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La Navidad también es una actitud


Se acerca la Navidad y en todos los corrillos de amigos, compañeros de trabajo y familias aparece la cuestión de todos los años: ¿por qué obligatoriamente debemos estar felices, a cuento de qué? ¿Es necesario demostrar entusiasmo cuando vamos a estar en compañía de personas que no siempre son de nuestro agrado? Tú, como yo, habrás oído comentarios jocosos como: «lo mejor de las navidades es que, afortunadamente, pasan». Incluso los chistes hacen referencia a la peliaguda cuestión: ¿cómo pasarás las navidades, bien o en familia?
Me gusta la escena de Qué bello es vivir, donde George Bailey, el protagonista, se arrepiente de haber nacido y tiene la ocasión de contemplar qué habría ocurrido si él no hubiera existido. Todo se aclara para George cuando ve que su existencia sí ha marcado una diferencia en las personas con las que ha mantenido una relación, tanto estrecha como casual. Y este descubrimiento sorprendente le cambia de forma radical. Frank Capra dirigió Qué bello es vivir para demostrar a una sociedad deprimida de posguerra que toda vida es preciosa y única, que nadie es prescindible si entiende que está aquí por y para algo.
Esa Navidad que nos preocupa y nos abruma sería mucho menos pesarosa si la viviéramos como si fuese la última, como si ya no hubiera más oportunidad de besar a nuestros hijos, de bromear con hermanos, primos y fastidiar a nuestros padres con nuestros toles toles habituales. Aun cuando al menor indicio de disputa familiar los buenos propósitos desaparezcan, es importante entender que lo primordial no es que tú seas feliz o estés contento sino de que los que son importantes para ti sientan que estás ahí, que no les diriges la palabra por obligación ni por aburrimiento, que estás ahí porque quieres. Estas fiestas se hacen tristes para muchas personas por las rencillas, los rencores, el recuerdo de que algo valioso: una relación estrecha, por ejemplo, se ha perdido.
La Navidad en sí es una simple creencia personal, de modo que cabe la posibilidad de elegir entre vivirla como la pesada obligación que creemos que es, o como una magnífica oportunidad para estar con los que amamos, para recordar juntos a los que nos faltan y añoramos todos los días de nuestra vida. La elección es bien sencilla: o te mantienes en tus trece y eliges pasarlas todo lo mal que te sea posible o te das la oportunidad de probar con otra creencia menos habitual en tu sistema: ¿y si lo veo desde otra perspectiva, con otra luz? Decidas lo que decidas, ¡feliz Navidad!

gruinalda-navideña

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Toca leer con atención


¿Te animas a resolverlo? La solución está dentro del propio texto pero hay que utilizar dos herramientas: el enfoque y la atención plena.Que no te distraiga el ruido de la mente.

pensamiento creativo

Vía facebook Mabel Martínez ¡Gracias por el regalito creativo!

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El curioso experimento de los caramelos


A través de un programa de televisión se decidió proponer a los padres que gastaran una broma a sus hijos diciéndoles que se habían comido sus caramelos de Halloween. Se les pidió que grabaran sus reacciones y enviaran el resultado para elaborar un montaje. Como era previsible, la mayoría de los niños (entre los 3 y los 6 años de edad) reaccionaron con lloros y expresiones de rabia. Los mayores habían cometido una injusticia tomando algo que no era suyo. Lo vivieron como un abuso; pero no todos lo encajaron así. Algunos niños se quedaron impactados por la acción de los adultos y reaccionaron con cautela, incluso conteniendo las lágrimas. Y los menos, aceptaron la situación y se limitaron a expresar sus emociones: no estaban muy contentos, desde luego, pero proponían que al menos el próximo Halloween en lugar de zampárselos todos, los compartieran con ellos.

Es un experimento y en realidad sólo sirve para pensar. ¿Quién desarrollará un mejor carácter? ¿quién vivirá menos frustrado por el peso de las injusticias? ¿quién empatizará mejor? ¿quién se derrumbará menos en la adversidad? ¿Está en los genes la reacción instintiva? ¿influirá algo la educación que haya recibido cada niño y el lenguaje familiar cotidiano?

