Publicado en Pensando en voz alta

Ventajas de la práctica


Los artistas tienen un interés personal en que creamos en el destello revelador, en lo que se conoce como inspiración… (que) desciende desde el cielo como un rayo de gracia. En realidad, la imaginación del buen buen artista o pensador produce de forma continua cosas buenas, mediocres y malas, pero su juicio, adiestrado y aguzado hasta la excelencia, rechaza, selecciona, conecta… Todos los grandes artistas y pensadores (son) grandes trabajadores, infatigables no sólo a la hora de inventar sino a la de rechazar, cribar, transformar y ordenar.

F. Nietzsche (Humano, demasiado humano)

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Estar con uno mismo


No es necesario que dejes la casa. Sigue sentado a la mesa y escucha. Ni siquiera escucha, sólo espera. Ni siquiera espera, permanece completamente inmóvil y solo. El mundo se presentará ante ti para que le quites la máscara… en éxtasis, se estremecerá a tus pies.

Franz Kafka 

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La mayor plaga de nuestro mundo


La más terrible pobreza es la soledad y el sentimiento de no ser amado. La más grande enfermedad hoy en día no es la lepra ni la tuberculosis, sino el sentimiento de no ser reconocido. Hay más hambre en el mundo por amor y por ser apreciado, que por pan. Algunas veces pensamos que la pobreza es sólo tener hambre, frío y ni un lugar donde dormir. La pobreza de no ser reconocido, amado y protegido, es la mayor pobreza. Debemos comenzar en nuestros propios hogares a remediar esta clase de pobreza.

Madre Teresa de Calcuta

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Una envoltura semitransparente


La vida no es una serie de farolas iluminadas simétricamente, sino un halo luminoso, una envoltura semitransparente que nos rodea desde el inicio de nuestra conciencia hasta su final.

Virginia Woolf

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Lo real y lo imaginado


Leer a pensadores de hace varios siglos es adictivo.  En el extracto que he seleccionado Baltasar Gracián comenta los efectos del exceso de expectación y cómo ésta influye en la imaginación de las personas. Su dialéctica nos conduce a  percibir los efectos negativos de «sobreinflar» la imaginación ajena. Ahora bien ¿realmente podemos controlar la mente ajena? ¿es crear demasiadas expectativas un tipo de manipulación si nosotros estamos convencidos de la bondad de lo que transmitimos u ofrecemos? ¿La táctica de la exageración es inteligente? Pensemos en voz alta.

«No crees demasiada expectación. Es frecuente que lo muy celebrado antes de realizarse, parezca después menos que la expectativa que se creó. Nunca lo real ha igualado a lo imaginado, porque es fácil concebir  algo perfecto, pero muy difícil realizarlo con exactitud. La imaginación se casa con el deseo y crea una fantasía que es lejana a lo que puede dar la realidad. Por grandes que sean las excelencias que hagas, no bastan a satisfacer tu idea, y mientras más hayas engañado a la gente creándoles exorbitante expectación, más pronto se desengañarán y dejarán de admirarte. La esperanza es la gran falsificadora de la verdad: corríjela con la cordura, y procura que la satisfacción sea superior al deseo. Mejor es dar unos principios, unos detalles para despertar la curiosidad, sin engrandecer demasiado el objeto buscado. Mejor es cuando la realidad excede a la idea y da más de lo que se creyó. Olvida esta regla, si las cosas te salen mal, pues en ese caso lo que te ayudará será la exageración. Cubrirás lo que resultó mal con aplausos, y lo que se temió fuese un fracaso llegaría a parecer bien a todos».


	
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¿Quién hace lo que no te gusta?


«Es que esto no me gusta», suelen decir los niños cuando les pides algo que les fastidia hacer. Entonces el adulto pone cara de circunstancias y dice aquello de:  «hay que hacer las cosas, tanto si te gustan como si no». Y, o bien se zanja la disputa, o se echa leña al fuego con nuevas argumentaciones. Hay una fórmula mágica para canalizar esta protesta y consiste en formular la pregunta ¿quién hace lo que no te gusta? Responderla te obliga a pensar. De paso, descubres que ciertas cosas que te disgustan estás obligado a hacerlas por el simple hecho de que no hay posibilidad de que te sustituyan. Pero otras sí. Y aquí es cuando  Gracián aconseja: » hacer uno mismo todo lo que agrada a los demás; por terceros lo que disgusta».