Publicado en Microhistorias

Yo elijo ¿y tú?


 

Cada mañana me levanto y pienso: hoy puede ser cara o puede ser cruz y depende sólo de mí. Antes pensaba que no era así, que no podía ser tan simplista ni falsamente optimista pues el transcurso de la jornada dependía de muchos factores ajenos a mi control como: mi humor, mis circunstancias, mi salud, mis genes o incluso las noticias que fuera recibiendo a lo largo del día. Ahora conozco mejor el funcionamiento del cerebro y sé que puedo centrar la atención donde yo quiera. Y si decido que quiero que sea cara y que los problemas sean oportunidades, un achaque de salud, la prueba de que estoy viva, las circunstancias, eso, sólo circunstancias que cambian y que no me definen y mis genes un pack modificable en un porcentaje si no considerable, bastante esperanzador, ya he hecho mi elección. Es más yo diría que he hecho una buena elección.

Cuando descubra que no sé donde he aparcado el coche en vez de machacarme con insultos aprovecharé para recordarme: «un poco más de atención te vendría de perlas». Si mi reunión con esa directora negativa está a punto de sacar el gen airado que brama como un toro rojo al trapo, dedicaré diez segundos a elegir qué siento. Sin duda puedo elegir y dejarlo en «sería bien triste que esta persona me arruinará el resto del día».  No podemos dejar el presente en manos de los otros. Es nuestro y tenemos la obligación de exprimirlo porque es lo único que tenemos.  Eso, claro está,  no significa que de tanto en tanto aceptemos una sacudida de mal humor, la tristeza o ciertas emociones cargadas de desesperanza. Somos humanos, pero podemos practicar las emociones positivas y la atención plena y llegar a ser expertos en cambiarnos. 

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Atención plena: el poder de la concentración


Título: Atención Plena

Autor: Winifred Gallagher

Editorial: Urano

Reseña:  Tras una enfermedad seria de la que consiguió recuperarse, Winifred Gallagher, una afamada investigadora, pasó más de un año buscando y analizando los beneficios de enfocarse en el presente y dispensar toda la atención a la propia vida. Apoyándose en los últimos hallazgos de la neurociencia, la autora nos conduce por una investigación apasionante sobre el papel de la atención a la hora de definir la conducta y la identidad humanas. Página a página, ofrece las herramientas necesarias para convertir una atención involuntaria e inconsciente en otra consciente y enfocada, capaz de crear el tipo de experiencias que querríamos tener y convertirnos en la persona que desearíamos ser. El resultado es un libro sustancioso, culto, plagado de referencias a experimentos y trabajos de investigación sobre la atención y el enfoque. Sus Catorce capítulos, con los enunciados que reproducimos a continuación, proporcionan una guía sobre los temas en que se centra el libro:

Presta atención: tu vida depende de ello

De dentro a afuera: los sentimientos condicionan el enfoque

De fuera a adentro: lo que ves es lo que tienes

Herencia: nacidos para prestar atención

Medio: tu cerebro en atención

Relaciones: vivir en mundos distintos

Rendimiento trabajar en la zona

Decisiones: la ilusión del enfoque

Creatividad: sensibilidad al detalle

Focus interruptus

Trastornos de atención

Motivación: sin perder de vista el objetivo

Salud: adonde fluye la atención

Sentido: prestar atención a lo que más importa

Winifred Gallagher apuesta por explicar por qué la calidad de la vida no depende de la fortuna, la inteligencia o la belleza; ni siquiera de las cosas que nos pasan. Sus investigaciones demuestras que la experiencia vital queda definida  por aquello a lo que elegimos estar atentos.
Me parece un libro muy valioso, especialmente para aquellos que no quieren o pueden leer muchos libros y necesitan elegir con cuidado sus lecturas. En Plena atención los lectores conocerán los trabajos de los mejores expertos del mundo en neurología, psiquiatría, psicología, medicina, creatividad o motivación.