En el futuro estos niños vivirán muchas situaciones frustrantes.¿Les servirán de algo las frases hirientes, los insultos, la negación del amor (ya no te quiero, no te voy a querer nunca más) o como alguno de ellos hace arrojar cosas contra el abusón con auténtica ira? ¿Cómo deberían protegerse algunos niños del vídeo de sus reacciones instintivas y primarias? ¿habrá adultos que les enseñen con paciencia a reconocer sus sentimientos y expresarlos con mejores resultados para ellos mismos?

Otra pregunta interesante sería: ¿cuál es el comportamiento habitual de los padres de cada uno de esos niños? o mejor aún: ¿Cómo reaccionarían los adultos si sus hijos se comiesen y bebiesen algo para ellos muy apetecible y deseado? ¡Habría que verlo! Aunque tengo la intuición, porque así lo revelan las investigaciones sobre la frustración, que las reacciones de estos mayores se parecerían muchísimo a la de sus hijos. Muchos comportamientos que consideramos obra de la genética lo son más de una educación sana por parte de personas que han sido a su vez educados para ser aceptados, comprendidos y guiados en el difícil arte de vivir con plenitud. Curiosamente, los padres mejor entendidos por sus hijos en la grabación les hacen preguntas a estos sobre sus sentimientos, indagan con cautela y franqueza sobre si podrán perdonarlos. Esta parte me parece especialmente útil ¡y reveladora!

Tal vez haya sacado una conclusión equivocada y mis deducciones tengan poco que ver con la realidad. Ni soy pedagoga ni psicóloga. No obstante, sigo con gran interés todas las investigaciones científicas sobre el comportamiento humano y desde el famoso experimento de Walter Mischel (Se le pidió a una serie de niños que aguantaran diez minutos sin comerse una nube y en premio recibirían otra más) está claro que toda persona que sabe esperar para obtener una recompensa mejor, adquiere un mayor equipaje contra la frustración, obtiene mejores resultados personales y profesionales a la larga y no está permanentemente colgado del chute del corto plazo. Esto es lo que Walter Mischel averiguó siguiendo el día a día de estos niños durante su infancia, adolescencia y buena parte de su vida adulta. Ulises, el héroe, sabía lo arduo que resulta escapar a una tentación, así que pidió ser atado a un poste para resistir el encantamiento de las sirenas y proseguir su viaje. Aprendamos de los mitos y de su enorme sabiduría. Como los niños de Mischel que se distrajeron para ignorar la nube de a discordia y obtuvieron su recompensa duplicada.

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Autoengaños


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Imagen: Georgia O´Keeffe

Uno de los grandes desafíos de nuestra época es la motivación. La vieja teoría del palo y la zanahoria (obedencia y recompensa) apenas funciona. Motivarse por algo que cuesta esfuerzo: una relación, un trabajo, una forma de vivir consecuente, requiere, como apunta las investigaciones de los psicólogos Deci y Ryan, satisfacer tres necesidades innatas: competencia, autonomía y relaciones.El psiquiatra Carl Alasko afirma que negación, engaño y culpa obstruyen nuestra conducta y que la mejor manera de decidir sobre si algo es esencial para nosotros está en someterlo al test de las tres preguntas: ¿Fomentará lo que es mejor para mí a largo plazo? ¿desarrollará mi carácter y mi integridad personal? ¿permitirá que se realice mi más profundo y auténtico yo?

-Fomentar lo que es bueno para uno/a a largo plazo significa ni más ni menos que manejar con mano de hierro el cortoplacismo, no ignorar las consecuencias a largo plazo de sus decisiones y no dejarse llevar alocadamente por los sentimientos de evitación y de satisfacción inmediata
-Desarrollar el carácter y fomentar la integridad se traduce en no dejarse seducir por el engaño para adaptar la realidad a su gusto.Esto incluye no mentirse a sí mismo y a los demás con vanas justificaciones.
-Buscar la realización del yo más profundo y auténtico se refiere a excavar capas hasta dar con lo que de verdad importa.

El por qué de nuestra irracionalidad tratándose de algo tan valioso lo encontramos en la necesidad de satisfacción inmediata en el corto plazo: ¡quiero esto ya! Nuestro comportamiento se parece al de los adictos. Nos resulta más cómodo y más placentero satisfacer un deseo inmediato que lidiar con las tres preguntas anteriores. Los comportamientos adictivos obvian el posible daño final. Y como apunta Daniel Pink: la grandeza y la miopía resultan incompatibles: los logros importantes requieren levantar la vista y mirar el horizonte. Piénsalo con calma y motívate a actuar.

