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La enjundia del presente


Algunas ideas llegan de no se sabe dónde, propagadas como las esporas.  Eso me ha sucedido a mí con esta frase que  destila un  recordatorio a lo carpe diem. Da igual quien la ha pensado en su origen. Para mí es totalmente nueva e impactante.

Si no me cuidas en tu presente, no esperes verme en tu futuro, porque para entonces ya serás mi pasado.

Ilustración : Maria Mikhalskaya

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El poder de la creatividad


¿Por qué habríamos de usar nuestro poder creativo? Porque no hay otra cosa que haga a la gente más feliz, generosa, vivaz, compasiva y audaz, más indiferente al ocio y a la acumulación de objetos y dinero.

Brenda Ueland

Imagen: Alex Katz

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¿Qué nos conviene más: el pesimismo o el optimismo?


Ser optimista o pesimista es algo difícil de elegir. Las más recientes investigaciones confirman que un porcentaje elevado de nuestro optimismo o pesimismo viene de serie en el pack genético. Pero no hay por qué resignarse. Lo cierto es que para la persona con tendencia natural hacia la negatividad y el pesimismo saber cómo funciona su cerebro «de serie» es aún más importante que para el optimista moderado. Y esto es así porque el pesimista natural necesitará, para incrementar su bienestar,  aprender a cambiar sus circuitos cerebrales. De otra manera su inconsciente siempre estará gastándole malas jugadas. ¿Y cómo lo hará? Otro día me ocuparé de este asunto.    Lo que hoy nos ocupa es este interesante artículo que he encontrado navegando por el ciberespacio. Os invito a que lo leáis. 

OPTIMISTAS Y PESIMISTAS: UNA TÉCNICA PARA PENSAR

Ante la misma situación optimistas y  pesimistas actúan distinto. Los pesimistas eligen el aspecto negativo, los optimistas el positivo. En una crisis los pesimistas ven la amenaza y los optimistas la oportunidad. Si la botella está por la mitad unos opinan que está medio llena, los otros que está medio vacía.

Optimistas y pesimistas: ¿que conviene ser? Henry Ford dijo “Siempre tenemos razón, cuando pensamos que nos irá bien o mal”. Pensar en una dirección aumenta su viabilidad, el que cree en algo lo hace más posible. Es que la mente posee una capacidad auto sugestiva que transforma en acto lo que decide  aceptar. A veces  optimistas y pesimistas se equivocan. El iluso, por ejemplo, construye castillos en el aire. El optimista, en cambio, tiene los ojos en el cielo pero los pies en la tierra.

En los cursos de entrenamiento intelectual se educa la mente para aprovechar las actitudes primarias combinando el  role playing (ponerse en el lugar del otro) con los sombreros para pensar. El “Yo” queda protegido porque remiten al papel interpretado. El ego sale de vacaciones sin reprimir al pensador. Es una técnica que dirige la atención hacia zonas no visitadas modificando la dinámica del cerebro en el pasaje de la intención a la acción.

Optimistas y pesimistas: la importancia del método.

El sombrero blanco. El actor  busca los hechos objetivos y se pregunta: ¿qué tengo?, ¿lo puedo verificar?. No busca encajar los datos, asume la neutralidad.

El sombrero rojo. Se legitima la expresión de la emoción sin tener que justificarla: me huele mal ¿no me pregunten por qué? Aflora la intuición sin ocultar el sentimiento.

El  sombrero negro. El interprete es pesimista. Actúa como el abogado del diablo. Critica  lo que está mal sin temor a destruir, porque esa es su función.

El sombrero amarillo. Es el sombrero del optimismo. En oposición al negro, busca el lado positivo para lograr que  las cosas ocurran. Aplica mejor las viejas ideas, es constructivo.

El sombrero verde.  Es la esperanza, la prima hermana del optimismo, busca promover la novedad generando el movimiento.

El sombrero azul.  Coordina, dirige, afina y escucha valorando los aportes que sintetiza en función de la  prioridad. Define la agenda: ¿cómo encaja esto en la estrategia global?

Técnicas optimistas y pesimistas.

Actitud, reflexión y acción. Estimulando opciones se evita el automatismo del sistema perceptivo. Si el sombrero negro pesimista señala un peligro se lo enfrenta, se acepta la amenaza pero con una solución. Como es más fácil destruir que crear, si se trata una  idea nueva conviene usar el sombrero amarillo. Para comprender es mejor usar el sombrero blanco que provee información y el rojo que aporta la emoción. Para analizar las causas  el blanco, para evaluar el negro; para generar el verde, para decidir o planear, el rojo y el blanco, para dirigir el azul.

En la vida práctica …  Al optimista se lo ve como ingenuo y el ceño tosco del pesimista aparenta sabiduría. El pesimismo brota de la duda, de la desconfianza, es como la certeza que se cierra a la experiencia, evitando el cotejo con lo real. Mientras que el pesimismo es fácil, el optimismo demanda un esfuerzo de la voluntad. La alegría no tiene autoridad de la tristeza que goza de un gran respeto. Cuando se asocia a un pensamiento la tristeza se convierte en pesimismo. Hay que resistir al pesimismo  en esta época en que tiene tan buenas razones. La victoria es el arte de continuar cuando otros se detienen. Churchil dijo: “un optimista ve una oportunidad en cada calamidad y el pesimista una calamidad en cada oportunidad”. La mejor guía es el pensamiento positivo. Para Platón “el comienzo es la parte más importante del trabajo”.

