Tus hijos no son tus hijos


Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar
ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.

Deja que la inclinación
en tu mano de arquero
sea para la felicidad.

Kahlil Gibran

Distinguir razones de propósitos


microcambios

Nosotros, los procrastinadores (sé que el palabro suena bastante parecido a nosotros, los drogatas,  o nosotros, los borrachuzos,) tenemos en común una dificultad: no distinguimos entre razones y propósitos.

Básicamente ignoramos, en sentido estricto, lo que expresan ambos términos: «razones» y «propósitos».

Pues bien, mientras las razones atienden a los por qué,  los propósitos se ocupan de los para qué. Y mientras los primeros iluminan los motivos ocultos de cada quién para actuar, los segundos  proporcionan algo más  valioso: combustible, esto es:  compromiso y energía, un tándem indispensable para lograr un objetivo.

Si toda la vida has querido escribir un libro y no lo has hecho, averiguar por qué no lo haces, no te ayudará a lograrlo. Descubrirás, eso sí,  emociones intensas ocultas en tus razones personales, eso es todo. En cambio, si las pesquisas van dirigidas a la finalidad, al para qué  quieres hacerlo, para qué es importante ser escritor, para qué necesitas tener ese libro entre tus logros, entonces la situación cambia porque te das de bruces con un anhelo, un asunto tan  importante que, si se posterga, dañara lo más preciado que posees.

Encontrar el propósito, como sostenía Viktor Frankl, creador de la logoterapia, consiste en encontrar la piedra angular sobre la que se apoya el edificio de tu vida. Así que si quieres escribir un libro pregúntate cuál es tu propósito al respecto, qué cambiará hacerlo o no hacerlo, qué diferencia se aprecia en tu vida de seguir como estás (sin libro escrito)  o  de conseguir la meta (libro escrito). Después, una vez hayas hecho tus averiguaciones sobre el propósito, añade las razones que gustes. Estas adornarán y enriquecerán el propósito pero nada más. Y quien dice libro dice cualquier asunto que estés aplazando por escudarte en razones sin investigar propósitos. 

La posibilidad, las posibilidades


Un segundo, una decisión, lo cambia todo, inclina la balanza de un lado o de otro, te empuja a transitar un camino o te desliza hacia final de trayecto.  Y todo en cortas, e inasibles, unidades de tiempo. Sin consciencia. Sin posibilidad de vuelta atrás. Este vídeo es el ejemplo de una vida completa que podría haber sido y se ha quedado en vida distinta, donde faltan personas, situaciones, momentos de otra posible vida solo imaginada por un instante. Me gusta por su poética y por la verdad que encierra: vivimos en un mundo de posibilidades donde unas anulan a otras.

Herramienta de transformación emocional


 

microcambios

El neurólogo Jerry Spackman me descubrió en su libro «La biblia del ganador» una de las herramientas más útiles para la transformación emocional. Él la denomina así, sin más matizaciones ni adorrnos: herramienta de transformación emocional.

Generalmente. cuando alguien sufre una  situación de bloqueo que le impide lograr un objetivo, la actitud más habitual es pegarse cabezazos contra un muro, insistiendo  una y otra vez en la misma solución intentada.  Las emociones suelen jugar en estos casos malas pasadas. La mayoría de las personas se quedan aquí atrancados en la impotencia a merced de sus propios vapuleos, indefensos  y sin ninguna estrategia útil para entender la situación y superarla.

Y esto no solo les ocurre a las personas de a pie, también les ocurre a los deportistas de élite, a las mentes brillantes, a los científicos de más alto nivel, a los gobernantes de primera línea, a los artistas… Nos ocurre a todos los seres humanos porque funcionamos con nuestra dualidad mente racional-mente límbica y ambos reinos tienen sus leyes no escritas que no siempre conocemos o que aún conociendo ignoramos por olvido.

El neurólogo Jerry Spackman  asesoró a un célebre piloto de Fórmula Uno. Era un hombre brillante, inteligente y muy lúcido, pero sufría ataques de ira incontrolables y el más mínimo error de sus mecánicos le hacía perder los papeles, tanto que empezó a perder su temple y en consecuencia dejó de ganar carreras. Después de escucharle atentamente  Spackman vio en su mente la imagen de un perro rabioso que se lastimaba contra una alambrada tratando de conseguir un sabroso hueso que estaba del otro lado. Como no podía conseguirlo escarbaba y se hería las pezuñas sin conseguir su propósito.  Su cólera desmedida le impedía mirar hacia ambos lados. De haberlo hecho, el animal habría descubierto  una puerta abierta por la que podía tranquilamente pasar a la otra parte y conseguir su hueso. Cuando el piloto se sintió identificado con el perro rabioso cambió por completo su actitud.

El neurólogo le había descubierto al deportista una forma inteligente de superar su bloqueo y volver a ser un campeón.

Para aplicar la herramienta de Transformacion Emocional en cualquier situación de  obcecación y bloqueo podemos hacer lo siguiente:

Primero: buscar una situación sustitutoria (como la evocación de la escena del perro y el hueso). Nuestra escena debe captar vívidamente la esencia y la emoción del hecho que nos fastidia la vida (la frustración de no ser capaz de alcanzar el objetivo: ganar carreras/la furia contra los mecánicos incompetentes)

Segundo: Es preferible no estar implicado personalmente en la situación sustitutoria. Es decir, resultará más fácil ver la secuencia si es otro ( por ejemplo, el perro en lugar del piloto).  Imagina por ejemplo que eres  un correcaminos aturullado que gira como una peonza en el mismo espacio sin pararse un segundo a localizar dónde se encuentra el paso a la siguiente habitación de la casa.

Tercero: Asegúrate de que tu reacción natural a la situación sustitutoria trabaje a tu favor (el perro es estúpido y tú nunca te comportarías así)

Cuarto:  Asegúrate asimismo de que la situación sustitutoria contenga un resultado positivo  (el perro atraviesa la puerta, el piloto se concentra en mejorar su actitud hacia los mecánicos).

Prueba y sorpréndete con los resultados. ¡Palabra de coach!

 

Amuebladores de cabeza


Un diez para Ikea y su divertido spot publicitario:  La llave del orden.  El primer guiño aparece con la irrupción de Manuel Pimentel, ex ministro de Trabajo español y mediador en el problema de los controladores aéreos y Aena o en el ERE de Coca-Cola. Se necesita un mediador de ese calibre para solucionar unos problemas de pareja ridículos, derivados de las luchas campales por el espacio, por la personalidad de cada cual, de las reivindicaciones propias.

El cómico anuncio refleja muy bien cómo funcionamos emocionalmente y cómo nos comunicamos y relacionamos en pareja cuando las soluciones no son el objetivo prioritario sino la contienda y la discusión baladí.  De ahí que el amor vuelva a su cauce cuando “el orden” ordena el caos existente y deja espacio a cada uno para ser quien es. ¡Buena jugada!

Y un eslogan estupendo: AMUEBLADORES DE CABEZA