El Sarmad: un concepto diferente de contar historias a través de ideas encadenadas y repetitivas, imágenes y un sonido hipnótico.
El Sarmad: un concepto diferente de contar historias a través de ideas encadenadas y repetitivas, imágenes y un sonido hipnótico.
La coach Talane Miedaner propone en su libro Coaching para el éxito una sencilla encuesta que podemos hacer entre la familia, los amigos y los compañeros de trabajo para descubrir (si es que lo ignoramos) cuál puede ser nuestro talento especial. Lo importante no es atreverse a realizarla sino utilizar los resultados de esta encuesta de manera práctica: observar el punto de vista de diferentes personas y reflexionar sobre las respuestas.
A menudo nuestra habilidad más especial nos resulta tan natural que probablemente la damos por supuesta.
Según Miedaner solemos llevarnos una gran sorpresa con las respuestas de nuestros entrevistados. Y esa información orientativa puede sernos de gran utilidad, siempre y cuando comencemos a darle prioridad a ese talento. Eso significa expresarlo, compartirlo, concretarlo, serlo, vivirlo. En definitiva, poner acción en nuestros hallazgos y realizar algo que permita expresar plenamente ese don innato. Como segundo paso convendría reflexionar sobre la mejor manera de incorporar ese don especial, propio, a nuestra vida social y laboral. El resto vendrá sin grandes esfuerzos de planificación. Aparecerá de manera natural.
La depresión puede revivirlo a uno si la vence. La alegría da contenido a la vida. La melancolía es el primer paso hacia la profundidad de ideas. El silencio serena y es como una fiesta. La muerte nos amenaza, pero también nos hace libres. La vida es un enorme regalo que no debemos subestimar. El bienestar sería algo así como un premio. Y la novela,un pedazo de vida.
Arto Paasilinna
Fuente: http://elpais.com/diario/2007/03/03/babelia/1172883015_850215.html
El momento click del cambio es diferente para cada uno de nosotros. En esta escena de la película La casa de mi vida, George se siente impotente por cómo su hijo Sam desperdicia su vida sumido en una infelicidad perpetua. En esta conversación directa y sincera George le propone a su hijo que haga algo para cambiar y le advierte: «Estas a tiempo, los cambios pueden ser tan constantes que no verás la diferencia hasta que sea obvio o tan lentos que no sabrás si tu vida es mejor o peor hasta que lo sea o puedes cambiar del todo y ser alguien diferente en un instante. A mí me pasó». Como en la película, a veces necesitamos que alguien nos dé un empujoncito para aprender a comprometernos con nuestras elecciones y nuestra felicidad.
Se puede gastar una fortuna de tiempo y dinero buscando pasiones ocultas que no somos capaces de descubrir en nosotros mismos. ¿Por qué unos lo tienen tan claro y otros no? ¿Será porque las fórmulas para todo el mundo son ineficaces?
Empecemos por desenrollar la madeja. Hay personas que disfrutan mucho con su trabajo porque lo consideran una extensión de su pasión vital y otras que, sin considerar sus trabajos una condena, no disfrutan, sólo pagan facturas mientras vuelcan sus pasiones en otra parte, la práctica de una afición, por ejemplo. También hay los que ni disfrutan con su trabajo ni tampoco de su tiempo de ocio. Sólo se sienten desdichados por no saber quiénes son ni para qué valen. Pero existe una cuarta tipología bastante frecuente: los que sienten una gran inquietud por saber cuál es su sitio pero, pese a su búsqueda, no lo han encontrado.
Para despejar el camino preguntémonos si encajamos en la tipología:
A. Personas dispersas, con muchos focos de interés
B. Personas centradas en intereses concretos
C. Personas sin intereses claros
Avanzando un paso más allá cuestionémonos si existe un hilo conductor en los desempeños laborales y/o aficiones a las que nos hemos dedicado hasta el momento. Para los teóricos esta tarea resultará muy fácil, pero para los que no lo son, ni se imaginan siquiera cómo acometer una investigación en pos del supuesto hilo, la tarea en sí les resultará exasperante. El teórico indagará en su pasado buscando relación entre sus elecciones, vínculos, desempeños, personas… Se hará preguntas y vislumbrará pequeñas lucecitas que le guíen en su búsqueda. Los del otro extremo necesitan PROBAR, meterse de lleno en la búsqueda de actividades y personas que puedan clarificar su nebulosa.
Todos somos diferentes, pero al mismo tiempo, todos buscamos un lugar propio. Ese lugar propio, el elemento, del que escribe Ken Robinson, reivindicándolo como componente singular del individuo para el disfrute de una vida laboral y personal, no es un objetivo en sí sino un proceso. Es necesario evitar la desolación y el derrotismo, y probar. En la acción aparece el descarte y el descubrimiento. Así que nada mejor que dejar de lado al peor enemigo (o sea uno mismo) y elegir el camino más idóneo para cada cual: los teóricos, la reflexión y los otros, el mejor antídoto contra el conformismo: ¡la acción!