Optimistas y  pesimistas, el entusiasmo. Hay personas que amanecen con una energía incontenible, otras apenas pueden levantarse. Esa virtud misteriosa es como el poder transformador del viento, invisible pero efectivo y ante el cual hasta las hierbas se inclinan.  El entusiasta despliega libremente su energía porque su fe  mueve las montañas. Es proactivo no se ata  a los sucesos. Como la  profecía que se autorrealiza,  logra lo que anhela porque cree. Su libertad es plena, y la potencia no se la da el intelecto, ni el objetivo intencional, sino la fuente de la cual se nutre. Y el optimismo como el entusiasmo se contagian.

Fuente: Dr Horacio Krell. Director de Ilvem. Secretario de rel. internacionales de UAF  Unión Argentina de Franquicias y Propulsor de UP  Unión de Permutas.

Procedencia del artículo: http://www.ilvem.com/shop/otraspaginas.asp?paginanp=607&t=OPTIMISTAS-Y-PESIMISTAS:-UNA-T%C3%89CNICA-PARA-PENSAR.htm

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El peso de la imagen


De paseo por la blogosfera he encontrado este valioso post sobre comunicación visual y lo comparto con todos los lectores de Microcambios.  Aquí tenéis la dirección web para que podáis visitar el sitio del post original http://www.presentable.es/diseno/4-razones-empiricas-para-poner-mas-imagenes-y-menos-texto-en-tus-presentaciones/

4 razones empíricas para poner más imágenes y menos texto en tus presentaciones

Es frecuente encontrar artículos en libros y blogs sobre la conveniencia de sustituir el texto por imágenes en nuestras presentaciones. Sin embargo, me preguntaba si existían estudios científicos que corroboraran esta tendencia ya extendida.

Recientemente cayó en mis manos un artículo del Dr. Stephen Kosslyn yRobert Lane titulado “Show me! What brain research says about visuals in PowerPoint”  muy interesante en el que aportan pruebas experimentales al respecto.

Entre este artículo y alguno más, os presento 4 razones empíricas para convencer a los que todavía se resistan a poner menos texto y más imágenes en sus presentaciones.

 

1.- Las imágenes requieren menos esfuerzo mental que los textos.

La escritura es una codificación sistemática de signos gráficos que permite registrar con gran precisión el lenguaje hablado por medio de signos visuales regularmente dispuestos. Estamos tan acostumbrados a leer que a veces no reparamos en la complejidad de este proceso. Sin embargo, si cambiamos nuestro alfabeto por otro, esta dificultad se hace más evidente. Primero debemos interpretar las letras. Seguidamente interpretamos las palabras que forman. Luego analizamos las frases que construyen estas palabras. Y finalmente buscamos cómo estas frases encajan en el contexto.

Por el contrario, las imágenes (siempre que sean las apropiadas) requieren muy poco tiempo de procesado porque encajan a la perfección con el mensaje. Eso permite a la audiencia ver la imagen y analizar su significado rápidamente para prestar de nuevo atención al discurso del presentador.

Chabris and Kosslyn (2005)(1) presentan numerosos ejemplos de cómo el diseño visual afecta la capacidad de procesado de nuestro cerebro.

2.- Las imágenes mejoran la capacidad de memorización y comprensión.

Rusted and Coltheart (1979)(2) realizaron un estudio que mostraba unos datos muy significativos. Los textos ilustrados eran un 9% más efectivos que los textos sin imágenes cuando se evaluaba la comprensión de inmediato, pero un 83% más efectivo si se retrasaba la evaluación, ya que el lector podía memorizar mejor la información gracias a la ilustración.

Precisamente por este motivo, tal y como expone en su blog Gerard C. González, la creación de imágenes mentales es uno de los recursos típicos que se recomiendan para potenciar nuestra memoria.

3.- Las imágenes nos permiten acceder a las emociones de forma rápida, directa y profunda.

Podemos estar hablando durante rato de la pobreza en un país africano y no causar ni la mitad del impacto que el que nos genera una foto ilustrativa de un niño africano hambriento y moribundo.

Un estudio llevado a cabo por los psicólogosKirsten Ruys y Diedrick Stapel del  Tilburg Institute for Behavioral Economics Research at Tillburg University en los Países Bajos, demuestra que ciertos estímulos visuales pueden provocarnos emociones sin que nosotros seamos conscientes de ello.

Así que, tal y como dice el refrán, una imagen vale más que mil palabras. La imágenes son mucho más poderosas que el texto a la hora de generarnos todo tipo de emociones.

4.- Las imágenes nos ayudan a controlar la imaginación de la audiencia.

Las historias pintan imágenes en la mente de la audiencia. Empleando sólo palabras podemos conseguir que el público se cree esas imágenes en sus cabezas, pero no hay manera de saber cómo son. Todo depende de su imaginación.

Tratar de describir un paisaje, un personaje o un utensilio sólo con nuestra oratoria va a generar tantas imágenes distintas como asistentes haya en el acto. Sin embargo podemos controlar la imagen mental del público acompañando la explicación con una fotografía o dibujo que ilustre el tema tal y como queremos que se lo imaginen. Eso conduce a una comprensión más uniforme.

Lane (2007)(3) estudió el concepto picture story, basado en la sucesión de fotografías para ir poniendo al espectador en contexto e introducirle detalles visuales para ayudarle a imaginar correctamente aquello que se explica. También Kosslyn (2006)(4) había trabajado en ello haciéndolo extensivo a todo tipo de elementos visuales (gráficos, tablas, diagramas…).