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Tan solo si te fijas…


Tan fácil como prestar atención a lo que pasa a nuestro alrededor, tan fácil como querer ser amable, tan fácil como ser agradecido, tan fácil como pensar en los demás, tan fácil como ser empático, tan fácil y tan difícil…

Solo uno mismo puede cambiar las cosas que suceden ahí adentro y se reflejan ahí afuera.

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Se puede…


microcambiosIlustración: Peter Callesen

-Superar el miedo y confiar en ti mismo/a

-Ser amable

-Ayudar a otro

-Escuchar a quien lo necesita

Desprenderte de cosas

Agradecer un gesto sincero

-Aprender de quien crees que no puede enseñarte nada

Aceptar un fracaso y no hacer un mundo de eso

-Prestar atención al momento

No amargarte la vida con minucias

No amargar la vida a los demás con más minucias

No quejarte por todo y de todo

Confiar en el prójimo

-Dar y recibir sin apuntar en la lista del debe y el haber

No querer siempre llevar la razón incluso cuando  piensas que la tienes

-Creer en las oportunidades

-Pasar página y recitar el mantra: esto también pasará

-Ser humilde

-Ponerte en los zapatos del vecino/a

-Pasarlo bien en Navidad aunque todo el mundo diga lo contrario

-Ahorrar y ser generoso/a

Disfrutar de los placeres cotidianos

-Celebrar  tus pequeñas victorias

-Proponerte vivir en un mundo más humano y justo

-Enseñar lo que sabes a quien necesite de tus recursos

-Perdonar sin necesidad de apuntes en el cuaderno de agravios

-Amar

Sí, se puede. Te puedes mudar de sistema y cambiar cualquier cosa de ti mismo o de tu vida desde ya.  Basta con empezar.  Un largo camino comienza con un paso pequeño. 

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Tan bella palabra


 

 

Microcambios, Rafal Olbinski, gracias, cuentos, había una vez

Ilustración: Rafal Olbinski

¡Gracias! ¿Hay una palabra más hermosa en  el mundo? Para mí agradecer supone un viaje al  principio de los tiempos, a ese “había una vez” con el que arranca cada historia. 

Había una vez una criatura curiosa que salió de la cueva y descubrió el horizonte

Había una vez una gota de agua que se junto con otra y formó un mar

Había una vez un volcán que se cansó de ser volcán y se apagó para que pudiera construirse un pueblo en sus faldas

Había una vez una mano que se enganchó a otra para ofrecer seguridad y protección

Había una vez una lágrima que se cayó de un lagrimal y se convirtió en mineral

Había una vez una mujer que cantaba en el interior de una iglesia vacía y al oír retumbar su propia voz se echó a reír

Había una vez un hombre con dos pies en los zapatos y un cerebro en la cabeza que empezó un viaje

Había una vez una niña que improvisó con unos lápices de colores un tesoro

Había una vez un pavo que se alegró de servir para comida de fiesta

Había una vez un libro al que se le cayeron todas las letras dentro de una sopa humeante

Había una vez un castillo que convertía a todo quien cruzaba su foso en rey/reina para la eternidad

Había una vez un corazón agradecido que buscaba acomodo en cuerpos entristecidos

Había una vez un blog que daba las gracias cada vez que alguien lo buscaba por los misteriosos caminos de la serendipia

Tantas cosas, personas, seres vivos,  circunstancias, emociones por las que estar agradecido….  ¡Gracias! ¡Tan bella palabra! 

 

 

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¿Dónde se encuentra la felicidad?


Una película que merece la pena ver en ese estilo Bollywood tan original y divertido. La historia de tres amigos unidos por la lealtad y la búsqueda de los sueños. Merece la pena verla. Tiene el punto de ingenuidad de los cuentos de hadas en versión contemporánea. Yo, al menos he pasado un rato delicioso. Gracias a José Daniel Rojas Arias por compartirla y recomendarla.

Tres idiotas

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El tren que no llegó


accidente de tren en Santiago, microcambios, muerte, tristeza
Pintura: Siqueiros

No hay manera de esquivar el dolor; Forma parte tan inseparable de la vida que es imposible protegerse de él. La vida cambia en un segundo y ya nada es igual. Ayer aguardaba la llegada de mi hija, de regreso de un viaje de trabajo, y al pasar por Santiago de Compostela, observa atónita un tráfico inusual: decenas de ambulancias ululando, coches de bomberos, patrullas de Policía y Guardia Civil y por último el espectáculo terrible de los vagones de tren ardiendo levantando columnas de humo… Y me envía un what´s app para avisarme. Yo no sé nada del accidente de tren. La vida de muchos padres, hijos, hermanos, abuelos, maridos, mujeres y amigos se altera para siempre en el instante en que la locomotora toma la curva y descarrila.

No lejos de mi casa, donde aguardo la llegada de mi hija, unos amigos están disfrutando de la tarde veraniega con otros amigos, entre ellos unos padres cuyo hijo viaja en ese tren. Cuando se sientan a la mesa y se saludan no saben que ese hijo se les irá para siempre. En el tiempo detenido de antes, nadie lo sabe. En ese tiempo la vida es hermosa, los que amamos están bien y esa rutina maravillosa nos protege como un manto benéfico. En ese tiempo de letargo la vida es para siempre.
De pronto se acaba la ilusión del para siempre con la noticia terrible; entonces el mundo se para en un imposible presente. Emerge la amarga realidad, la incredulidad, la desesperación, el llanto, la locura… ¿Cómo no albergar esperanza? ¿Cómo resignarte a que ya no abrazarás, besarás, mirarás, oirás a quien tanto quieres?