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Enseñanza del fracaso e importancia de la imaginación: JK Rowling en Harvard


imaginacion
Discurso de JK Rowling con motivo de la graduación de la promoción de 2008 de la Universidad de Harvard: los beneficios del fracaso y la importancia de la imaginación

«Presidenta Faust, miembros de la Corporación Harvard y el Consejo de Supervisores, miembros de la facultad, orgullosos padres, y sobretodo, graduandos.

Lo primero que quisiera decir es “gracias”. No solo Harvard me ha dado un honor extraordinario, sino que las semanas de miedo y náuseas que he experimentado por tener éste compromiso de dar un discurso me han hecho perder peso. Una situación ganadora en todo sentido! Ahora solamente debo tomar aire, mirar los banderines rojos, y engañarme a mi misma para creer que estoy en la convención de Harry Potter más educada del mundo.

Dar un discurso es una gran responsabilidad. O eso pensé hasta que recordé mi propia graduación. La oradora de ese día era la distinguida Baronesa y Filósofa Británica Mary Warnock. El repaso de su discurso me ha ayudado enormemente a escribir éste, porque resulta que no recuerdo ni una sola palabra de lo que dijo. Este liberador descubrimiento me permitió proceder sin el miedo de que inadvertidamente los influenciara a ustedes a abandonar prometedoras carreras de negocios, leyes, o política, simplemente por el gusto de convertirse en un mago gay.

¿Lo ven? Si todo lo que recordarán en los años venideros es el chiste del “mago gay”, entonces ya estoy mejor que la Baronesa Mary Warnock. Metas alcanzables: el primer paso hacia el mejoramiento personal.
De hecho, me he devanado la cabeza y el corazón pensando en lo que debía decir hoy. Me he preguntado lo que me hubiese gustado tener en mi propia graduación, así como las importantes lecciones que he aprendido durante los 21 años que han expirado desde ese día hasta hoy.

Y he llegado a dos respuestas. En éste maravilloso día en el cual nos reunimos para celebrar su éxito académico, he decidido hablar de los beneficios de fallar. Y mientras ustedes están a punto de ingresar a la llamada “vida real”, quiero también recalcar la crucial importancia de la imaginación.
Estas pueden parecer unas opciones muy Quijotescas o paradójicas, pero por favor escuchen lo que tengo que decir.

Recordar a la joven de 21 años que era cuando me gradué, es una experiencia un poco incómoda teniendo en cuenta que ya tengo 42 años. Hace la mitad de mi vida, me enfrentaba a un extraño balance entre la ambición que tenía para mí misma, y lo que mis personas cercanas esperaban de mí.

Estaba convencida de que lo único que quería hacer, para siempre, era escribir novelas. Sin embargo, mis padres, quienes provienen de entornos pobres y quienes nunca fueron a la universidad, tomaron mi hiperactiva imaginación simplemente como regalo personal que no podría pagar una hipoteca o garantizarme una pensión.

Esperaron que yo me graduara en el ambiente vocacional. Y quise estudiar Literatura Inglesa. Se estableció un compromiso que en retrospectiva no satisfizo a nadie, así que acabé estudiando Lenguas Modernas. Apenas el auto de mis padres volteó la esquina del camino, dejé de estudiar alemán y me escabullí por el Corredor de Clásicos.

No recuerdo haberles dicho a mis padres que estaba estudiando Clásicos. Creo que se enteraron el día de la graduación. De todas las materias de éste planeta, creo que no podrían encontrar una más inútil que Mitología Griega al momento de asegurarse las llaves de un baño de ejecutivo.