A quién recomiendo la lectura:  lectores de a pie, educadores,  psicólogos, psiquiatras, coach y mentes libres.


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El concepto rector


He encontrado este post del publicista mexicano Daniel Granatta que me ha parecido muy atractivo por cómo ha enfocado el tema de los propósitos. Aquí está su columna sobre este asunto en Merca 2.0

Pues sí, terminó 2010 y comenzó 2011 y todo son ahora reportes de tendencias, qué es lo que viene, un “de dónde venimos y a dónde vamos”, las generalidades con las que todos los años comienzan, y que luego (afortunadamente) varían para diversión de todos. Pero también con cada año llegan propósitos personales, sobre esos sí tenemos potestad, menos mal. Así que apunté mis propósitos, y como no soy muy estructurado me vi de repente con una lista de cosas sueltas sin aparente conexión entre ellas. Decidí entonces seguir el consejo de algunas personas más organizadas, como mi buen amigo Efraín, que siempre orienta sus propósitos alrededor de un concepto rector que le sirve para todo el año, y así fue cómo decidí que este año mi propósito va a ser, simple y llanamente (como si fuera “simple” y “llano”), aprender.

La necesidad de saber más y de aprender, de lo que me rodea y de los que me rodean, es lo que me quedó tras haber dedicado un tiempo a preparar esta pequeña charla que impartí el año pasado en el evento TEDxDF :


De modo que fue así como le encontré sentido a la lista de cosas que me había propuesto para este año, y que de momento comprende:

  • Leer un libro a la semana durante todo el año. Ya terminé el primero, sólo me restan 51. Si tienen recomendaciones o sugerencias son más que bienvenidas. No es que leyera poco, es que sólo leo cuando puedo, y al final no leo tanto como me gustaría. Pero hecho el propósito confío en convertir esos ratos del “cuando pueda” en “ahora dedicaré un tiempo a”.
  • No impartir conferencias en 2011. Para poder recopilar nuevas experiencias y cosas que contar, y además para viajar un poco menos. El año pasado viajé muchísimo y uno termina agotado con tanto transbordo, escala y cambio de horario. Pero sí me gustaría asistir de oyente y visitante a eventos, de tecnología o videojuegos, por ejemplo. Ya llego tarde al CESde Las Vegas o al FailCon de París, pero creo que no debo perderme ni un solo Ars Electronica más. Igual que con los libros, sugerencias y recomendaciones son más que bienvenidas.
  • Escribir más. Escribir sirve para aterrizar ideas que flotan en el interior de la cabeza de uno. Pero como requiere tiempo, al final pasa como con la lectura. Así que es un propósito escribir todas las semanas (y no faltar ninguna) mi columna para Merca 2.0.
  • Enfocarme más en mi trabajo y en las clases que imparto en la escuelaDigital Invaders. Por los motivos aducidos en el video de la charla en TEDxDF: intentar cuidar el talento que uno se encuentra por el camino, para poder aprender de él.

Son sólo cuatro, pero si se completan no tengo duda de que 2011 será distinto de 2010 (y espero que mejor). Como el tener un concepto rector sólo ayuda a estructurar los propósitos pero no a que yo sea mejor organizado, me dediqué también a buscar alguna aplicación de iPhone que me sirviera como “agenda-recordatorio-tocapelotas” de cada tarea que tenga pendiente durante el año, para no dejar cosas a medias o correos por contestar, de esos a los que les salen hongos en la carpeta de Borradores, y me topé con Epic Win, , una aplicación-juego de agenda, en la que completar tareas proporciona puntos con los que progresar en el juego que la aplicación propone, así si es una delicia completar los pendientes:

Sin olvidar que, sea como sea y por obvio que parezca, el cambio empieza por uno y no por el contexto en el que uno se encuentra. Si se quedan esperando a que las cosas cambien, para entonces cambiar ustedes, no cambiará nada. Los cambios que se vuelven grandes inician individuales y pequeños y hay que obligarse a que se den, desde llegar antes al trabajo hasta comer mejor, para que se conviertan en hábito (y con la esperanza de que sea contagioso). No está de más que comparen lo que han hecho hoy con lo que hicieron hace un mes o hace ocho, y si están haciendo lo mismo entonces nada será distinto.

