Publicado en Libros recomendados

Por qué dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy


Procrastinación

Autor: Piers Steel

Editorial: Grijalbo

Reseña: Eddie, Tom y Valerie  son tres procrastinadores diferentes. Igual que un coche se queda tirado porque no tiene gasolina, se le ha pinchado un neumático o la batería se ha agotado, hay multitud de casusas de la procrastinación incluso aunque el comportamiento sea el mismo. Eddie, Tom y Valerie representa una faceta de la ecuación de la procrastinación, la fórmula matemática diseñada para cuantificar las dilaciones irracionales.

                                    Expectativa x valoración


Impulsividad x demora de la satisfacción

Estos factores: expectativas, valoración, impulsividad y demora de la satisfacción nos dan la clave de por qué no hacemos lo que tenemos que hacer cuando tenemos que hacerlo y en su lugar o posponemos indefinidamente o cargamos nuestra vida de estrés, mediocridad y resultados decepcionantes que nos dejan más tocados aún en una escalada para la que no hay término.

Piers Steele utiliza un lenguaje coloquial, ágil y repleto de sentido del humor para llevarnos de viaje por el apasionante  mundo de “mañana mejor que hoy”.  Pero a diferencia de los eruditos que se lanzan sobre un tema para contarlo todo, Steel avanza sobre los análisis y propone al lector un minucioso y entretenido programa para conseguir cambios definitivos.  E incluso aconseja al lector que no se pase eliminando toda la procrastinación  pues el perfecccionismo sólo trae la infelicidad, la obsesión y la eliminación de cualquier posible disfrute de la vida. Así que todo en su justa medida.

Muy entretenido el capítulo sobre  la historia de la Procrastinación, así como las citas y anécdotas sobre personajes célebres. La amenidad es una de las grandes virtudes del libro y de su contenido. Lo leeré más de una vez para integrarlo y asimilarlo. Como dice Dan Pink sobre él “aprenderás algunos detalles sorprendentes, así como técnicas para saber cortar a tiempo la tentación” . Una lectura que no debe dejarse para pasado mañana, mejor hoy.

A quién recomiendo la lectura: a los procrastinadores de libro

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Alíate con el miedo



Título: Alíate con el miedo

Autora: Juana Erice

Editorial: Empresa Activa

Reseña: Realizar  una presentación eficaz, pronunciar una conferencia, impartir un seminario o liderar una negociación se ha convertido en el talón de Aquiles de muchos profesionales que se paralizan por el miedo. Juana Erice ha concebido “Alíate con el miedo” como un ameno relato, dentro del marco de la narrativa empresarial, para sumergirnos en el mundo de Eduardo, un joven ejecutivo que ve peligrar todo lo que ha conseguido con mucho esfuerzo por su incapacidad para comunicar.  Para conseguir mostrarnos los pasos de un proceso de aprendizaje en comunicación Juana Erice cuenta con dos protagonistas (Cat, una excéntrica norteamericana que oficiará de maestra y Eduardo, el joven ejecutivo),  una nutrida selección de secundarios y diferentes escenarios donde situar a sus personajes.

Con un estilo ágil y sirviéndose de las herramientas del coaching Juana Erice se adentra en el mundo de la comunicación y consigue un relato bien estructurado muy agradable de leer y fácil de digerir para el lector, con la consecuencia de que al término de su lectura has aprendido de todas las peripecias de Cat y Eduardo que:

  1. El primer paso requiere identificar qué te sucede (escribirlo mejor que hablarlo)
  2. Una vez encarado con tu miedo debes buscar las excepciones positivas del pasado y convencerte de que si una vez lo has hecho bien, puede volver a ocurrir.
  3. Necesitas olvidarte de ti: lo importante no eres tú ni tus problemas que son en gran medida “creados”  sino el público y el tema que te toca preparar.
  4. Necesitas un único objetivo en aras de la claridad  y tres mensajes muy precisos donde focalizarte.
  5. El miedo es un aliado y no un obstáculo
  6. El público espera que sintonices con él
  7. Una narración bien hecha atrapa la atención
  8. El principio y el cierre de cualquier acto comunicativo  requieren una preparación intensa
  9. Visualizar los resultados deseados ayuda a anticipar el éxito
  10. Las preguntas deben estar en punto de partida a la hora de concebir el contenido y la extensión de la charla, presentación etc…
  11. El silencio es una poderosa herramienta
  12. Los sentidos desplegados y focalizados en el ahora  te permiten sintonizar con la audiencia
  13. La repetición ayuda a fijar conceptos
  14. Cada error es un paso adelante. No basar jamás la autoestima en los resultados de lo que haces. Hay que pasar página.
  15. La emoción es el camino más rápido para pasar a la acción. Es necesario hacerse las preguntas oportunas ante el miedo, la angustia, la frustración…. Y actuar.
  16. Cuanto más aprendes a describir y a ser preciso mejor lo haces
  17. Ensayar es absolutamente necesario. La naturalidad se consigue a base de práctica.
  18. El cuerpo no miente, dice lo que piensas
  19. Mereces ser aplaudido por el buen trabajo

Me gusta Alíate con el miedo  porque cumple lo que promete: desvelar el secreto para aprender a comunicar eficazmente.