Quiero aclarar, entre paréntesis, que no culpo a mis padres por su punto de vista. Hay una fecha de expiración al momento de culpar a tus padres por guiarte en la dirección equivocada. Cuando eres lo suficientemente mayor para tomar las riendas, la responsabilidad siempre está a tu lado. Y aún más, no puedo criticar a mis padres por esperar que yo nunca experimentara la pobreza. Ellos ya eran pobres, y yo entonces ya era pobre, así que concuerdo con ellos en que no es una buena experiencia. La pobreza enfatiza el miedo, y el estrés, y en ocasiones la depresión. Significa miles de humillaciones y necesidades. Salir de la pobreza por tus propios medios, es algo de lo que se debe estar orgulloso, pues la pobreza en sí sólo es romantizada por los tontos.

Lo que más temía de mi misma a su edad no era la pobreza, sino el fallar.

A su edad, a pesar de una carencia distintiva de motivación en la universidad, donde pasé mucho tiempo en las cafeterías escribiendo historias, y muy poco tiempo en las clases, tenía habilidad para pasar los exámenes, y eso, por años, ha sido la medida del éxito en mi vida, por mis esfuerzos.

No soy lo suficientemente ilusa para pensar que porque ustedes son jóvenes, dotados y bien educados, nunca tendrán necesidades o desencantos. El talento y la inteligencia nunca han inoculado a nadie contra los caprichos del destino, así que en ningún momento supongo que todos los aquí presentes han disfrutado su existencia llena de privilegios y consentimientos.

Sin embargo, el hecho de que ustedes se están graduando de Harvard sugiere que no están muy acostumbrados al fracaso. Tal vez hayan tenido miedo a fallar tanto como el deseo del éxito. De hecho, su concepto de fracaso puede no estar muy lejos de la idea del éxito de una persona promedio. Así de alto ya han volado académicamente.

Finalmente, todos hemos decidido lo que para nosotros significa el éxito, pero las palabras no son suficientes para darles un conjunto de criterios si fuera necesario. Así que creo que es justo decir que, de cualquier medida convencional, sólo 7 años después del día de mi graduación, fracasé a una escala épica. Un excepcionalmente corto matrimonio explosionó, y yo estaba desempleada, madre soltera, y tan pobre como es posible serlo en la moderna Gran Bretaña, sin quedarse sin un hogar. Los temores que mis padres sentían por mí, y que yo tenía para mí misma, se convirtieron en realidad, y por todos los estándares usuales, yo era el mayor fracaso que conocía.

No voy a pararme aquí para decirles lo que es el éxito. Ese periodo de mi vida fue muy oscuro, y no tenía idea de pasaría lo que la prensa llama ahora un “final de cuento de hadas”. No tenía idea de qué tan extenso era el túnel, y durante mucho tiempo, cualquier luz al final de él era más una esperanza que una realidad.
Así que por qué hablo acerca de los beneficios del fracaso? Simplemente porque el fracaso significa un camino hacia lo no esencial, me paré pretendiendo que era algo muy diferente a lo que era en realidad, y comencé a dirigir toda mi energía a terminar el trabajo que me interesaba. No triunfé realmente en nada más, pues nunca encontré la determinación de tener éxito en otro campo que fuera de mi interés. Era libre, pues mis más grandes miedos se habían materializado, y aún estaba con vida, y aún tenía una hija a la cual adoraba, y tenía una máquina de escribir y una gran idea. Y entonces la roca del suelo se convirtió en los fundamentos sobre los cuales reconstruí mi vida.

Tal vez ustedes nunca fracasen a la escala que yo lo hice, pero algunas fallas en la vida son inevitables. Es imposible vivir sin fallar en ocasiones, a menos que vivas tan cautelosamente que no estás viviendo en realidad, en cuyo caso, fallas por defecto.

El fracaso me dio una seguridad interior que nunca experimenté al pasar los exámenes. El fracaso me enseñó cosas acerca de mi misma que no hubiese podido aprender de otra manera. Descubrí que tengo una fuerte voluntad, y más disciplina de la que esperaba. Y también descubrí que tenía amigos cuyo valor es mucho más alto que el de los rubíes.

La noción de que has surgido más sabia y más fuerte desde el fondo significa que eres, para siempre, segura de tus habilidades de sobrevivir. Nunca te conocerás verdaderamente, ni las fortalezas de tus relaciones, hasta que ambas sean puestas a prueba ante la adversidad. Ese conocimiento es un verdadero regalo, por todo lo que se ha ganado con esfuerzo, y que vale más que cualquier calificación alguna vez obtenida.