Es cambiar para ser (o estar) mejor, y ese es mi deseo para todos ustedes en este 2011, que al final del mismo se vean distintos, mejores y orgullosos del esfuerzo que les llevó a donde estén en ese entonces.

Así que nos vemos en una semana, que es uno de mis propósitos.

Fuente: http://www.merca20.com/propositos-de-ano-nuevo/

Autor: Daniel Granatta (publicista)

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la fórmula del talento


El talento para quien se lo trabaja
GASPAR HERNÁNDEZ  (EL PAIS SEMANAL – 27-02-2011)

Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia», escribió Mario Vargas Llosa en el discurso de aceptación del Nobel de Literatura. Un año antes, en Cartagena de Indias, había explicado que Flaubert empezó siendo un mal escritor, un mero imitador, y que para ser el genio que fue se impuso una disciplina de galeote. «Yo llegué a la conclusión», dijo el escritor peruano, «de que si uno no lo tenía se lo podía provocar a base de trabajo». El protagonista de la novela de Javier Cercas La velocidad de la luz (Tusquets), Rodney Falk, opina lo mismo: «El talento no se tiene, sino que se conquista». Lo contrario de lo que afirmó Oscar Wilde, quien quizá afirmó demasiadas cosas: «Lo que no te dé la naturaleza, no se puede aprender».

¿Qué dicen los expertos? Dan Coyle, que ha investigado dónde y cómo florece el genio en el mundo, sostiene en el libro Las claves del talento (Zenith) que este no tiene tanto que ver como creíamos con los genes. Según él, se cultiva. En cambio, Malcolm Gladwell, periodista de The Washington Post The New Yorker que también ha investigado sobre el tema –Fueras de serie(Taurus)-, se pregunta: ¿Existe de forma innata? Y él mismo dice: «La respuesta obvia es que sí». Gladwell, muy americano, investiga también el éxito, y afirma: «El éxito es talento más preparación. Pero cuanto más miran los psicólogos las carreras de los mejor dotados, menor les parece el papel del talento innato. Y mayor el que desempeña la preparación».

Pero ¿de qué estamos hablando cuando hablamos de esta aptitud? Según el filósofo y pedagogo José Antonio Marina, talento es «la inteligencia triunfante». Es, pues, la inteligencia «que resuelve los problemas y avanza con resolución», explica Marina en su último libro, La educación del talento (Ariel). Puesto que hay muchas inteligencias diferentes, según Marina, también hay muchos genios distintos: musicales, científicos, financieros, atléticos, etcétera, cada uno de los cuales supone un especial tipo de destreza. «No todos valemos para todo».

resolver y avanzar

«La excelencia es un hábito»(Aristóteles)

El científico Robert J. Sternberg, uno de los más reputados expertos actuales en temas de inteligencia, denomina «inteligencia exitosa» a lo que Marina llama talento. Es decir, la inteligencia que se emplea para lograr objetivos importantes. Más amplia que lo que miden los tests de inteligencia porque incluye la gestión de las emociones, la tenacidad, el esfuerzo o la resistencia a la frustración. Las personas que poseen esa aptitud básica no dependen demasiado de las motivaciones externas, sino que saben automotivarse; aprenden a controlar sus impulsos; saben cuándo perseverar y cuándo cambiar de objetivo; saben sacar el máximo provecho de sus capacidades; completan las tareas, tienen iniciativa, no dejan las cosas para otro día…

¿Qué papel desempeña el trabajo duro en la consecución del talento? Prácticamente lo es todo. Aunque desde Darwin la forma tradicional de considerarlo, según Dan Coyle, ha sido esta: los genes (la naturaleza) y el entorno (la educación) se combinan para convertirnos en lo que somos. «Es un método popular», afirma Coyle, «pero cuando se trata de explicar el talento humano, es un modelo vago». Según el escritor, pensar que esta cualidad procede de los genes y el entorno es como pensar que las galletas proceden del azúcar, la harina y la mantequilla: es bastante cierto, pero inútil.