 A quién recomiendo la lectura: a profesionales, empresarios, educadores, padres, coach, asesores y en general a todas las personas que les interesan los intríngulis de la comunicación.

Publicado en La caja de herramientas

Exasperar al miedo


Cada día, durante cuatro semanas, reserva media hora de tu tiempo a imaginar las peores consecuencias que pueden derivarse de que se cumplan tus miedos más inconfesables. Para que surta efecto hazlo en relación a un objetivo, como  la angustia de hablar en público, la imposibilidad de coger aviones, el miedo a comprometerte, que los críticos opinen que sencillamente eres una birria etc…

Ponte en lo peor, que no te duelan prendas. Recrea la situación con todo lujo de detalles: te tachan de mediocre por tu exposición, te colocan en la lista de gente poco interesante, haces el ridículo y se ríen de tu ignorancia, te ningunean y no vuelven a contar contigo, piensan que eres completamente idiota, te mueres, se cae el avión, pierdes a toda la familia junta, te ridiculizan delante de todo el mundo, descubren tus secretos inconfesables y te desprecian, descubren que todo en ti es falso, reparan en lo poco que vales, te quedas en blanco, te entra una descomposición y no puedes ir a ninguna parte, te encierran, te quedas sepultado/a y nadie te encuentra, te dejan solo, suspendes el examen, te quitan la beca,  pierdes muchísimo dinero, te arruinas, te echan,  te privan de lo que más te gusta en el mundo, te meten en la cárcel, te violan, te secuestran…

Al cabo de media hora (puedes ayudarte por un despertador) sigues con tu vida como si tal cosa. Ya te has atiborrado de miedo.

¿Qué va a ocurrir?  

La obligación de concentrar tus miedos alrededor de un momento concreto de la jornada se convierte en un ritual cotidiano. A medida que transcurran los días comprobarás que el mejor modo de anular un miedo es exasperarlo. De tanto mirarlo de frente, evocarlo y representarlo (qué pasaría si…), aprendes a manejar tus fantasmas. Y lo que es aún mejor: con el tiempo conseguirás que todo ese miedo se transforme en valor.

¿Por qué sirve esta treta?

Porque el miedo es una sensación primaria  que ni se puede cancelar ni anular, pero sí gestionarse. Lo inteligente es reorientarlo hacia tu beneficio, que sirva para algo positivo .

¿Como se consolida?

Pasando a la acción. También  resulta útil una treta que se conoce en psicología como la ilusión de alternativas que consiste en que cada vez que te veas expuesto/a a la situación tendrás dos alternativas:  contar tu problema anticipadamente para controlar la ansiedad (revelar el secreto perturbador: me da pánico montar en un avión, me siento insegura cuando hablo en público, me gustaría ser clara en mi exposición, entiendo que es una exageración pero eres lo que más quiero: ten cuidado cuando cojas el coche, etc…) o hacer como si nada y tirar para adelante, comprobando que estás perfectamente capacitado/a para realizarlo.

La conversación guiada con un coach también obra milagros cuando aparecen miedos encubiertos como es habitual en el caso de relaciones disfuncionales entre superiores y subordinados o entre miembros de una familia.

Me gusta especialmente una cita de Mark Twain al respecto:

Soy un viejo y he conocido innumerables desdichas, pero la mayoría nunca sucedieron

Y otra de Séneca:

Aparta varios días en los que te contentarás con el mínimo y más sencillo sustento, un solo plato y ropas toscas, mientras te dices:  “¿Es esto lo que tanto temía?”

Publicado en Artículos de blogs que nos interesan

Mañana, mejor que hoy


La tendencia al aplazamiento es un tema interesante y por esta razón hay mucho escrito y publicado. Si eres de las personas que posponen indefinidamente, tal vez te venga bien leer las reflexiones que publica en su blog zenhabits.net, el bloguero y escritor Leo Babauta.

Babauta comienza interrogándose sobre las razones por las que aplazamos:

1. Buscamos la  gratificación instantánea. Estar en el sofá tumbado a la bartola se considera más agradable, en este momento que salir a correr. Leer blogs resulta  más fácil, ahora, que leer una novela clásica. Comprobar direcciones de correo o Facebook es más fácil, ahora, que meterse de lleno en el proyecto pospuesto. Comerse un pastel de chocolate, tan sabroso, es más apeticible ahora  mismo que comer verduras.

2. Tememos  algo terrible. No debemos escribir ese capítulo de nuestro libro, porque de ese modo eludiremos problemas con la escritura que no hemos tenido en cuenta (a menudo porque no lo hemos pensado). O podemos tener miedo porque vamos a fallar, o resultar ignorantes o estúpidos. Tenemos más miedo a lo desconocido, que tiene más poder porque no somos capaces de examinar este temor – escondido en una parte remota de nuestras mentes-. No actuar por temor  a algo que nos hace querer aplazar, posponer para no tener  siquiera que pensar en ello. Y por supuesto,  para hacer algo fácil y en lugar seguro.

