Mes: junio 2011
El arte de entrar sin salir
Dar y recibir: un nuevo enfoque
Coaching para incrédulos
No me resisto a contar esta historia porque es digna de un libro de Paul Auster, está hecha con esos retazos mágicos que nos hacen creer en que la vida es increíble.
Conocí a C, en un curso de coaching. Enseguida simpatizamos porque era una mujer animosa, inteligente y con una gran motivación por aprender. Estudiábamos y practicábamos juntas y pronto supe que su talón de Aquiles estaba en su vida personal. Medio broma, medio en serio decidimos que su objetivo de coaching sería encontrar la persona idónea para compartir su vida. Llegó el momento de hacer prácticas y busqué entre mis amigos a alguien que quisiera hacer prácticas con ella. Y aquí empieza el milagro. Una de mis amigas que estaba en ese momento haciendo un máster para directivos me habló de uno de sus compañeros. Le vendría estupendamente hacer coaching para salir del embrollo en que se encontraba. Yo tenía varios candidatos pero algo hizo que eligiera a ese chico, P, para mi compañera C. Se conocieron y se gustaron. Empezaron su proceso de coaching y su enamoramiento. Viví ese idilio semana a semana y lo supe antes incluso que ellos lo supieran. Los vi juntos en el futuro, los sentí descubriéndose el uno al otro mucho antes de que esto ocurriera y antes de acabar el curso le mandé a C, una romántica imagen de una pareja de novios. Le dije: estos sois vosotros muy pronto. Nos reímos de lo lindo con mis visiones.
La pasada semana C, me llamó y quedamos a tomar una cerveza. Después de anunciarme su boda con P, sacó de su bolso la invitación de con la imagen de los novios que yo le había enviado, antes incluso de que ellos supieran que estaban enamorados. Pero así funciona la intuición. Cuando miras al rostro del otro y sabes leerlo, descubres una inmensa cantidad de información oculta. El alma de los escritores alberga esta necesidad de crear el mundo a cada paso, actuando como dioses con los personajes.
PD: P, consiguió el objetivo que había trabajado con C, cuando se conocieron.
¿Adónde voy?
Dos Premios Nobel de literatura: uno aleman: Herman Hesse y otro español,Juan Ramón Jiménez reflexionan sobre la importancia del autoconocimiento para entender el sentido de la existencia.
Hesse dice: «La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el intento de un camino, el esbozo de un sendero».
Juan Ramón insiste: «No corras, ve despacio que donde tienes que ir es a ti mismo»
Dos llamadas a la atención plena que merece la pena tener en cuenta.
El miedo a visibilizarse
Cada día trato de leer las actualizaciones de los blog que me interesan. Se ha vuelto una costumbre y de alguna manera me parece que voy conociendo mejor a sus responsables. La mayoría escriben desde el otro lado del mundo, en otra lengua que no es la mía y que entiendo con cierta dificultad. Se repiten, o no, los temas, aparecen reflexiones interesantes, me tropiezo con intereses comunes (la tribu de la que habla Seth Godin), descubro nuevas voces y a veces, pero no siempre, escribo no tanto para dejar constancia que he estado allí, sino para animar a la persona que está detrás de esa carcasa invisible a que siga dando lo mejor de sí misma. Lo cierto es que un blog puede tener una gran media de lectores (éste es mi caso) y muy pocos comentaristas. Si no existieran las estadísticas tal vez pensara que escribía únicamente para mí misma y que valdría la pena pasarme al diario. Lo cierto es que puedo entender el miedo que albergamos todos a visibilizarnos, a dejar huellas y que otros/as puedan seguir nuestros pasos. Y resulta cuando menos paradójico que en la era de las redes sociales, de la intromisión y el jaleo cibernético, haya tantas personas cuyo comportamiento se asemeja al solitario cuya única obsesión es pasar desapercibido en cualquier parte.
De profetas y profecías
Si continúas diciendo que las cosas van a ir mal, tienes muchas posibilidades de ser un profeta
Isaac B. Singer
¡Acción!
La historia de Yu el Grande
Encontrándose de muy joven ante la necesidad de afrontar el cíclico problema de las inundaciones periódicas del río Amarillo, en lugar de hacer construir diques cada vez mayores (como habían hecho con escaso resultado sus predecesores), ordenó que se cavasen agujeros, fosas y canales alrededor de la ciudad, para que las aguas del río pudieran correr sin destruir nada. Además de esto, hizo construir a lo largo de los canales los primeros molinos de agua, que le permitieron utilizar su fuerza para moler el arroz y otras sustancias. De este modo Yu, que gracias a esto fue denominado Yu el Grande, venció al enemigo sin oponerse, capturando su fuerza para después utilizarla en beneficio propio.
Fuente: Coaching estratégico
Roberta Milanese y Paolo Mordazzi







