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A propósito de La tempestad


Los libros siempre deparan sorpresas.  Leyendo A merced de la tempestad de mi adorado Robertson Davies, en Libros del Asteroide,  me tropiezo con esta joya de parlamento:

-No estoy de acuerdo -dijo Solly- . A mí me parece el resultado lógico de su educación y de la vida que ha llevado. Es vulgar. No me refiero sólo a los trajes que usa y a la comida repugnante que debe comer, me refiero al espíritu tan insensible que tiene. Cree que, con el estómago lleno y el trabajo seguro, tiene el mundo agarrado. Jamás ha descubierto nada sobre sí mismo, ¿cómo va a saber algo de los demás?  Ser vulgar consiste en no saber que lo bueno y lo malo que le pase a uno tiene que ver con su personalidad; él cree que todo es cosa del destino, sobre todo los reveses de la vida. Las únicas personas un poco lúcidas de este mundo son las que saben que todo lo que les sucede tiene su origen en lo que ellas mismas son.

Robertson  Davies

Traducción de Concha Cardeñoso