Publicado en Libros recomendados

¿Cuál es mi don especial?


Microcambios,

La coach Talane Miedaner  propone en su libro Coaching para el éxito una sencilla encuesta que podemos hacer entre la familia, los amigos y los compañeros de trabajo para descubrir (si es que lo ignoramos)  cuál puede ser nuestro talento especial. Lo importante no es atreverse a realizarla sino utilizar los resultados de esta encuesta de manera práctica: observar  el punto de vista de diferentes personas y reflexionar sobre las  respuestas.

  • ¿Cuál crees que es mi punto fuerte?
  • ¿Cual crees que es mi punto débil? (En este punto la autora insiste en que hagas la pregunta sólo si apetece hacerla. En caso afirmativo debes pedir que te contesten de forma constructiva y debes abstenerte de comentar nada de lo que te digan, solo tomar notas porque tu misión es reunir opiniones.)
  • ¿Qué talento innato ves en mí? ¿Qué es lo que hago naturalmente sin esfuerzo que sea especial?
  • Si yo saliera en la portada de una revista ¿qué revista sería y qué dirían de mí?
  • ¿Cuando expreso plenamente este don o talento?

A menudo nuestra habilidad más especial nos resulta tan natural que probablemente la damos por supuesta.

Según Miedaner solemos llevarnos una gran sorpresa con las respuestas de nuestros entrevistados. Y esa información orientativa puede sernos de gran utilidad, siempre y cuando comencemos a darle prioridad a ese talento. Eso significa expresarlo, compartirlo, concretarlo, serlo, vivirlo. En definitiva, poner acción en nuestros hallazgos  y realizar  algo que permita expresar plenamente ese don innato. Como segundo paso convendría reflexionar sobre la mejor manera de incorporar ese don especial, propio, a nuestra vida social y laboral. El resto vendrá sin  grandes esfuerzos de planificación.  Aparecerá de manera natural.

Publicado en Microhistorias

Palabra de autor


Microcambios

La depresión puede revivirlo a uno si la vence. La alegría da contenido a la vida. La melancolía es el primer paso hacia la profundidad de ideas. El silencio serena y es como una fiesta. La muerte nos amenaza, pero también nos hace libres. La vida es un enorme regalo que no debemos subestimar. El bienestar sería algo así como un premio. Y la novela,un pedazo de vida.

Arto Paasilinna

Fuente: http://elpais.com/diario/2007/03/03/babelia/1172883015_850215.html 

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El desafío de cambiar


El momento click del cambio es diferente para cada uno de nosotros. En esta escena de la película  La casa de mi vida, George se siente impotente por cómo su hijo Sam desperdicia su vida sumido en una infelicidad perpetua.  En esta conversación directa y sincera George le propone a su hijo que haga algo para cambiar y le advierte: «Estas a tiempo, los cambios pueden ser tan constantes que no verás la diferencia hasta que sea obvio o tan lentos que no sabrás si tu vida es mejor o peor hasta que lo sea o puedes cambiar del todo y ser alguien diferente en un instante. A mí me pasó».  Como en la película, a veces necesitamos que alguien nos dé un empujoncito para aprender a comprometernos con nuestras elecciones y nuestra felicidad.

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Cuanto tú has sentido


microcambios, alberto corazón

Pintura: Alberto Corazón

Consuélate, pensando, corazón, en que nada es

así como es en ti, o que todo es así como es en ti;

que cuanto tú has sentido de los otros, no es como

tú lo piensas o es como tú lo quieres.

Juan Ramón Jiménez (Ellos)

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La tortura de no hallar el talento propio


puzleSe puede gastar una fortuna de tiempo y dinero buscando pasiones ocultas que no somos capaces de descubrir en nosotros mismos. ¿Por qué unos lo tienen tan claro y otros no? ¿Será porque  las fórmulas para todo el mundo son ineficaces?

Empecemos por desenrollar la madeja. Hay personas que disfrutan mucho con su trabajo porque lo consideran una extensión de su pasión vital  y otras que, sin considerar sus trabajos una condena, no disfrutan, sólo pagan facturas mientras vuelcan sus pasiones en otra parte, la práctica de una afición, por ejemplo. También hay los que ni disfrutan con su trabajo ni tampoco de su tiempo de ocio. Sólo se sienten desdichados por no saber quiénes son ni para qué valen. Pero existe una cuarta tipología bastante frecuente: los que sienten una gran inquietud por saber cuál es su sitio pero, pese a su búsqueda, no lo han encontrado.

Para despejar el camino preguntémonos si  encajamos en la tipología:

A. Personas dispersas, con muchos focos de interés

B. Personas centradas en intereses concretos

C. Personas sin intereses claros

Avanzando un paso más allá cuestionémonos si existe un hilo conductor en los desempeños laborales y/o aficiones a las que nos hemos dedicado hasta el momento. Para los teóricos esta tarea resultará muy fácil, pero para los que no lo son, ni se imaginan siquiera cómo acometer una investigación en pos del supuesto hilo,  la tarea en sí les resultará exasperante.  El teórico indagará en su pasado buscando relación entre sus elecciones, vínculos, desempeños, personas… Se hará preguntas y vislumbrará pequeñas lucecitas que le guíen  en su búsqueda. Los del otro extremo necesitan PROBAR, meterse de lleno en la búsqueda de actividades y personas que puedan clarificar su nebulosa.