3. Es fácil porque no hay consecuencias negativas en este momento. En los tiempos escolares había un profesor que te miraba por encima del hombro y te regañaba si no hacías tu trabajo. Así que tenías que hacerlo (pero algunos de nosotros hemos aprendido a sintonizar con la reprimenda, se entiende). Así que cuando llegamos a casa, como no hay nadie mirando por encima del hombro… no se produce ninguna consecuencia negativa inmediata por ver la tele o jugar juegos. Claro, que mañana obtendremos una mala calificación, pero ahora no importa. Lo mismo puede decirse del uso de Internet o de hacer otro tipo de tareas dilatorias. Vamos a pagar por ello más tarde, pero en este momento, nadie se enfada con nosotros.

4. Sobreestimamos nuestro propio futuro. A menudo tenemos una larga lista de cosas pendientes, porque creemos que podemos hacer mucho mañana. La realidad suele ser un poco peor de lo que esperábamos, pero eso no nos impide pensar que el futuro será diferente una vez más. Por la misma razón, creemos que está bien posponer las cosas, porque estamos seguros de que las vamos a hacer más adelante. Nuestro futuro sí será muy productivo. El problema es que nuestro futuro también soy yo, el yo perezoso.

Sobre este diagnóstico ofrece cuatro soluciones:

  1. Detenerse y pensar. Cuando no tenemos consciencia de lo que pensamos, aplazamos. En realidad hacer una pausa y detenerse en los pensamiento que, racionalmente podemos ver que están equivocados: gratificación instantánea en forma de holgazaneo, comer comida basura dará problemas en el futuro, es inteligente. Los temores son exagerados y no deben interponerse en nuestro camino. No tener consecuencias negativas ahora no significa que no habrá consecuencias más tarde. Nuestro propio futuro no es tan malo como nos gusta pensar. Así que pensar sobre lo que uno está haciendo, y empezar a hacer las cosas de forma  más racional, es importante. El pensamiento es el comienzo.

2. Disfruta del proceso.  Ponte en el momento y disfruta de cada acción. Por ejemplo, si quieres salir a correr, no pienses en la dura carrera que tienes por delante,  se trata de disfrutar de la sencillez de esa acción. A continuación, céntrate en conseguir verte fuera de la puerta de casa, que  no es difícil. Luego céntrate en el calentamiento con una caminata rápida o trote ligero, algo agradable y divertido. Y siente que tus piernas se calientan conforme comienzas a correr un poco más rápido. Disfruta del aire libre. Este proceso se puede hacer con cualquier cosa, desde lavar los platos a la lectura  o a la escritura. Diviértete en el momento, sin pensar en las cosas futuras con temor. Entonces la actividad puede ser agradable e incluso muy divertida. Y si lo es, no lo pospongas.

3. Establecer una rendición de cuentas. Si no hay nadie mirando por encima de nuestro hombro, tendemos a aflojar. Por lo tanto crear un entorno a prueba de la dilación – encontrar gente que te apoye responsablemente. Me he unido a un desafío en línea, para informar de mis entrenamientos en un foro. He hecho lo mismo para correr, dejar de fumar, escribir una novela. Sólo tienes que utilizar a tus amigos y familiares en Facebook o correo electrónico.

4. Bloquear tu futuro por ti mismo. Tu futuro depende de que tomes medidas. Así que actúa. Utiliza un programa para bloquear tu libertad de acceso a Internet para una cantidad predeterminada de tiempo, así tendrás centrarte realmente en vez de leer blogs. Apaga la televisión por cable, deshazte de la comida basura en casa en casa, corta las tarjetas de crédito … lo que sea necesario para que te sea muy difícil posponer las cosas o ceder a la tentación, o al menos tener fuerza de voluntad para hacer una pausa antes de hacer algo tonto.

Una mentalidad diferente se construye si:

1.Si Haces lo que te apasiona. Si haces lo que te emociona la mayor parte de tu tiempo, será menos probable que pospongas las cosas. Centrarte en por qué te apasiona, en lugar de los temidos aspectos de  la actividad. Yo lo hago y mi desidia es menor que nunca.

2. Procastina de forma productiva. Si vas a posponer las cosas, haz en su lugar otras productivas. Así que si no quieres hacer tu proyecto, por lo menos métete con alguna de las tareas más pequeñas que tengas pendientes.

3. A veces, la postergación está bien. No estoy contra la desidia, en absoluto. Esta guía es para aquellos que quieren vencer, pero también pienso que holgazanear puede ser una cosa hermosa. Leer material en Internet que me interesa no es malo. A veces, hay que ceder a la dilación. Pero otras veces, es posible que desees bajarte de la burra y realmente lograr algo.