Si me diera un máquina del tiempo o un Gira-Tiempo, me diría a mi misma a los 21 años que las felicidad personal reside en saber que la vida no es una lista de adquisiciones o logros. Sus calificaciones, su currículum, no son su vida, aunque conocerán a muchas personas de mi edad o mayores quienes confunden estos dos aspectos. La vida es difícil, y complicada, y más allá del control de cualquier persona, y de la humildad de saber que se te permitirá sobrevivir a sus vicisitudes.

Tal vez piensen que escogí mi segundo tema, la importancia de la imaginación, porque parcialmente la usé para reconstruir mi vida, pero eso no es todo al respecto. Aunque defiendo el valor de las historias para dormir hasta mi último aliento, he aprendido el valor de la imaginación en un sentido mucho más amplio. La imaginación no es sólo la capacidad única de los humanos de visionar lo que no es realidad, y por lo tanto, la fuente de todas las invenciones e innovaciones. Es sin duda la capacidad más transformadora y reveladora, es el poder que nos permite enfatizar con humanos cuyas experiencias nunca hemos compartido.

Una de las experiencias formadoras más grandes de mi vida preceden a Harry Potter, aunque está presente en lo que subsecuentemente escribí en los libros. Esta revelación provino en la forma de uno de mis primeros trabajos diurnos. Aunque me dedicaba a escribir historias durante mis horas de almuerzo, pagaba la renta a mis 20 años al trabajar en un departamento de investigación en las instalaciones de Amnistía Internacional en Londres.

Allí, en mi pequeña oficina, leía asombrada cartas desprovistas de regímenes totalitarios, de hombres y mujeres que se arriesgaban a ser arrestados con tal de informar al mundo lo que les estaba pasando. Vi fotografías de aquellos que desaparecieron sin rastro, enviadas a Amnistía por sus desesperadas familias y amigos. Leí el testimonio de víctimas de tortura y vi imágenes de sus heridas. Abrí resúmenes escritos a mano de juicios de ejecución, de secuestros, y de violaciones.

Muchos de mis compañeros de trabajo eran ex-prisioneros políticos, personas que han sido desplazadas de sus hogares, o enviadas al exilio, porque tuvieron la temeridad de pensar independientemente de su gobierno. Los visitantes de nuestra oficina incluían a aquellos que iban a dar información, o que intentaban averiguar qué paso con quienes fueron forzados a dejar atrás.

Nunca olvidaré a una víctima de tortura Africana, un hombre no mayor a mí en ese momento, quien se volvió loco después de todo lo que tuvo que soportar en su tierra. Temblaba incontrolablemente al hablar a una cámara de video acerca de la brutalidad que se le infringió. Era un pie más alto que yo, y parecía tan frágil como un niño. Se me dio la tarea de escoltarlo a la Estación Subterránea, y éste hombre cuya vida había sido sacudida tan cruelmente, me tomó de la mano con una exquisita cortesía, y me deseó un futuro feliz.

Y desde entonces recuerdo caminar por ése vacío corredor y de repente escuchar, desde detrás de una perta cerrada, un grito de dolor y horror como nunca antes había oído. La puerta se abrió, y la investigadora sacó la cabeza y me dijo que corriera a preparar una bebida caliente para el hombre sentado junto a ella. Me acababa de dar la noticia de que en retaliación por hablar en contra del régimen de su país, su madre había sido atrapada y ejecutada.

Todos los días laborales de mis 20 años se me recordaba lo afortunada que era, de vivir en un país con un gobierno elegido democráticamente, donde la representación legal y un juicio público son los derechos de todos.

Todos los días, veía evidencias de las maldades que la humanidad infringe en sus compañeros humanos, para ganar o mantener el poder. Comencé a tener pesadillas, literalmente, acerca de algunas de las cosas que vi, oí, y leí.

Y además, aprendí más acerca de la bondad de la humanidad en Amnistía Internacional de que había aprendido antes.

Amnistía moviliza a miles de personas que nunca han sido torturadas o encarceladas por sus creencias de actuar a favor de quienes sí lo han sido. El poder de la empatía humana, que conlleva a la acción colectiva, salva vidas, y libera prisioneros. La gente ordinaria, cuyo bienestar y seguridad están asegurados, se unen en cantidades enormes para salvar a personas que no conocen, y que nunca conocerán. Mi pequeña participación en ese proceso fue una de las experiencias más humildes e inspiradoras de mi vida.

