Publicado en Pensando en voz alta

Elogio de la introversión


No exagero si digo que a todos nos gustan las personas extrovertidas, alegres, animosas, simpáticas, que alegran hasta un entierro. Y es un lujo contar con ellas pululando en nuestras vidas, pero para un rato. Si eres un introvertido/a necesitarás silencio, reflexión, que no te zarandeen, ni te hagan dar saltos ni te increpen por ser un «mustio/a». La introversión no tiene nada que vez con ser huraño sino con una manera de estar en el mundo. Las personas introvertidas tienen buenos amigos, disfrutan de momentos felices y alegres igual que los extrovertidos, pero se sienten más a gusto en un papel mucho menos protagonista. Se tienen que esforzar más para resultar buenos comunicando pero no más para ser divertidos o hilarantes. El optimismo y la psicología positiva no son sólo para los extrovertidos, ni mucho menos. Las personas aquietadas, que necesitan buscarse dentro de sí, encajan perfectamente dentro de esquema. Para cada uno de nosotros el  bienestar tiene un significado, pero está claro que ser introvertido no resta un ápice para disfrutar de la vida.

Ilustración: Jon McNaught

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Lidiar con el ruido propio


No todo está en tu cabeza.

Pero en parte sí.

Gastamos una enorme cantidad de tiempo tratando de lograr que el mundo se alinee con nuestra visión de lo que nos hará felices o exitosos.

Cualquiera que sea «eso»,  es decir: encontrar la manera de lidiar con el ruido de tu cabeza, será probablemente más rápido y más barato que cambiar el mundo exterior. No es más fácil, sin embargo, importa más.

Fuente: Seth Godin

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Los malentendidos del talento


Lo que uno hace bien y lo que uno disfruta haciendo no tienen por qué coincidir necesariamente.  Este es el sentido del perspicaz consejo de  Gabrielle Hamilton en su libro de memorias: Blood, bones & butter: “Tengan cuidado con aquello en lo que llegan a ser buenos porque estarán haciéndolo el resto de sus vidas”.

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Elogio del intento: la batalla de Djokovic


Hábitos de siempre o forzado autocontrol es el título del artículo que el periodista de La Voz de Galicia, Paulo Alonso, escribe sobre el encuentro Nadal-Djokovic del 21 de mayo en Roma.

Dice el periodista: » Aparte de las mejoras de Rafa en agresividad, la clave estuvo en el aspecto mental. En el 2011, Djokovic encontró en su entorno el punto para controlar su carácter (hasta entonces irascible y con altibajos) y trabajar en positivo para desarrollar todo su talento. Una mejora en una personalidad ya formada, que exigió un gran autocontrol. En Roma, ante Mónaco, rompió una raqueta en un gesto de rabia tras un error, y reconocía: «Es que yo soy así. Espero que no me haya visto ningún niño».

Esa es la gran diferencia con Rafa, educado desde su inicio de forma inflexible: nada de gestos negativos, respeto al contrario y humildad sin que eso suponga ninguna merma en su lucha. Si no alcanza con ello, felicitar al rival y trabajar más duro luego para conseguir la victoria».

Hasta aquí el extracto del artículo.  Ahora empieza mi reflexión sobre lo escrito por Paulo Alonso. No soy una entendida de este deporte, no suelo verlo y tampoco entiendo sus reglas pero me mantengo informada y admiro a ambos tenistas. La lectura de este artículo me ha suscitado una reflexión: Rafa es un deportista modélico porque ha sido educado desde pequeño en manejar sus emociones para que jueguen a su favor, algo realmente inteligente y efectivo, pero ¿qué pasa cuando no cuentas con un tío Tony como el de Rafa y encima eres colérico e impulsivo como  Djokovic?  Pues que no te queda más remedio que aprender.  Y eso ha hecho el tenista serbio: aprender a lidiar con su genética y sus impulsos emocionales naturales. Encuentro que a pesar del gesto de ira de romper la raqueta y de decir «yo soy así» (lo cual es cierto aunque podía haber añadido: a veces, sólo cuando no puedo dominarme y sale mi parte inconsciente, también puedo ser de otra manera) le honra reconocer que no siente orgulloso con su pataleta y le honra reconocer que necesita trabajar en positivo. Esto tiene un nombre: humildad. La mayoría de nosotros somos como Djokovic. Necesitamos intentarlo a diario. No nos sale de forma natural. Tenemos que esforzarnos y por eso necesitamos la comprensión y el aliento de los que son como Rafa. Nadal es la naturalidad, Djokovic la fuerza de voluntad. Ambas cualidades son encomiables.

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¿Cómo procesas lo externo?


Shawn Achor, psicólogo positivo,  tiene el don de ser ligero. Ver esta charla en Ted es como pasar un rato con un buen amigo, entretenida por su agudeza y su inteligencia. Ser positivo entraña también ser más abierto y más propenso a ver el lado bueno de las cosas. Anchor proponerse salirse del promedio.  Este vídeo es como tomar a bocanadas un soplo de aire fresco.

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Pensamiento en primera persona


Por familiar que sea para cada uno la voz del espíritu, el mayor mérito que concedemos a Moisés, Platón y Milton, es que reducen a la nada libros y tradiciones, y no dicen lo que los hombres pensaron, sino lo que han pensado ellos. El hombre debería observar, más que el esplendor del firmamento de bardos y sabios, ese rayo de luz que atraviesa su alma desde dentro. Sin embargo, rechaza su pensamiento precisamente porque es suyo.

 Ralph Waldo Emerson

Ilutración: Roberto Innocenti