Nacemos para ser derrotados por la muerte, es una verdad tan simple y esencial que duele hasta el tuétano admitirla.Yo quisiera que todos los que han perdido la vida en el tren que no llegó tuvieran muchos años de prórroga para disfrutar de este maravilloso regalo que es existir.

Hoy no encuentro consuelo a la tristeza que tantas personas albergan y me llega como una flecha disparada. Quizás hoy besemos más a nuestros seres queridos mostrándonos agradecidos sólo porque existen, sin más.

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Un sueño que nunca pasa a objetivo


Me gusta este fragmento de la película Up. Ellie tiene el sueño desde niña de tener una casa en las cataratas Paraíso. Para hacerlo más vivo pinta la casa que ve en sus sueños.  Este anhelo nunca se convierte en objetivo porque no hay nada que lo haga posible y cuando parece que se va cumplir  algún impedimento aparece. Van pasando los años y Ellie enferma y se muere. Será Carl, sin realmente desearlo,  el que cumpla el sueño de Ellie.

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La vida lanzada: el talento enfocado a la convivencia matrimonial


Escuela de parejas
Desde que leí Teoría de la inteligencia creadora, recién salida del horno, en el año 93, quedé prendada del filósofo español José Antonio Marina. He leído muchos de sus libros y todos me han aportado algo. A su mezcla de amenidad, rigor y curiosidad intelectual añado su facilidad para trasladar al lector conceptos algo abstrusos de la filosofía y la ciencia que, al pasar por su tamiz divulgador, resultan accesibles para cualquier persona. En su último ensayo: Escuela de Parejas el autor reflexiona sobre el desarrollo del talento enfocado a la vida familiar, para lo cual resulta imprescindible hablar de inteligencia (dirigir nuestro comportamiento para elegir bien las metas, hacer proyectos, movilizando y entrenando nuestras energías).

Para alcanzar la felicidad, según el filósofo, es necesario saber qué entendemos por este concepto que él resume en: “la armoniosa satisfacción de tres grandes necesidades que tenemos los seres humanos: pasarlo bien (deseo hedónico), mantener unas relaciones afectivas satisfactorias (deseo de vinculación), ampliar nuestras necesidades vitales (deseo de progreso)”. La idea importante está en el adjetivo “armoniosa” porque los tres deseos tienen zonas de incompatibilidad. Así la conclusión más rápida es que tenerlo todo no proporciona la felicidad (porque es imposible) sino “tener la adecuada mezcla de todo”.

Florecer (término que utiliza el padre de la psicología positiva, Martin Seligman en el título de su último trabajo publicado: “la vida que florece”), es el resultado de una vida plena. Toda vida que florece está impregnada de alegría. Es esta cualidad humana y no el placer —señala el filósofo Henri Bergson— quien indica la dirección en que la vida está lanzada. La alegría es una ampliación, nos señala Marina.

El autor no deja al lector a la deriva cuando se hace la pregunta del millón: ¿Pero cómo lo hago? ¿Cómo puedo manejar mis sentimientos y sentirme de otra forma? ¿Cómo consigo que mis dos niveles de inteligencia: la generadora y la ejecutiva funcionen de forma armoniosa? O dicho de otro modo: ¿cómo consigo que mi macilento elefante, acostumbrado al hedonismo y a la búsqueda de satisfacciones, se deje guiar por el jinete estratega que vela por lo que es mejor para mí?

Si quieren saberlo: lean este libro que, dicho sea de paso, está destinado a los que quieren mantener una convivencia amorosa. Los lectores que estén siempre pensando “en lo que me estoy perdiendo” y pocas veces se ocupan de “lo que ya tienen”, no son sus destinatarios naturales pero tal vez una pequeña y rentable inversión de tiempo les conduzca a la epifanía de: mi vida amorosa familiar vale la pena, sólo necesita florecer.

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Lucidez


¿El día más bello?  hoy
¿La cosa más fácil? equivocarse
¿El obstáculo más grande? el miedo
¿El mayor error? abandonarse
¿La raíz de todos los males? el egoísmo
¿La distracción más bella? el trabajo
¿La peor derrota? el desaliento
¿Los mejores maestros? los niños
¿La primera necesidad? comunicarse
¿La mayor felicidad? ser útil a los demás
¿El misterio más grande? la muerte
¿El peor defecto? el mal humor
¿El ser más peligroso? el mentiroso
¿El sentimiento más ruin? el rencor
¿El regalo más bello? el perdón
¿Lo más imprescindible? el hogar
¿La ruta más rápida?  el camino correcto
¿La sensación más grata? la paz interior
¿El arma más eficaz? la sonrisa
¿El mejor remedio? el optimismo
¿La mayor satisfacción? el deber cumplido
¿La fuerza más potente? la fe
¿Los seres más necesitados?  los padres
¿Lo más hermoso de todo?  el amor

Respuestas de la Madre Teresa de Calculta