La regla de las 10.000 horas

«Salvo los tontos, los hombres no se diferencian mucho en cuanto a intelecto; solo en ahínco y trabajo duro» (Charles Darwin)

Investigadores como Anders Ericsson, Herbert Simon y Bill Chase sostienen que las grandes habilidades en cualquier campo -violín, matemáticas, ajedrez, etcétera- requieren aproximadamente de una década de práctica intensa. Incluso Boby Fischer, prodigio del ajedrez, necesitó practicar con ahínco durante nueve años para lograr, a los 17 años, el título de gran maestro. La regla de los 10 años, o de las 10.000 horas, implica que todas las habilidades se crean utilizando el mismo mecanismo fundamental. «No hay ningún tipo de célula que posean los genios y no tengamos el resto», sostiene Ericsson.

Junto con dos colegas de la Academia de Música de Berlín, Ericsson realizó, a principios de los años noventa, un estudio de referencia. Dividieron a los violinistas en tres grupos. En el primero estaban los estudiantes con un mayor potencial. En el segundo, aquellos juzgados simplemente como buenos. En el tercero, los estudiantes que tenían pocas probabilidades de llegar a tocar profesionalmente y pretendían ser profesores del sistema escolar público. A todos les preguntaron: ¿en el curso de toda su carrera, cuántas horas ha practicado en total? Todos habían empezado a tocar aproximadamente a la misma edad, alrededor de los cinco años; en aquella fase temprana, aproximadamente la misma cantidad de horas, unas dos o tres por semana. Las diferencias surgían a partir de los ocho años. Los estudiantes que terminaban como los mejores de su clase empezaban por practicar más que todos los demás, y a los veinte practicaban por encima de las 30 horas semanales. Los intérpretes de élite habían acumulado 10.000 horas de práctica cada uno. En contraste, los estudiantes buenos a secas habían sumado 8.000 horas. Y los futuros profesores de música, poco más de 4.000.

El mismo patrón se repitió con pianistas profesionales. Lo más llamativo del estudio de Ericson, según cuenta Gladwell en Fueras de serie, es que no encontró músicos natos que flotaran sin esfuerzo hasta la cima practicando una fracción del tiempo que necesitaban sus pares. «Tampoco encontraron obreros romos a los que, trabajando más que nadie, lisa y llanamente les faltara el talento necesario para hacerse un lugar en la cumbre. Una vez que un músico ha demostrado capacidad suficiente para ingresar en una academia superior de música, lo que distingue a un intérprete virtuoso de otro mediocre es el esfuerzo que cada uno dedica a practicar. Y eso no es todo», concluye Gladwell; «los que están en la misma cumbre trabajan mucho, mucho más que todos los demás».

Vayamos al cerebro. Y, por una vez, no relacionemos las famosas neuronas y talento. Cada vez son más los neurólogos que consideran a la mielina -mucho menos estudiada que las neuronas- como la clave de la adquisición de habilidades. Toda habilidad humana, ya sea jugar al fútbol, pintar o interpretar a Bach, proviene de una cadena de fibras nerviosas que transmiten un diminuto impulso eléctrico. La mielina rodea las fibras nerviosas. Permite que la señal sea más veloz y fuerte porque impide que se escapen del circuito los impulsos eléctricos. Cuando practicamos, esta lipoproteína responde cubriendo el circuito neural y añadiendo, en cada nueva capa, habilidad y velocidad. Es como conseguir una especie de línea de banda ancha: se multiplica por 3.000 la capacidad de procesamiento de la información.