A diferencia de cualquier otra criatura de éste planeta, los humanos podemos aprender y comprender, sin tener que experimentar. Podemos pensar por nosotros mismos dentro de las cabezas de otras personas, e imaginarnos a nosotros mismos en los lugares de otros.

Por supuesto, este es un poder, como mi creación de magia ficticia, que es moralmente neutral. Uno puede usar esa habilidad para manipular, o controlar, tanto como para comprender o simpatizar.

Y muchos prefieren no ejercitar su imaginación en absoluto. Ellos escogen permanecer cómodamente dentro de los límites de su propia experiencia, sin preocuparse por pensar cómo se siente haber nacido siendo otro. Ellos se rehúsan a escuchar gritos o a mirar dentro de jaulas. Pueden cerrar sus mentes y corazones ante cualquier sufrimiento que no los toque personalmente. Pueden rehusarse a conocer.

Podría estar tentada a envidiar a las personas que pueden vivir de esa manera, a excepción de que no creo que ellos tengan menos pesadillas que yo. Escoger vivir en espacios limitados que conllevan a una forma de agorafobia mental, que trae sus propios terrores. Creo que las personas sin imaginación ven más monstruos. Y a menudo están más asustadas.

Además, aquellos que escogen no enfatizar podrían activar a monstruos reales. Sin tener que comprometernos a reivindicar la maldad en nosotros mismos, operamos en secreto con esto, a través de nuestra propia apatía.

Uno de los muchos aspectos que aprendí al final del Corredor de Clásicos en el cual me aventuré a los 18 años, en búsqueda de algo que no podía definir en ese momento, fue esto, escrito por el autor Griego Plutarco: “Lo que logramos en el interior cambiará la realidad exterior”.

Esa es una asombrosa frase que se comprueba miles de veces cada día de nuestras vidas. Expresa, en parte, nuestra inescapable conexión con el mundo exterior, el hecho de que tocamos las vidas de otras personas simplemente al existir.

¿Pero a cuántos más de ustedes, graduandos de Harvard de 2008, les atrae la idea de tocar las vidas de otras personas? Su inteligencia, su capacidad del trabajo arduo, la educación que se han ganado y recibido, les ha dado un estado único, y unas responsabilidades únicas. Incluso su nacionalidad los aparta. La gran mayoría de ustedes pertenecen sólo al super-poder restante del mundo. Las manera como voten tiene un impacto más allá de sus límites. Este es su privilegio, y su carga.

Si escogen usar su estado e influencia para elevar su voz a favor de los que no tienen voz. Si escogen identificar no sólo lo poderoso, sino también lo que no tiene poder. Si conservan la habilidad de imaginarse a sí mismos en las vidas de otras personas que no tienen sus ventajas, entonces no sólo serán el orgullo de sus familias quienes celebran su existencia, sino de miles y millones de personas cuya realidad ustedes habrán ayudado a transformar para bien. No necesitamos magia para cambiar al mundo, pues ya llevamos el poder necesario dentro de nosotros mismos: tenemos el poder de imaginar algo mejor.

Ya casi termino. Tengo una última esperanza para ustedes, que es algo que ya tenía a los 21 años. Los amigos con los que me senté el día de la graduación lo han sido durante toda mi vida. Por ejemplo los padrinos de mis niños, las personas con quienes he contado en tiempos difíciles, amigos que han sido tan amables como para no demandarme por usar sus nombres para los Mortífagos. En nuestra graduación nos unía un enorme afecto, por nuestras experiencias compartidas en un tiempo que ya no podrá volver, y por supuesto, por el conocimiento de que tenemos cierta evidencia fotográfica que sería excepcionalmente valiosa si cualquiera de nosotros se convirtiera en Primer Ministro.

Así que hoy, no les puedo desear nada mejor que amistades similares. Y mañana, espero que aunque no recuerden ni una palabra de lo que dije, recuerden las palabras de Seneca, otro de aquellos antiguos Romanos con los que me encontré en el Corredor de los Clásicos, como refugio de mi carrera, en búsqueda de la vieja sabiduría:

“Como un cuento, así es la vida. Lo que importa no es qué tan larga es, sino qué tan buena es”.
Les deseo buenas vidas a todos».

