Publicado en Pensando en voz alta

Distinguir razones de propósitos


microcambios

Nosotros, los procrastinadores (sé que el palabro suena bastante parecido a nosotros, los drogatas,  o nosotros, los borrachuzos,) tenemos en común una dificultad: no distinguimos entre razones y propósitos.

Básicamente ignoramos, en sentido estricto, lo que expresan ambos términos: «razones» y «propósitos».

Pues bien, mientras las razones atienden a los por qué,  los propósitos se ocupan de los para qué. Y mientras los primeros iluminan los motivos ocultos de cada quién para actuar, los segundos  proporcionan algo más  valioso: combustible, esto es:  compromiso y energía, un tándem indispensable para lograr un objetivo.

Si toda la vida has querido escribir un libro y no lo has hecho, averiguar por qué no lo haces, no te ayudará a lograrlo. Descubrirás, eso sí,  emociones intensas ocultas en tus razones personales, eso es todo. En cambio, si las pesquisas van dirigidas a la finalidad, al para qué  quieres hacerlo, para qué es importante ser escritor, para qué necesitas tener ese libro entre tus logros, entonces la situación cambia porque te das de bruces con un anhelo, un asunto tan  importante que, si se posterga, dañara lo más preciado que posees.

Encontrar el propósito, como sostenía Viktor Frankl, creador de la logoterapia, consiste en encontrar la piedra angular sobre la que se apoya el edificio de tu vida. Así que si quieres escribir un libro pregúntate cuál es tu propósito al respecto, qué cambiará hacerlo o no hacerlo, qué diferencia se aprecia en tu vida de seguir como estás (sin libro escrito)  o  de conseguir la meta (libro escrito). Después, una vez hayas hecho tus averiguaciones sobre el propósito, añade las razones que gustes. Estas adornarán y enriquecerán el propósito pero nada más. Y quien dice libro dice cualquier asunto que estés aplazando por escudarte en razones sin investigar propósitos. 

Anuncios
Publicado en Pensando en voz alta

El trabajo del escritor


 

microcambios

 

Ilustración: Katrin Coetzer 

Un novelista puede tener un momento (literalmente un flash) de iluminación interior en que se le revele el nacimiento, el significado y el propósito de un nuevo libro; pero le puede llevar años escribirlo. Durante ese tiempo no sólo deberá conservar la idea intacta y clara; además tendrá que comer, vivir, ganar dinero, sufrir, disfrutar, ser amigo, y todo lo demás que hacen los seres humanos. La inspiración, experimentada como un flash instantáneo, puede ser deliciosa y vigorizante y generar toda una vida de trabajo. Un verso que nace trae con él un increíble impulso de energía, coherencia y claridad, exaltación y alegría. En ese momento la belleza es palpable, está viva. El cuerpo se siente fuerte y liviano. La mente parece flotar con comodidad por el mundo. A este respecto Emily Dickinson dijo que el poema es exterior al tiempo. La improvisación se llama también extemporización, que significa a la vez “fuera del tiempo” y “desde el tiempo” . Pero esta hermosa sensación no basta. Como muchas otras bellezas y alegrías, puede traicionarnos apareciendo en un determinado momento y desapareciendo en el siguiente. Si ha de dar por resultado una obra de arte tangible, o una improvisación extensa de cualquier calidad, la inspiración creativa debe apoyarse en el tiempo. Y hacer el arte sólo por el elevado sentimiento de completud y conexión en el momento de la inspiración sería como hacer el amor sólo por el momento del orgasmo. Por lo tanto el trabajo del improvisador consiste en extender esos flashes momentáneos, extenderlos hasta que se fusionen con la vida cotidiana. Entonces empezamos a experimentar la creatividad y el libre juego de la improvisación como parte de nuestra mente común y de nuestra actividad habitual. El ideal, al que podemos acercarnos pero nunca alcanzar plenamente, porque todos nos atascamos de vez en cuando, es un flujo constante momento a momento. A esto se refieren muchas de las tradiciones espirituales cuando hablan de “cortar la leña, acarrear el agua”, llevando a las actividades rutinarias de la vida cotidiana las cualidades de luminosidad, profundidad y simplicidad dentro de la complejidad que asociamos con los momentos de inspiración. Como los balineses podemos decir: “No tenemos arte. Todo lo que hacemos es arte”. Podemos llevar una vida activa en el mundo sin enredarnos en libretos o expectativas rígidas: hacer sin preocuparnos demasiado por el resultado, porque el hacer es su resultado.

 

Free play: la improvisación en la vida y en el arte 
Stephen Nachmanovitch

Publicado en Microhistorias

El poder de las historias bien contadas


seuss
Ilustración: Dr Seuss

La mejor manera de vincular una idea a una emoción es contar una historia atractiva. En un cuento, no sólo entretejes mucha información en su narración, sino que excitas las emociones y la energía de quien la escucha. Convencer con un cuento es difícil. Cualquier persona inteligente es capaz de sentarse y hacer listas. Hace falta racionalidad aunque poca creatividad para diseñar un argumento mediante la retórica convencional. Pero representar una idea que tenga el suficiente poder emocional para ser memorable exige un conocimiento vívido y una gran destreza narrativa. Si puedes aprovechar la imaginación y los principios de una historia bien contada, conseguirás que la gente se levante en medio de una gran ovación en vez de bostezar e ignorarte.

Robert McKee

Publicado en Microideas

¿Será verdad? Una forma de aligerar la pena


Sólo nos libramos del sufrimiento cuando lo expresamos sin restricciones.                            

Marcel Proust

A partir del experimento de la psicóloga y profesora Jenny Pennebaker sobre los beneficios que aporta escribir sobre las dificultades que se están afrontando, Tal Ben-Shahar,  el autor de “Ganar felicidad” y profesor de Harvard, propone  escribir durante quince o veinte minutos al menos cuatro días consecutivos sobre o la misma o diferentes experiencias que hayan resultado traumáticas. Ben Shahar aconseja no preocuparse ni por el estilo, la redacción ni la ortografía. Sólo hacer el trabajo de volcado. Según ambos expertos el ejercicio es útil.

Publicado en Microideas

Acepta el reto: una novela en 30 días


He aceptado el reto de participar en Nanowrimo, que en inglés responde a las siglas de  National Novel Writing Month (mes nacional de la novela escrita). NaNoWriMo es un movimiento originado en  Estados Unidos, en el cual cada participante asume el reto de escribir una novela de 50.000 palabras en el mes de noviembre.

El proyecto fue creado por Chris Baty en julio de  1999,  a partir del siguiente año se celebra anualmente en noviembre.  Las novelas de los participantes pueden ser de cualquier tema, cualquier género, escritas en cualquier lengua y procedentes de cualquier país.  Deben comenzar después de la medianoche del 1 de noviembre, y terminar antes de la medianoche del 30 de noviembre. Se permite avanzar con planificación y notas pero no con escritura que pueda ser incluida en el cuerpo de la novela.

Para “ganar” en el NaNoWriMo, los participantes deberían escribir un promedio de unas 1667 palabras al día, lo cual es casi dos páginas con espacio sencillo y fuente tamaño 12.

Más información sobre la intención y el desarrollo del proyecto en este post:

http://www.leemaslibros.com/un-mes-para-escribir-una-novela-nanowrimo