Publicado en Pensando en voz alta

El precio que pagamos


Microcambios, Cecilia Monllor

Pintura: Antonio Murado

El precio que pagamos por renunciar a nuestros sueños es incalculable. Nos arrogamos el derecho a la renuncia como una muestra más de nuestra incompetencia para gestionar nuestras vidas. Pensamos que viviremos siempre, que habrá tiempo para remediar el error o cambiar el rumbo, pero lo cierto es que estamos en este mundo un limitado número de años y que ninguno de nosotros sabe la hora en que  lo dejaremos todo como estaba, la página en el libro marcada, la lista de la compra con todo lo que falta, el papel de Hacienda sin arreglar, el cajón desordenado o el proyecto en curso, inconcluso. Comprender que no vivimos para siempre es la más lúcida certeza con la que llegamos a este mundo y sin embargo la luz siempre nos abandona en el momento justo cuando más lo necesitamos para encarar la tiniebla y distinguir las dificultades que supone tener el arrojo de decir sí o no a lo que llega con el soplo leve de lo desconocido, bajo el disfraz del miedo a no estar a la altura de las circunstancias.

Si uno no se resigna a tener una vidita o una vida pequeña, entonces… Sí,  entonces aparece la rabia del ¡basta ya!,  o el  quiero algo más en mi vida, no me conformo, me rebelo y el mecanismo de la transformación se pone en marcha para reordenar las prioridades, abandonar creencias, adoptar otra mentalidad y otra actitud, enfocarse en el aquí y ahora. Y por decisión propia uno actúa y se apasiona con su cambio. Eso, más o menos, significa Mudarse de sistema

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Demasiada preparación


Estoy escribiendo un nuevo libro. Me he documentado tanto que he tenido que vaciar varios estantes de la biblioteca para encajar las nuevas lecturas. El temor de no hacerlo todo lo bien que podría (una completa y absurda ilusión: ¿hacerlo mejor  respecto a qué? ¿alguien puede tomarse en serio, de verdad,  esta majadería?)  me retiene para poner punto y final al amado “hijo” y dejarlo vivir lejos de mí.  Suerte que esta tarde me he tropezado con las sabias palabras de  Emerson: “siempre nos estamos preparando para vivir, pero nunca vivimos” . Así que voy a aplicarme el cuento.

Imagen: Anna López para Cuaderno de Lecturas Editorial Primerapersona