: la improvisación en la vida y en el arte 
Stephen Nachmanovitch

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Empujados al momento presente


 

Microcambios

Pintura: Rothko

Un hecho empírico de nuestras vidas es que no sabemos, y no podemos saber lo que sucederá con un día o un momento de anticipación. Lo inesperado nos aguarda en cada curva y en cada respiración. El futuro es un misterio vasto, perpetuamente regenerado, y cuanto más vivimos y sabemos, mayor es el misterio. Cuando dejamos caer los velos de nuestras pre concepciones somos virtualmente empujados por todas las circunstancias al momento presente y la mente presente: el momento, el momento completo, y sólo el momento. Éste es el estado mental que enseña y fortalece la improvisación, un estado mental en que el aquí y el ahora no son una idea de moda, sino una cuestión de vida o muerte, de la que podemos aprender a depender con confianza.Podemos confiar en que el mundo será una sorpresa perpetua en perpetuo movimiento. Y una perpetua invitación a crear.

Fuente: Free Play  La improvisación en la vida y en el arte

Stephen Nachmanovitch