 Todos somos diferentes, pero al mismo tiempo, todos buscamos un lugar propio. Ese lugar propio, el elemento, del que escribe Ken Robinson, reivindicándolo  como componente singular del individuo para el  disfrute de una vida laboral y personal, no es un objetivo en sí sino un proceso. Es necesario  evitar la desolación y el derrotismo, y probar. En la acción aparece el descarte y el descubrimiento. Así que nada mejor que dejar de lado al peor enemigo (o sea uno mismo) y elegir el camino más  idóneo para cada cual: los teóricos, la reflexión y los otros, el mejor antídoto contra el conformismo: ¡la acción!

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La lista Forbes de placeres cotidianos


microcambios

Cotidiano es un adjetivo con mala prensa. Retumba en los oídos con el runrún de rutina, ya conocido, poco sorpresivo, monótono… ¡Ah!, pero admite una vuelta de tuerca cuando se alía con un sustantivo tan clamoroso como placer. De pronto el reconocible cotidiano adquiere intriga y lustre con la incorporación de un atractivo acompañante. ¿Quién no quiere para sí mismo algo placentero, algo que despierte sus sentidos y produzca el mismo efecto que una bola de nieve rodando por una ladera? El asunto es que la vida impaciente gasta cada vez menos espacio de su milimetrado programa en recordar lo que ya está a disposición de cada cual. Y lo bueno es que no hay límite ni escasez porque abundan los placeres cotidianos no traspasables, o lo que es lo mismo: hechos a medida para cada individuo.

Escribir sobre los placeres cotidianos me ha obligado a pensar en qué considero yo un placer cotidiano. Me he puesto a hacer mi inventario y he descubierto que soy como el rey Midas, una súper millonaria del disfrute cotidiano. Puede que la muestra adjunta no despierte grandes pasiones en otras mentes, o puede que sí. No importa. Lo interesante de esta reflexión escrita es la idea en sí. Los demás no siempre quieren lo que tú quieres.

CATÁLOGO RESUMIDO DE PLACERES COTIDIANOS 

  • Una taza de té caliente con aroma a bergamota
  • El currusco de pan que arranco de la barra y me voy comiendo por el camino
  • La alegría inmensa del retorno de los  barcos de pesca  a puerto
  • Comprobar cada mañana que mi catálogo de achaques sigue intacto y a pesar de ello tengo salud
  • La certeza de que los amigos están ahí ¡benditos sean!
  • Los gestos sinceros y honestos
  • El tacto del embozo de la sábana
  • El libro en la mesilla de noche
  • El interruptor de la luz cuando lo pulso y enciende
  • El sonido del teléfono cuando viene acompañado de una voz querida
  • Abrir la nevera y encontrar un alimento apetecido
  • El saldo del banco cuando se mantiene alejado de la zona de números rojos
  • Encontrarme en la calle con alguien que me cae bien
  • Recibir  buenas noticias
  • Ver la imagen en el whats app de mis hijas
  • Tomar café con mis amigotas
  • ¡La luz!
  • Escribir sobre cualquier asunto que me interese
  • Escuchar un chiste, un sucedido humorístico o una frase ingeniosa
  • Comprobar que no se me ha roto ningún huevo de los que he comprado
  • Comer queso
  • Escuchar palabras de afecto
  • Sentirme positiva y viva
  • Entrar en una tienda donde me conocen y escuchar ¡hola Cecilia!
  • Una cita inesperada
  • Encender el ordenador y comprobar que funciona a las mil maravillas
  • El olor a limpio en la ropa y en la casa
  • Ese golpecito de calor tan delicioso cuando se viene de fuera y se llega a casa
  • El frío invernal y el calor veraniego
  • Las flores de las orquídeas
  • El primer trago de cerveza (como sugiere Philippe Delerm)
  • El agua caliente y fría saliendo milagrosamente del grifo a voluntad
  • El mar cambiante y misterioso
  • El concierto número dos de Rachmaninov  y sus evocaciones del Pirineo leridano
  • Imaginar los pormenores de un viaje en proyecto
  • Divagar un rato sobre cualquier cosa que me ilusione
  • Posar la mirada en mi biblioteca
  • Comprar un nuevo libro
  • Buscar un tema interesante y empaparme
  • Ver en Canal Cocina un programa de mis cocineros favoritos
  • Pensar un instante en todas las personas que quiero (y sentirlas con el pensamiento)
  • Un whats app ingenioso
  • Tirar de la cadena y comprobar que el agua limpia los desechos
  • Comer con hambre
  • Pasar miedo viendo una peli
  • Abrir el armario y constatar que me podría pasar los próximos ochenta años sin tener que ir a ningún sitio de compras
  • Sentir los pies calentitos
  • Los minutos de inspiración y euforia
  • El olor a bizcocho recién hecho
  • Los hallazgos inesperados
  • El repaso de agradecimientos diario
  • El silencio de la noche
  • Las celebraciones que se conciben  como regalos de experiencias compartidas (cine, teatro, excursiones, cenas, conciertos, fiestas…)
  • El momento en que se apagan las luces y la vida se sume en el letargo
  • El amanacer (cuando soy capaz de verlo)
  • Salir de pilates con la sensación de que soy una campeona (jamás tengo ganas de ir)
  • Los últimos cinco minutos en la cama holgazaneando antes de levantarme
  • El cigarrillo que me fumo con auténticas ganas
  • La alegría de que alguien me cuente algo interesante ¡y compartirlo!
  • Una buena noticia en el telediario
  • Los objetos que me recuerdan personas, situaciones o viajes
  • La gente buena
  • Soñar con los ojos abiertos
  • Sentirme parte de Dios y de su creación
  • Y la dosis diaria de chocolate, c´est merveilleux