Fuente

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La vida lanzada: el talento enfocado a la convivencia matrimonial


Escuela de parejas
Desde que leí Teoría de la inteligencia creadora, recién salida del horno, en el año 93, quedé prendada del filósofo español José Antonio Marina. He leído muchos de sus libros y todos me han aportado algo. A su mezcla de amenidad, rigor y curiosidad intelectual añado su facilidad para trasladar al lector conceptos algo abstrusos de la filosofía y la ciencia que, al pasar por su tamiz divulgador, resultan accesibles para cualquier persona. En su último ensayo: Escuela de Parejas el autor reflexiona sobre el desarrollo del talento enfocado a la vida familiar, para lo cual resulta imprescindible hablar de inteligencia (dirigir nuestro comportamiento para elegir bien las metas, hacer proyectos, movilizando y entrenando nuestras energías).

Para alcanzar la felicidad, según el filósofo, es necesario saber qué entendemos por este concepto que él resume en: «la armoniosa satisfacción de tres grandes necesidades que tenemos los seres humanos: pasarlo bien (deseo hedónico), mantener unas relaciones afectivas satisfactorias (deseo de vinculación), ampliar nuestras necesidades vitales (deseo de progreso)». La idea importante está en el adjetivo «armoniosa» porque los tres deseos tienen zonas de incompatibilidad. Así la conclusión más rápida es que tenerlo todo no proporciona la felicidad (porque es imposible) sino «tener la adecuada mezcla de todo».

Florecer (término que utiliza el padre de la psicología positiva, Martin Seligman en el título de su último trabajo publicado: «la vida que florece»), es el resultado de una vida plena. Toda vida que florece está impregnada de alegría. Es esta cualidad humana y no el placer —señala el filósofo Henri Bergson— quien indica la dirección en que la vida está lanzada. La alegría es una ampliación, nos señala Marina.

El autor no deja al lector a la deriva cuando se hace la pregunta del millón: ¿Pero cómo lo hago? ¿Cómo puedo manejar mis sentimientos y sentirme de otra forma? ¿Cómo consigo que mis dos niveles de inteligencia: la generadora y la ejecutiva funcionen de forma armoniosa? O dicho de otro modo: ¿cómo consigo que mi macilento elefante, acostumbrado al hedonismo y a la búsqueda de satisfacciones, se deje guiar por el jinete estratega que vela por lo que es mejor para mí?

Si quieren saberlo: lean este libro que, dicho sea de paso, está destinado a los que quieren mantener una convivencia amorosa. Los lectores que estén siempre pensando «en lo que me estoy perdiendo» y pocas veces se ocupan de «lo que ya tienen», no son sus destinatarios naturales pero tal vez una pequeña y rentable inversión de tiempo les conduzca a la epifanía de: mi vida amorosa familiar vale la pena, sólo necesita florecer.

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Ladrones del libre albedrío


libro montañas
Imagen: Su Blackwell

No es fácil ver a un hombre desdichado por no haberse detenido a pensar qué ocurre en el alma de otro. Pero quienes no siguen con atención los movimientos de su propia alma, fuerza es que sean desgraciados.

No hay ladrón del libre albedrío

Meditaciones de Marco Aurelio

 

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Donativos de felicidad



Los niños de la fundación khanimambo nos envían un mensaje de lo más contundente: les han contado que no somos felices pese a que tenemos muchas razones para serlo, por eso nos quieren apadrinar y enviarnos donativos de felicidad. Bonita forma de presentar una ONG de ayuda a los más necesitados. Si nos dejamos ayudar sentiremos más impulso de hacerlo nosotros.

No te pierdas el vídeo, merece la pena el tiempo dedicado.

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No se puede justificar todo


Es realmente difícil ser independiente y expresar un pensamiento propio, fruto de la reflexión y la repugnancia por el abuso, el desprecio al dolor ajeno y la injusticia en nombre de todo un pueblo, sin que intenten acallarte. Norman Finkelstein es para mí un ejemplo de honestidad y de sentido de la dignidad humana, que está por encima de todas las banderas, los credos y las verdades dogmáticas.