Práctica y Mielina

«El talento es algo bastante corriente. No escasea la inteligencia, sino la constancia» (Doris Lessing)

En 2005 se escaneó el cerebro de varios concertistas de piano y se descubrió una relación directamente proporcional entre las horas de práctica y esta materia blanca. Cuanto más se activa el nervio, mayor es la cantidad de esta lipoproteína que lo envuelve. Pero, como sostiene Dan Coyle, no se forma para responder a ideas vagas, a información que nos lava como una ducha caliente. Se crea para responder a acciones concretas. Es necesaria la práctica intensa. Teniendo en cuenta una aparente paradoja: aquellas experiencias en las que al principio cometemos más errores, errores que nos obligan a ir más despacio, son las que nos hacen más talentosos.

«Las cosas que hoy parecen ser obstáculos se convierten a la larga en aconsejables», sostiene Robert Bjork, catedrático de psicología de la Universidad de California. De él es el siguiente ejemplo: pongamos que por enésima vez viajamos en avión y observamos a la azafata mientras nos enseña cómo ponernos el chaleco salvavidas. Parece un disco rayado. Pero ¿sabríamos hacerlo en un momento de urgencia?

Bjork sostiene que lo ideal sería, en vez de observar a la azafata, ponernos directamente el chaleco y practicar (menudo espectáculo se organizaría en el avión). Practicar. Aprender. Cometer errores. Así se logra el talento. Volviéndolo a intentar. Fracasando otra vez. Fracasando mejor.

 

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Una casa con muchas habitaciones


«Pero a veces he pensado que la naturaleza de una mujer es como una gran casa llena de habitaciones: hay un recibidor, por el que todo el mundo pasa entrando y saliendo; el salón, donde se recibe a las visitas formales… y en el cuarto más íntimo, el más sagrado de todos, el alma reposa sola, esperando unas pisadas que nunca llegan»

But I have sometimes thought that a woman’s nature is like a great house full of rooms: there is the hall, through which everyone passes in going in and out; the drawingroom, where one receives formal visits… and in the innermost room, the holy of holies, the soul sits alone and waits for a footstep that never comes.»

Edith Wharton

The fulness of Life

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La importancia de la escritura


Para muchas personas escribir supone un gran esfuerzo. No están acostumbradas a organizarse de manera escrita, así que lo hacen mentalmente y lo consideran más que suficiente. ¿Lo es? Realmente no. Los estudios más exhaustivos han demostrado que los objetivos que no pasan al papel y quedan en el ámbito de la intención, cobrarán fuerza como deseos pero nada más. Y de aquí deduciremos que: los objetivos que quedan sólo en la memoria están destinados a desaparecer, como tantos deseos

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La voz de la vocación


Hijos de la Medianoche es uno de mis libros favoritos. Pocas obras me han causado el asombro de ésta y eso que entre mis dos lecturas mediaron veintitantos años. En este breve fragmento del Esquire de la sección «Lo que he aprendido», el novelista nos cuenta cómo solucionó sus problemas con la vocación, esa llamada irrenunciable que se remite al anhelo de ser.

Salí de la universidad en 1968, y mi novela « Hijos de la medianoche» se publicó doce años después. Entre tanto subsistía. Trabajé en el mundo de la publicidad durante dos o tres días a la semana para que los otros cuatro o cinco los pudiera dedicar a quedarme en casa y escribir. La publicidad fue muy tentadora, ya que constantemente intentaba sobornarme para que me dedicara a tiempo completo. Cuando no has tenido éxito como escritor, los sobornos empiezan a buscarte. Empiezas a pensar:  ¿a quién estoy engañando? Sí, creo que me gustaría ser novelista, pero no estoy llegando a ningún lado, y mientras tanto estas personas me ofrecen una vida cómoda. «No seas idiota!» me decía una voz. Lo que creo que resultó una valentía de mi yo joven fue tomar la decisión de que s,í sería un idiota. Sólo perseveraría.  Se siente una gran valentía cuando uno decide que vas a  estar muy  bien con esa persona que has puesto en el corazón de tu ser.

Salman Rushdie

http://www.esquire.com/features/what-ive-learned/ESQ0106WILRUSHDIE_102