Publicado en Pensando en voz alta

Dulzura y bondad


F. Lèger
F. Lèger

Las máquinas que propician la abundancia nos han dejado en la necesidad. Nuestra sabiduría nos ha vuelto cínicos; la inteligencia, duros y despiadados. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que de máquinas, el hombre tiene necesidad de humanidad. Más que de inteligencia, tenemos necesidad de dulzura y bondad. Sin estas dotes la vida será violenta Y todo se perderá.

Charles Chaplin 

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Perdóname


Los efectos beneficiosos del perdón son incontables. Tan incontables que cuando se practica con asiduidad se deshacen cantidad de entuertos y situaciones equívocas. Al ver este vídeo he sentido enormes deseos de ponerme en paz con muchas personas que a lo largo de mi vida han sufrido mis incomprensiones, mis rechazos, mis miradas para otra parte, mi sentimiento de superioridad hacia ellas o mi falta de compasión. A todas ya les he pedido perdón. Aun así,  que sea este vídeo una nueva oportunidad para conectarnos con la energía benéfica de una actitud que busca construir cuando se  ha actuado  contra nuestros propios valores, en lugar de contribuir a la destrucción, la separación o el rechazo. Que la otra persona reciba tu perdón y  te perdone o no, eso ya no está en tus manos.

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La lista Forbes de placeres cotidianos


microcambios

Cotidiano es un adjetivo con mala prensa. Retumba en los oídos con el runrún de rutina, ya conocido, poco sorpresivo, monótono… ¡Ah!, pero admite una vuelta de tuerca cuando se alía con un sustantivo tan clamoroso como placer. De pronto el reconocible cotidiano adquiere intriga y lustre con la incorporación de un atractivo acompañante. ¿Quién no quiere para sí mismo algo placentero, algo que despierte sus sentidos y produzca el mismo efecto que una bola de nieve rodando por una ladera? El asunto es que la vida impaciente gasta cada vez menos espacio de su milimetrado programa en recordar lo que ya está a disposición de cada cual. Y lo bueno es que no hay límite ni escasez porque abundan los placeres cotidianos no traspasables, o lo que es lo mismo: hechos a medida para cada individuo.

Escribir sobre los placeres cotidianos me ha obligado a pensar en qué considero yo un placer cotidiano. Me he puesto a hacer mi inventario y he descubierto que soy como el rey Midas, una súper millonaria del disfrute cotidiano. Puede que la muestra adjunta no despierte grandes pasiones en otras mentes, o puede que sí. No importa. Lo interesante de esta reflexión escrita es la idea en sí. Los demás no siempre quieren lo que tú quieres.

