Publicado en Pensando en voz alta

Cautivos de nuestros deseos


Si el ego es un monstruo al que hay que dominar o reducir, el deseo es un demonio al que hay que enjaular. Hay animales que simplemente no se pueden domar, y el deseo es uno de ellos. El deseo es salvaje y, aun domeñado, nunca llega a ser un gato doméstico. Sigue siendo un tigre que se alimenta ante todo de felicidad. Tu felicidad. Los seres deseosos corren el riesgo de acabar cautivos o esclavos de sus deseos. No hay nada tan peligroso como ver tus deseos satisfechos una y otra vez, porque el deseo jamás puede ser saciado permanentemente de este modo. Cuanto más se sacia, más necesita para ser saciado. Hasta que deviene tan magnificado que no cabe saciarlo en absoluto, excepto brevemente, y sólo mediante conductas que invariablemente transgreden las normas establecidas.

Debemos admitir que Lao Tzu acertaba al señalar que la felicidad se deriva de la restricción de los deseos; la infelicidad, de satisfacerlos en demasía. Lo cierto es que «lo que ocurre en Las Vegas» es como tu sombra: te sigue a todas partes.

 

El poder del Tao

Lou Marinoff

Publicado en Microideas

¡Brillante!


De vez en cuando me tropiezo con algo que me parece brillante. Ocurre muchas veces, en los lugares más dispares posibles. Escucho, leo o capto al azar una frase y pienso: ¡qué interesante!  Luego dejo que esa idea me lleve a alguna parte. Si he tenido la precaución de apuntarla se convierte en algo más, incluso para regalársela a alguien que pueda necesitarla; algunas veces, por desidia, confío en mi memoria y claro la idea se evapora, una auténtica lástima.  Sin tener conciencia de que eso es «coleccionismo de buenas ideas» llevo practicándolo años. Así que os animo a ser sistemáticos y a empezar vuestra Colección. Ahora bien,  recordad:

1-Es necesario apuntar todas las buenas ideas ( la memoria se divierte olvidando)

2-Para que sean útiles hay que revisarlas  muy a menudo

Aquí tenéis: una microidea barata y realmente brillante.

Publicado en Libros recomendados

Los genes no lo son todo


Estoy leyendo el libro «Morirse de vergüenza» de Boris Cyrunlnik y me he tropezado con esta consideración: » Una tendencia genética no es inexorable, una herida se inscribe en la historia, no es un destino» y me ha parecido que expresa de una forma muy bella que no todo podemos achacarlo a los genes. En cualquier caso,  el destino está compuesto por millones de movimientos hacia diferentes direcciones ¿por qué entonces refugiarse tan a menudo en los «yo soy así, eso no puede cambiarse?» Como apunta Cyrunlnik una herida se inscribe en una historia, pero nada más, siempre se pueden agregar nuevas historias y cambiar la letra del guión.

Del libro destacaría el análisis de la vergüenza como representación mental que toma forma cuando descubrimos que existe el mundo del otro y comenzamos a notar su mirada y a vernos reflejados en ella.  Muy recomendable para curiosos y para aquellos lectores interesados por la  genética y la epigenética.