En resumen, algunos de mis placeres cotidianos no necesitan el concurso de nadie, salvo de mí misma. Otros requieren la colaboración de los demás para producir esa chispa placentera. Todos son cotidianos, pequeños, insignificantes y, por eso mismo, importantes. Haberlos catalogado como si fueran mariposas en manos de un lepidóptero exultante ha logrado un destello de conciencia lúcida. Sí, amigos, en mi peculiar lista Forbes de placeres cotidianos, voy escalando puestos rumbo a la cima a una velocidad vertiginosa.

¿Y qué hay de los vuestros? Estoy deseosa de descubrirlos. 

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En 2 pasos, cursos para todos los gustos


microcambios

De vez en cuando alguien publica o te envía alguna información ocurrente, divertida y sencilla de aplicar. He seleccionado de este plan de acción  algunas ideas útiles:

Curso de administración en dos pasos: 

  • No gastes lo que no tienes
  • Deja de pedir prestado

Curso de autoestima en dos pasos:

  • Quiérete mucho tal y como estás (y eres)
  • Que te importe un pimiento lo que piensan los demás

Curso de autosanación en dos pasos:  

  • Perdónate tus tonterías
  • Perdona las tonterías de los demás

Autoconocimiento en dos pasos:

  • Mírate al espejo
  • Cuéntate las verdades, aunque te duelan

Crecimiento personal en dos pasos: 

  • Deja de tenerte lástima
  • Deja de echar a los demás la culpa de tus fracasos

Curso de liderazgo en dos pasos:

  • Pide las cosas echándole coraje
  • Da ejemplo

Encontrar pareja en dos pasos: 

  • Las personas a medida de tus caprichos no existen
  • Pierde el miedo a estar solo/a

Bajar de peso en dos pasos: 

  • No comas más de lo que debes
  • Ponte a correr ya

Curso de imagen en dos pasos: 

  • Báñate, peínate y lávate los dientes
  • Ponte derecho/a

Curso de modales y etiqueta en dos pasos:

  • Saluda
  • Cierra la boca cuando estés comiendo

En fin, ideas de Perogrullo que conviene recordar para la puesta a punto del 2014.

Publicado en Pensando en voz alta

2014


Monet

Pintura: Monet

Todos los primeros de enero me pregunto qué me deparará el año que estoy a punto de estrenar. Y todos los 31 de diciembre me sorprendo cavilando en los acontecimientos que han ocurrido y no he previsto. Las tragedias y las comedias se suceden en esta vida humana, y hay tantos matices en el dolor y la alegría que clasificarlos llenaría el curso de una existencia completa. Hechos que se presentan como dramas luego se transforman en bendiciones, alegrías que parecen calentar el corazón mutan en gélidos inviernos una vez traspasan el rubicón de lo cotidiano.

Los seres humanos somos sinfonías en preparación y nuestras vidas, pese a la apariencia de normalidad, resultan tan imprevisibles que sólo cuando nos damos un respiro para pensarlo, comprendemos nuestra naturaleza de dioses. Con Dios compartimos la sorpresa de crear y construir cada día de nuestra existencia. Somos hombres y en Dios alcanzamos el grado de sofisticación exigible a una máquina de perfección semejante a la nuestra. De Dios procede la grandeza que nos permite abrir la mente al perdón y al agradecimiento.  Así que, aunque me repita, como todos los finales y principios de años, deseo mantener intacto el asombro, mezcla de expectación y desasosiego, para comprobar lo milagroso que es estar vivo y asistir al espectáculo de esto que llamamos con pobreza de matices, vida.   A esto, uno jamás se acostumbra. Porque amar la vida es, no ocurre como a menudo resumimos queriendo acortar la conversación. Y recordarlo viene  de perlas. Las cosas no ocurren. Las cosas son. Y es perfecto que así sea,  aunque a decir verdad, reconozcámoslo, resulte mucho más sencillo enunciarlo que practicarlo

¡Feliz 2014, microcambieros! Nos espera lo desconocido. ¡Allá vamos!