Publicado en Pensando en voz alta

Una luz al final del tunel


Guillem Cifre
Ilustración: Guillem Cifre

Una vida sin tensiones es una falacia. En momentos difíciles tendemos a pensar que sería perfecto ser más equilibrados, lo cual no deja de ser una paradoja pues como apunta Emerson: cuando está oscuro, vemos las estrellas. Las estrellas requieren la oscuridad de la noche y ésta es la razón de que Jung reflexione: Los conflictos más graves, si se superan, dejan tras de sí una sensación de seguridad y tranquilidad que no es fácil de destruir. Lo que el ser humano necesita de verdad para salir adelante es esforzarse y luchar por algo que valga la pena. Este es el verdadero sentido de la luz al final del túnel: comprender esa llamada de la vida, lo que está en espera de que se cumpla: el por qué del célebre aserto de Nietzsche: “quién tiene un por qué encuentra el cómo”. La mentalidad de crecimiento, a la que me he referido en otras ocasiones, ayuda a desarrollar la inteligencia y el potencial de la persona y en consecuencia a no hundirse cuándo el viento no sopla a nuestro favor. Un fracaso siempre es un suceso, no una característica de la persona. La lucecita al otro lado nos advierte que tenemos recursos suficientes para arreglar el desaguisado. Podemos seguir adelante porque en la carrera de obstáculos lo importante no es el obstáculo en sí sino nuestra actitud al enfrentarnos a él.

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Pensamiento en primera persona


Por familiar que sea para cada uno la voz del espíritu, el mayor mérito que concedemos a Moisés, Platón y Milton, es que reducen a la nada libros y tradiciones, y no dicen lo que los hombres pensaron, sino lo que han pensado ellos. El hombre debería observar, más que el esplendor del firmamento de bardos y sabios, ese rayo de luz que atraviesa su alma desde dentro. Sin embargo, rechaza su pensamiento precisamente porque es suyo.

 Ralph Waldo Emerson

Ilutración: Roberto Innocenti

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Demasiada preparación


Estoy escribiendo un nuevo libro. Me he documentado tanto que he tenido que vaciar varios estantes de la biblioteca para encajar las nuevas lecturas. El temor de no hacerlo todo lo bien que podría (una completa y absurda ilusión: ¿hacerlo mejor  respecto a qué? ¿alguien puede tomarse en serio, de verdad,  esta majadería?)  me retiene para poner punto y final al amado “hijo” y dejarlo vivir lejos de mí.  Suerte que esta tarde me he tropezado con las sabias palabras de  Emerson: “siempre nos estamos preparando para vivir, pero nunca vivimos” . Así que voy a aplicarme el cuento.

Imagen: Anna López para Cuaderno de Lecturas Editorial Primerapersona