Publicado en Pensando en voz alta

La Navidad también es una actitud


Se acerca la Navidad y en todos los corrillos de amigos, compañeros de trabajo y familias aparece la cuestión de todos los años: ¿por qué obligatoriamente debemos estar felices, a cuento de qué? ¿Es necesario demostrar entusiasmo cuando vamos a estar en compañía de personas que no siempre son de nuestro agrado? Tú, como yo, habrás oído comentarios jocosos como: “lo mejor de las navidades es que, afortunadamente, pasan”. Incluso los chistes hacen referencia a la peliaguda cuestión: ¿cómo pasarás las navidades, bien o en familia?
Me gusta la escena de Qué bello es vivir, donde George Bailey, el protagonista, se arrepiente de haber nacido y tiene la ocasión de contemplar qué habría ocurrido si él no hubiera existido. Todo se aclara para George cuando ve que su existencia sí ha marcado una diferencia en las personas con las que ha mantenido una relación, tanto estrecha como casual. Y este descubrimiento sorprendente le cambia de forma radical. Frank Capra dirigió Qué bello es vivir para demostrar a una sociedad deprimida de posguerra que toda vida es preciosa y única, que nadie es prescindible si entiende que está aquí por y para algo.
Esa Navidad que nos preocupa y nos abruma sería mucho menos pesarosa si la viviéramos como si fuese la última, como si ya no hubiera más oportunidad de besar a nuestros hijos, de bromear con hermanos, primos y fastidiar a nuestros padres con nuestros toles toles habituales. Aun cuando al menor indicio de disputa familiar los buenos propósitos desaparezcan, es importante entender que lo primordial no es que tú seas feliz o estés contento sino de que los que son importantes para ti sientan que estás ahí, que no les diriges la palabra por obligación ni por aburrimiento, que estás ahí porque quieres. Estas fiestas se hacen tristes para muchas personas por las rencillas, los rencores, el recuerdo de que algo valioso: una relación estrecha, por ejemplo, se ha perdido.
La Navidad en sí es una simple creencia personal, de modo que cabe la posibilidad de elegir entre vivirla como la pesada obligación que creemos que es, o como una magnífica oportunidad para estar con los que amamos, para recordar juntos a los que nos faltan y añoramos todos los días de nuestra vida. La elección es bien sencilla: o te mantienes en tus trece y eliges pasarlas todo lo mal que te sea posible o te das la oportunidad de probar con otra creencia menos habitual en tu sistema: ¿y si lo veo desde otra perspectiva, con otra luz? Decidas lo que decidas, ¡feliz Navidad!

gruinalda-navideña