Cotidiano es un adjetivo con mala prensa. Retumba en los oídos con el runrún de rutina, ya conocido, poco sorpresivo, monótono… ¡Ah!, pero admite una vuelta de tuerca cuando se alía con un sustantivo tan clamoroso como placer. De pronto el reconocible cotidiano adquiere intriga y lustre con la incorporación de un atractivo acompañante. ¿Quién no quiere para sí mismo algo placentero, algo que despierte sus sentidos y produzca el mismo efecto que una bola de nieve rodando por una ladera? El asunto es que la vida impaciente gasta cada vez menos espacio de su milimetrado programa en recordar lo que ya está a disposición de cada cual. Y lo bueno es que no hay límite ni escasez porque abundan los placeres cotidianos no traspasables, o lo que es lo mismo: hechos a medida para cada individuo.
Escribir sobre los placeres cotidianos me ha obligado a pensar en qué considero yo un placer cotidiano. Me he puesto a hacer mi inventario y he descubierto que soy como el rey Midas, una súper millonaria del disfrute cotidiano. Puede que la muestra adjunta no despierte grandes pasiones en otras mentes, o puede que sí. No importa. Lo interesante de esta reflexión escrita es la idea en sí. Los demás no siempre quieren lo que tú quieres.
CATÁLOGO RESUMIDO DE PLACERES COTIDIANOS
En resumen, algunos de mis placeres cotidianos no necesitan el concurso de nadie, salvo de mí misma. Otros requieren la colaboración de los demás para producir esa chispa placentera. Todos son cotidianos, pequeños, insignificantes y, por eso mismo, importantes. Haberlos catalogado como si fueran mariposas en manos de un lepidóptero exultante ha logrado un destello de conciencia lúcida. Sí, amigos, en mi peculiar lista Forbes de placeres cotidianos, voy escalando puestos rumbo a la cima a una velocidad vertiginosa.
¿Y qué hay de los vuestros? Estoy deseosa de descubrirlos.
De vez en cuando alguien publica o te envía alguna información ocurrente, divertida y sencilla de aplicar. He seleccionado de este plan de acción algunas ideas útiles:
Curso de administración en dos pasos:
Curso de autoestima en dos pasos:
Curso de autosanación en dos pasos:
Autoconocimiento en dos pasos:
Crecimiento personal en dos pasos:
Curso de liderazgo en dos pasos:
Encontrar pareja en dos pasos:
Bajar de peso en dos pasos:
Curso de imagen en dos pasos:
Curso de modales y etiqueta en dos pasos:
En fin, ideas de Perogrullo que conviene recordar para la puesta a punto del 2014.
Pintura: Monet
Todos los primeros de enero me pregunto qué me deparará el año que estoy a punto de estrenar. Y todos los 31 de diciembre me sorprendo cavilando en los acontecimientos que han ocurrido y no he previsto. Las tragedias y las comedias se suceden en esta vida humana, y hay tantos matices en el dolor y la alegría que clasificarlos llenaría el curso de una existencia completa. Hechos que se presentan como dramas luego se transforman en bendiciones, alegrías que parecen calentar el corazón mutan en gélidos inviernos una vez traspasan el rubicón de lo cotidiano.
Los seres humanos somos sinfonías en preparación y nuestras vidas, pese a la apariencia de normalidad, resultan tan imprevisibles que sólo cuando nos damos un respiro para pensarlo, comprendemos nuestra naturaleza de dioses. Con Dios compartimos la sorpresa de crear y construir cada día de nuestra existencia. Somos hombres y en Dios alcanzamos el grado de sofisticación exigible a una máquina de perfección semejante a la nuestra. De Dios procede la grandeza que nos permite abrir la mente al perdón y al agradecimiento. Así que, aunque me repita, como todos los finales y principios de años, deseo mantener intacto el asombro, mezcla de expectación y desasosiego, para comprobar lo milagroso que es estar vivo y asistir al espectáculo de esto que llamamos con pobreza de matices, vida. A esto, uno jamás se acostumbra. Porque amar la vida es, no ocurre como a menudo resumimos queriendo acortar la conversación. Y recordarlo viene de perlas. Las cosas no ocurren. Las cosas son. Y es perfecto que así sea, aunque a decir verdad, reconozcámoslo, resulte mucho más sencillo enunciarlo que practicarlo
¡Feliz 2014, microcambieros! Nos espera lo desconocido. ¡Allá vamos!