CATÁLOGO RESUMIDO DE PLACERES COTIDIANOS 

  • Una taza de té caliente con aroma a bergamota
  • El currusco de pan que arranco de la barra y me voy comiendo por el camino
  • La alegría inmensa del retorno de los  barcos de pesca  a puerto
  • Comprobar cada mañana que mi catálogo de achaques sigue intacto y a pesar de ello tengo salud
  • La certeza de que los amigos están ahí ¡benditos sean!
  • Los gestos sinceros y honestos
  • El tacto del embozo de la sábana
  • El libro en la mesilla de noche
  • El interruptor de la luz cuando lo pulso y enciende
  • El sonido del teléfono cuando viene acompañado de una voz querida
  • Abrir la nevera y encontrar un alimento apetecido
  • El saldo del banco cuando se mantiene alejado de la zona de números rojos
  • Encontrarme en la calle con alguien que me cae bien
  • Recibir  buenas noticias
  • Ver la imagen en el whats app de mis hijas
  • Tomar café con mis amigotas
  • ¡La luz!
  • Escribir sobre cualquier asunto que me interese
  • Escuchar un chiste, un sucedido humorístico o una frase ingeniosa
  • Comprobar que no se me ha roto ningún huevo de los que he comprado
  • Comer queso
  • Escuchar palabras de afecto
  • Sentirme positiva y viva
  • Entrar en una tienda donde me conocen y escuchar ¡hola Cecilia!
  • Una cita inesperada
  • Encender el ordenador y comprobar que funciona a las mil maravillas
  • El olor a limpio en la ropa y en la casa
  • Ese golpecito de calor tan delicioso cuando se viene de fuera y se llega a casa
  • El frío invernal y el calor veraniego
  • Las flores de las orquídeas
  • El primer trago de cerveza (como sugiere Philippe Delerm)
  • El agua caliente y fría saliendo milagrosamente del grifo a voluntad
  • El mar cambiante y misterioso
  • El concierto número dos de Rachmaninov  y sus evocaciones del Pirineo leridano
  • Imaginar los pormenores de un viaje en proyecto
  • Divagar un rato sobre cualquier cosa que me ilusione
  • Posar la mirada en mi biblioteca
  • Comprar un nuevo libro
  • Buscar un tema interesante y empaparme
  • Ver en Canal Cocina un programa de mis cocineros favoritos
  • Pensar un instante en todas las personas que quiero (y sentirlas con el pensamiento)
  • Un whats app ingenioso
  • Tirar de la cadena y comprobar que el agua limpia los desechos
  • Comer con hambre
  • Pasar miedo viendo una peli
  • Abrir el armario y constatar que me podría pasar los próximos ochenta años sin tener que ir a ningún sitio de compras
  • Sentir los pies calentitos
  • Los minutos de inspiración y euforia
  • El olor a bizcocho recién hecho
  • Los hallazgos inesperados
  • El repaso de agradecimientos diario
  • El silencio de la noche
  • Las celebraciones que se conciben  como regalos de experiencias compartidas (cine, teatro, excursiones, cenas, conciertos, fiestas…)
  • El momento en que se apagan las luces y la vida se sume en el letargo
  • El amanacer (cuando soy capaz de verlo)
  • Salir de pilates con la sensación de que soy una campeona (jamás tengo ganas de ir)
  • Los últimos cinco minutos en la cama holgazaneando antes de levantarme
  • El cigarrillo que me fumo con auténticas ganas
  • La alegría de que alguien me cuente algo interesante ¡y compartirlo!
  • Una buena noticia en el telediario
  • Los objetos que me recuerdan personas, situaciones o viajes
  • La gente buena
  • Soñar con los ojos abiertos
  • Sentirme parte de Dios y de su creación
  • Y la dosis diaria de chocolate, c´est merveilleux

En resumen, algunos de mis placeres cotidianos no necesitan el concurso de nadie, salvo de mí misma. Otros requieren la colaboración de los demás para producir esa chispa placentera. Todos son cotidianos, pequeños, insignificantes y, por eso mismo, importantes. Haberlos catalogado como si fueran mariposas en manos de un lepidóptero exultante ha logrado un destello de conciencia lúcida. Sí, amigos, en mi peculiar lista Forbes de placeres cotidianos, voy escalando puestos rumbo a la cima a una velocidad vertiginosa.

¿Y qué hay de los vuestros? Estoy deseosa de descubrirlos. 

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Comunicar con generosidad


Merece la pena dedicar un rato a oír y ver esta charla con el ilustrador Puño. Nos revela  por qué algunos dejamos de dibujar  y sirve para todo el mundo, con independencia de a qué nos dediquemos.   Es divertida, chisposa, inteligente y sobre todo generosa. Lo que caracteriza a los “grandes” es que no tienen miedo a revelar su filosofía creativa, no les preocupa “ser robados” ni quedarse desnudos ante los demás. El talento ni se copia ni se transmite por ciencia infusa, es producto de las horas de vuelo, de la capacidad y de la curiosidad por aprender. ¡Bravo Puño!

Publicado en Pensando en voz alta

A propósito de la inteligencia de los seres humanos


La inteligencia es una herramienta; la información es otra herramienta y una herramienta se puede utilizar de un modo constructivo, de un modo destructivo o se puede desaprovechar. Se puede usar un martillo para construir una casa, para destruirla, o bien se puede desaprovechar un martillo dejándolo en un cajón y no utilizándolo nunca. Así que una herramienta, por si misma, sin intención, sin una actitud, sin un valor no es absolutamente nada.

Matthieu Ricard

Extracto de una entrevista del programa REDES