Publicado en Pensando en voz alta

¿Plato sorpresa o tortilla de patatas?


Imagina esta situación: te has apuntado a un concurso de cocina donde todo es secreto, incluidas las normas del certamen. Llegas con una curiosidad exacerbada y el organizador te dice: “puede elegir dos posiblidades: la primera cocinar el plato que usted quiera, con la condición de que sea comestible (eso lo comenta mientras te guiña el ojo) , la segunda, hacer el plato que yo le sugiera. Si elige la primera opción, aclara,  se tendrá que buscar los ingredientes y si se decanta por la segunda se los proporcionaremos nosotros. Cuando cotejemos los resultados  decidiremos quién ha ganado el concurso”.

La vida se parece algo a este concurso de cocina y las dos opciones tienen sus ventajas y sus inconvenientes.  Te animo a ser creativo/a y compartir tus  cavilaciones.

Publicado en Microhistorias

Yo elijo ¿y tú?


 

Cada mañana me levanto y pienso: hoy puede ser cara o puede ser cruz y depende sólo de mí. Antes pensaba que no era así, que no podía ser tan simplista ni falsamente optimista pues el transcurso de la jornada dependía de muchos factores ajenos a mi control como: mi humor, mis circunstancias, mi salud, mis genes o incluso las noticias que fuera recibiendo a lo largo del día. Ahora conozco mejor el funcionamiento del cerebro y sé que puedo centrar la atención donde yo quiera. Y si decido que quiero que sea cara y que los problemas sean oportunidades, un achaque de salud, la prueba de que estoy viva, las circunstancias, eso, sólo circunstancias que cambian y que no me definen y mis genes un pack modificable en un porcentaje si no considerable, bastante esperanzador, ya he hecho mi elección. Es más yo diría que he hecho una buena elección.

Cuando descubra que no sé donde he aparcado el coche en vez de machacarme con insultos aprovecharé para recordarme: “un poco más de atención te vendría de perlas”. Si mi reunión con esa directora negativa está a punto de sacar el gen airado que brama como un toro rojo al trapo, dedicaré diez segundos a elegir qué siento. Sin duda puedo elegir y dejarlo en “sería bien triste que esta persona me arruinará el resto del día”.  No podemos dejar el presente en manos de los otros. Es nuestro y tenemos la obligación de exprimirlo porque es lo único que tenemos.  Eso, claro está,  no significa que de tanto en tanto aceptemos una sacudida de mal humor, la tristeza o ciertas emociones cargadas de desesperanza. Somos humanos, pero podemos practicar las emociones positivas y la atención plena y llegar a ser expertos en cambiarnos.